La Leyenda de Scáthach y el Mastín de Culann

No todas las heroínas de los mitos celtas son doncellas de trágico destino como Deirdre de los Pesares. En los distintos mitos de las tierras de los Gael aparece un buen número de diosas y mujeres guerreras. Pero de todas ellas, ninguna superaba en sabiduría y maestría de las artes marciales a la poderosa Scáthach, señora del castillo de Dun Scáith, la Fortaleza de las Sombras.

Scáthach, cuyo nombre significa Sombría, era una reina guerrera sin par, conocedora de secretos de combate que la hacían invencible. Dicen los bardos que su fortaleza se alzaba en Inis Scáith, que hoy en día conocemos como la isla de Skye. En aquellos tiempos remotos el viaje hasta la isla era arduo y peligroso, especialmente desde las tierras de Eire.

Eso no impedía que muchos jóvenes guerreros ansiosos de gloria se enfrentaran al tormentoso mar del norte en busca de la sabiduría marcial de Scáthach, la Sombría. Los pocos que lograban llegar a ella eran recibidos y puestos a prueba, y los que eran dignos se convertían en sus discípulos. Así la mujer guerrera se hizo célebre como maestra de héroes.

El más legendario de sus alumnos fue el mismísimo Cúchulainn, el Mastín de Culann. Cúchulainn amaba a la bella Emer, hija del rey Forgall. El rey no deseaba su unión, así que impuso una condición al héroe del Ulster: debía enfrentarse al mar y aprender las artes de la guerra con Scáthach. Sólo entonces le entregaría la mano de su hija. 

Cúchulainn juró encontrar a Scáthach o morir en el intento. No era una manera de hablar, y Forgall lo sabía. El rey confiaba en que el joven héroe sucumbiría a los peligros del viaje o ante las formidables defensas de Dun Scáith, ya que la severa Scáthach solo adiestraba a los guerreros que lograran llegar hasta ella. 

Cúchulainn navegó hasta Inis Scáith acompañado de su mejor amigo, Ferdiad, y allí descubrieron que el castillo de Scáthach se alzaba sobre un gran promontorio que sobresalía del mar. La única manera de llegar a él era cruzar el Puente del Acantilado, el vacío sobre el precipicio que separaba el castillo de la isla.

Ningún hombre mortal podría haber logrado un salto semejante. Pero Cúchulainn no era un guerrero corriente. Los bardos cuentan que era hijo del dios Lugh y una mujer mortal. Ningún héroe podía compararse con él en fuerza o renombre, y sus hazañas llegaron a superar a las del legendario Finn Mac Cumhaill, líder de los Fianna.

Cúchulainn corrió y se elevó con el Salto del Salmón, y con un poderoso brinco cruzó el Puente del Acantilado. Superó los desafíos de precipicios y aguas traicionera, se plantó ante las puertas de Scáthach y venció a su guardiana, una de las hijas de Scáthach. Orgulloso se presentó ante la Sombría, proclamando su intención de aprender sus secretos de combate.

Impresionada, Scáthach recibió a Cúchulainn y a Ferdiad en su gran salón, y el héroe no tardó en ganarse la confianza y el respeto de la reina guerrera. Scáthach le acogió y durante siete años le enseñó a dominar con maestría la espada, la lanza, el cayado y la cuerda, y le enseñó artes guerreras que nadie más conocía: la gesta de la manzana y la gesta del trueno; la gesta del salmón sobre el carro de guerra y de la captura de la lanza al vuelo; el grito del guerrero y la llamada del héroe.

Bajo su tutela, Cúchulainn se convirtió en un guerrero sin par, y durante su entrenamiento, el joven tuvo ocasión de demostrarlo. Pues Scáthach no era la única mujer guerrera de las tierras de Alba. La Sombría tenía una hermana gemela, o quizá una hija, Aife, una guerrera tan fiera y temible como ella, y no había amor entre ambas.   

Aife atacó Dun Scáith con sus guerreros y retó a Scáthach a un duelo. Cúchulainn exigió ser el campeón de su maestra, pero ella, sabiendo que su formación no estaba completa, le sumió en un sueño mágico para protegerle. Cúchulainn, sin embargo, no era un hombre corriente. Su gran fuerza interior le hizo despertar tras solo una hora, y corrió a la batalla. Se enfrentó a Aife y la expulsó de Dun Scáith. Entonces supo Scáthach que ya no tenía nada que enseñar a su pupilo.

Y al final de su entrenamiento, Scáthach le hizo entrega de la legendaria lanza Gae Bolga, hecha por ella misma de los huesos de un monstruo marino, y le enseñó un golpe secreto con ella tan poderoso como difícil de dominar. Se decía que la Luz de los Héroes brillaba en Cuchúlainn cuando usaba el golpe del Gae Bolga, que ningún escudo podía resistirlo y que ningún mortal podía sobrevivir a él.

Hay quien dice que Cúchulainn desafió entonces a su maestra por el dominio de la isla de Skye, reto que ella aceptó con una sonrisa. Tras días de agotador e infructuoso combate, depuoieron las armas y se sentaron bajo un árbol, y ella le ofreció las avellanas que contenían toda la sabiduría del mundo. Entonces supo el Mastín de Culann que nunca vencería a su maestra de armas y de los peligros del orgullo desmedido.

Armado con esta sabiduría, la Gae Bolga y las artes de la guerra aprendidas de Scáthach, Cúchulainn regresó al Ulster y se convirtió en leyenda. El rey Forgall no cumplió su parte del pacto y negó la mano de Emer al héroe, que se vio forzado a raptar a su amada para poder estar juntos. Pero esa es otra historia, y será contada en otra ocasión.

Y aunque Emer fue fiel a Cúchulainn de Muirthemne durante toda su vida, hasta el amargo final, el guerrero nunca supo cumplir sus promesas de lealtad y durante sus años en Inis Scáith sedujo o fue seducido por Aife, que concibió un hijo llamado Connla, cuyo destino se cruzaría trágicamente con el de su heroico padre en el futuro, y aquello señaló el principio del fin del Héroe del Ulster.

El paso de Cúchulainn por Dun Scáith fue recordado por las gentes del lugar durante generaciones, y los más viejos siguen afirmando que las montañas Cuillin de la isla de Skye aún hacen honor a su nombre.

Y en cuanto a Scáthach, su figura se yergue imponente como la de una mujer guerrera imbatible y severa, que sin embargo carece de hazañas propias y sólo recibe reconocimiento por las gestas de los hombres a los que ha servido de mentora. Como una diosa Morrigan encarnada, su único papel en los mitos es el de dar poder a los hombres, convertir a los guerreros en héroes.

Cúchulainn es el mayor héroe de la mitología irlandesa. Sin embargo, los mitos dejan claro que, sin las lecciones de Scátchach, el Mastín de Culann jamás habría podido asaltar el castillo de Forgall para rescatar a su amada Emer ni lograr su victoria definitiva sobre la terrible Reina Medb.

Con el paso del tiempo, Scáthach cambió de papel y se vio transformada en una diosa de los muertos, encargada de llevar a los guerreros dignos caídos en batalla hasta Tir Na Nog, la Tierra de la Juventud Eterna. Y en ese rol divino fue reciclada por Roy Thomas para los cómics de Red Sonja, convertida en la diosa protectora de la espadachina pelirroja.

A pesar de su falta de papel activo en los ciclos, la imponente silueta de Scáthach la Sombría, maestra de armas, guerrera indomable, forjadora de héroes, se alza como un elemento fundamental de la mitología irlandesa, surgida de la imaginación de un pueblo celta cuyas narraciones nos siguen inspirando y maravillando a día de hoy.

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