Fragged Empire 3: (IV) En la Jungla, la Negra Jungla

ANTERIORMENTE, EN FRAGGED EMPIRE…

[Primer plano de Milo: La búsqueda de los científicos es la excusa, vuestra tapadera. Lo que debéis recuperar para mí es algo mucho más importante. Vuestra misión es recuperar un artefacto Arconte, un artilugio en forma de cubo.]

[La Tartarus aterrizando en las plataformas de Erebus]

[Primer plano del Sheriff Brockmeyer: No contéis con volver a verlos, al menos no con vida. Si me hubieran dado un crédito por cada pardillo que he visto desaparecer en la selva, ahora ya sería el maldito presidente de la Junta Directiva.]

[Voz en off de Rachel Colson mientras la tripulación cruza las puertas de Erebus hacia las junglas de Mishpacha: Mucha suerte ahí fuera]

La Tripulación de la Tartarus 

• Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista

• James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo

• Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos

• Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología

• Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico

• Sarunas: Comando legionario, antiguo empleado de CURE

La jungla era todo lo que habían oído de ella, y mucho más. La biodiversidad de la vida vegetal era increíble y exhuberante, un paisaje salvaje y frondoso ahíto de flora y fauna de bizarras características. La densidad y variedad de colores y olores era avasalladora para los sentidos, y los árboles y las plantas, muchos de los cuales estaban dotados de propiedades bioluminiscentes en tonalidades azules, púrpuras y verdosas, crecían en formas extrañas y retorcidas que parecían escasamente naturales. Era un vergel rebosante de vida… y de muerte.

Como les indicó su guía, Marissa Fine, allí lo que no te mataba lo volvía a intentar. La jungla, dijo, estaba plagada de tribus de Nephilim salvajes, abandonados a su suerte tras la desaparición de X’ion al final de la Gran Guerra y degenerados a un estado de primitiva barbarie. Y no solo eso, sino que las propias plantas que formaban la jungla habían sido mutadas en muchos casos y convertidas en armas biológicas.

No te acerques a eso -le dijo Fine a Kahta cuando la Nephilim se acercó a tomar muestras de un arbusto en floración repleto de pétalos liláceos-. Las esporas que te escupirá germinarán en tus pulmones y en menos de dos horas tu cuerpo no será más que una maceta.

Solo entonces vio Kahta que el arbusto efectivamente parecía brotar de un esqueleto cubierto de musgo y aún vestido con ropas de cazador.

Guiada por la rubia kaltorana, la expedición se adentró en la selva siguiendo el curso de un río en dirección a la última posición conocida del Equipo Sierra. Si no se encontraban allí, habría que rastrearles por la jungla hasta dar con ellos… o lo que quedara de ellos. Fine demostró valer cada uno de los créditos por los que la habían contratado, sorteando con gran habilidad zonas de vegetación tóxica y nubes miasmáticas de vapores corrosivos casi invisibles y detectando con anticipación las huellas de los más peligrosos moradores de la jungla.

Jinx avanzaba junto a ella en vanguardia. Las artes de la supervivencia no le eran desconocidas. Durante su avance, en los momentos en los que la guía juzgaba que no era demasiado imprudente hablar, ella conversaba con él con su descaro habitual, aunque a Jinx no se le escapó que tras sus coqueteos y su bravuconería se escondía también un intento de saber más de él, en especial sobre un tema en concreto: la Milicia de Haven.

Dicen que sus líderes se esconden por aquí -añadió Fine, tanteándole para intentar averiguar su posición al respecto-. El propio Ezekiel Swift ha sido visto en este mismo continente.

Terroristas para unos, luchadores por la libertad para otros, la Milicia nunca había cesado en su guerra de guerrillas con el fin de reclamar el sistema Haven para su pueblo y expulsar a las razas “invasoras”. Aunque no estaba seguro, Jinx sospechaba que la Milicia estaba detrás del encargo por el que había acabado encerrado en Ubik. No sabía si Fine era una simpatizante, una agente o por el contrario una husmeadora para la Corporación, y no tenía el menor interés por descubrirlo.

Durante la mañana del segundo día, poco después de vadear el río tras encontrar la confluencia con uno de sus tributarios, Fine levantó un puño dando la señal de alto. Se arrodilló y examinó algo en el suelo musgoso, palideciendo visiblemente. Cuando le preguntaron qué sucedía, la kaltorana respondió entre dientes:

¿Sabéis lo que es un Tre’-Bach? Pues no queréis averiguarlo. Y menos uno como este… Nunca había visto huellas tan grandes.

Kahta sí había oído ese término. Los Tre’-Bach se contaban entre las creaciones más peligrosas de X’ion, usadas solo en los casos más necesarios. Durante los seis años de la Gran Guerra, seis Tre’-Bach asediaron las megalópolis kaltoranas de Eden. Las ciudades, a pesar de estar bien defendidas por sus máquinas de guerra de metal, cayeron en cuestión de meses, una a una. No había Nephilim más letales. Se crearon muy pocos de ellos, y apenas se sabía nada de su destino tras la guerra. Los genócratas de la Devwi-Ich creían que solo quedaban un puñado de nidos Tre’-Bach en Haven, la mayoría de ellos situados en Mishpacha. Monstruos colosales, blindados e inteligentes. La posibilidad de que X’ion les hubiera creado con la facultad de procrear daba escalofríos incluso a la fría y calculadora científica.

Se les presentaba una dura decisión. Si seguían adelante siguiendo el rumbo previsto, cruzarían la zona por la que uno de esos Tre’-Bach colosales se había estado paseando tan solo unas horas atrás. Pero dar un sano rodeo, como Fine propuso, les llevaría a cruzar territorio tribal. Todos estuvieron de acuerdo en que vérselas con un puñado de Nephs salvajes siempre sería mejor alternativa que enfrentarse a un coloso de 70 metros de altura y piel blindada de un metro de grosor.

La emboscada no tardó en suceder. Cuando se quisieron dar cuenta, un enjambre de avispones del tamaño de perros grandes les cayó encima desde la retaguardia. Saltaba a la vista que no eran simples insectos, sino toscas creaciones Nephilim.

¡Enemigo a las seis! -gritó Sarunas mientras desenfudaba su escopeta de plasma de dos cañones y reventaba a uno de los moscardones en el aire, haciendo que el ruido del disparo levantara una verdadera nube de pájaros bioluminiscentes de las copas de los árboles. Él y Praxus cubrían las últimas posiciones, y se desplegaron automáticamente en posición de combate con el instinto de quien ha sido creado únicamente para la guerra. En unos segundos, la jungla se convirtió en un infierno de disparos, explosiones de granadas y escupitajos de ácido.

Jinx estaba retrocediendo tras arrojar una granada de humo, buscando cubrirse tras un árbol, cuando las enredaderas que cubrían el tronco empezaron a enroscarse alrededor de su cuerpo y a estrujarle con fuerza. Al contacto con su piel le provocaban urticaria y dolorosas ampollas. Cortando una liana de un disparo a bocajarro, se soltó y vio que las enredaderas de todos los árboles de la zona serpenteaban de ese modo.

¡Nos están empujando! -gritó-. ¡Nos están pastoreando hacia las hiedras venenosas!

Entonces la segunda parte de la emboscada saltó, y un puñado de guerreros tribales Neph surgieron aullando de la jungla a sus espaldas, atrapándoles entre ellos y los avispones. La mayoría no llevaban armas, y se servían de sus duras garras y sus chorros de ácido para luchar. Su líder, en cambio, blandía una especie de enorme hacha cuyo filo estaba hecho de un fragmento metálico del casco de una nave espacial.

Jagh se unió al combate en la vanguardia, defendida únicamente por Thanatos y su grapadora. Mientras el legionario abatía a guerreros aullantes, el Nephilim de rostro sin ojos se enfrentaba con su extraña espada a todos los tribales que lograban superar con vida la barrera de fuego de supresión.

Kahta había desplegado el escudo de energía portátil que se había fabricado en el taller de la Tartarus y se parapetaba tras él, mientras disparaba con su lanzador de espinas neurotóxicas, y Murdo utilizaba el laser de apuntado de su terminal de combate para fijar los blancos, y Jinx soltaba granadas y disparos con igual despreocupación mientras los dos legionarios protegían la retaguardia a sangre y fuego.

El líder de los Nephilim ferales resultó ser un guerrero tenaz. Logró esquivar los disparos y zafarse de Jagh para llegar a trabarse con Thanatos en combate cuerpo a cuerpo, descargando su hacha contra la maltrecha armadura del Legión. El mercenario logró aferrar el mango y apartarla el tiempo suficiente como para levantar su pesado rifle gauss con una sola mano y soltar una ráfaga a bocajarro. El caudillo cayó al suelo entre un charco de sangre verdosa.

Sus secuaces no tardaron en seguir su mismo destino, y tras matar o ahuyentar a sus atacantes, el grupo se replegó junto a Thanatos. Mientras Kahta empezaba a administrar los primeros auxilios a los heridos ayudada por Sarunas, Murdo se percató de que el jefe Nephilim seguía con vida. Borboteando sangre verde por la boca, estaba intentando hablar.

Solo Kahta entendía la lengua primordial de X’ion, y al momento se dio cuenta de que Fine también había entendido las palabras del caudillo.

Cree que pertenecemos a algo llamado Clan Idoz -dijo Kahta, mirando a la kaltorana interrogativamente.

Eso explica la emboscada -respondió Marissa-. Las tribus son territoriales. Defienden sus terrenos con mucha agresividad, pero respetan la fuerza. Normalmente no invaden los terrenos de otras tribus. Pero los Idoz sí. Los Idoz se creen superiores al resto de sus congéneres, y en su mente la Gran Guerra no ha terminado aún. Tienen armas más avanzadas que esta chusma, y no respetan ningún límite ni ninguna tradición tribal.

Fine respondió al líder en la misma lengua gutural y poco apta para gargantas como la suya, y Kahta pudo seguir la conversación.

Quiere un trato -tradujo a sus compañeros-. Nos ofrece paso franco a través de su territorio y la ayuda de un destacamento de sus guerreros, si a cambio le ayudamos a librarse del Clan Idoz.

Aquello provocó un fiero debate entre la tripulación de la Tartarus. Por una parte, la oferta era tentadora. Les ahorraría días de viaje y además contarían con guerreros Nephilim conocedores de la jungla para engrosar las filas de su expedición. Pero por otro lado, aquello les llevaría a entrometerse entre dos tribus rivales de Nephs ferales, y probablemente a participar en una batalla campal entre ambas.

El debate se enconó hasta que el sonido de un disparo le puso fin. Thanatos se encontraba junto al cadáver del caudillo, con la grapadora humeante en la mano. Le había descerrajado un tiro en la cabeza.

Asunto zanjado. Vamos, tropa. Tenemos trabajo que hacer.

Y dicho eso, recogió sus cosas y echó a andar hacia el interior de la selva, seguido por sus ahora silenciosos compañeros.

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