Dioses de Valorea: La Vieja Fe

Antes de la llegada de los khandianos desde el mar del oeste, las tierras que ahora se conocen como Valorea estaba poblada por las tribus y pueblos de los primeros hombres. El este del continente estaba dominado por antiquísimos imperios y civilizaciones milenarias, como la devastada Alduria o la poderosa Khemet, con sus pirámides engullidas por las arenas de Sûl. El agreste norte y oeste del continente eran el hogar de una multitud de pueblos que los khandianos llamaron “bárbaros”. Dos culturas estaban especialmente extendidas: los Heathan, altos y fornidos, guerreros implacables que adoraban a tantos espíritus y ancestros como tribus había bajo el cielo; y los Alor, de cabello y ojos claros, antiguos aliados de los elfos de Adaredhel.

Después de la Guerra de las Lágrimas y la Retirada de los Sídhe, la religión ancestral de los Alor se extendió por toda la Valorea occidental, y fueron muchas las tribus y culturas que la adoptaron también. Los Alor veneraban el mundo natural, y sus sacerdotes, los druidas, enseñaban que todas las cosas vivas están conectadas entre sí y que los ciclos naturales como el clima y las estaciones deben ser respetados y honrados. Todos los aspectos de la naturaleza son sagrados, sean amables y benéficos o peligrosos y crueles, pues todo forma parte del gran equilibrio que hace que todo funcione como es debido.

Hoy en día, el druidismo de los antiguos Alor es conocido como La Vieja Fe y pervive todavía en algunas regiones remotas y en algunos reinos que han conservado intactas sus raíces. Los seguidores de la Vieja Fe no creen en dioses como tales pero reverencian a numerosos espíritus sin nombre de la naturaleza, a los que adoran y rinden culto en claros sagrados. Tales espíritus fueron conocidos como los Viejos Dioses por los khandianos que conquistaron el continente. Entre la multitud de espíritus reverenciados por los primeros hombres, los más grandes son tres, que fueron conocidos como Herne el Cazador, la Dama Verde y Cromm Cruach. Los misioneros valoreanos, en sus intentos de llevar la palabra de sus dioses a los primeros hombres, intentaron asimilar a algunos de estos dioses, integrándolos en la fe valoreana. Tales intentos tuvieron poco éxito, y el único culto valoreano a los Viejos Dioses que ha llegado hasta la era actual es el culto a la Dama Verde, a la que sus nuevos devotos bautizaron como Myllara en un intento de personificarla y asemejarla así a sus dioses del Valoreon.

La Vieja Fe es una religión de alineamiento neutral, y aunque la gran mayoría de sus druidas se aferran a tales preceptos de equilibrio natural, algunos seguidores muestran inclinaciones éticas personales siempre que no entren en conflicto con la filosofía de neutralidad necesaria que exigen sus creencias.

La Vieja Fe no tiene movimientos evangélicos ni textos sagrados, ni construye templos o iglesias de piedra, y sus tradiciones pasaban de generación en generación entre sus seguidores. Los sacerdotes de la Vieja Fe son conocidos como druidas, y cada vez quedan menos. El sacerdocio druidico carece de la estructura organizada de la religión valoreana, y los círculos druidicos se reúnen en congregaciones de carácter local.  Los lugares sagrados de los druidas los ofrece la propia naturaleza, y son lugares de gran belleza o majestuosidad natural, desde arboledas de robles milenarios a estanques impolutos o formaciones rocosas imponentes. En lugar de iglesias o templos, los druidas celebraban sus ritos bajo el cielo y erigían monumentos megalíticos, generalmente en forma de círculos de piedra perfectamente alineados con los astros y los cuerpos celestes, en aquellos lugares donde la majestad y el poder de la Madre Tierra se manifiesta con más fuerza.

La orden druídica mantiene un registro oral de su historia y sus conocimientos, que incluyen el saber del mundo natural pero también de los elementos y del mundo féerico, y los secretos de los druidas son custodiados con extremo celo. La orden se divide en círculos, según el grado de conocimiento alcanzado por el iniciado. Cuando el saber y la pericia mágica del iniciado aumentan, y si demuestra su lealtad a la orden, el iniciado puede alcanzar círculos cada vez más elevados y así aprender más de la historia y el conocimiento de los druidas. Sin embargo, la jerarquía de la orden druídica es estricta, y en cada nuevo círculo hay un menor número de adeptos. Los círculos superiores tienen un límite rígido al número de miembros que pueden albergar, y si un druida desea acceder a ese círculo y la posición que conlleva, deberá esperar a ser nombrado o reclamar su lugar mediante un desafío ritual a uno de los miembros existentes. Un iniciado que ha dominado los secretos de los nueve círculos ya se considera un druida en pleno derecho y puede aspirar al rango de Gran Druida, de los que solo hay nueve en toda Valorea. Por encima se encuentran los Archidruidas, de los que solo hay tres, y en lo alto de la jerarquía se encuentra el Druida Supremo, el miembro más sabio y venerado de la orden. Las posiciones de Archidruida y de Druida Supremo tradicionalmente se ocupan de manera vitalicia, pero se han dado casos en los que se haya transferido la posición mediante la abdicación o incluso el desafío ritual.

En algunos días sagrados, todos los druidas de una región se reúnen para celebrar los ritos adecuados. Se dice que antaño, en ocasiones históricas, la orden druídica al completo se congregaba en su bosque más sagrado, cuyo paradero es el secreto mejor guardado de la orden, pero tal evento no se ha repetido en los últimos mil años, y es posible que no se vuelva a dar jamás.

Nivel del Personaje Título Número
1 Iniciado del Primer Círculo
2 Iniciado del Segundo Círculo
3 Iniciado del Tercer Círculo
4 Iniciado del Cuarto Círculo
5 Iniciado del Quinto Círculo
6 Iniciado del Sexto Círculo
7 Iniciado del Séptimo Círculo
8 Iniciado del Octavo Círculo
9 Iniciado del Noveno Círculo
10-12 Druida
13-14 Gran Druida 9
15-16 Archidruida 3
17+ Druida Supremo 1

Los Viejos Dioses

Madre Tierra

La Vieja Fe no personifica la naturaleza de manera antropomórfica. Es una fuerza totalmente silenciosa, sin avatares ni mandamientos: su única ley es el ciclo de la vida. Aún así, en ocasiones los druidas usan el nombre de Madre Tierra para referirse a la Naturaleza en su papel de engendradora de todo ser vivo. La Madre Tierra abarca la totalidad del mundo natural, todos los aspectos físicos de la Creación. Ella es la Creadora y ella es la Creación. La Gran Madre está en todo y en todos, o así lo afirman los druidas: en la luz del sol, la furia de una tormenta, el aullido de un lobo, el agua de lluvia, la ferocidad de un depredador o los vivos colores de una flor en primavera. La Madre Tierra no tiene dominios asociados a ella, pues no se trata de una deidad, sino de un mero nombre dado a una naturaleza imparcial. Uno de los símbolos que utiliza la Vieja Fe para representar a la naturaleza en su infinita complejidad es el nudo triple, una figura sin principio ni final que se cruza consigo misma para formar tres triángulos entrelazados de lados curvos. Todos los druidas consideran sagrado el muérdago, recogido en las noches de luna llena con las hoces tradicionales que también son su arma favorita.

La Dama Verde

La Dama Verde es la diosa de los bosques, los animales, y de las criaturas silvanas, y es neutral benigna. A menudo es conocida también como la Dama de los Bosques, y los sacerdotes valoreanos la han dado el nombre de Myllara. La Dama Verde es la diosa de la cara amable de la naturaleza, de los bosques vírgenes y los arroyos cristalinos. Es la guardiana de los bosques y de las criaturas que en ellos moran. Se dice que los cuervos son los ojos y los oídos de la Dama Verde, y que habitan allí donde la presencia de la Dama es fuerte. Es la patrona de los montaraces y buena amiga de los elfos, quienes a menudo la adoran en conjunto con sus propias deidades. Los unicornios son sus enviados y sirven a la Dama actuando de protectores de los bosques. Aunque no es una deidad agresiva ni guerrera, es una fiera enemiga del sangriento Cromm Cruach y sus monstruosos seguidores, del resto de habitantes malignos de las espesuras, y de todos aquellos que profanan la naturaleza. Druidas y montaraces comentan a menudo que se puede oír la voz de la Dama en el trino de los pájaros y en el murmullo de los arroyos.

De todos los espíritus del viejo mundo, la Dama Verde ha sido la que mejor ha resistido hasta los días recientes, sobreviviendo a la arrolladora presencia de la religión valoreana integrándose en ella. Cuando los misioneros valoreanos llegados del oeste recorrieron las tierras pregonando a sus dioses, muchos de ellos intentaron asimilar las antiguas creencias dentro de su fe, para hacer más fácil a los primeros hombres un cambio tan grande en su forma de ver el mundo. A algunos de los antiguos dioses les dieron nombre, y les convirtieron en santos legendarios y en pequeños dioses al servicio del Valoreon. La Dama Verde fue uno de ellos, quizá el único que aún se recuerda. Los clérigos la llamaron Myllara, y construyeron iglesias, ermitas y santuarios en su honor. La Dama, un espíritu bondadoso que representa la belleza y bondad de la naturaleza sin mancillar, fue convertida así en una diosa. A pesar de ello, la mayoría de sus antiguos seguidores continuó con sus viejas costumbres, venerándola a su manera aunque fuera en secreto. Hoy en día, la Dama, en su aspecto de Myllara, sigue adorada y respetada por los valoreanos, y existen clérigos que la honran y la sirven, pero la Dama Verde no ha desaparecido de las plegarias de los druidas, y algunos seguidores de la Vieja Fe como los montaraces siguen venerándola.

Los dominios asociados a La Dama Verde al ser venerada como Myllara al estilo Valoreano son Animal, Bien, Planta y Sol. Su símbolo es un cuervo de alas desplegadas (o en ocasiones una cabeza de unicornio) dentro de una hoja de árbol. Su arma favorita es el arco largo.

Herne el Cazador

Herne, dios de los árboles, las bestias, las tierras salvajes y la naturaleza agreste, es neutral. Sus títulos incluyen el Señor de los Árboles, el Rey Astado, el Señor Ciervo y el Rey Roble. Herne es uno de los espíritus mayores de la Vieja Fe, junto con la Madre Tierra y la Dama Verde. Si la Dama Verde representa la cara amable y beneficiosa de la naturaleza, Herne representa a la parte más agreste y primaria de la misma. Como tal es una deidad misteriosa y distante, protector de las más remotas tierras vírgenes, señor de las bestias salvajes. Es un dios de la caza, pero la caza necesaria para la supervivencia, como la de los lobos cazando a un venado. Su animal sagrado es el ciervo, y a menudo se le representa como una figura masculina con astas de ciervo. Herne no es un dios compasivo, pero tampoco es cruel. Sus druidas y sacerdotes son la pesadilla de los que profanan las tierras salvajes o cazan por deporte o placer. Su símbolo es una cabeza de ciervo dentro de una hoja de árbol. Su arma favorita es la lanza corta.

El culto a Herne, antaño muy numeroso, ha desaparecido prácticamente de la mayoría de los reinos libres de Valorea. En la actualidad, tan sólo algunos círculos druídicos reverencian al Señor de los Árboles y honran su memoria. En los tiempos en los tiempos anteriores a la conquista, Herne era el espíritu más respetado y venerado en las tierras de Sarland, pues se dice que mora en sus bosques cubiertos de niebla, y una frase muy usada como bendición y muestra de buenos deseos entre los antiguos montaraces sarel era: “Que Herne te proteja”. Los druidas que veneran a Herne tienen a los robles como su árbol más sagrado, y se reúnen en claros remotos presididos por uno de estos árboles milenarios para honrar al Rey Astado. Suelen actuar en solitario, viviendo como ermitaños en el bosque, entrando a menudo en comunión con el Cazador y hablando con su voz a los pocos fieles que les quedan.

Cromm Cruach

Cromm Cruach, dios de la sangre y la muerte, la oscuridad, la ferocidad y la crueldad, es neutral malvado. Su nombre significa Señor Tenebroso del Túmulo, y otros de sus títulos son el Devorador y la Bestia. Cromm Cruach es una deidad ancestral y primitiva, y representa el lado más brutal y sangriento de la naturaleza. Es un dios sangriento que exige terribles sacrificios a sus seguidores. Algunas tribus de bárbaros lo adoran, y en los rincones más remotos de Dun Emain todavía hay clanes y pueblos que le rinden culto en secreto. Es el patrón de todos aquellos que cazan por el placer de matar, y se dice que él es el instigador de la licantropía y el canibalismo, y es adorado por algunos licántropos, sobre todo hombres-lobo, que no son capaces de resistir la sed de sangre que viene con la maldición. Cromm Cruach es un dios-demonio tenebroso y salvaje, siempre hambriento de muerte, y sus seguidores en gran medida comparten ese rasgo, vistiendo a veces pieles de animales o pintándose la cara con sangre humana para acercarse más al Señor Tenebroso del Túmulo.

El Señor Tenebroso del Túmulo es una deidad ancestral e inhumana, una entidad aterradora que exige y reclama mucho más de lo que da a cambio. Antaño se le ofrecían ingentes sacrificios humanos para aplacar su ira, alejar a las bestias salvajes y recibir algo de su potencia y fertilidad. Hoy en día, su culto ha sido prácticamente erradicado de todas las tierras civilizadas, e incluso en reinos donde se adora a los antiguos dioses, como en Dun Emain y en menor medida Sarland, sus seguidores han desaparecido casi por completo. Aun así, en lugares remotos y aldeas aisladas en las que el tiempo parece no discurrir, aún quedan vestigios de su culto: un túmulo perdido en el que se reúnen oscuras siluetas en la medianoche, una aldea donde cada trece años desaparecen todos los recién nacidos, o un viejo menhir en el bosque cuyas manchas de sangre seca parecen no borrarse nunca. Es bueno para las gentes de Valorea que tal deidad haya sido olvidada, pues no cabe imaginar nada más aterrador que un culto como éste hubiera pervivido en secreto, fuerte y poderoso, activo a lo largo de los siglos, ofreciendo sacrificios a su dios hambriento mientras el mundo a su alrededor permanece ignorante…

3 comentarios en “Dioses de Valorea: La Vieja Fe”

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