Fragged Empire 3: (VII) Cacería Humana en Mishpacha

ANTERIORMENTE, EN FRAGGED EMPIRE…

[El grupo llegando al campamento del Equipo Sierra]

[Primer plano de Jenna Rise: Lo que detectaron los sensores orbitales es una instalación Arconte intacta y perfectamente conservada. Mi investigación sugiere que se trata de un complejo funerario, un mausoleo. La tumba de un gran guerrero Arconte llamado Zalos.]

[Un grupo de drones revoloteando alrededor de los sorprendidos científicos.]

[Voz en off de Murdo]: Bonitos drones. No reconozco la tecnología.

[Voz en off de Jenna]: Ni nosotros tampoco. Ya estaban aquí cuando llegamos. 

[Los «drones» adoptando formación de combate.]

Creemos que forman parte de los sistemas automatizados de la tumba del Arconte.

[Jinx hablando con Jezebel Slip:  No sé con quien has estado contactando, pero no era Lara Vortex.]

[Los drones abriendo fuego a discreción. Melissa Fine muriendo desintegrada dejando un grito a medias.]

La Tripulación de la Tartarus 

• Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista

• James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo

• Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos

• Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología

• Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico

• Sarunas: Comando legionario, antiguo empleado de CURE

En la retina de Jinx seguía quemada a fuego la silueta de Melissa Fine desintegrándose ante sus ojos. Se repuso del shock justo a tiempo para agacharse y saltar tras unas cajas de equipo electrónico, lo que le salvó por los pelos de correr su mismo destino. La ráfaga de rayos biodesintegradores impactó en el lugar que había ocupado un segundo antes, dejando un grupo de cercos negros en el suelo donde antes había habido hierba verde. 

Kahta desplegó su escudo portátil, esperando que tuviera potencia suficiente para aguantar ese tipo de energía, mientras su mente analizaba a toda velocidad la situación. La composición de los rayos y el tipo de firma energética era algo totalmente desconocido, pero aún así lo había visto una vez antes. Era el mismo tipo de energía que había disparado la nave solitaria que les emboscó de camino al asteroide 101B. 

En la entrada de una de las tiendas geodésicas, Murdo se libró también de ser desintegrado porque su posición era lo bastante alejada como para que la salva que surcó el aire en su dirección se dispersara antes de llegar, y corrió a parapetarse tras una consola de comunicaciones, gritando a los demás para que se cubrieran también. Empezó a desplegar su computador táctico: aquellas cosas eran máquinas, y si funcionaban con algún tipo de código de programación, él podría hackearlo… o intentarlo al menos. 

En completo silencio, Jagh desenfundó su espada de sinteacero y se retiró para buscar ocultación entre la maleza. Su arma era letal en las cortas distancias, pero necesitaría actuar con sigilo y discreción si quería acercarse a un enjambre de armas que disparaban rayos desintegradores. Mientras tanto, los cinco Legionarios se desplegaron con la eficiencia y adiestrada naturalidad de un mini-ejército. Thanatos era como una torreta andante, de avance lento pero incesante, mientras Sarunas aprovechaba el fuego de cobertura que le daban los demás para intentar colocarse en primera línea de fuego y maximizar los efectos de su devastadora escopeta de plasma. Mientras, Praxus y sus hombres se dispersaban en formación triangular para obligar a los drones a dividir su atención. 

Los drones voladores se desplegaron también. No parecían tener objetivos concretos, sino que centraban el fuego en grupos de tres en cualquier objetivo limpio. Mientras el pánico se adueñaba de los miembros del equipo Sierra, que corrían a esconderse, un grupo de tres drones viró súbitamente hacia un lugar concreto. Solomon Ketch estaba en la entrada de su tienda, parado, observando con morbosa fascinación a aquellas máquinas que tanto le obsesionaban, incapaz de hacer nada que no fuera contemplar el glorioso infierno del que eran capaces. 

¡Ketch, cúbrete! -gritó Jenna Rise, anonadada-. ¡Cúbrete, maldita sea!

Los tres drones se dirigieron directos hacia él. El zumbido de sus pequeños cañones acumulando energía se oyó claramente en el aire. Los disparos del pistolón de Jinx abatieron a uno de ellos, pero los otros dos abrieron fuego sobre el tétrico kaltorano y se ensañaron con él. Siguieron disparando mucho después de que hubiera quedado reducido a polvo. Jenna salió al descubierto para correr hacia él, aunque no quedaban ni los restos, pero Jinx la agarró del brazo y la obligó a cubrirse de nuevo. Todos estaban pensando lo mismo. Esas cosas pensaban. Era obvio que no habían olvidado las torturas a manos de Ketch.

Darius, uno de los Legionarios, fue el siguiente en caer, y su armadura de combate de tungsteno no le salvó de ser parcialmente desintegrado. Agazapada tras su escudo de energía, Kahta estaba empezando a verse apurada. Varios drones la habían convertido en objetivo, y apenas era capaz de asomarse para disparar. Y de todas maneras, su subfusil biotech y las biotoxinas de su munición eran prácticamente inútiles contra tales enemigos. La superfície dorada del escudo se iba amortiguando más y más con cada impacto. 

Sarunas le quitó de encima a un grupo entero al plantarse entre la nephilim y las máquinas y soltando un escopetazo a bocajarro. La dispersión del plasma se llevó por delante al trío de robots asesinos, pero entonces un rayo púrpura le alcanzó en la pierna. El comando cayó al suelo aullando, com buena parte del músculo femoral desintegrado, dejando al descubierto carne, hueso e implantes cibernéticos.

[Fue la primera vez que comprobaron en sus propias carnes los devastadores efectos de las armas biodesintegradoras. Con cada 6 obtenido en la tirada de ataque, ganan un +2 al daño tanto normal como crítico, y además este bonus se puede apilar tantas veces como tasa de fuego empleada en el ataque. ¡Ouch! Una buena tirada hace extremadamente letal cualquier disparo.]

Uno de los drones iba a rematarle cuando de repente, empezó a oscilar en el aire erráticamente, inmóvil en el sitio y con un zumbido de servomotores intentando actuar vanamente. Murdo había descifrado una parte del código y estaba haciendo lo posible para introducir subrutinas aleatorias en su programación, dejando a la criatura artificial paralizada por momentos. 

Pero el resto de máquinas avanzaba implacablemente, recortando la distancia hacia sus múltiples objetivos. Un grupo de ellos avanzaba hacia la posición del matrimonio Slip. Kelvia les salió al paso y destrozó a uno de ellos, pero un grupo de las maquinas se abatieron sobre ella, desplegando sierras circulares y derribándola. En cuento estuvo en el suelo, otro grupo la ejecutó a disparos con precisión y frialdad inhumanas. [Estos camisas rojas, no se les puede sacar a pasear…]

Jinx había tenido una idea loca, algo que era bastante frecuente en él. Aprovechando un momento de distracción, salió corriendo de su escondite junto a la doctora Rise. Cruzó un tramo de espacio abierto entre disparos desintegradores y de un salto se montó en el aerodeslizador que se encontraba al borde del campamento. Pulsando el botón de contacto, el vehículo se elevó un metro sobre el suelo gracias a sus repulsores de electrogravedad y el kaltorano lo puso en marcha a toda velocidad. Disparar y conducir a la vez no era sencillo, pero logró lo que pretendía, que varios drones se centraran en él y aprovechar la movilidad y velocidad para convertirse en un blanco difícil. [Los vehículos terrestres en Fragged funcionan con las reglas de “Monturas”, y esa fue también nuestra toma de contacto con dichas reglas.]

Mientras Kahta intentaba arrastrar a Sarunas tras su escudo para intentar aplicar gel bioregenerador en su herida un disparo la alcanzó de refilón, llevándose parte de la piel del brazo. Ignorando como pudo el dolor, siguió analizando la situación con ojo clínico mientras seguía tirando del corpachón. Los seres mecánicos se comportaban de un modo distinto con los legionarios que con el resto. Era difícil verlo en mitad del caos, pero las máquinas se estaban reorganizando sutilmente para centrarse cada vez más en los tres Legionarios que aún vivían. ¿Quizá aprendían tácticas sobre el terreno y se estaban concentrando en el enemigo que consideraban más peligroso? ¿O era algo más?

No tardó en tener respuesta. Dando fuego de cobertura a Thanatos, que seguía disparando su Grapadora con salvaje abandono, Praxus cayó abatido pero aquella vez el rayo no le desintegró, ni total ni parcialmente. Han modulado la energía, pensó Kahta. Al momento, cuatro de los drones desplegaron brazos articulados rematados en pinzas de agarre, y entre todos levantaron el corpachón simiesco del suelo. ¡Se lo estaban llevando!

Sarunas se reincorporó con un gruñido tras recibir la cura de Kahta. Renqueando empezó a disparar contra los drones que se llevaban a su compatriota, recargando cada dos disparos. Se lo llevarían por encima de su cadáver. Murdo, mientras, iba sembrando el caos entre los drones, hackeando a uno y a otro y fijando sus coordenadas para retransmitirlas a las armas inteligentes de sus compañeros, y Jinx seguía realizando disparos de pasada a toda velocidad desde el aerodeslizador. 

Sarunas y Thanatos lograron acabar con el grupo que se llevaba el cadáver de Praxus, pero no antes de que Sarunas, siempre en vanguardia, recibiera otro disparo que le dio de lleno y le dejó aturdido y medio muerto, sangrando profusamente pero sin resultar desintegrado. Al momento otro grupo de drones se abatió sobre él con intención de llevárselo, pero entonces Jagh surgió de la selva y les partió con dos rápidas estocadas. 

Aquel fue el punto de inflexión del combate. A no mucho tardar, los drones que quedaban fueron abatidos uno a uno, hasta que el silencio se hizo sobre el campamento ahora devastado. El combate se había saldado con cinco muertos y un herido agonizante. Los miembros supervivientes del equipo Sierra salieron al descubierto, aturdidos y en shock. Aquello no podía estar pasando. La doctora Rise tenía una expresión extraña en el rostro, con el horror y la rabia mezclándose en sus ojos verdes.

¿Qué diablos son esos… esos mecanoides?

Este hombre está muy mal -interrumpió Cain Colson, escaneando las señales vitales de Sarunas-. Hay que intervenirlo ya.

La tienda médica estaba más o menos intacta, y trasladaron al legionario allí, donde Kahta y Colson, el médico del equipo, empezaron a intentar recomponerle quirúrgicamente. 

La pregunta de Jenna Rise flotaba en las mentes de todos. ¿Qué diablos estaba pasando allí? Era indudable que esas máquinas hostiles… esos mecanoides como los había bautizado la doctora… tenían algo que ver con la falsa desaparición del equipo Sierra. ¿Habían interferido ellos las comunicaciones con la estación Arquímedes? ¿Y con qué motivo?

Entonces una de las consolas de comunicaciones empezó a emitir una señal de audio entrecortada y difusa, y todos corrieron hacia ella. Estaba dañada y no recibía bien, pero Murdo logró limpiar la señal lo suficiente como para poder entender algo. Provenía de Erebus. La voz del sheriff Brockmeyer se pudo escuchar entre el ruido de estática.

¡Están en todas partes! ¡Necesitamos ayuda! ¡Oh mierda! ¡Por favor, si alguien escucha esto, enviad ayuda! ¡No podremos resistir mucho más tie…! 

Una estática aún más intensa y el sonido de gritos y disparos pusieron fin al mensaje, y la señal se cortó por completo. Jenna salió de la tienda a paso vivo y con una agilidad felina incluso en un kaltorano se encaramó a un árbol, trepando hasta las ramas más altas. Cuando bajó al suelo estaba lívida.

No se ve nada. Solo humo. Erebus… no está.

Jinx y Murdo cruzaron la mirada. Si el poblado había sido destruido, su único medio para abandonar el planeta acababa de desaparecer. 

El grupo reunió a los científicos supervivientes en el centro del campamento. Con la excepción de la doctora Rise, que parecía mantener a duras penas el control sobre sus emociones, los demás estaban aterrados y desconcertados, y no parecían tener la menor idea de qué hacer. Juntos empezaron a debatir su siguiente movimiento. De todos ellos, Thanatos fue el que más claro lo tuvo.

Por letal que haya resultado, este ataque no tenía la intención de matarnos a todos.  Nos estaban distrayendo. Y estos trastos -dijo, pateando los restos de un dron mecanoide- no han podido causar todos esos alaridos en Erebus ni acabar con todo el enclave en cuestión de minutos. Reconozco una escaramuza de vanguardia cuando la tengo delante. Han medido nuestras fuerzas. Vamos a ser atacados de nuevo, y esta vez nos enfrentaremos a algo mucho peor. No podemos quedarnos aquí. Nuestra única opción es movernos. 

Maldita sea mil veces -exclamó Jenna Rise-. ¿Por qué no lo he visto antes? Han estado recopilando inteligencia sobre nosotros todo este tiempo. De algún modo estos seres están relacionados con la Tumba de Zalos, pero si no son drones de mantenimiento… ¿qué son? ¿Y qué quieres decir con algo “mucho peor”?

Quiero decir que estamos jodidos si lo que viene detrás es tan malo como creo. 

Estas cosas… -dijo Murdo- recorren el espacio. Una nave muy parecida a ellos nos emboscó en ruta y sobrevivimos al encuentro de milagro. Sean lo que sean, son muy muy peligrosos. No se cansan. No se comunican. No razonan. No hacen prisioneros. Si nos encuentran, nos exterminarán.

Máquinas vivientes -murmuró Jinx-. Al final los cuentos de cantina se han hecho realidad.

El debate no duró mucho más. Algunos miembros del equipo habían partido hacia la Tumba del Arconte y no habían regresado. Había que ir a por ellos. Después pensarían como se las ingeniaban para regresar a lo que quedara de Erebus sin ser descubiertos e intentar encontrar la manera de abandonar aquel infierno verde. Aunque no lo compartieron con los científicos, sabían que aquello implicaba renunciar a cumplir la misión que Milo les había encargado, la recuperación del artefacto. Pero para ellos eso solo era una tapadera y ya habían logrado su verdadera misión: dar con Jenna Rise. El trabajito de Milo era la menor de sus preocupaciones.

Así, Jinx, Murdo y la doctora se montaron en el aerodeslizador y partieron en busca de los miembros desaparecidos, mientras Kahta y su nuevo ayudante terminaban la operación de Sarunas y el resto empezaba a recoger todo el material valioso y transportable del campamento para marcharse de allí en cuanto regresaran. 

Pilotado por Jinx y siguiendo las indicaciones de Rise, el aerodeslizador se abrió paso a través de la jungla a toda la velocidad que podían permitirse en semejante terreno. Tras unas millas, de repente una especie de pulso electromagnético recorrió el vehículo, y el sonido de sus motores de electrograv calándose de repente precedió a la sacudida que dio el deslizador al perder su capacidad de flotar. Jinx logró estabilizar el vehículo para evitar que se estrellaran contra el suelo, y logró aterrizar y frenarlo tras dejar un surco de varios metros en el suelo verde. 

Parece que el campo que interfiere con las comunicaciones al exterior se intensifica  cuanto más nos acercamos a la Tumba -dijo Murdo tras usar su Com-Tac para analizar su intensidad. 

Eso significa que Thrift y los demás tampoco pudieron llegar hasta ella en deslizador… -respondió Jenna.

Recogiendo sus cosas, siguieron avanzando a pie y el tiempo no tardó en dar la razón a la doctora. Unos centenares de metros más adelante hallaron el segundo vehículo. Había aterrizado con menos gracia, y su parte frontal estaba arrugada tras haber chocado contra un árbol. Allí tampoco había nadie.

Siguieron a pie -dijo Jinx, examinando los rastros en la zona-. No parece faltar nadie.

Tenemos que ir a por ellos -dijo Jenna con el ceño fruncido y determinación adamante-. Si siguen con vida… no puedo abandonarlos. Yo les hice venir hasta aquí. 

No abandonaremos a nadie mientras nos sea posible -respondió Murdo-. Pero llegar a pie hasta la Tumba nos llevará horas. No podemos mantenernos separados del resto tanto tiempo. O luchamos juntos, o morimos por separado.

Tras unos minutos de esfuerzo, Murdo logró reajustar la señal de su transmisor para darle suficiente potencia como para superar el campo de interferencias y avisar al campamento Sierra. 

Coged las armas, munición y todo lo que podáis transportar fácilmente. Estas son nuestras coordenadas, reuníos con nosotros con la mayor brevedad posible. Hay que ir a esa Tumba, y hay que hacerlo juntos. 

La Tumba era la clave de todo, estaban seguros de ello. Quizá allí encontraran las respuestas que necesitaban para salir con vida de ese atolladero, y a las malas, como mínimo quizá pudieran usarla como refugio o posición segura. 

Aguardaron durante horas hasta que por fin el resto del equipo apareció entre la espesura, con Thanatos y Sarunas al frente. En cuanto les vieron supieron que algo ocurría. Jagh se acercó a ellos. Su enervante rostro sin ojos carecía de toda expresión cuando, con un susurro sibilante, dijo:

Hay algo en la selva. No son bestias. No son Nephilim salvajes. Hay algo frío y cruel en la selva, y nos está dando caza.

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