Crónicas de Alasia (XLI): Algo Podrido en la Baronía de Alasia

LOS ESCUDOS DE PIEDRA

  • Lomborth, enano de las montañas discípulo de Dumathoin
  • Tobruk, enano ex-esclavo convertido en furioso luchador

Halcón 14

La bota de Tobruk dando golpecitos a las costillas del enano tumbado entre los matorrales no fue suficiente para que éste saliera de su ebrio sopor y volviera a abrir los ojos, pero el cubo de agua del pozo que Lomborth le echó encima fue mucho más efectivo. El enano pelirrojo abrió los ojos de par, luego los estrechó con suspicacia, y se puso en pie con una rapidez considerable para alguien que estaba durmiendo la mona cinco segundos antes. Se apartó de ellos, diciendo:

Me da igual lo que os hayan pagado. No pienso volver a Heimdallan, os lo advierto.

Lomborth y Tobruk se miraron entre sí, perplejos, y el desconocido captó que no parecían saber de qué hablaba. Entonces se relajó un tanto, y se presentó. Su nombre era Grugnir, y acababa de llegar a las tierras de Alasia desde la mayor de las ciudades enanas, Heimdallan. Quizá fuera el alcohol que corría por sus venas, o quizá era de talante inusualmente abierto, pero después de agitar la melena para sacudirse el agua, Grugnir les contó que había huido de un matrimonio concertado. La vida de casado y las obligaciones que comportaban no eran para él, dijo, así que se marchó a la superficie sin pensárselo dos veces. Allí se había unido a una familia de Siúltóir, o Errantes, un pueblo vagabundo sin patria ni nación, que viajaba por los caminos de Valorea con sus casas sobre ruedas, subsistiendo a base de prestar pequeños servicios a las comunidades… y de robar, engañar y timar, si las malas lenguas debían ser escuchadas. El jolgorio en la posada de Lindar, el Árbol Hueco, se debía a las celebraciones de una boda en el seno de los Siúltóir, unas celebraciones que ya duraban una semana y que Grugnir obviamente había disfrutado de lo lindo. Ahora que estaba seguro de que su familia no había mandado a Tobruk y Lomborth para arrastrarle de vuelta a Heimdallan, se despidió de ellos con la intención de seguir con la diversión. Dio un par de pasos en dirección al edificio, se tambaleó, y decidió que los matorrales tampoco estaban tan mal para echarse un sueñecito. Meneando la cabeza con resignación, los dos compañeros se retiraron a intentar descansar entre tamaño bullicio, dejándole roncando bajo un manto de estrellas.

Halcón 15

Los Siúltóir se marcharon antes del alba, y cuando Grugnir se despertó, se dio cuenta que le habían dejado allí… sin darse cuenta, sin duda. El feliciano enano lo aceptó sin demasiadas preocupaciones, y cuando entró en el Árbol Hueco, se encontró a Lomborth y Tobruk desayunando, y preparados para marcharse también. Al enterarse de que iban en dirección a la ciudad, Grugnir decidió compartir el camino hasta allí con sus dos compatriotas. Al fin y al cabo, era un destino tan bueno como cualquier otro.

[Grugnir, efectivamente, es un nuevo Personaje Jugador, el tercer enano en unirse a este grupo. En términos de juego es un ladrón, ya que no solo aprendió ciertas “artes” durante su vida con los Siúltóir, sino que en su juventud recibió instrucción religiosa… nada menos que como devoto de Barin, el dios Valoreano de la picaresca, el ingenio, el hurto y el sigilo. ¿Que cómo un enano de bien recibe semejante iniciación? No lo sé ni yo, pues es algo que todavía no ha sido revelado en juego, pero tiene su peso para el futuro desarrollo del personaje.]

Así, el par (ahora convertido en trío) de enanos dejaron Lindar atrás. Regresaban a Nueva Alasia, con la intención de investigar todo lo relativo a la captura y posterior fuga de Jack Morden. El viejo Tanner les había parecido sincero tanto a Tobruk como a Lomborth, y aunque cabía la posibilidad de que sólo se tratara de los deseos de un viejo incapaz de encajar la cruda realidad, todo aquello era lo bastante extraño como para ser investigado. Lomborth, intuitivo por naturaleza, se sentía como un cazador siguiendo un rastro: no sabía donde les conduciría, pero sabía que iban por buen camino. Compartiendo su objetivo con su nuevo compañero, el pelirrojo enano decidió que les echaría una mano en sus pesquisas ya que, según él, se le daba bien aflojar las lenguas… y otras cosas.

Llegaron a la ciudad ya bien entrada la tarde, y se dirigieron directamente al cuartel de la guardia. Fueron recibidos por el propio capitán de la guardia, Aldan Geraint, un hombre de porte recio y marcial, que le inspiró un respeto instantáneo a Tobruk. Los enanos preguntaron por el caso de Morden, omitiendo todo lo que sabían. A sugerencia de Grugnir, inicialmente fingieron ser simples cazarrecompensas interesados en el precio que se ofrecía por el proscrito. El capitán frunció el ceño ante la mención del nombre. Para él, Morden no sólo era el asesino de una mujer inocente, sino que había matado también a dos de sus compañeros de la guardia, hombres buenos a los que conocía de toda la vida, y que sólo estaban haciendo su trabajo. Deseaba que le capturaran cuanto antes y verle colgar en la horca. Haría cumplir la ley por encima de todo, y acataría el resultado del juicio, pero ejecutaría con gusto la sentencia de muerte que estaba seguro de que se produciría. Al ser preguntado por la detención de Morden, Geraint les contó todo lo que sabía.

Una de las patrullas que hacen la ronda los caminos de las Tierras Reclamadas, liderada por otro veterano, el sargento Bale, se detuvo a socorrer a una caravana asaltada por los rufianes de Vorlak el Mestizo a unas millas de Lindar. Mientras el grupo atendía a los supervivientes, escucharon gritos camino abajo, y Bale y cuatro de sus hombres se adelantaron a investigar. Al doblar el recodo, presenciaron como Jack Morden disparaba tres flechas en rápida sucesión a una joven que parecía huir de él campo a través. La joven, que resultó ser Morayne Tanner, cayó fulminada en el acto. Morden intentó huir y se resistió a su arresto, pero fue capturado y apresado. Por la muchacha no se pudo hacer nada, atravesada como estaba por las tres flechas de verde penacho. El mismo Geraint había visto el cadáver, y daba fe de ello. El arquero se negó a decir nada, y fue arrastrado hasta las mazmorras del Castillo de Roca Blanca. Cuando la guardia se enteró de que la muerta era la prometida de Morden, lo achacaron a un crimen pasional mientras se aguardaba al día del juicio. Pero ese día no llegó, pues de alguna manera inexplicable, Morden escapó de su prisión, matando a sus dos centinelas, y huyó del castillo. Nadie sabía cómo había logrado hacer tal cosa.

Lomborth preguntó al capitán de la guardia si sería posible hablar con el sargento Bale, o alguno de los hombres que le ayudaron a detener a Morden, y el rostro del veterano se oscureció aún más. El sargento Bale estaba fuera de la ciudad, junto a su patrulla. Dos de los hombres que participaron en la detención fueron los asesinados por Morden durante su huida. Otro de ellos había enfermado de unas fiebres repentinas poco después de su regreso a la ciudad, y el último había sido licenciado anticipadamente después de ser herido por Morden durante su captura, y había abandonado Alasia, regresando a su Calydon natal con un buen estipendio en la bolsa. A cambio de esa información, Tobruk reveló al capitán el paradero del campamento de Morden en el lindero de Wilwood, añadiendo que se trataba de un rastro frío. Deliberadamente, Tobruk no pidió pago alguno por esa información, con la intención de ganarse un poco más la confianza del severo capitán. Agradeciendo al capitán su tiempo, y tras sugerirle que confiara en ellos para resolver aquel asunto, los enanos abandonaron el cuartel, con muchas cosas en las que pensar.

Aquello era extremadamente sospechoso. Había cinco testigos de la detención de Morden y del asesinato de Morayne Tanner, y no se podía interrogar a ninguno de ellos. Los enanos son poco amigos de dobleces, intrigas y tejemanejes sucios, pero a los tres aquello les olió muy mal. Unas fiebres demasiado convenientes, una licencia anticipada que permitía desaparecer del mapa… y un anciano que juraba que Morden podría haber reducido a dos guardias sin matarlos de haberlo deseado. Desde luego, no se trataba de dar caza a un simple proscrito; algo muy turbio se escondía detrás de todo ese asunto, y los tres enanos empezaron a preguntarse hasta donde podían hundirse las raíces de todo aquello. Fuera como fuere, sólo pruebas completamente irrefutables lograrían convencer al capitán Geraint de la inocencia de Morden… en caso de haberla.

Los enanos se separaron para ir a resolver asuntos propios por la ciudad, acordando reunirse más tarde en el Hacha y el Suspiro. Cuando se reencontraron un par de horas más tarde, descubrieron que, en palabras de Tobruk, las habilidades de Grugnir abarcaban algo más que el levantamiento de jarras. Mientras ellos iban de compras y preguntaban por las tabernas sin mucho éxito por Jack Morden, Grugnir había averiguado el nombre del guardia enfermo, un tal Loyshe, y había visitado su casa. Le recibió su desconsolada viuda; Loyshe había fallecido unos días atrás consumido por las fiebres. También había localizado a varios supervivientes de la caravana a la que habían estado asistiendo los guardias cuando se produjo el incidente, y de ellos sacó el lugar exacto donde sucedió. Aparentemente, los bandidos de Vorlak les habían atacado unas millas al norte de Lindar, provenientes del este, y en esa dirección huyeron tras el ataque. Consultando la Mesa del Mapa, los enanos vieron que al este del lugar, en línea recta, se encontraba el Bosque del Sauce. Por su parte, Lomborth se había enterado de que, unos días atrás, unos aventureros habían cobrado una recompensa por un bandido capturado en el camino entre la ciudad y Wilwood, un medio orco perteneciente a la banda de Vorlak… sin duda en el combate cuyos restos les habían hecho empezar a investigar. El nombre del temido bandido empezaba a repetirse demasiado en toda aquella historia. Morden había sido capturado justo después de un ataque de los rufianes de Vorlak, y luego, después de huir de las mazmorras, se había enfrentado en solitario a ocho bandidos, que resultaban pertenecer también a esa misma banda. A los enanos les parecía cada vez más claro que Vorlak el Mestizo tenía algo que ver en todo aquello, y ahora tenían una dirección que investigar. Partirían hacia el Bosque del Sauce. Si encontraban a Vorlak, no solo pondrían fin a uno de los mayores criminales de la región, sino que hallarían las respuestas que estaban buscando.

[¿Recordáis cuando hablaba de incluir tramas a base de nodos de historia? Este es otro ejemplo. Los jugadores podían dar con la historia de Jack Morden de distintas maneras, y hacer con ella lo que quisieran. También es una muestra de cómo me organizo las tramas de manera para que a menudo unas conecten con otras, ya sea de manera directa o tangencial.]

Tras una larga charla compartiendo la cena, Lomborth y Tobruk informaron a Grugnir de la proclama del Barón y de su oferta para aventureros voluntariosos, y éste vio en ello su gran oportunidad. Tobruk, por su parte, había visto lo útil que les había sido en sus pesquisas, y empezaba también a gestar una idea en su mente. No había visto demasiados enanos por la región, y los que iban llegando parecían todos individuos desarraigados sin clan ni gremio. ¿Porqué no formar uno propio? Una compañía de aventureros mercenarios, en la que tuviera cabida todo enano que llegara a las Tierras Reclamadas en busca de fama y fortuna. Con esa idea en mente, el guerrero le ofreció a Grugnir un lugar en esa futura hermandad, cosa que el pelirrojo bribón aceptó sin dudar. La compañía de los Escudos de Piedra acababa de nacer.

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2 pensamientos en “Crónicas de Alasia (XLI): Algo Podrido en la Baronía de Alasia”

  1. Aparte de que lo de los enanos de este grupo empieza a recordarme a la escena de Beorn (“¿He dicho que éramos cuatro…? No, no, quería decir cinco…”), la verdad es que me hace mucha gracia el hecho de que se hayan metido en una aventura con tanta miga de investigación. Está la cosa de lo más interesante…

    Y una vez más, me descubro ante tu capacidad para hacer malabarismos con las tramas. ¡Magnífico!

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    1. Pues sí, al final va a ser verdad lo de que los enanos te salen de debajo de las piedras XDD

      Y la verdad es que la investigación del misterio la llevaron muy bien. Nadie les mandaba husmear en eso, así que lo hacían porque realmente estaban intrigados, y eso a la hora de jugar se nota.

      Le gusta a 1 persona

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