Fragged Empire (XI): Rebelión a Bordo

La Tripulación de la Leviatán

  • Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista
  • James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo
  • Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos
  • Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología
  • Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico
  • Thillian Kryll: Francotirador corporativo, antiguo compañero de Thanatos

Un grupo de niños kaltoranos jugaban en el patio de la escuela. Varios perseguían al más pequeño, todos con naves de juguete en las manos, recreando en su imaginación una grandiosa batalla espacial. El pequeño frenó su carrera en seco, y la roja fragata legionaria en miniatura se le cayó de las manos al mirar hacia el cielo. Una sombra inmensa se interponía entre ellos y la dorada luz de Esh, cubriendo la colonia de Makor por completo. Era una criatura inmensa, verde y negra, más monstruo que nave estelar. Sus cañones apuntaban hacia el núcleo de fusión de la estación orbital, lanzando destellos por la radiación ultravioleta reflejada. A su alrededor, algunos niños empezaron a llorar.

Los gritos de terror pusieron fin a la fiesta que se celebraba en los niveles superiores de Makor. Las copas de licor cayeron al suelo, haciéndose añicos cuando el pánico se adueñó de los asistentes, que empezaron a correr en todas direcciones, buscando la manera de llegar a unos inexistentes refugios subterráneos. Por toda la colonia, las sirenas antiaéreas empezaron a sonar con sus enervantes alaridos, y las fuerzas de seguridad corrían en un intento apresurado de levantar defensas, mientras Leviatán se disponía a entrar en alcance de disparo.

En el puente de la nave Nephilim, el capitán de Leviatán acababa de ser despertado de su letargo por su fiel nave. Tenía una última orden por cumplir, una misión de capital importancia, y un equipo de abordaje armado hasta los dientes se había abierto paso hasta el puente. Ignorando sus farfulleos, alzó su cañón neurotóxico y abrió fuego contra el Legionario enemigo. Había sido creado para la guerra, provisto de los mejores genes para el combate, y jamás había perdido una batalla. Cumpliría su misión, o moriría con las botas puestas. A través de su vínculo con Leviatán, ordenó a la nave que dirigiera a toda la munición viviente restante al puente… había que poner fin a la amenaza cuanto antes.

El disparo del capitán pilló a los cinco de la Tartarus en mitad de sus intentos por persuadir al anciano Nephilim de que la guerra había terminado hacía un siglo. Ni siquiera Kahta, cuya rapidez mental la hacía ser capaz de prever y reaccionar a todo tipo de situaciones, fue capaz de hacer nada al respecto. Aquella criatura era una creación perfecta, fue todo lo que atinó a pensar, uno de los mejores guerreros concebidos por X’ion, templado a fuego por las experiencias de la guerra. La velocidad a la que movió el brazo, apuntó y disparó a Thanatos fue absolutamente antinatural, lo que demostraba que además gozaba de mejoras, ya fueran implantes cibernéticos o, probablemente, enlaces genéticos.

El blindaje de combate de Thanatos absorbió lo peor del disparo, pero aún así el Legionario sintió los aguijonazos en la piel y el terrible escozor provocado por las neurotoxinas. El grupo saltó a cubierto y empezaron a devolver el fuego. Si no podían razonar con él, había llegado el momento de que Leviatán tuviera un nuevo capitán. Entonces, a través de los conductos de respiración a su izquierda y derecha empezaron a llegar las criaturas horrendas que les habían acosado anteriormente, una tras otra, sin un final aparente. Acorralados desde tres flancos, los compañeros se encontraron librando el combate de sus vidas.

El tiroteo fue salvaje, y el capitán demostró una potencia de fuego increíble con su escopeta orgánica de munición tóxica y sus granadas de esporas, mientras invocaba a una oleada de monstruosidades genéticas tras otra para que le cubrieran las espaldas. Además, parecía no sentir el dolor, o al menos se recuperaba rápidamente de sus efectos.

[El capitán era un enemigo de tipo Némesis, los más duros y peligrosos que hay, diseñados para que uno sólo de ellos sea rival para todo un grupo de PJs. Además de potencia de fuego, un blindaje considerable y una gran rapidez, uno de sus rasgos le permitía ganar una Recuperación gratis al principio de cada uno de sus turnos, con lo que recuperaba 5 puntos de Aguante automáticamente. Los refuerzos de las municiones vivientes además hicieron del combate algo extremadamente tenso y difícil.]

Mientras volaban las balas, los rayos de partículas y los proyectiles orgánicos, Murdo intentaba convencer desesperadamente a Leviatán de que cesara su ataque sobre Makor, a lo que la nave viviente respondía telempáticamente que sólo aceptaba órdenes de su capitán. A través de la pantalla principal, se hacía evidente que la nave había entrado en alcance de disparo, y las gráficas indicaban que estaba escaneando la estación para apuntar a su núcleo. Cambiando de táctica, Murdo intentó confundir a la nave viviente. No podía ordenarle que detuviera el ataque, no tenía “graduación” para ello, pero quizá sí podía persuadirla de que realizara una revisión de sistemas de armamento antes del disparo, y ganar unos segundos más de tiempo. Su treta funcionó, pero no tuvo tiempo de alegrarse de ello. Un disparo bien colocado del capitán superó su cobertura y le alcanzó de lleno en el hombro, tumbándolo en el suelo. Jinx intentó acabar con las criaturas que avanzaban hacia su posición, pero se vio abrumado por ellas. Kaltorano y corp cayeron en medio del charco que su propia sangre iba formando.

Viendo a sus compañeros desangrándose pero esforzándose por ponerse en pie y seguir la lucha, Thanatos decidió que era el momento de terminar con aquello. Mientas Kahta y su criatura se defendían de las criaturas que habían abatido a Jinx, y anteponiendo su objetivo a su propia seguridad, salió al descubierto, maniobrando para tener una buena línea de disparo hacia el enemigo, y vació el cargador de su fiel “grapadora” sobre el capitán. El poderoso guerrero reculó por los impactos, y empezó a sangrar profusamente… pero no cayó. Sacando una granada de su cinto, la arrojó directamente al Legionario que había abandonado toda protección en un intento de matarle. La pequeña esfera de masa orgánico voló certera, se estrelló contra el pecho de Thanatos y estalló. La inmensa mole del Legionario salió volando hacia atrás, y cayó al suelo inerte y humeando.

[Thanatos hubiera muerto en ese mismo instante, si su jugador no hubiera quemado permanentemente un punto de Destino para salvarle la vida. Aún así, cayó al suelo inconsciente y agonizando. A partir de ahora tendrá que jugar con un único punto de Destino, lo que teniendo en cuenta su facilidad para meterse en lios y su propensión a salir disparando a lo Rambo, puede ser… interesante.]

Con aquello, el fin del combate parecía inminente. Pero Kryll supo aprovechar la distracción que su ex-compañero les había facilitado. Alzó su rifle de francotirador, apuntó, contuvo el aliento y disparó.

[El disparo impactó haciendo daño crítico. Antes de tirar el d6 para ver la “localización de impacto”, es decir, qué característica del capitán se vería dañada, les dije al jugador: si sacas un 3, te lo cargas. ¡Bum, 3! Subidón generalizado, los jugadores poniéndose en pie aullando… momentazo.]

El rayo de iones atravesó la cabeza del capitán, dejando un agujero limpio por el que se podía ver a través. Unas décimas de segundo más tarde su inmenso cuerpo cayó al suelo como un fardo, poniendo fin a una larga carrera de lucha genocida. Inmediatamente, Murdo corrió renqueando y dejando un rastro de sangre a su paso hasta la silla del capitán, y se sentó en ella.

¡Leviatán! ¡El capitán ha caído! ¡El tripulante Murdo asume el control del puente!

Esperando sus órdenes, capitán Morrison.

¡Detén el ataque a Makor inmediatamente! ¡Detén el ataque inmediatamente!

Murdo sintió una cierta reticencia ante aquella orden, pero finalmente las gráficas indicaron que Leviatán estaba replegando sus cañones. Habían salvado la colonia.

Entonces estalló un sonido reverberante y repetitivo, inconfundible. Una alarma de proximidad.

Kryll saltó por encima del mamparo tras el que se había cubierto y se puso a los mandos de una consola táctica.

¡Se ha abierto un portal de salto a 3 clicks de nuestra posición!

En ese mismo instante se encendieron las luces que indicaban un mensaje entrante. Kryll le dio paso, y una voz gélida resonó en el puente de Leviatán.

Murdo Morrison. Maldito bastardo. ¿Creías que te habías salido de rositas, eh? Pues no lo hiciste. Esta vez no lo harás.

Un rostro apareció en pantalla. Era el rostro del hombre de Paradiso, el mismo que soltó a las fuerzas de seguridad contra ellos y que plantó una bomba en su nave. Era un rostro que nunca habían visto antes de entrar en el Mondo Babylon. Pero uno de ellos reconoció perfectamente su voz.

¿Qué pasa? ¿No me reconoces, Murdo? No tengo la misma cara que entonces, claro. Es lo que pasa cuando te dejan arder. Podrías haber tenido los huevos de dispararme por la cara en lugar de intentar incinerarme. Siempre creí que eras mi amigo, socio. Pero el dinero no tiene amigos, ¿eh? La Horizonte para tí solo, sin ese molesto Sark haciéndote sombra. ¿Querías a Moira para tí también? ¿O planeasteis esto juntos? Da igual, veo que has caído muy, muy bajo.

Este es el trato. Socio. Entrégame la nave Nephilim, y a ti mismo con ella. Tu tripulación puede marcharse en esa nave de juguete por lo que a mí me importa. Si no lo haces, les destruiré mientras miras. Y después, tu y yo tendremos una pequeña conversación en privado. Tienes diez segundos para desactivar todos los sistemas, hacer que los tuyos se vayan y salir al vacío. Y te lo advierto, tengo buenos sensores. Si intentas cualquier estupidez, abriré fuego. No volverás a jugármela.

Todos los ojos se clavaron en Murdo, pero él seguía estupefacto. Nathaniel Sark estaba vivo, y había venido a por él.

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