Palabra de Gygax: Ese Enano Piojoso con Botas de Velocidad…

A principios de los 2000, Gary Gygax regresó a las páginas de la Dragon Magazine para publicar una serie de artículos en una columna propia titulada “Up on a Soapbox”, que hace referencia a los cajones que sirven de tarima a los oradores callejeros y desde los cuales lanzan sus peroratas. En un primer momento, los artículos de Gygax eran de carácter genérico, enfocados en D&D en general, en las particularidades de la afición o en exponer qué es un juego de rol en su opinión. A partir del número 287, sin embargo, Gygax cambió el rumbo de la columna y centró sus artículos en hablar de los primeros días del hobby, y en especial, del desarrollo de su campaña primigenia del Castillo de Greyhawk y de la evolución del mazmorreo como concepto. 

Bajo el subtítulo de “Todo lo Que Necesito Saber lo Aprendí de D&D”, pues, y hasta el número 320 de la revista, Gygax nos cuenta un montón de anécdotas y nos desvela mucha información sobre esa mítica campaña original, a la vez que nos permite echar un vistazo a Gygax como Dungeon Master de su propio juego. Creo que para cualquier interesado en los primeros días del rol vale mucho la pena rescatar estos artículos, así que con esta entrada doy comienzo a la traducción de la serie. El artículo que la abre, como decía, apareció en septiembre del 2001, y nos relata la primera aparición de un personajillo que se convertiría en un villano temido y recurrente que reaparecerá en la aventura G3 Hall of the Fire Giant King y más tarde en la serie de novelas de Gord the Rogue, firmadas por el propio Gygax. Sin más dilación, pues, os dejo con Gygax… y con Obmi.

Ese Enano Piojoso con Botas de Velocidad… por Gary Gygax

Entra Obmi

Mucho de lo que ahora se considera trillado y manido en el juego D&D era completamente nuevo en 1972 y 1973. Trabajando febrilmente para mantenerme por delante de los ansiosos jugadores, yo creaba niveles de la mazmorra del Castillo de Greyhawk a un ritmo de una por semana. Incluso con las incursiones aventureras al aire libre hacia la Ciudad de Greyhawk, los muchos PJs implicados en la campaña querían mazmorreo por encima de todo lo demás. Como resultado, poblaba los niveles a toda prisa, sin tener en general mucha consideración por la “ecología”, con las miras puestas en el desafío, la sorpresa y la diversidad. Cuando había tiempo, podía cambiar los encuentros descritos en una sola línea o expandirlos fácilmente. La clave era hacer el encuentro divertido.

Al poblar el tercer nivel, decidí especiar un poquito un complejo visualmente interesante cerca del centro de la mazmorra. Mis notas indicaban gnolls, pero ya que la sección era difícil de encontrar y tenía una cámara grande, parecía apropiado añadir algo especial. Decidí que el lugar fue anteriormente un laboratorio mágico, y coloqué a un enano no mágico allí. Le puse el nombre de Obmi por ninguna razón en particular más allá del capricho y le di unas botas de velocidad y un martillo arrojadizo de los enanos. Lo primero le hacía rápido, algo que los enanos no son, y lo último duro, para poder controlar a los gnolls.

Obmi tenía varios ayudantes gnolls que empujaban un artilugio mágico con ruedas que había descubierto. La máquina proyectaba un rayo de 3 metros de diámetro y 27 metros de longitud que enviaba volando en la dirección contraria a aquellos que se cruzaban en su camino. Para ser justos con los PJs, una tirada de salvación exitosa contra magia les permitía evitar ser empujados. Todo estaba preparado para que los intrépidos exploradores de mazmorras lo descubrieran.

El encuentro inicial salió exactamente como lo había visualizado. El grupo encontró y combatió a los guardias gnolls. Mientras derribaban al último de los feos humanoides, allí apareció Obmi y sus ayudantes con “un extraño artilugio sobre ruedas”. Las prisas del grupo por atacar a sus nuevos enemigos les hizo terminar a todos de repente bien lejos del complejo y preguntándose qué había pasado. Inmediatamente hicieron un segundo intento, y aquella vez algunos de los personajes superaron sus tiradas de salvación. Estos se retiraron a toda prisa de todas formas, cuando las flechas y los golpes del martillo arrojadizo de los enanos empezaron a obrar su propia “magia” particular.

Contrariados pero sin desalentarse, el equipo se retiró de las mazmorras para recuperar puntos de golpe, planear y regresar con refuerzos. A partir de ese momento empezó una cruzada para pillar-a-ese-enano-piojoso. Después de un cierto número de incursiones y mucho derramamiento de sangre, el grupo finalmente logró tener éxito en su misión. Por supuesto, para lograr aquello tuvieron que emplear hechizos, y el relámpago que volcó el proyector del rayo repulsor también destruyó permanentemente la máquina. (Sí, aquello fue mastereo arbitrario con todas las de la ley.) Con su perímetro atravesado, Obmi y sus gnolls libraron una valiente pero desesperada batalla para expulsar a los intrusos. Siendo lo que era, el enano luchó hasta el último gnoll, y luego salió por patas.

La indignación evidente en los jugadores ante su huida fue maravillosa. Habían llegado a odiar realmente a Obmi, y cuando el enano se les escapó de las zarpas juraron darle caza y exterminarle. Aquella hostilidad manifiesta garantizó que Obmi viviera mucho tiempo, naturalmente. Así nació el primer villano verdadero del Castillo de Greyhawk. A partir de ahí, Obmi reaparecería aquí y allí, sembrando el caos y luego escabulléndose para luchar otro día.

Cuando el foco de la campaña se alejó de la zona de Greyhawk, Obmi se movió con la marea. Su siguiente aparición principal fue en el  Salón del Rey de los Gigantes de Fuego. Ah, las profundidades de la depravidad enana, ¡trabajar con los gigantes! Aquellos que conozcan las novelas de Gord the Rogue sabrán que esa vileza era sólo la punta de la maldad de Obmi, claro.

La moraleja de este relato es doble: Para lograr aventuras verdaderamente significativas, necesitas antagonistas que sean realmente despreciables, oponentes dignos que no sean fácilmente eliminados. En el momento en que termina la carrera de un archivillano, asegúrate de tener otro un poquito peor esperando entre bambalinas su momento de subir al escenario.

Sale Obmi

Poco hace falta decir al respecto, aparte de ¡entra Iuz! Bueno, vale, no Iuz en persona, sino unos lacayos que con toda seguridad eran peores que el molesto enano.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s