Palabra de Gygax: Robar a los Muy Ricos

En la batallita que nos cuenta Gygax en el número 299 de la Dragon, tenemos un ejemplo perfecto de las cosas que pueden pasar (y pasan) en una campaña sandbox. Cuando los jugadores, en lugar de esperar al siguiente gancho de aventura que el máster les ponga delante, se muestran proactivos, ellos mismos se ponen en movimiento para lograr sus objetivos. Entonces, másters del mundo, tened miedo. Mucho miedo. Porque no hay límite a lo que la mente aviesa y retorcida de los jugadores pueden concebir, no hay idea demasiado peregrina ni plan demasiado atrevido. Y la diversión que suele resultar de ello puede ser simplemente impagable. 

Y por cierto, y cambiando de tercio, el dragón que se menciona en este artículo ya ha aparecido varias veces en artículos anteriores. Está claro que los personajes lo tenían domeñado de alguna manera, probablemente lo habían sometido según las reglas del D&D de la vieja escuela. Los dragones (y sólo los dragones, por alguna razón) podían ser atacados con daño no letal con la intención de someterles, existiendo reglas específicas para comprobar cuando el dragón se rendía a la voluntad de sus atacantes. Ese sin duda es el método que Mordenkainen y compañía usaron para hacerse con los servicios de semejante “mascota”. Leed y comprobaréis que le sacaron un buen partido…

Robar a los Muy Ricos, por Gary Gygax

Cuando Mordenkainen hubo reunido a su primera banda de compañeros, lacayos y seguidores sumando una veintena o dos, mantenerles se convirtió en un problema. No era un problema de lealtad o de qué hacer con ellos. El simple coste del mantenimiento y los salarios era ya bastante abrumador. Las recompensas de la exploración de mazmorras eran suficientes para mantener al grupo de manera modesta, pero ciertamente un mago con ambición necesitaba algo más que una compañía tan pequeña para alcanzar sus grandes objetivos.

Con este problema en mente, me senté a hacer planes. ¿Cuales eran los tipos de encuentros con mayores recompensas que se podían tener con el menor riesgo de pérdidas para un PJ en busca de vastos tesoros? La respuesta era sencilla. Los piratas y bandidos humanos estaban cargados de riqueza, dinero y magia. Estos “monstruos” eran los verdaderamente ricos, así que encontrar y derrotar a tales ladrones era la respuesta al dilema. El éxito no sólo reportaría equipo mágico para todos y cubriría las necesidades de la banda actual, sino que habría un montón de tesoro sobrante con el que se podría aumentar la compañía. De hecho, ¿porqué no intentar reclutar a los bergantes y corsarios derrotados para la congregación de aventureros?

Así pues, cómo encontrar a los grupos deseados se convirtió en la siguiente pregunta. ¿A quién convierten los bandidos y piratas en sus presas? Principalmente a los mercaderes y los viajeros ricos. ¿Donde acechan estos depredadores para lograr sus saqueos? A lo largo de las rutas más frecuentemente recorridas por sus presas.

Fue así como Mordenkainen desarrolló su plan, informó a sus seguidores y recios guardias, envió a sus esbirros a adquirir todo lo necesario para perfeccionarlo, y se puso manos a la obra con el asunto que tenía entre manos. Que era, por supuesto, la simulación de un convoy de carromatos mercantes. Resultó que la principal mercancía transportada era un pequeño dragón rojo, alojado en el mayor de los carromatos. Los otros vehículos cubiertos iban cargados de capaces guerreros. Mordenkainen y su aprendiz, Bigby, junto a otros personajes poderosos, se disfrazaron de “indefensos” comerciantes.

Este falso convoy de mercaderes partió a recorrer las carreteras y calzadas. El resultado fue el esperado, ya que los aspirantes a saqueadores no estaban del todo preparados para el súbito asalto de un dragón, conjuros, y otras armas disparadas desde la aparentemente inocua caravana. Aunque el éxito fue tal que el DM estaba casi fuera de sí, debo decir que él (Rob Kuntz) lo dirigió de manera justa. Las batallas fueron difíciles, pero no se usaron medios artificiosos para permitir que los bandidos apresados escaparan. Se ganaron tesoros, la compañía de Mordenkainen quedó reforzada en números considerables, y en el proceso, los saqueadores de las inmediaciones de esta operación fueron prácticamente erradicados. Fue esto último lo que puso fin a esta maravillosa carrera. Los pocos supervivientes que escaparon contaron la historia, así que cuando la “caravana” aparecía, los bandidos y bucaneros se daban la vuelta y huían. Daba igual, el fin deseado se había logrado. La fuerza que ahora comandaba Mordenkainen y los recursos disponibles eran suficientes para pasar a la siguiente fase de las cosas.

¿Fue eso cuestión de conseguir cosas por la patilla? En absoluto, ya que se dedicaron muchos esfuerzos a acumular los recursos iniciales que permitieran efectuar el plan, y la argucia en sí misma era entonces bastante original e innovadora. Quizá vosotros podáis también concebir algo parecido para la consternación de vuestros propios DMs.

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4 comentarios en “Palabra de Gygax: Robar a los Muy Ricos”

  1. Llevaba tiempo fuera de las redes sociales, así que es una alegría encontrar que tu blog no solo continúa con buena salud si no que, como siempre, los artículos son una gozada.

    Un saludo!

    Le gusta a 1 persona

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