Crónicas de Alasia (XLII): Leaford Hall

LOS EXPLORADORES DE WILWOOD

  • Elian Arroway, mago abjurador de la sangre del león
  • Gaul, bárbaro semiorco, iniciado como druida por el Círculo de Dun Emain
  • Shelain Liadiir, impetuosa guerrera elfa, hija del maestro de armas del Barón
  • Dworkin, excéntrico hechicero gnomo de raíces silvanas
  • Namat, clérigo de Valkar, padre de la batalla, de orígenes tribales

Halcón 16

La tensa retirada a través de Wilwood se convirtió en una auténtica pesadilla a la luz de la luna llena. Sir Bannon fue montado en uno de los caballos supervivientes, y a lady Marion le ofrecieron el otro, que compartió con Dworkin. Corrientucha fue cargada con todo lo que se pudo empaquetar rápidamente. Guiado por Gaul, el grupo emprendió una rápida marcha hacia el exterior del bosque entre una cacofonía de aullidos distantes. Ninguno de ellos fue capaz de calcular la distancia que les separaba de los lobos, pero todos distinguían que los aullidos sonaban cada vez más cercanos. Tenían mucho trecho que cubrir, y el semiorco no dio ninguna tregua. La comitiva apretó el paso al máximo durante la primera hora, más corriendo que andando, intentando desandar lo andado y retomar el camino que les permitiría avanzar a un mejor ritmo. La marcha forzada tras una larga jornada de viaje y exploración fue durísima, y a medida que pasaban las horas, la fatiga empezó a hacer mella en personas y animales. Por fortuna, parecía que las jaurías y manadas venían de lejos, pues aunque en las primeras horas de marcha las oyeron acercarse, no vieron a ningún lobo. Los dos jóvenes sirvientes de Sir Bannon, Tam y Solmen, empezaron a flaquear y a quedarse atrás, y fueron ayudados por Deinnal y Shelain. Cuando fue evidente que no podrían seguir, lady Marion desmontó de su caballo y prosiguió el camino andando, ofreciendo la montura a los dos agotados jóvenes. Sin pensárselo dos veces, Gaul cargó con Dworkin como si nada para que las cortas piernas del gnomo no les hicieran perder el ritmo. Elian también empezaba a encontrarse al límite de su resistencia física, pero sabía que no podían parar. Si no alcanzaban pronto la salida del bosque, el mago sabia que no podría continuar, y empezó a prepararse para actuar de la única manera que tenía para cumplir con su cometido como abjurador y protector del grupo: quedarse atrás y dar tiempo al resto a huir.

En ese momento Namat, el barbudo profeta de Valkar, rezó una pequeña oración al Padre de la Batalla para que les diera fuerzas, un poco a regañadientes ya que Valkar veía con desagrado las huidas y las retiradas. Al instante, el grupo entero recobró una parte del vigor perdido, y aquello les permitió apretar el paso de nuevo hasta que finalmente dieron con el viejo camino entre los árboles. Las repetidas plegarias de Namat les permitieron no desfallecer, y Gaul ordenó seguir el camino a la carrera: por detrás suyo ya se empezaban a escuchar fuertes gruñidos y los sonidos furiosos y los chillidos de manadas abalanzándose sobre todo animal y criatura que encontraban en su camino. A partir de ese momento, el que cayera o quedara atrás podía darse por muerto, así como todo el que se detuviera para intentar socorrerle. Corrían literalmente por su vida, y aún tenían varias leguas por delante.

Cuando, con las primeras luces del alba, Gaul gritó que la salida del bosque estaba a la vista, apenas pudieron creerle. Uno tras otro fueron saliendo de Wilwood a campo abierto, corriendo bajo el cielo abierto, libres por fin de los agobiantes muros arbóreos. Incapaces de dar un paso mas, se desplomaron sobre la hierba, luchando para contener los latidos de sus corazones desbocados y boqueando en busca de aliento. Los caballos, cargados con el peso de sus jinetes, habían llegado más muertos que vivos, y los pies de lady Marion estaban ensangrentados y llagados. Pero nada de eso les importaba: habían escapado con vida de Wilwood, y nada parecía salir del bosque tras ellos. No se molestaron en montar un campamento ni en organizar turnos de guardia; estaban demasiado exhaustos. La luna llena fue rápidamente borrada del cielo por el sol de un nuevo día.

[Las reglas de movimiento campo a través fueron explotadas al máximo durante esa sesión, y la marcha forzada realmente llevó a los personajes al límite. Cada nueva hora de viaje les obligaba a hacer tiradas de Constitución de dificultad creciente, o sufrir daños no letales por culpa de la fatiga. Los caballos, por otra parte, sufrían daño letal en caso de fallar, y llegaron casi reventados. Por fortuna, la súbita aparición de Namat, clérigo de Valkar y nuevo personaje jugador del grupo, les ayudó a poder aguantar ese ritmo durante más tiempo, sanando el daño no letal en repetidas ocasiones hasta que Valkar le retiró temporalmente su favor. Por fortuna no tuvieron ningún encuentro durante su desesperada huida, porque no sé lo que hubiera podido pasar en ese caso. Por mi parte, yo tenía calculado cuanto tardarían las primeras manadas en darles alcance, y si en ese tiempo no hubieran salido de Wilwood, la cosa probablemente hubiera terminado en Total Party Kill.]

Halcón 18

Tras pasar un día entero descansando y reponiéndose de su ordalía a las afueras de Wilwood, Shelain y sus compañeros se pusieron en marcha de nuevo, dispuestos a escoltar a Sir Bannon y los suyos hasta su casa señorial, la mansión de Leaford Hall, unas diez leguas al este de Nueva Alasia, junto al camino de Pal Sarath. Aunque la horrible persecución había demostrado la tenacidad y el ánimo de lady Marion, no había hecho nada por aliviar la animadversión que los compañeros sentían por el prometido de la joven, Deinnal Hanvar. El guerrero carellio les conminó a dejarles, aduciendo que él se encargaría de guiar a los aristócratas hasta su mansión, pero Sir Bannon no quiso ni oír hablar del tema. Tenía una deuda con los aventureros, y pensaba pagarla como era debido. Así, la comitiva se puso en marcha de nuevo. Namat se quedó en Nueva Alasia, pues ni formaba parte del grupo ni le interesaba lo más mínimo visitar Leaford Hall. Ahora sabía que la visión que le había enviado Valkar era completamente real, y que tenía que hacer algo al respecto.

Durante el trayecto, la amistad entre Dworkin, Elian y lady Marion se afianzó todavía más. La joven hizo todo el camino al lado de ellos, intentando saciar su curiosidad a base de preguntas. Llegado un momento en el que la joven se quedó a solas con el gnomo, éste le preguntó si realmente deseaba casarse con Deinnal. Tras lanzar una mirada de reojo a Elian, la muchacha respondió negativamente. Quería viajar y ver el ancho mundo. Sus vivencias en Wilwood, lejos de acobardarla, la habían convencido de que había grandes maravillas en el mundo que nunca vería si permanecía en Leaford Hall como esposa de un guerrero advenedizo. Deseaba servir a la Dama Verde abiertamente, iniciarse en su culto y quizá convertirse algún día en una de sus sacerdotisas o doncellas arqueras. Entonces Elian, incorporándose a la conversación, le dijo que en la boscosa Sarland, la Vieja Fe permanecía viva aún a pesar de la nobleza carellia que regía el reino desde hacía más de un siglo. Con una sonrisa traviesa, Dworkin añadió que tenía dos opciones: o quedarse en la mansión de su padre a obedecer, y condenarse a una existencia que no deseaba, o marcharse en la primera caravana que partiera en dirección a Sarland para tomar las riendas de su vida. La joven se quedó pensativa el resto del viaje, pero ambos aventureros vieron en su mirada que la decisión ya estaba tomada.

Llegaron a Leaford Hall con la caída de la tarde, y fueron invitados a permanecer entre sus paredes tanto tiempo como desearan. Era una casa señorial pequeña y bastante humilde, pero Sir Bannon cumplió su palabra con creces, pagando a los compañeros más oro del que había prometido. Tras una noche de festejos y celebraciones, el grupo se acostó con la intención de regresar a la ciudad por la mañana. Tan sólo el orgulloso Deinnal Hanvar no se unió al banquete, y permaneció de pie junto a la chimenea todo el tiempo, lanzando miradas torvas a su prometida y a los desconocidos que habían abierto una brecha insalvable entre ambos.

Halcón 21

De vuelta a Nueva Alasia, los Exploradores empezaron a planear su próxima expedición. Ahora sabían que iban contrarreloj: disponían de todo un mes antes de que la luna llena se asome de nuevo convirtiendo el bosque en una trampa mortal. Gaul no ha abandonado la idea de seguir buscando restos o tramos intactos del viejo camino. Sabía que eso probablemente no le facilitaría la misión de encontrar antiguos restos de la fe druidica en el bosque, pero lo consideraba básico para facilitar futuras expediciones más allá de Wilwood. Él y Dworkin se encaminaron a la Biblioteca de la Catedral, con la intención de investigar acerca de la historia de Wilwood y de la presencia de la Vieja Fe en la región. Entre ambos descubrieron antiguos registros que decían que el Viejo Camino atravesaba Wilwood a lo largo de unas 60 leguas, antes de abandonar el bosque y torcer al norte hacia las Colinas Doradas. Si aquello era cierto, Wilwood era mucho, mucho más grande de lo que habían imaginado. También encontraron una referencia a un ancestral emplazamiento funerario en algún lugar de la espesura, un grupo de túmulos que servían de tumba a reyes antiguos enterrados mucho antes de la fundación de Sartia. Aquello les devolvió a la mente la imagen enloquecida y aterrorizada de Black Benn, aquel aventurero que habían encontrado en el bosque delirando sobre los reyes muertos y sus ojos. Con esos datos en mente, ambos se preparan para adentrarse de nuevo en Wilwood, más conscientes de las verdaderas dimensiones del gran bosque. Mientras tanto, Elian había estado indagando acerca del legendario Tomo de Conjuros de Nadrath, del que lady Marion le había hablado, pero no encontró poca información relevante, salvo que el Nadrath de la leyenda fue un archimago que intentó en el pasado desterrar el mal de aquellas tierras, y había desaparecido sin dejar rastro en algún lugar más allá del río Corwen. En sus historias, un lugar nombrado como los Riscos de Hierro figuraba prominentemente, pero la información era demasiado dispersa y poco fiable para ser de mucha ayuda.

Por su parte, Shelain visitó a su padre, el Ithandir Sovieliss de Liadiir, y le encontró en el patio de armas del castillo, adiestrando a un humano sûlita en las artes de la esgrima élfica. Cuando la sesión de entrenamiento terminó, padre e hija se reunieron, y después de que la elfa le relatara sus peripecias en Wilwood, el adusto maestro de armas sorprendió a Shelain mostrándole un tácito reconocimiento de su habilidad como guerrera, algo que nunca había hecho antes. Por primera vez en su vida, el Ithandir le lanzó una espada de entrenamiento, pidiéndole una demostración de lo que sabía hacer con ella. Afirmó que el honor de la Casa Liadiir dependía ahora de ella, la última hija de un linaje más antiguo que el mundo. Si, en contra de su voluntad, estaba decidida a enfrentarse al peligro con acero y no con magia, ya no tenía sentido negarle la instrucción. Si iba a ser una guerrera, él se encargaría que fuera la mejor. Padre e hija entrechocaron las espadas, y Shelain sintió que estaba empezando a ganarse el respeto de su padre. Eran altos elfos y llevaría tiempo, pero la distancia que les separaba había empezado a cerrarse. El mañana la llevaría a Wilwood de nuevo, pero en aquel instante, sólo existía la danza de espadas.

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2 comentarios en “Crónicas de Alasia (XLII): Leaford Hall”

  1. Tres reflexiones totalmente gratuitas sobre la entrada:

    1) No sé qué habría sido de este grupo sin Gaul. Está a todas, y nunca falla.
    2) Otro gran cliché: el prometido irritante e insoportable al que con gusto trincharías. Por suerte parece que Lady Marion (¿Marian?) tomará la decisión correcta.
    3) Así que un sûlita, ¿eh? A ver si Shahin va a pescar en río revuelto… 😉

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  2. No es casualidad que sea este grupo el que se ha lanzado a explorar Wilwood. Cuando uno se va a explorar un bosque peligroso y desconocido, lo suyo es llevarse a alguien que domine del tema, y Gaul tanto por druida como por bárbaro tiene las habilidades necesarias para guiar, orientar y proporcionar sustento al todo el grupo. Está jugando en casa. Aquí se da lo contrario de lo que pasa en muchas otras campañas centradas en el mazmorreo, que los druidas o rangers no pueden usar todo su potencial por no estar en entornos que lo favorezcan.

    El prometido es irritante, orgulloso y cabezota, efectivamente. Pero por romper una lanza a su favor, también defendió en solitario a los suyos contra un escarabajo gigantesco hasta que llegaron los héroes, y durante la persecución se portó con los sirvientes, ayudándoles para que no se quedaran atrás. Pero desde su encontronazo con Elian, le tiene una ojeriza enorme al mago, y ahora que claramente él y el gnomo le han estado comiendo la cabeza a su futurible, todavía más. Habrá que ver que les depará el futuro a estos personajes…

    Y efectivamente, Shahin por aquel entonces estaba ya entrenándose con el Ithandir… los Portadores, que han sido el grupo más activo en entradas hasta ahora, están en una larga fase de preparaciones, así que ahora les toca el protagonismo al resto del grupo durante una temporada.

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