Crónicas de Alasia (XXX): Hacia el Gran Bosque

LOS EXPLORADORES DE WILWOOD

  • Elian Arroway, mago abjurador de la sangre del león
  • Gaul, bárbaro semiorco, iniciado como druida por el Círculo de Dun Emain
  • Shelain Liadiir, impetuosa guerrera elfa, hija del maestro de armas del Barón
  • Dworkin, excéntrico hechicero gnomo de raíces silvanas

Halcón 9

Los preparativos de la expedición habían finalizado por fin, y ante los establos del Hacha y el Suspiro se encontraban los héroes de Durham, Shelain, la guerrera elfa; el mago Elian Arroway; y el semiorco Gaul, supervisando el equipo y preparados para partir hacia su nuevo objetivo: el bosque de Wilwood. Junto a ellos se encontraba un nuevo y menudo compañero, el gnomo Dworkin. Un par de noches antes, el hombrecillo había llegado a la posada y no había pasado inadvertido. De todos los pueblos que habitaban Valorea, los gnomos eran los más escasos y los más difíciles de ver fuera de sus madrigueras y poblados. De cabello rojo fuego y carácter extrovertido, se mostró muy interesado en escuchar rumores y leyendas acerca de Wilwood, y cuando se enteró de que un grupo estaba montando una expedición a sus profundidades, insistió en formar parte de ella hasta que le acabaron aceptando. A cambio, ponía al servicio del grupo sus artes mágicas, heredadas de sus ancestros feéricos. El gnomo se había comprado una mula a la que había llamado Corrientucha, y la estaba acabando de enjaezar mientras los miembros más veteranos se preparaban para partir.

[Lo de Corrientucha el jugador lo extrajo de manera literal de la descripción que le di de la mula en cuestión. Usé esa palabra, y así se le quedó el nombre al pobre bicho. El jugador de Dworkin también sabía que se estaba metiendo en terreno peligroso: como nuevo pj, el gnomo empezaba como hechicero de nivel 1, cuando sus tres compañeros eran ya de tercero. Además se dirigían a Wilwood, cuya fama sugería que no era lugar para novatos. Eso sí, si se las apañaba para ir sobreviviendo, probablemente ganaría experiencia a un ritmo más rápido. En todo caso, la decisión de entrar en el grupo o no fue suya.]

Durante aquellos días, cada uno se había dedicado a tareas distintas. Gaul había estado recabando información y escuchando historias sobre Wilwood, con el oído atento a cualquier indicio de presencia druídica en la región. Así se enteró que antaño era conocido como el Bosque de los Barones, y era el terreno de caza preferido por los nueve barones de Alasia. En la actualidad pocos lo recorrían, pues además de ser frondoso y de difícil tránsito, se decía que había criaturas peligrosas, que estaba lleno de animales salvajes, y se decía también que era el escondrijo favorito para todo tipo de bandidos y proscritos. El Viejo Camino del Oeste cruzaba el bosque de parte a parte, al menos en la antigüedad, y los pocos viajeros que recorrían Wilwood en la actualidad procuraban no apartarse mucho de él. Un viejo fuerte que databa de la era imperial se hallaba fuera del bosque, a una milla escasa al sur de Wilwood. El semiorco también escuchó historias que afirmaban que los árboles de Wilwood se movían y odiaban a los intrusos, o que unos extraños gnomos vivían en una aldea secreta en el interior del bosque y recompensaban con gemas talladas cualquier favor que se les hiciera, aunque aquello parecía más cuentos de borrachos que otra cosa.

[Todo esto salió de dos fuentes: las tablas de conocimientos, que indican hasta donde sabe un personaje de una región en función a sus habilidades de conocimiento, y las tablas de rumores para esa región concreta. Los rumores más jugosos, certeros o precisos suelen estar en la parte más alta de la tabla, sólo accesible con muy buenas tiradas de obtener información.]

Entre tanto, Shelain había visitado a su padre, el Ithandir, en el Castillo de Roca Blanca. El maestro de armas era un hombre severo y estricto, y nunca había encajado bien que su única hija, la última descendiente de la Casa Liadiir, decidiera seguir la senda de la espada. Siempre se había negado a entrenarla, y la joven elfa había tenido que buscarse la vida por su cuenta para dominar las artes de la guerra. La visita, como todas las anteriores, no había salido bien, y la guerrera había vuelto sus miras de nuevo a la exploración junto a sus camaradas.

Elian, por su parte, se había enfrentado a la pérdida de su hermano Norben. No se habían visto desde la adolescencia, pues él partió a recorrer los caminos junto a su maestro en las artes mágicas, mientras que Norben permaneció en Nueva Alasia para unirse a la guardia. El infortunio había impedido que se reencontraran, y ahora Elian llevaba al cinto la Espada del León que Norben había recuperado en sus aventuras, y estaba aún más deseoso de indagar en la historia de la región y en los secretos de su pasado.

Bajo un sol espléndido, los cuatro exploradores abandonaron la ciudad por la Puerta del Oeste y dejaron atrás el cruce hacia Lindar para encaminar sus pasos hacia el gran bosque de Wilwood. Pasada la bifurcación, se notaba que el camino apenas era hollado en la actualidad, pues estaba poco rodado y la hierba crecía en él de manera intermitente. Pocos eran los que se internaban en Wilwood voluntariamente, de vez en cuando algún aventurero o prospector instigado por los rumores de minas sin explotar en las  Colinas Doradas más allá, o partidas de cazadores de Lindar o de la ciudad, quizá algún mercader y sus guardaespaldas investigando la posibilidad de hallar nuevas rutas hacia el otro lado. Ese era también uno de los propósitos que el grupo se había propuesto: intentar encontrar el antiguo camino y cartografiar su recorrido para facilitar el cruce hacia el otro lado. Y mientras lo hacían, tendrían los ojos bien abiertos para encontrar rastros de presencia druídica. El linde del bosque se hallaba, según la Mesa del Mapa, a unas 20 millas de Nueva Alasia. Los exploradores, que viajaban ligeros de equipaje y de raciones gracias a la sabiduría druídica de Gaul, cuya magia podía convertir una simple baya acabada de recoger en sustento para todo un día, contaban con hacer el trayecto en menos de una jornada, y pasar ya la  noche en el interior del bosque. Sin embargo, eso no llegaría a ocurrir.

Unas pocas millas después del cruce de Lindar, en un tramo flanqueado por bosques y colinas a mano derecha y un desnivel de tierra a la izquierda, los viajeros se toparon con un árbol caído en medio del camino que les cortaba el paso. Atrapado bajo su tronco se veía un cuerpo inerte. Desenfundando sus armas por precaución, Gaul y Shelain se aproximaron para ver si se podía hacer algo por el accidentado, mientras Elian y Dworkin permanecían atrás, a una buena distancia, vigilando. Cuando llegaron a su lado, Gaul frunció el ceño. Aquel árbol no se había caído de forma natural, había sido derribado y arrastrado hasta allí. Y Shelain comprobó que lo que había bajo el tronco era un burdo monigote vestido con harapos. Para cuando se dieron la vuelta para gritar al unísono ¡emboscada!, los bandidos ocultos ya se habían puesto en movimiento.

[A los jugadores esto les dio la impresión de ser un encuentro aleatorio, lo que en teoría explicaba la presencia de bandidos en un lugar poco lógico. Se equivocaban.]

Desde ambos lados del camino tras Dworkin y Elian, sendos montones de piedras y rocas fueron empujados, formando una tosca obstrucción que les cerraba el paso, mientras de más adelante, más cerca de Gaul y Shelain empezaban a volar flechas también desde ambos lados del camino. No tuvieron tiempo a pensar en qué hacía un grupo de bandidos en un lugar tan poco transitado mientras empezaban a buscar cobertura, y acto seguido los bandidos que habían empujado las rocas se deslizaron pendiente abajo desde las posiciones elevadas que habían ocupado.  Uno de ellos era un medio orco de aspecto muy desagradable, mientras que el otro era claramente un hobgoblin, y ambos se dirigieron a los dos viajeros ligeros de armas y armaduras, viendo en ellos un blanco fácil. Se equivocaban. Dworkin durmió al medio orco antes que llegara, y Elian había estado a punto de incinerar al otro cuando una flecha se hundió en su hombro mientras formulaba el hechizo y, con un grito de dolor, la energía mágica que había estado moldeando se desvaneció. Shelain y Gaul cargaron hacia atrás para socorrer a sus compañeros, pero aunque la elfa fue lo bastante rápida, la carga de Gaul fue interceptada por un enorme orco que había estado muy bien escondido entre unos arbustos. El hacha de combate del bruto chocó contra la Espada de Vonkar que empuñaba Gaul, y ambos se trabaron en un intenso cuerpo a cuerpo. Cuando Shelain llegó, interceptó al hobgoblin, liberando a los dos lanzadores de conjuros para que intentaran ocuparse de los arqueros.

[Los conjuros de dormir a nivel bajo son una murga, sobre todo en encuentros formados por varias criaturas no muy fuertes a nivel individual y si los lanza un hechicero capaz de espamearlos uno tras otro. Por suerte los bandidos tenían el tema bastante controlado, colocándose lo bastante dispersos para no ser pillados en bloque y con los arqueros escondidos clavando el ojo sobre los lanzadores de conjuros para intentar interrumpir sus hechizos a flechazos.]

El combate fue brutal, y los bandidos resultaron ser más duros de lo esperado, en parte gracias a la ventaja táctica de la que habían gozado. La magia de Dworkin demostró su utilidad, aunque cuando el alocado gnomo hizo que la maleza y la vegetación se animara para enredar y enmarañar a sus enemigos, también obstaculizó el movimiento de los compañeros. Elian usaba sus conjuros para lanzar dardos luminosos a los arqueros y para proteger con sus barreras a sus compañeros, mientras Shelain y Gaul repartían estopa cuerpo a cuerpo. El orco era el más peligroso de los bandidos, claramente, todo un cazador de hombres que sabía pegar donde más duele. Mientras luchaba contra él, sin embargo, Gaul se dio cuenta de que el bruto se movía de manera lenta y torpe, como si no estuviera en plenas facultades.

Finalmente los compañeros pusieron punto y final al combate. El semiorco al que había dormido Dworkin seguía con vida, pero el resto había muerto en la lucha. Tras registrar los cuerpos, vieron que  los dos arqueros ocultos habían sido humanos. La extraña y variopinta composición de la cuadrilla les hizo pensar que probablemente se tratara de hombres de Vorlak el Mestizo, uno de los bandidos más temidos de la región. El hobgoblin llevaba en su zurrón un extraño y tosco muñeco de arcilla, de forma humanoide, en cuya cabeza habían pegado un mechón de cabello aparentemente humano. Un examen del cuerpo del líder orco reveló que había entrado en combate con una herida reciente en el hombro. A Gaul le pareció una herida de flecha, y vio que había sido frotada recientemente con hierbas de alguna clase. Sabiendo que había un precio por la cabeza de los bandidos, los compañeros ataron al que seguía con vida y cogieron pruebas de la muerte de los otros cuatro, y decidieron dar media vuelta y regresar a Nueva Alasia para cobrar la recompensa. Wilwood podía esperar un día más, pensaron, sin saber que toda expedición al gran bosque es una carrera contra el tiempo.

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