Galería de Personajes: Stormcrow

Volvemos a la Galería de Personajes, y en esta ocasión hago una excepción para compartir un personaje con el que aún no he jugado, pero al que tengo muchas ganas. Se trata de un superhéroe estilo «vigilante» para una campaña de Savage Worlds que tenemos pendiente de estrenar, y que promete bastante. Se trata de una campaña ambientada en la ciudad de Barcelona, con un trasfondo muy currado (hasta donde nos ha podido contar el máster).

Para la creación de mi personaje, Stormcrow, el Cuervo de la Tempestad,  reciclé un concepto que tenía pensado de hacía tiempo para Champions (mi juego de súpers de cabecera, conocido por permitir la creación de absolutamente todo tipo de personaje y poder). Quise comprobar si la Guía de Género: Superpoderes de SW me permitiría recrear el mismo concepto con facilidad. Y la verdad es que quedó algo bastante parecido a lo que yo quería. Stormcrow coge inspiración de varios de mis personajes e historias favoritas, que me imagino no os costará reconocer. 

Pues nada, os dejo con ¡los orígenes secretos de Stormcrow, el Cuervo de la Tempestad!

STORMCROW #1

THROOM!

El hombre de la palanca levantó la vista al cielo, nervioso.

¿Has oído eso? -preguntó a su compañero en el crimen-.

Es solo un trueno, gallina -replicó el otro, mientras le instaba con un gesto a darse prisa. Allí en el callejón estaban expuestos, y no volverían a tener una oportunidad como esa.

El primero se pasó la mano por la cara para quitarse la lluvia de los ojos, y redobló sus esfuerzos. Pero no las tenía todas consigo. Había hecho una tarde magnífica de primavera. La lluvia había llegado de repente, cuando se metieron en el callejón.

¿Es que no has oído lo que dicen?

No, pero me lo vas a contar igual…

De un tiempo a esta parte, el mal tiempo, la lluvia… son malos augurios. Intentar un golpe cuando hay tormenta da mala suerte. Corren rumores. Pasan cosas raras durante las tormentas…

THROOM!!

Ambos malhechores soltaron un respingo cuando un segundo trueno retumbó, aún más fuerte.

Déjate de mierdas, tronco. Si no espabilas, tendremos cosas peores de las que preocuparnos que una puta tormenta.

El callejón estaba prácticamente a oscuras. La puerta del anticuario estaba reforzada, pero si el soplo que les habían dado era cierto, dentro había una auténtica fortuna, y solo tenían un par de noches antes de que esta cambiara de manos y se le perdiera el rastro. Era ahora o nunca. El ladrón agarró la palanca con más fuerza, intentando quitarse esos malos presagios de la mente. Eran chorradas, bulos que circulaban por el submundo.

Un pájaro voló entre la lluvia y se posó en un cubo de basura cercano. Era un pájaro negro, grande y feo, de ojos amarillos. El cuervo graznó, clavando su mirada en los dos hombres.

El segundo caco agitó la pistola que empuñaba, intentando ahuyentarle.

Shoo, shoo… ¡Fuera, bicho!

El ave dio un par de pasos laterales, agitando las alas, y graznó de nuevo. Otro graznido le respondió más arriba. El ladrón alzó la mirada y vio a otro cuervo, posado en el alfeizar de una ventana, mirando hacia abajo. Había otro en una barandilla de un balcón. Y otros dos en el borde de una azotea.

KRA-KA-THROOM!!!

Los dos hombres dieron un respingo cuando un tercer trueno retumbó tan fuerte como si se fuera a partir el cielo justo sobre sus cabezas. Los cuervos, diez, veinte, quizá cincuenta, echaron a volar todos a la vez, graznando alrededor de los malhechores. Entonces un fogonazo azul eléctrico llenó la noche, el resplandor de un relámpago que de algún modo había seguido al trueno, dejándoles ciegos por unos instantes.

Cuando pestañearon para intentar recuperar la vista, protegiéndose los ojos de la lluvia mientras giraban nerviosamente con sus armas apuntando en direcciones aleatorias, había alguien de pie en la azotea.

Marchaos. Abandonad este lugar ahora.

La voz provenía de la silueta oscura, retumbando como si surgiera del más allá. Era un hombre vestido de negro de los pies a la cabeza, con brazales y botas del color amarillo de los ojos de un cuervo, o quizá del destello que deja un relámpago quemado en la retina si lo miras directamente. Su rostro estaba en vuelto en sombras en el interior de una capucha, y a su espalda ondeaba una capa que parecía hecha de oscuridad sólida. En su pecho, relucía el emblema de un ave dorada con las alas desplegadas. El cuervo de la tempestad.

Los dos cacos actuaron sin pensar, movidos por el pánico. Alzaron sus pistolas y abrieron fuego, vaciando los cargadores contra el extraño encapuchado. En décimas de segundo, la capa se desplegó por sí sola, transformándose en las alas grandes y negras de un ave. Las alas envolvieron al encapuchado, y las balas rebotaron contra ellas.

Os he dado una oportunidad.

Sin más, el extraño saltó de la azotea y con un poderoso batido de alas se lanzó en picado contra ellos. Alcanzó al primero mientras intentaba frenéticamente recargar su arma, y le embistió como un ariete, con los dos puños proyectados hacia delante. El delincuente cayó al suelo como un fardo.

Su compañero blandió su pistola ya recargada con ambas manos temblorosas y apuntó al justiciero. A bocajarro no podía fallar. Sin embargo, sin que su dueño se volviera, una de las alas de sombra le golpeó los brazos y la pipa salió volando, rebotando contra la pared del callejón. Antes de darse cuenta, el misterioso hombre-cuervo le había agarrado de la pechera y le levantaba del suelo. Tenía su rostro envuelto en sombras a centímetros, y seguía sin poder ver ninguno de sus rasgos. Era como si allí no hubiera nada.

Márchate. Llevarás mi mensaje a toda la chusma de esta ciudad. Diles que la hora de su impunidad ha terminado. Diles que el cuervo les vigila. La tempestad ha llegado, y se abatirá sobre todos vosotros.

Le soltó con un empujón, tirándole de espaldas a un charco en el suelo. El ladrón se levantó como pudo, presa del pánico, mientras retrocedía sin perder a su atacante de vista. Cuando estuvo a distancia suficiente, se encaró con el extraño una vez más. Sus alas se habían transformado de nuevo en una capa que ondeaba a sus espaldas como si la lluvia no la afectara en lo más mínimo.

¡Estás loco, tío! ¡No sé quien coño eres, pero estás muerto! ¿Me oyes? ¡Estás muerto, payaso!

Yo soy la tempestad.

El sombrío vigilante no se movió ni un milímetro, pero al instante, un relámpago cayó desde el cielo e impactó en el callejón, justo delante del malhechor, dejando un círculo ennegrecido en el suelo y provocando una lluvia de chispas de los cables cercanos. El ladrón cayó de espaldas al suelo, al borde del infarto. Cuando el resplandor se disipó, allí ya no había nadie.

A dos manzanas de allí, mientras el criminal huía despavorido, el justiciero alado aterrizó en un callejón sin salida con un último batido de alas. Tras comprobar que estaba solo, ordenó al espíritu del Cuervo de la Tempestad que se replegara en su interior. Las sombras que le cubrían y ocultaban su rostro desaparecieron, y el que salió andando por la calle principal fue un joven de aspecto normal y corriente.

Aunque externamente mantenía la calma, Eric Esparver sentía el corazón latir más rápido que nunca antes. Era la primera vez que actuaba directamente desde que el Cuervo le eligiera como heraldo y agente en la tierra. Hasta ahora se había limitado a asustar a los maleantes con los cuervos y un uso creativo de las tormentas. Sabía que hacer más que eso sería ponerse en contra de la ley, y pintarse una diana en la frente tanto por parte de los criminales a los que ansiaba combatir como de las fuerzas de seguridad. Pero el día de actuar tenía que llegar tarde o temprano, y aquella noche había sido la elegida.

Por alguna misteriosa razón, que solo el Cuervo sabía, era vital impedir ese robo. Era una de sus “bendiciones”. El Cuervo de la Tempestad siempre estaba donde debía estar, donde había problemas y desgracias. Fuera cual fuera el coste para Eric Esparver. Pájaro de mal agüero…

Y aún no estaba seguro de como había sucedido, de porqué el Cuervo le había elegido a él. Recordaba perfectamente aquella noche.

Era un noche oscura y tormentosa, como mandan los clichés. Salía de madrugada del garito de turno, donde había dejado a Ali y al resto de la banda. Habían discutido, una vez más. Estaba furioso, furioso con ella, que no le entendía. Furioso con el grupo, furioso con su familia, furioso con el mundo. Un mundo que parecía no conocer la justicia, en el que todos se movían por intereses, donde la decencia, el honor y la compasión se habían convertido en un chiste.

Entonces lo oyó. Las voces quedas pero imperiosas, los gritos contenidos, las súplicas de ayuda amortiguadas por la lluvia. A su alrededor, los otros asistentes a su actuación, que salían del bareto, sin duda podían oírlo también, pero nadie pestañeó. Todos fingieron que no pasaba nada, y siguieron andando.

Eric no podía hacer lo mismo. Se asomó al callejón. En el suelo, un hombre joven estaba tumbado en el suelo entre un charco de sangre. Su atacante, con la navaja ensangrentada aún en la mano, se arrodillaba a su lado registrándole en busca de su cartera. Otro tipo tenía agarrada a una joven que lloraba e intentaba gritar desesperada a pesar de la mano que le tapaba la boca. El atracador le apuntaba la cabeza con una pistola mientras le susurraba al oído amenazas y obscenidades.

Eric actuó sin pensar. Si no hacía nada, la chica acabaría como su novio o aún peor.

¡Eh! ¡Soltadla! ¡Ayuda! -gritó, rezando para que los delincuentes se asustaran y salieran corriendo-. ¡Policía, un atraco!

Los delincuentes se asustaron, sí, pero no corrieron. El hombre de la pistola se volvió hacia él con un respingo y disparó por acto reflejo. Èric sintió que el pecho le ardía, sintió una quemazón que le roía y le atravesaba mientras caía de espaldas al suelo del callejón.

La visión borrosa, el dolor ardiendo en el pecho, los oídos retumbando con los últimos latidos agónicos de su corazón, un trueno en el cielo…

Los rostros desdibujados de los dos malhechores inclinándose sobre él, asegurándose de que estaba muerto…

Un cuervo hecho de sombras volando tras ellos… batiendo las alas en el aire… llamándole…

Proponiéndole un pacto… mostrándole el camino de regreso… dándole los medios para luchar…

Y Eric lo aceptó. Un relámpago restalló como un látigo eléctrico en el cielo y cayó sobre él, sobre su cuerpo aún caliente, mientras los dos criminales se volvían de nuevo hacia la aterrada joven para proseguir con sus intenciones.

El rayo les hizo volverse, sobresaltados. Pero Eric Esparver ya no estaba. Solo estaba el Cuervo de la Tempestad.

Por la mañana, la policía les encontró molidos a golpes en ese mismo callejón. Estaban vivos a duras penas. Uno de ellos presentaba graves quemaduras producidas por lo que parecía una electrocución y el otro, además de las múltiples contusiones, parecía haber sido picoteado por pájaros hasta el borde de la muerte. Uno de sus ojos había desaparecido.

La policía metropolitana tomó declaración a la única testigo, una joven cuyo novio había sido asesinado por un puñado de euros a la salida de un concierto de mala muerte. Sin embargo, los psicólogos de la policía declararon que se encontraba en un fuerte estado de shock post-traumático, ya que repetía incesantemente que había sido salvada por un hombre que a la vez era un cuervo, un cuervo llegado con la tempestad.

Ahora Eric Esparver era el emisario de ese misterioso espíritu en la tierra. El Cuervo sólo quería de él una cosa: que devolviera el equilibrio a ese mundo roto y vacío de esperanza. Que fuera un protector en la noche. Que luchara contra la oscuridad con sus mismas armas, que llevara la tempestad al corazón de los malvados.

Donde se encontrara el mal, dondequiera planearan sus negras alas, allí estaría también el Cuervo de la Tempestad para hacerle frente.

Y la tempestad solo acababa de empezar.

 

Nombre: Stormcrow

Identidad Secreta: Eric Esparver

Rango: Novato

Origen: Elegido por el Cuervo de la Tempestad para ser su Heraldo

Atributos: Agilidad d12, Astucia d6, Espíritu d10, Fuerza d8, Vigor d8

Paso: 6 (24 volando)

Dureza: 9

Parada: 7 (11 usando las alas)

Ventajas: Talento Natural

Desventajas: Transformación (mayor), Heroico (mayor), Enemigo (menor), Vulnerabilidad: Luz (menor)

Habilidades: Atletismo d10, Pelea d10, Sigilo d8, Notar d6, Instrumento (Guitarra) d6, Persuasión d4, Conocimiento Común d4

Poderes: 

Cuervo de la Tempestad: Stormcrow puede canalizar el espíritu del Cuervo con distintos efectos. Puede crear a voluntad unas grandes alas de oscuridad sólida impenetrable con las que puede volar, parar golpes, desviar balas y otros proyectiles e incluso cubrir con ellas a personajes adyacentes. También tiene poder para generar tormentas, vendavales y relámpagos, e invocar bandadas de cuervos vinculados a él que generan miedo. Todos estos poderes cuestan 8 puntos, son intercambiables entre sí, y solo puede usar uno de ellos a la vez: Volar, Parada (Desvío, Protector), Tormenta (Aguacero, Galerna, Relámpago), Control Animal (sólo córvidos, Invocados, Horda mediana, Vínculo, Miedo (asusta))

Super-Atributos: Agilidad +2 (genialidad), Fuerza +1, Vigor +1

Percepción Mejorada: Sentido del Peligro, Sentidos Mejorados (Ojos de Águila, Visión Ultravioleta, Supervisión)

Resistencia Sobrenatural: Armadura 3, Resistencia (Rayo) 1

 

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s