Crónicas de Alasia, Libro 2: (LVIII) Los Guardianes de Piedra

LOS GUARDIANES DEL NORTE

Thaena Sveinsdóttir, guerrera y exploradora korrwyf con sangre de gigantes

Qain’naan, monje enoquiano seguidor de la senda del Fantasma Hambriento

Petrus Cornelius Faust, alquimista andmar recién llegado a Alasia

Assata Silil, conjuradora kushita acompañada de su eidolon panteriforme Shakar

Fray Dervan Oban, clérigo itinerante y bonachón de Uriel

Escudo 11

En el Salón de la Estatua, la Abuela Gris levantó la mirada cuando los rugidos de las gárgolas retumbaron en la noche. Una silueta con cola y grande alas se perfiló contra la luna llena, cruzando el blanco disco como una exhalación. La expresión de cólera de la saga se demudó en espanto. La bruja dio un paso atrás, miró a los Guardianes, y dijo:

Sabed que todo cuanto ocurra a partir de ahora será culpa vuestra.

Y se esfumó en una nube de humo gris y maloliente. Al ver eso, los gorras rojas que estaban empezando a inundar la sala fueron incapaces de conservar el escaso valor que les restaba, y empezaron a huir en tropel, muchos de ellos saltando al agujero que Petrus había abierto en la escalera en su afán por abandonar el lugar a toda prisa.

Los compañeros no hicieron ademán de perseguirles. Subieron las escaleras todo lo rápido que pudieron en busca de Thaena. Encontraron a la alta guerrera con el Cuerno de Brân en  la mano, contemplando como ocho criaturas de aspecto inhumano desplegaban sus grandes alas de murciélago y saltaban de sus altas perchas, rugiendo y planeando en círculos como saboreando una libertad tan ansiada como inesperada.

Una a una, las gárgolas descendieron ante los Guardianes y se posaron en la azotea del torreón. Todas ellas eran distintas entre sí, a pesar de compartir ciertos rasgos en común: alas membranosas, larga cola, dedos en forma de garra en manos y pies. Pero aparte de eso, algunos tenían cabello y otros no; muchos tenían crestas, aristas o cuernos mientras que otras solo exhibían una de esas características o ninguna. Unos tenían rostros relativamente humanoides, otros tenían hocicos o picos parecidos a los de un animal y otros tenían rasgos prácticamente humanos, incluso apuestos en algún caso. De la misma manera, el color de la piel era muy variado, desde los tonos grises y marrones a los tonos pizarra o azulado, pálidos como el marfil o incluso rojizos y verdes. Una de las criaturas era claramente una hembra, por las formas curvilíneas de su cuerpo.

Las extrañas gárgolas hablaron entre ellas en un extraño idioma durante unos segundos, expresando a la vez su sorpresa, su regocijo y una aparente incredulidad ante lo que estaban viendo. Tras esos momentos de aparente reencuentro, uno de ellos, no el más grande pero sí el más imponente físicamente, dio un paso adelante y se acercó a los Guardianes, con la desconfianza en la mirada pero sin actitud agresiva. Habló a Thaena con una voz grave y profunda y un deje arcaico:

¿Cuánto… cuánto hemos dormido?

Si habitábais este castillo durante sus días de gloria, mil años. Quizá más. ¿Qué… quienes sois?

Vuestra gente nos llamaba gárgolas. Somos Guardianes de Piedra. Somos Algothar. ¿Qué le ocurrió al castillo? ¿Cual fue el destino de Grimhold? ¿Esto es todo cuanto queda de nuestro hogar?

Me temo que así es -dijo Assata, fascinada ante aquellas criaturas claramente inteligentes de las que nunca había oído hablar-. Los darkons ganaron la Guerra de las Sombras, o eso creemos. Devastaron Sartia y sumieron al mundo en el caos. 

Los ojos de las criaturas ardieron con un fuego blanco al oir esas noticias, y algunos tensaron las alas y aullaron de rabia y dolor. Los ojos de la mujer gárgola, en cambio, ardieron con un intenso fulgor rojo.

Nunca habíamos oído de… vosotros -siguió Assata, procediendo a presentarlos a todos y hablarles de Nueva Alasia y de los proyectos de reconquista del Barón Stephan-. Habéis dicho que sois… Algothar, pero no aparecéis en nuestros libros de historia. Para nosotros las gárgolas son solo estatuas, meros adornos o a veces, seres… malvados. Monstruos. Hemos luchado con una hace unos minutos.

El líder de esos Algothar bajó la cabeza, claramente afligido.

Uno de mis hermanos de mazmorra… sucumbido al Quebranto.

Después clavó de nuevo los ojos en Thaena y sus compañeros.

Nosotros no sentimos esa imperiosa necesidad vuestra de poner nombre a todas las cosas, pero mi amigo Magius me llamaba Ghoran. Soy el líder del clan de Grimhold.

Antaño había Algothar en todos los rincones de las tierras que vosotros llamáis Valorea. Teníamos nuestros nidos en las caras de los riscos o en las altas montañas. En aquellos tiempos, los Algothar pasaban sus noches protegiendo el nido y procurando alimento para el clan, y sus días durmiendo el Sueño de Piedra a la luz del sol.

Cuando los Hijos de Corellon llegaron a Valorea desde su Jardín, los Algothar ya estábamos aquí. Ambos pueblos apenas tuvieron contacto. En aquellos días, ellos eran una raza tan diversa como caprichosa, poderosos e imprevisibles como las fuerzas de la naturaleza, y si bien la mayoría contemplaba a los mortales con benevolencia y hermandad, otros se divertían usándoles como juguetes o interfiriendo en sus destinos, y aún otros les veían con desprecio y desdén. Por tanto, los Hijos de Aghara se quedaron en sus altas moradas y evitaron tanto como pudieron a los Hijos de Corellon.

Pero luego llegó la Edad de los Hombres, y ni nosotros ni los elfos pudimos seguir permitiéndonos ese lujo. Los Hijos de Adar os extendíais por el continente como una marea imparable. Los primeros hombres al principio, y los khandianos después, se adueñaron de toda Valorea, y llegaron hasta donde los elfos no habían llegado: los dominios de los Algothar. El Sueño de Piedra, que antaño había sido nuestro mejor método de protección, se convirtió en una desventaja. Recién salidos de la Guerra de las Lágrimas de sus dioses, los hombres nos veían como seres demoníacos y monstruosos, y buscaban nuestros nidos durante el día para convertirnos en añicos. Muchos Algothar fueron así destruídos, y mi pueblo entero estuvo a punto de perecer.

Una sola cosa nos salvó: los hombres tenían más miedo unos de otros que de las “gárgolas”, como nos llamaban. En aquella Edad Oscura un hombre sabio hizo un pacto con un Algothar. Aquel hombre construyó su fortaleza sobre uno de nuestros nidos. Durante el día, sus arqueros y caballeros mantendrían a salvo tanto a los habitantes humanos como a las gárgolas durmientes y sus huevos. Durante la noche, nosotros haríamos lo mismo por ellos. Aquel hombre sabio fue el primer rey de Sartia.

Pronto castillos, fortalezas y alcázares empezaron a erigirse sobre cada nido mínimamente accesible para los atados al suelo. Los castillos que ya existían anteriormente y aquellos que no contaban con un nido de gárgolas empezaron a construir estatuas de gárgolas en piedra, para hacer creer a los enemigos potenciales que estaban bajo la protección de los Algothar. Sartia representó la edad dorada de las relaciones entre nuestros pueblos. Pero no estaba destinada a durar. A pesar del antiguo pacto, la desconfianza y el recelo seguía existiendo en muchos casos, sobre todo entre los hombres. Muchos de ellos nunca dejaron de vernos como monstruos, y conforme los siglos transcurrían y el antiguo pacto quedaba cada vez más lejos, el temor y la superstición se adueñaban de los corazones sartianos.

Poco podíamos imaginar entonces que todo aquello estaba espoleado en secreto por la Llama Oscura, que ya empezaba a tramar la caída de su gran enemigo corrompiéndolo desde el interior. Me avergüenza decir que también unos pocos Algothar sentían desprecio y rencor hacia los humanos, ya que consideraban que se llevaban la mejor parte del acuerdo. Seguían viendo a los hombres como intrusos, un viejo enemigo del pueblo Algothar a los que había que borrar de la faz de la tierra. Fue el nacimiento del Clan de Obsidiana. Aún así, las cosas no solían pasar de los recelos mutuos, y en casi todos los casos el antiguo pacto se seguía cumpliendo por ambas partes, de mejor o peor gana.

Aquella tensa situación estalló brutalmente cuando se inició abiertamente la Guerra de las Sombras. Los darkons necesitaban librarse de los Algothar de Sartia para sus planes de conquista, ya que sus tácticas y el uso de sus tropas monstruosas necesitaban del amparo de la noche, y con mi gente de su lado, las fortalezas sartianas eran prácticamente inexpugnables. Para lograrlo, esas serpientes venenosas idearon un plan para romper la alianza entre ambos pueblos. Y lo pusieron en marcha aquí, en nuestro hogar, en el castillo de Grimhold. Como Bastión del Este, Alasia fue la primera provincia en sufrir el embate de Wickmore. No sé como lo lograron, pero emponzoñaron las mente de uno de lo vuestros y de uno de los míos. Juntos traicionaron a Grimhold y lo vendieron al enemigo, dejando el castillo a merced de los darkons. Destrozaron a todo mi clan mientras dormían el Sueño de Piedra y esclavizaron a los humanos con quienes compartíamos el hogar.  Solo mis hermanos y yo sobrevivimos a la destrucción. 

Las mentiras que los darkons propagaron a través de Sartia decían que las gárgolas de Grimhold habíamos traicionado a nuestros aliados humanos, como monstruos de la Llama Oscura que éramos, y el temor de los hombres a que las gárgolas se volvieran contra ellos se extendió como el fuego. Entonces los agentes darkons infiltrados en las altas esferas sartianas aparecieron justo a tiempo para ofrecer una “solución final” al problema, un poderoso ritual que transformaría a todas las gárgolas en piedra para siempre. Acosados por las fuerzas de Wickmore y sabiendo que un segundo enemigo en el interior de sus líneas sería su fin, los sartianos sucumbieron al miedo y la desesperación, y el ritual se llevó a cabo. Pero fueron engañados, ya que el ritual no estaba diseñado para lo que ellos creían. Por toda Valorea, la esencia de los Algothar empezó a ser corrompida y retorcida, nuestras mentes rotas y enloquecidas por el odio y la sed de sangre, nuestros cuerpos transformados en piedra viviente que no temía ni al acero ni a la luz del sol. Fue el Quebranto de las Gárgolas.

Pero algunos logramos resistir fieles a nuestros principios. Las gárgolas protegemos. Es nuestra naturaleza, nuestro propósito. Perder eso es estar corrompido, vacío, sin vida. Aferrarnos a ello nos permitió contener la marea de locura que intentaba invadir nuestras mentes, pero no sabíamos cuanto tiempo lograríamos resistir el Quebranto. Y Magius hizo lo único que estaba en su mano para ayudarnos. Tenía el Tomo de Conjuros de su maestro, y con él podía formular un contrahechizo que nos protegería de los efectos corruptores del Quebranto, pero a un alto precio: dormiríamos en el Sueño de Piedra eternamente, y tan sólo el sonido de una vieja reliquia perdida, el Cuerno de Brân, podría devolvernos a la vida.

Como líder de mi clan, y muy a mi pesar, tuve que tomar tan grave decisión en nombre de todo mi pueblo. Y decidí que más valía dormir para toda la eternidad que convertirnos en monstruos sin mente que traicionaban todo aquello que nos convierte en Algothar. Así pues, el mago formuló su conjuro, empleando hasta la última gota de su poder, y del primero al último, los Algothar nos convertimos en fría piedra… hasta ahora.

El Cuerno de Brân ha sonado en nuestro viejo hogar, y los Guardianes de Piedra hemos vuelto a la vida.  Las alas de las gárgolas planearán de nuevo en la noche. Os debemos nuestro despertar. Contad con nuestra lealtad, herederos del León Blanco. Aunque fuéramos las últimas gárgolas de Valorea, los Algothar de Grimhold no olvidarán el Pacto. 

Y con esas palabras, el musculoso guerrero se arrodilló, plegando las alas en torno a su espalda como si fuera una capa, y sus siete hermanos hicieron lo mismo. La milenaria alianza entre Hombres y Gárgolas, olvidada en el tiempo, quedó sellada de nuevo en lo alto del torreón de Grimhold, bajo la luz de la luna llena, y el mundo nunca volvió a ser el mismo.

6 comentarios en “Crónicas de Alasia, Libro 2: (LVIII) Los Guardianes de Piedra”

    1. ¡Y con toda la razón! 😀
      Si de toda la vida hemos metido orcos de Tolkien, bárbaros de Howard, horrores de Lovecraft y cosas de todas las mitologías habidas y por haber, ¿por qué no?

      Por cierto, cuando termine el Libro 2 colgaré las reglas para llevar Algothar como Personajes Jugadores, para quien pueda interesar.

      Le gusta a 1 persona

  1. Lo comentaba el otro día con las similitudes (casuales) de Ponto y Gollum, Bilbo y Frodo con objetos corruptores y ahora esta referencia “gargoril”. Está bien ver como la cultura “pop” se filtra en un mundo de juego imaginario al tiempo que se moldea para adaptarse a la historia concreta de dicho universo.
    Si luego, además, el director incluso publica reglas que aumentan las opciones jugables en dicho mundo… Se merece unos fuegos artificiales de Gandalf XD
    Una cosa que me tiene intrigado sobre las Crónicas es si se trata de un director de juego que dirige a varios grupos, un mismo grupo con distintos personajes o varios directores con sus respectivos grupos y un “negro” que escribe los resumenes de las partidas que le mandan.

    Le gusta a 1 persona

    1. Un director de juego (moi) con distintos grupos, en algunos de los cuales se repiten jugadores. Y es el mismo director el que escribe estas entradas.

      Sobre la cultura pop, siempre me ha encantado meter referencias (algunas ocultas y otras obvias) a las cosas que me han marcado como ‘friki’, homenajes, huevos de pascua, bromas internas para los conocedores, etc. Así que me alegro cuando alguien las detecta o comenta, es un momento como de compadreo.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s