Fragged Empire 3: (VI) La Rebelión de las Máquinas

ANTERIORMENTE, EN FRAGGED EMPIRE…

[El grupo llegando al campamento del Equipo Sierra]

[Primer plano de Jenna Rise, voz en off de Murdo: La doctora Rise, supongo.]

[Jezebel Slip sorprendida de ver a Jinx]: ¿JIM? ¡Por el amor de los Arcontes! ¡Jim, eres tú! ¿Qué diablos haces aquí? ¿Como… como es posible?

[Jinx: Hola, Jez.]

[Daniel Slip frunciendo el ceño.]

[Primer plano de la dra. Rise: Lo que detectaron los sensores orbitales es una instalación Arconte intacta y perfectamente conservada. Mi investigación sugiere que se trata de un complejo funerario, un mausoleo. La tumba de un gran guerrero Arconte llamado Zalos.]

[Un grupo de drones revoloteando alrededor de los sorprendidos científicos.]

[Jenna Rise, muy seria: Nos habéis encontrado. Buen trabajo. Ahora volved a la estación y decidles que nos dejen hacer nuestro trabajo en paz.]

La Tripulación de la Tartarus 

• Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista

• James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo

• Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos

• Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología

• Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico

• Sarunas: Comando legionario, antiguo empleado de CURE

Los seis de la Tartarus intercambiaron una mirada inquieta. Habían cumplido su verdadero objetivo, encontrar a la mujer que podía descifrar las coordenadas de la baliza de la Puerta, y su revelación sobre la presencia de una tumba Arconte hacía que el encargo de Milo cobrara sentido. El artefacto que les había pedido recuperar o estaba ya entre las posesiones del Equipo Sierra o seguía aún en esas ruinas. Pero allí había algo que no encajaba, que no encajaba en absoluto.

Y no sabían qué era, pero por alguna razón, les ponía los pelos de punta.

Los científicos no parecían tener ni idea de haber “desaparecido”. Afirmaban haber contactado regularmente con Arquímedes, incluso después de que según el personal de arriba se hubiera perdido el contacto. O alguien estaba mintiendo, o allí estaba ocurriendo algo muy, muy extraño.

Murdo echó a andar tras la doctora Rise, que había entrado en la más grande de las tiendas, dispuesto a averiguar más sobre la situación. 

Bonitos drones -le dijo a la kaltorana pelirroja-. No reconozco la tecnología.

Ni nosotros tampoco -respondió ella-. Ya estaban aquí cuando llegamos.

Murdo enarcó una ceja. Jenna siguió hablando mientras se centraba en empezar a manipular la consola de control de un sofisticado equipo de sensores en el interior de la tienda.

Creemos que forman parte de los sistemas automatizados de la tumba del Arconte. La firma tecnológica encaja con todo lo que sé de ellos. Probablemente se encargan del mantenimiento del complejo, o quizá estén programados para mantener con vida el recuerdo de la vida del Arconte sepultado aquí. Por ahora, y hasta que encontremos una forma de establecer comunicación con ellos, todas las hipótesis son plausibles.

Sé algo de robótica y programación. Podría echarles un vistazo.

Habla con Ketch. Está fascinado con esas cosas… demasiado, diría yo. Pero dime, señor Morrison, ¿vais a quedaros mucho tiempo por aquí? Como veis, no necesitamos ninguna ayuda. Sois bienvenidos, pero lo último que necesita mi equipo son distracciones innecesarias.

Solo hasta que averigüemos qué está pasando aquí. Vuestros compañeros de Arquímedes están realmente preocupados, doctora.

La expresión de la científica se suavizó un poco.

Lo entiendo, de verdad que sí. Y no sé como se puede haber producido este malentendido. Pero nuestro trabajo aquí podría ser el mayor descubrimiento desde que las cuatro razas regresaron a las estrellas. Podría cambiar el rumbo de la historia. Así que realmente necesito que hagáis lo que debáis sin complicarnos la vida. ¿De acuerdo?

Murdo no dijo nada. Si los de la Tartarus tenían una especialidad, era complicarse la vida hasta puntos insospechados.

En el exterior de la tienda, el resto del grupo se había dispersado por el campamento. Jinx se dirigió hacia Jezebel, aunque sabía que ella interpretaría mal sus intenciones.

Jezebel Slip.jpg

Jezebel Slip

Hey, Jez. Según la doctora jefe, tú te encargaste de contactar con Arquímedes.

La joven le miró, claramente decepcionada, pero asintió con la cabeza.

¿Notaste algo raro durante esas comunicaciones?

Ha habido algunos problemas de estática, pero nada grave. Jenna cree que podría deberse a la proximidad de la tumba del Arconte y la tecnología que contiene.

¿Con quién hablaste?

Con Lara, claro. Últimamente se la notaba algo tensa, cortante. No parecía la de siempre.

Jez, Lara Vortex afirma que no ha tenido contacto con vosotros en dos semanas.

Eso es… ¡imposible! Contacto con ella según lo que marca el protocolo. ¿Qué está pasando, Jim?

No tengo ni idea, pero esto me huele muy mal. No sé con quien has estado contactando, pero no era Lara Vortex.

Jinx se dio la vuelta para comunicar al resto del equipo lo que acababa de escuchar, pero como ya se temía, la voz de Jezebel sonó a sus espaldas.

¿Sabes, Jim? Siempre supe que volvería a verte.

Él se paró y se dio la vuelta, resignado.

Siempre apareces en los peores momentos -prosiguió la chica-. Ahora estoy casada, ¿lo entiendes? Y sí… sí… claro, yo también lo recuerdo todo. Sí, fue precioso, pero se acabó. ¿Vale?

Jez. Estás presuponiendo demasiado.

¡Por los Arcontes! ¡No has cambiado en absoluto! Siempre a tu aire, siempre gira todo a tu alrededor. Solo te pido una cosa… No te metas con Daniel, ¿vale? Si alguna vez me quisiste, déjame tener esta nueva vida. Él es un buen hombre. Es estable, de fiar. Sé que puedo contar con él siempre, que no va a desaparecer sin más en pos de alguna loca aventura o negocio turbio. Para tí nunca fui suficiente.

Jez, tenemos problemas más importantes ahora mismo, créeme.

Jinx se despidió con un gesto de la mano, dejándola a sus espaldas. El sistema Haven era un puñetero pañuelo. Cuando entró en uno de los domos para buscar a alguno de sus compañeros, alguien entró tras él, lo que hizo que se llevara la mano a la pistola de forma instintiva.

Mírate. Jez me ha hablado mucho de tí.

Como no. El que faltaba para el duro. Se esforzó por no soltar un bufido exasperado, y se volvió para mirar cara a cara a Daniel Slip.

Daniel Slip.jpg

Daniel Slip

Sí, mucho. Eras un vagabundo entonces y lo sigues siendo ahora. Conozco a los tipos como tú. ¿Tienes idea del daño que le hiciste? No, ni lo sabes ni te importa porque eres un bastardo egoísta. Bueno, pues soy quien cuida de ella ahora. ¿De acuerdo? Aléjate de ella, de los dos. No te tengo miedo, ¿me oyes? No te tengo ningún miedo.

Amigo, acabo de decírselo a tu mujer. Tenemos problemas más gordos que vuestros dramas.

Y de nuevo le dejó allí sin darle ocasión a más réplica, sin dejar de anotar mentalmente que Slip había sentido la necesidad de equiparse con un subfusil de iones antes de soltarle el discursito de marido celoso.

Por su parte, y mientras Thanatos y Sarunas intercambiaban batallitas militares con Praxus y los soldados legionarios del campamento, Kahta había buscado a Cain Colson, el médico del equipo Sierra. Quería inspeccionar las instalaciones médicas que habían montado y también realizar pruebas a todos los miembros de la expedición, para descartar posibles infecciones o agentes que pudieran estar condicionando su comportamiento.

Cain Colson

Cain Colson

Colson con mucho gusto le mostró el pequeño hospital de campaña que había habililtado en una de las tiendas-domo, mientras le pedía que le repitiera la razón que les había llevado allí.

¿Quieres decir que Rachel no sabe que estoy bien? -preguntó el afable médico tras escuchar su relato pormenorizado-. Oh, mi pobre esposa… ¡Sabía que no debería haber venido, pero ella insistió! “Descubre lo que hay ahí abajo, Cain”, me dijo. Está tan obsesionada con la ciencia que a veces se le olvida cuales son las cosas importantes de la vida. ¿Crees que deberíamos irnos? ¿Abandonar el proyecto y volver a Arquímedes?

Sería lo más sensato desde un punto de vista lógico. Pero antes es imperativo averiguar qué está pasando aquí.

Colson se sentó en la camilla, alicaído.

¿Crees que podríais hacerle llegar un mensaje a mi Rachel, en ese caso? ¡Por qué diablos accedí a esto! ¡El Dr. Alcomb es quien debería estar aquí! Pero enfermó la noche anterior, y yo me presenté para cubrir su puesto. Nunca debería haber dejado a mi familia. Mira, si hay algo que pueda hacer para ayudar, decídmelo. Lo único que quiero es volver a ver a mi mujer. Este planeta es una maravilla científica, pero me da miedo. Entre tú y yo, esa tumba me da miedo…

A Kahta se le daba bien arreglar muchas cosas, pero las emociones y los sentimientos no estaban entre ellas. Una de las ventajas de su diseño genético era que ella nunca tendría que preocuparse por ese tipo de debilidades. Afortunadamente.

Tras hablar con la doctora Rise, Murdo había estado recorriendo el campamento, observando el comportamiento de los pequeños drones. No parecían estar sujetos a ningún tipo de módulo de control, o al menos ninguno que él conociera. Su comportamiento era errático y aparentemente aleatorio, no muy distinto al de los colibríes que habían visto durante su caminata por la jungla. No cumplían ninguna función aparente, . Siguiendo el consejo de Jenna, buscó a Solomon Ketch, el especialista en tecnología del equipo Sierra.

Encontró al kaltorano sentado frente a su tienda, con algo en el regazo. Era un tipo de aspecto algo demacrado y huraño, y estaba totalmente concentrado en la tarea en la que estaba enfrascado. Cuando se acercó más, Murdo pudo ver que lo que estaba manipulando era a uno de los drones misteriosos. Le tenía activo pero sujeto boca abajo, con las tripas abiertas para dejar expuestos los complejos entramados de cables y circuitos. Con la otra mano sujetaba un pequeño modulador de frecuencias con el que apuntaba a la “criatura” robótica. Cada nueva frecuencia hacía que el pequeño dron se agitara convulso, soltando chirridos y chisporroteos eléctricos de sus entrañas. A Murdo le recordó a un niño torturando a un perro o quemando hormigas con una lupa.

Solomon Ketch copia.jpg

Solomon Ketch

Ketch no alzó la mirada cuando se plantó a su lado.

Criaturas fascinantes, ¿eh? Como se pegan a nosotros como si fueran mascotas fieles. Pero claro, soy un científico. Siempre estoy abierto a la experimentación. Uno no puede descubrir algo sobre una especie nueva sin pincharles un poquito.

¿Eso crees que son? ¿Bots semi-autónomos? ¿O plenamente autónomos?

Más que eso. Creo que poseen algún tipo de Inteligencia virtual, aunque no superen el nivel de un animal de compañía a lo sumo. Rise me pidió que les investigara antes de proceder a investigar la tumba, a pesar de que nuestra doctora pierde el culo por entrar ahí. Y eso hago, investigarlos. Pero solo porque sean “monos”, como dice la mujer de Slip, no significa que debamos abstenernos de nuestro deber como científicos. Tengo previsto desmontar a este mismo, pieza a pieza, en los próximos días. Ver qué les hace cosquillas. Es la única manera de entender de verdad las cosas, después de todo.

Murdo se alejó del siniestro hombre, sin poder evitar sentirse algo asqueado por la actitud y el… ansia… con la que estaba torturando a algo que el mismo consideraba poseedor de inteligencia. Él había llegado a la misma conclusión al observar a los drones, pero no estaba de acuerdo en su nivel de inteligencia. A Murdo le dio la impresión que eran mucho más inteligentes de lo que parecía a simple vista, y eso tampoco le tranquilizó demasiado.

Cuando se reunió con Jenna Rise y el resto del grupo en torno al equipo de comunicaciones, todos pusieron en común lo que habían hablado con los miembros del campamento. Sacando el transpondedor modificado que les habían dado en Arquímedes, activaron la señal e intentaron contactar con la base para ver qué ocurría. Tras unos segundos de intensas interferencias por estática, la voz de Lara Vortex les llegó claramente. Mientras Jinx hablaba con ella para pasar el informe correspondiente, Murdo y Kahta analizaron la intensidad de la señal y la modulación de la frecuencia, intentando comprobar si había alguna anomalía.

Quizá fuera por la estática y el ruido de fondo, pero la voz de Lara les sonó a todos algo fría y distante, alejada de la mujer que les había pedido apasionadamente que trajeran a sus compañeros con vida.

Doctora Rise -dijo Jinx tras cortar la comunicación con Arquímedes-, ¿está muy lejos de aquí esa tumba?

A unas horas a pie. Ben… el doctor Thrift y nuestro guía, Simms, se han llevado uno de los deslizadores para inspeccionar el terreno. Tenemos las coordenadas de su posición gracias a los escaneos detallados que recibimos desde Arquímedes. Lara aseguraba que la tumba se había “encendido” tras el escaneo orbital. En sus propias palabras, era como “si ese lugar quisiera que sepamos que está ahí”.

De nuevo, eso es ilógico -dijo Kahta-. Cuando estuvimos allí, esos escaneos no existían. Nadie sabía nada de vuestra actividad, de vuestro estado y mucho menos de una tumba Arconte. Solo hay una posibilidad. Alguien, alguien en el planeta, se está haciendo pasar por Arquímedes. Mirad, todos los registros de los mensajes recibidos hasta ahora pecan de lo mismo. La latencia no encaja. Estos mensajes no han recorrido la distancia que nos separa de la órbita.

Kahta tiene razón -respondió Murdo, levantando la mirada de la consola de comunicaciones-. La señal del transpondedor nunca ha abandonado Mishpacha. Parece que ha rebotado contra algo, algún tipo de campo o interferencia que bloquea las comunicaciones. Sea lo que sea, he intentando modular las frecuencias para lograr que alguna lo atraviese, pero nada. Es imposible. Estamos completamente aislados.

¿Y qué diablos significa eso? -preguntó la pelirroja doctora con inquietud.

Que estamos en peligro -gruñó Thanatos mientras salía de la tienda a paso vivo.

No se equivocaba.

A la luz del ocaso selvático, los pequeños drones revoloteaban con los pequeños leds dándoles el aspecto de luciérnagas mecánicas, trazando patrones elaborados en el aire. Mientras los compañeros salían al exterior, Solomon Ketch soltó un grito contenido sin apartar la mirada de una pantalla, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.

En ese mismo instante, los drones voladores cesaron su movimiento errático y se situaron en formación de combate delta, con la punta de lanza apuntando directamente al centro del campamento. Con unos leves chirridos, sus cuerpos cambiaron a una configuración de combate y de sus vientres surgieron armas de aspecto mortífero.

Apenas tuvieron tiempo de lanzar un grito de aviso cuando los robots desataron su ataque, rápidos como el rayo. Alguien gritó en alguna parte mientras una tienda quedaba vaporizada al instante. Una consola explotó cuando un rayo láser chocó contra el monitor.

Las manos de los compañeros volaron hacia los afijes magnéticos de sus armas mientras los guardias Legionarios se ponían rápidamente en movimiento. En unos segundos, el campamento se había transformado en un campo de batalla.

Marissa Fine salió de una de las tiendas, disparando su rifle de balas autopropulsadas. Uno de los seres mecánicos viró hacia ella y soltó un chorro de una energía purpúrea que ni siquiera Kahta logró reconocer. El rayo impactó de lleno en la rubia kaltorana, y en un microsegundo, la mujer dejó de existir. Horrorizados, todos pudieron ver como su cuerpo desaparecía sin más, como si nunca hubiera existido, desintegrado por completo. Sus partículas se disiparon en el cálido aire de Mishpacha, dejando su grito de muerte a medias.

Después, el escuadrón de drones volvió sus armas hacia los demás, fría y metódicamente dispuestos a hacer que todos los orgánicos del lugar compartieran su espantoso destino.

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