Fragged Empire 3: (I) Agentes Triples

ANTERIORMENTE, EN FRAGGED EMPIRE…

[La base U.C. de CURE flotando en el espacio]

[Cajas de medicamentos etiquetados como “Antígeno VHD123”. La tripulación de la Tartarus cargándolos en la bodega de la nave..]

[El reactor de la base sobrecargándose, voz en off de Jinx]: ¡Vamos! ¡Tenemos que irnos! ¡Esto va a estallar!

[Primer plano de Kahta, con la expresión de estar viendo algo imposible.]

[El engendro de X’ion proyectando uno de sus zarcillos oscuros hacia Thanatos y haciendo volar al enorme Legionario como si fuera un juguete.]

[La Tartarus zarpando a toda velocidad de la estación, con el engendro de X’ion persiguiéndola a través del vacío]

[Jinx expulsando al espacio dos cabezas nucleares, mientras grita:] ¡Kahta, danos todos los escudos que puedas!

[Voz en off de Murdo]: ¡Ahora, Thanatos! ¡Dispara!

[Una explosión como un sol en miniatura, cuya onda expansiva lanza a la Tartarus dando tumbos por el espacio.]

[El grupo recibido como héroes en el asteroide 101B]

La Tripulación de la Tartarus 

Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista

James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo

Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos

Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología

Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico

Sarunas: Comando legionario, antiguo empleado de CURE

La Tartarus surcaba el espacio del sistema Haven a velocidad de salto. El antiguo transporte de prisioneros, completamente reparado de los graves daños sufridos por la explosión de las ojivas nucleares, recorría las rutas comerciales en su vuelo de regreso hacia los mundos interiores. 

Dejaban atrás la base minera en el asteroide 101B, que se había convertido en el primer puerto verdaderamente seguro para ellos desde que la tripulación fuera liberada del centro-prisión de Ubik para cumplir con una misión que, a todas luces, parecía inabarcable. Una misión de la que dependía su libertad. 

Y lógicamente, lo inevitable no tardó en suceder. Llevaban cuatro días de viaje y se estaban aproximando ya a la órbita de Alabaster cuando una señal luminosa empezó a parpadear, insistente, en la consola de comunicaciones. 

Tripulación al puente -dijo Murdo a través de los altavoces de la nave-. Mensaje entrante.

Kahta fue la primera en llegar, directa desde su laboratorio médico. La Nephilim estaba diseñada para la eficiencia, y apenas necesitaba dormir. Había dedicado muchas horas a estudiar e investigar las muestras del virus de CURE que se había llevado subrepticiamente, pero había llegado al límite de lo que podía hacer con el limitado equipo biotech a bordo. En 101B se había instalado en un pequeño taller que había convertido en un laboratorio biotecnológico y allí había empezado su proyecto, y le irritaba tener que dejarlo aparcado. 

Tras ella llegaron Thanatos y Sarunas. Los dos Legionarios resultaban imponentes incluso sin sus armaduras de combate. Habían estado revisando los sistemas de armamento de la nave y limpiando los tubos de munición, como si incluso su idea de la relajación estuviera inevitablemente ligada con la vida castrense.

Jinx llegó de su camarote con el pistolón en el cinto, recién levantado de una larga siesta a juzgar por su cara de sueño y lo alborotadas que llevaba las rastas características de los kaltoranos. En último lugar llegó Jagh, tan silencioso y taciturno como siempre, con una expresión indescifrable en su rostro sin ojos. 

Cuando estuvieron todos, Murdo accionó el proyector, y en la pantalla holográfica apareció la forma de una mujer Corp de pelo corto y rubio, impecablemente peinado para transmitir un aire de profesionalidad y seriedad. El holograma de Claire Weston, su enlace con el Conglomerado Ares, empezó a hablar.

Aquí Weston. Me han llegado informes sobre disturbios en una estación minera de Liberty. Y el DataStream va lleno de rumores y teorías conspirativas sobre una misteriosa explosión de varios megatones al borde del sistema, en los límites de la Nebulosa Halo. Dicen que varias naves en ruta hacia Lilith han detectado cantidades anómalas de radiación de fondo en esa zona del espacio. Vosotros no sabréis nada de todo esto, ¿verdad? Espero un informe detallado de vuestras últimas actividades.

En todo caso, este mensaje obedece a otros motivos. Estáis a punto de recibir una propuesta de trabajo, de alguien a quien conocéis bien. La váis a aceptar. 

Desde que me enviásteis los datos telemétricos y las coordenadas que le extrajisteis a la Leviatán, he estado intentando localizar a alguien lo bastante experto en cartografía estelar como para descifrarlas. Y creo que tenemos algo. 

Se trata de la Dra. Jenna Rise. Geóloga, astrofísica y xenoarqueóloga, y una de la mayores eminencias de todo Haven sobre la era Arconte. Actualmente forma parte de un equipo de investigación en las junglas de Mishpacha. Al parecer, se ha perdido todo contacto con el equipo de la Dra. Rise, y se les da por desaparecidos. El encargo que váis a recibir os permitirá ir en su busca sin llamar la atención, y sin que el Conglomerado Ares se vea implicado. 

Repito, esta misión no es opcional. Poned vuestra mejor cara, y decid sí a todo. La localización de una de las balizas está en juego.

Y una última cosa. Es posible que operativos afirmando pertenecer a Ares intenten contactar con vosotros mediante otros canales que no sean éste. Ya sabéis las condiciones de nuestro acuerdo. No habléis con nadie de vuestra verdadera misión. Solo podéis hablar de ello a través de este canal, y únicamente conmigo. ¿Entendido? Por vuestra seguridad… y la mía.

Weston fuera.

La tripulación de la Tartarus se intercambió miradas, y Jinx soltó un silbidito. El debate duró poco. Su superior directa, la mujer responsable de que no se encontraran todos haciendo trabajos forzados en los pozos de lava de Gehenna, se había expresado con claridad meridiana. No tenían elección al respecto. Ninguno dudaba que Ares tenía los medios suficientes para recuperar la nave que les había asignado y devolverles a Ubik, e incluso si intentaban huir nunca estarían a salvo de las hordas de mercenarios y cazarrecompensas que la Corporación enviaría tras ellos. Por lo tanto, lo único que podían hacer era aguardar a esa propuesta de la que Weston les había hablado, y tratar de contener la curiosidad entre tanto.

No tuvieron que esperar demasiado tiempo. Al entrar en la órbita de Alabaster para repostar, un segundo mensaje les hizo llegar -a través de la TradeNet local y con la aséptica voz de una secretaria IV- las coordenadas donde podrían contactar con un patrón que deseaba hacerles una propuesta de trabajo “muy interesante”. Murdo fijó el rumbo, y la Tartarus se dirigió hacia uno de los astropuertos sobre Alabaster-5. Mientras se dirigían al hangar, Murdo revisó el historial de mensajes de su terminal personal, y contactó con Jal Draxa, su contacto en Mishpacha. El cantinero se enteraba de muchas cosas que podían ser útiles, y le había pedido específicamente que estuviera pendiente por sí oía noticias sobre una nave llamada Nueve Vidas. Su antiguo socio, Nathaniel Sark seguía con vida, y sin duda seguiría buscando venganza. Habían sobrevivido a él gracias a la Leviatán, pero ahora ya no contaban con esa ventaja. Debían evitarle a toda costa. La respuesta de Jal Draxa no se hizo esperar: la Nueve Vidas había sido avistada recientemente en las inmediaciones de Kadash, el mundo oceánico que ahora servía de hogar al grueso de la especie kaltorana. Eso eran nueve o diez días a velocidad de salto, así que aquello tranquilizó considerablemente a Murdo. No le gustaría tener otro encuentro sorpresa como el primero.

Tras aterrizar, los seis de la Tartarus se dirigieron a las coordenadas, que les llevaron a un pequeño pero lujoso complejo de oficinas. Dos legionarios enfundados en sus características armaduras de combate rojas les aguardaban, y les dejaron pasar con gesto serio. Mientras se dirigían al despacho donde se había concertado el encuentro, Jinx preguntó por lo bajini:

Claire habló de alguien a quien conocíamos bien. ¿No se estaría refiriendo a…?

Todos los demás, a excepción de Sarunas, asintieron en silencio, casi a la vez. 

Y por supuesto, no se equivocaban. Una voz que habían oído muchas veces antes resonó por el mismo pasillo, desde una dirección opuesta.

Vaya, vaya, vaya. El universo es un pañuelo, ¿eh?

Su viejo “amigo” Milo se encontraba allí, flanqueado por dos seguratas Corp con trajes blindados y escopetas de iones en la mano. Milo llevaba una terminal en una mano y consultaba datos holográficos que proyectaba su secretaria de pulsera, y exhibía aquella sonrisa de tiburón que le caracterizaba.

Milo llegó junto a ellos con su aire de suficiencia de siempre, y les invitó a pasar a su despacho, dejando a sus gorilas al otro lado de la puerta. Tras hacerles sentar y hacer otro tanto, se quedó mirando a los de la Tartarus durante unos instantes, examinando sus rostros y expresiones, antes de soltar una carcajada.

Gente, gente, pelillos a la mar, ¿no? Aunque tuvistéis un extraño ataque de… ¿locura?… al cerrar nuestro anterior trato,  por no mencionar que me jodistéis el valor de las acciones de CURE, los negocios son los negocios. Cumplistéis bien, mejor de lo esperado, de hecho, y gracias a vosotros, mi ascenso en la escalera corporativa de Thraxis Aeroespacial ha sido… fulgurante. Así que vuestro buen amigo Milo tiene un nuevo trabajito para vosotros. Y además, más fácil que el anterior. Pero tiene truco.

Lo he organizado todo para que recibáis una oferta de trabajo en Mishpacha. Un equipo de investigación ha desaparecido en el planeta, y quieren localizarlo. Thraxis se ha asociado con científicos kaltoranos para buscar tecnología Arconte.

Ya sabéis como funciona esto. Nosotros tenemos la pasta y ellos los recuerdos. En la tecnología Arconte, o cualquier tecnología de la Gran Guerra, se encuentra el crecimiento de la industria para la próxima década. En cualquier caso, nos ofrecimos a enviar tropas Legionarias pero obviamente lo rechazaron. ¡Qué falta de confianza! Conseguí convencerles de que aceptaran contratar a un grupo independiente. Mercenarios, y por tanto, supuestamente neutrales. Y ahí es donde entráis vosotros. ¿Me seguís? Pero en realidad, estaréis trabajando para Thraxis… para mí.

Milo sonrió ampliamente entonces, mostrando sus dientes perfectos como valiosas gemas blancas.

Entráis como agentes independientes, ¿de acuerdo? Pero en realidad trabajáis para mí. Ellos os pagarán una buena suma. Yo añadiré el doble de esa cantidad. No se puede decir que no a un dinero como ese, ¿verdad?

Sabes que lo necesitamos -dijo Murdo-, o no estaríamos aquí.

Cuento con ello, Morrison. ¿Hay trato, entonces?

Los seis se miraron entre sí, fingiendo sopesar la oferta antes de asentir. Satisfecho, Milo se sirvió una copa de brandy kadashiano y llenó unos vasos para sus invitados.

¡Excelente! Recordad, lo más importante es que los kaltoranos no deben saber que en realidad estáis trabajando para Thraxis. ¿Sabréis haceros pasar por agentes libres sin ninguna corporación detrás? 

Entonces fue Khata quien soltó una risotada.

Creo que sabremos apañarnos -dijo Jinx, soltando una mirada asesina de reojo a la Nephilim.

Milo asintió en silencio antes de proseguir.

La búsqueda de los científicos es la excusa, vuestra tapadera. Lo que debéis recuperar para mí es algo mucho más importante. Nuestros batas blancas descubrieron muchas cosas interesantes en los bancos de memoria de la Leviatán, ¿sabéis? Su obsesión por atacar Makor tenía… razones de peso. 

Vuestra misión es recuperar un artefacto Arconte, un artilugio en forma de cubo. La inteligencia obtenida en la Leviatán nos indica que se encuentra en la zona donde el equipo desapareció. Los kaltoranos probablemente ni siquiera sepan que existe. Debéis entregar ese cubo a Thraxis, a mí. 

Rescatar a los científicos es deseable, ya que reforzará nuestra charada, pero no es esencial para la misión. Todos los demás son prescindibles. 

Dirigíos a la estación Arquímedes, en órbita geoestacionaria sobre Mishpacha. Es el lugar donde se realizan nuestras operaciones conjuntas. Os estarán esperando. Y recordad, a todos los efectos, sois tan solo un equipo de salvamento. Comportáos como tal. 

Y así es como, tres días después, el orbe de Mishpacha, verde y azul como una joya en el espacio, aparecía en las pantallas de la Tartarus, mientras ponían rumbo hacia la estación Arquímedes, situada entre las lunas del planeta selvático. 

Allá vamos de nuevo -dijo Murdo entre dientes mientras calculaba el vector de aproximación y abría el canal de comunicación con la estación orbital.

Un trabajito más fácil que el anterior, había dicho Milo. Nadie lo había creído ni por un segundo. Eran agentes de Ares haciéndose pasar por agentes de Thraxis haciéndose pasar por mercenarios independientes. Y su “sencilla” misión consistía en localizar a la doctora Rise mientras simulaban buscar un artefacto Arconte mientras simulaban ser un simple grupo de rescate. 

No eran agentes dobles, eran agentes triples. 

Todos ellos sabían, sin ningún género de dudas, que aquello significaba problemas. Pero en aquel momento, era imposible imaginar hasta qué punto.

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