Crónicas de Alasia, Libro 2: (XLI) Nunca Más

LOS MAPEADORES DEL NORTE

Thaena Sveinsdóttir, guerrera y exploradora korrwyf con sangre de gigantes

Qain’naan, monje enoquiano seguidor de la senda del Fantasma Hambriento

Petrus Cornelius Faust, alquimista andmar recién llegado a Alasia

Assata Silil, conjuradora kushita acompañada de su eidolon panteriforme Shakar

Fray Dervan Oban, clérigo itinerante y bonachón de Uriel

Escudo 1

Aparecido entre una nube de humo negro y azufre, el demonio Bar-Lgura apareció de la nada, invocado por su señor, el Hombre Delgado. La bestia simiesca saltó por los aires en dirección a Qain, que encabezaba la marcha. No había olvidado el dolor del agua bendita que el monje le había arrojado a la cara en su anterior enfrentamiento. Aterrizó sobre él descargando sus dos masivos puños sobre el enoquiano con todo su odio y su sobrehumana fuerza, y Qain se tambaleó al borde de la inconsciencia. [El demonio tenía la habilidad de pounce, que le permitió hacer un ataque completo incluso después de mover… y encima con uno de ellos asestó un crítico. Qain pasó de estar intacto a quedarse con tan solo 2 puntos de golpe.]

Shakar rugió y rodeó ágilmente a la bestia, flanqueándola por detrás para atacarla por la espalda con garras y dientes. Sin embargo, al hacerlo, los compañeros que intentaban acceder a la herrería habían formado  inadvertidamente una fila india. En el rostro de calabaza infernal del Hombre Delgado se dibujó una sonrisa ardiente. El espantapájaros empezó a formular las palabras de un conjuro, y sus dedos como ramas puntiagudas se recubrieron de un fulgor eléctrico. Thaena gritó para alertar a sus compañeros y se echó a un lado para cubrirse, pero no pudo hacer nada más por ellos. [Actuaba en el mismo punto exacto de la iniciativa que el Hombre Delgado, pero su acción se resolvía antes por tener mayor Destreza]. El hechicero infernal completó su hechizo, y un relámpago colosal brotó de sus manos y recorrió la hilera formada por sus adversarios. 

[El Bar-Lgura también estaba en la zona de efecto del conjuro, pero era immune a la electricidad y el villano lo sabía. Entre los jugadores cundió el pánico, no sólo al ver la potente magia que podía desatar su enemigo, sino porque les había dado de lleno. Eso era especialmente grave para Qain: con 2 puntos de golpe, si fallaba la tirada de salvación estaba muy muerto.]

Con lo que no contaba el espantapájaros asesino era con sus reflejos. Qain se arrojó al suelo evitando la descarga eléctrica por completo, y Shakar saltó a un lado con gracia felina. El pobre y orondo Fray Dervan no tuvo tanta suerte. El rayo le acertó de lleno, lanzándole hacia atrás y dejándole caído e inmóvil en el suelo, humeando. [Se quedó justo a 0 puntos de golpe].

Assata y Petrus, que se encontraban a distancia, vieron al clérigo caer inconsciente, y también como Qain se ponía en pie de un salto. Estaba malherido, pero le había llegado el turno de contraatacar. Tal como se levantaba del suelo, proyectó su puño hacia arriba, impactando al demonio-simio en la mandíbula con suficiente fuerza para dejarle momentáneamente aturdido [Qain usó su habilidad de monje de Puño Aturdidor, y funcionó… por suerte para él].  Con la criatura atontada, Thaena avanzó mandoble en mano, cubriéndose con el quicio de la puerta mientras intentaba sajar al monstruo sin éxito. 

Entonces la guerrera vio a Dervan humeando en el suelo, quizá muerto, y a Qain que se aguantaba en pie por pura fuerza de voluntad, vio al mago preparando un nuevo y letal conjuro, el cuerpo de Merle el herrero, y al Bar-Lgura empezando a reponerse… y su sangre de gigante le ardió en las venas literalmente. El filo de su mandoble empezó a resplandecer como si estuviera al rojo vivo, y estalló en llamas durante unos segundos, los únicos que necesitó para separar la cabeza del demonio de su cuerpo de un corte certero y brutal. [Sacó un 20, y otro 20 para confirmar el crítico. Crítico de espadón con ataque poderoso = a la mierda el demonio].

Fue entonces cuando el Hombre Delgado creó su telaraña. Toda la entrada de la herrería quedó recubierta de hebras gruesas y viscosas completamente pegajosas, creando un entramado que engulló a todos. Tan solo Shakar fue lo bastante rápido como para saltar hacia delante y escapar de la red. Con el grupo atrapado, el hechicero espantapájaros se dedicó a lanzarles salva tras salva de proyectiles de fuerza mágica entre escalofriantes carcajadas. 

Shakar fue a hacerle frente, y entonces se convirtió él en el blanco de su furia. Sin embargo, todo el daño que recibía la pantera se transfería de inmediato a Assata gracias a su vínculo. La conjuradora se iba debilitando, pero a salvo en la retaguardia, iba resistiendo el dolor mientras la pantera seguía combatiendo indemne.

Mientras Petrus, que había estado lo bastante lejos de la zona como para verse libre de la telaraña, corría para rodear los establos y entrar por la parte trasera de la herrería, con sus frascos de fuego alquímico en la mano, Qain y Thaena se debatían para liberarse de la viscosa sustancia mágica. El Hombre Delgado asestó un zarpazo a Shakar, y aquella vez el dolor fue demasiado para Assata, y tuvo que dejar que su eidolon sufriera la herida o habrían caído ambos. Las heridas dejadas por las garras del espantapájaros empezaron a infectarse a un ritmo sobrenatural, y el pus atrajó a una nube de insectos negros que empezaron a darse un festín con la carne abierta de la pantera, devorándola viva por momentos.

Entonces Petrus llegó a la parte trasera, y le lanzó un frasco al espantapájaros, y si bien resistía bastante los ataques físicos, el fuego no tanto. Llegó acompañado de Sir Inghram Crawford, espada en mano, y Griswell. El mago lanzó un rayo ígneo al espantapájaros, mientras Sir Inghram se acercaba para hacerle frente. Ambos habían bajado a toda velocidad de sus aposentos al enterarse de lo que estaba ocurriendo. Y Thaena y Qain por fin lograron desenmarañarse, empezaron a avanzar para unirse a la lucha.

Viéndose rodeado de enemigos, el Hombre Delgado redobló la intensidad de su odio. Las rendijas de sus ojos ardieron con más fuerza, provocando un terror paralizante en todos cuanto se cruzaban con su mirada, ayudándole a equilibrar las tornas a pesar de verse superado en número. Formuló un nuevo conjuro, y su cuerpo empezó a parpadear, entrando y saliendo de fase con el mundo material a intervalos aleatorios. Los ataques que recibía a menudo sólo encontraban el aire, antes de volver a reaparecer para asestar sus garrazos portadores de maldición. 

Con un violento tirón de hombros, Thaena terminó por desengancharse de la red y se plantó ante el asesino. Su espadón refulgió como las ascuas una segunda vez, y lo descargó justo cuando el espantapájaros reaparecía en el mundo físico. Su cuerpo reventó, soltando paja y ramitas en lugar de sangre y visceras. [De nuevo un 20 natural, seguido por un 18 para confirmar. Debería haber confiscado ese d20… ¡Asesino de Villanos, te nombro! ¡Destructor de Malvados!]

El espantapájaros cayó al suelo, moribundo. Su cuerpo rápidamente se retorció y se encogió, y antes que nadie pudiera hacer nada, se elevó convertido en un pájaro negro que intentó salir volando. Entonces se escucha un graznido, y luego otro. Detrás suyo, por encima, a su alrededor, el aire se llenó del viento provocado por alas descomunales. Un fragmento del techo estalló, enviando una lluvia de astillas de madera sobre los aventureros. Como una tromba, tres titánicos cuervos, graznando tan fuerte como para hacer temblar montañas, descendieron sobre el hechicero transformado. Su cuerpo revirtió a su forma original al ser agarrado, sus gritos histéricos se ahogaron tras un velo de plumas negras, hasta que con un chasquido brusco, se interrumpieron por completo. Los cuervos siguieron desgarrando y destrozando lo que quedaba del espantapájaros. Después, tras mirar fijamente a los aventureros, la pequeña bandada dio dos vueltas en el aire, recortándose contra la luna casi llena, y desapareció.

Aquel fue el final del Asesino de Cuervos. 

Los aventureros no lograron averiguar si el Hombre Delgado era un agente de los darkons, como sospechaban, o actuaba por su cuenta movido por algún interés propio y desconocido. Pero con sus acciones habían salvado Crawford Manor y a sus habitantes. Cuando hubieron atendido a los suyos, Sir Inghram y Alida les agradecieron   todo lo que habían hecho por su familia. Habían acabado con el mal en su casa, y probablemente salvado a su linaje. En Crawford Manor siempre tendrían santuario y cobijo, les prometieron. Los hombres-cuervo que quedaban con vida regresaron, ya en forma humana de nuevo, para agradecerles también que hubieran actuado para cumplir la misión que les correspondía a ellos, contra el único enemigo contra el que habían estado indefensos. Merle se acercó a cada uno de ellos, entregándoles una gran pluma negra atada a una cordón de cuero. 

Mientras llevéis esto a la vista, ninguno de nuestros hermanos de alas negras podrá dañaros. Ni tan siquiera aquellos que han sucumbido a la voluntad del mal. 

Y sir Inghram les condujo a la cámara del tesoro de Crawford Manor, donde tras abrir uno de los cofres que se guardaban allí, les permitió elegir a cada uno de los objetos que contenían, a modo de recompensa. Thaena eligió un martillo de guerra encantado, con runas enanas de valor y desafío. Se decía que nunca abandonaba la mano de su portador si este no lo deseaba, y que le ayudaba a permanecer en la lucha cuando otros caían. Había pertenecido a Angrim, uno de los maestros constructores que erigieron la mansión. Fray Dervan eligió para sí una lanza, que según Griswell había pertenecido a Sir Bertram Crawford y forjada para exterminar reptiles. Qain se quedó un anillo, cuyo portador jamás pasaría frío ni en el más crudo de los inviernos. Assata eligió una bolsa que contenía siete judías mágicas, cuyos poderes eran un misterio. Y Petrus, prescindiendo de la magia, se agenció tres grandes rubíes, eligiendo con buen ojo entre los más valiosos que se le ofrecían.

Ante los Crawford, Thaena formuló un juramento. Afirmó que había comprobado que las fronteras septentrionales de Alasia estaban en peligro y carentes de vigilancia, y juró proteger las tierras del norte de la Baronía contra el mal y contra monstruos como los que habían intentado poner fin al linaje de los Crawford. Desde ese momento, ellos serían los Guardianes del Norte. [Y su alineamiento cambió de Neutral Bueno a Legal Bueno a petición del jugador, ya que igualmente había estado interpretando al personaje en esa dirección].

Sir Inghram les permitió quedarse con los discos de plata que contenían la historia de Magius de Grimhold, y los Guardianes decidieron que esa sería su nueva misión. El diario del mago hablaba de la historia de la Caída de Sartia, y sus palabras parecían cargadas de urgencia. Debían investigar la leyenda del Cuerno de Brân y porqué era tan importante para el mago sartiano. 

Tras diez días de merecido descanso, los Guardianes se despidieron de los Crawford y partieron una vez más hacia el norte, hacia el Torreón que daba nombre a la región y que, si no se equivocaban, era todo cuanto quedaba del antaño poderoso castillo de Grimhold.

Desde la puerta, Alida observó su partida, preguntándose si algún día podría ella llevar una vida de aventuras como la de ellos. Y si volvería a verles, o si se marchaban para no regresar… nunca más.

3 comentarios en “Crónicas de Alasia, Libro 2: (XLI) Nunca Más”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s