Fragged Empire 2: (VI) Fiebre del Sábado Noche

Anteriormente, en Fragged Empire…

[La Tartarus navegando por el cinturón de Liberty]

[Riff Jenkin, gritando]: ¡CEROS Y UNOS! ¡CEROS Y UNOS! ¡ANIQUILACIÓN! ¡ANIQUILACIÓN!

[Una nave de diseño desconocido apareciendo de un portal de salto, disparando]

[Thanatos]: ¡Escudos al 3%! ¡Daños graves en el casco de proa!

[Jinx]: ¡Fallo grave en los sensores!

[La nave de diseño desconocido, dañada, pasando a velocidad de salto]

[Sarah Hex, a Murdo]: Soy Sarah Hex, capataz de la estación 101B.

[Sara Hex]: No sé como será para la Corporación…

[Una sección del hangar explotando violentamente]

[Sara Hex]: …pero te aseguro que aquí no sabemos lo que es un trabajo sencillo.

[Una horda de Nephilim asesinos lanzándose al ataque]

La Tripulación de la Tartarus

  • Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista
  • James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo
  • Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos
  • Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología
  • Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico

 

Los Nephilim corrían hacia todo el mundo, obreros, mecánicos y por supuesto, hacia los sorprendidos tripulantes de la Tartarus. ¿Es que no iban a tener un momento de respiro? Jagh, envuelto en su capa fantasma, desapareció de la vista en un santiamén, para reaparecer instantes después junto a un grupo de Nephilim, segando a uno de ellos con su espada. El Nephilim sin ojos se vio rodeado de enemigos. Segundos después, empezaban a volar los disparos.

La refriega fue intensa, pero corta. Los Nephilim atacaban con saña y una ferocidad anómala, y sus garras y armas naturales podían causar daños considerables, pero en última instancia, no eran rivales para un grupo bien armado y acostumbrado a la acción como aquel. Las granadas de Jinx, aunque de fabricación casera y escasa potencia de penetración de blindaje, bastaban para despejar grandes grupos. La táctica del kaltorano se basaba en lanzar al bulto y rezar, ya que no era especialmente ducho en ello. Jagh empleaba su espada con la fluidez casi invertebrada de una serpiente. Murdo y Kahta ofrecieron fuego de apoyo mientras Thanatos desplegaba su rifle de asalto, y la grapadora empezaba a obrar su magia particular.

La contienda se saldó con magulladuras y arañazos, pero sin heridas de gravedad. La parte del hangar que seguía en pie estaba cubierta de cadáveres Nephilim. Cuando el grupo se volvió hacia los mineros kaltoranos a los que habían ayudado a repeler el ataque, se encontraron con que sus pistolas de munición auto-propulsada les apuntaban ahora a ellos.

Curiosa coincidencia, ¿no? -dijo Sarah Hex, dando un paso al frente-. Llegáis a nuestra pequeña estación en el culo de Haven, y justo en ese instante se produce una explosión y un ataque de… lunáticos. ¿Tenéis algo que contarnos?

Sarah, lo has visto tú misma -dijo Jinx, con su pistolón de baja tecnología aún caliente-. Esas cosas nos han atacado también. ¡Os hemos ayudado a combatirlas!

Varios miembros del personal de la estación asintieron con la cabeza. Habían sido testigos directos de su intervención.

Sin nosotros -dijo Kahta, fríamente-, mis congéneres os habrían hecho puré, por usar un término no científico.

La mujer kaltorana sabía que era verdad. Hizo una señal a los suyos para que bajaran las armas.

Y os lo agradecemos. Pero sigo sin entender qué ha ocurrido aquí. 

Jagh, que no solía hablar mucho, dijo:

Su comportamiento estaba… alterado. 

¿De donde pueden haber salido? -preguntó Murdo-.

Llevan ropa de la estación -dijo Sarah-. Probablemente trabajaban aquí. Nuestros empleados Neph son técnicos de mantenimiento, suelen alojarse en los subniveles. 

Terroristas -dijo Thanatos-.

Sarah se frotó el mentón; el Legión podía estar en lo cierto. Varias docenas de Nephilim habían llegado a 101B hacía varias semanas, procedentes de Gehenna, buscando trabajo en la extracción. No habían dado ningún tipo de problema, a pesar de los recelos innatos de su gente hacia ellos. Ningún problema… hasta ahora.

Hay que investigar lo ocurrido -dijo la capataz a uno de sus hombres-. Llevad los cadáveres al laboratorio de Wendell. Tenemos que hacerles las autopsias. ¿Alguno de vosotros tiene conocimientos médicos?

Yo os puedo ayudar con ello -dijo Kahta-. Es una de mis especialidades. 

Hex asintió aliviada; iban a necesitar toda la ayuda que pudieran. Cogió un comunicador y empezó a hablar a través de él. Los altavoces repartidos por la estación empezaron a retransmitir su mensaje a todos sus ocupantes.

Atención. Aquí Sarah Hex. Mensaje de prioridad 1. El tráfico de lanzaderas queda cancelado durante 24 horas estándar. Repito, el tráfico de lanzaderas queda cancelado durante 24 horas estándar.

La capataz apagó su comunicador, y se volvió de nuevo hacia los de la Tartarus.

Lamento que hayáis quedado envueltos en esto, pero me temo que estáis anclados aquí hasta que aclaremos lo sucedido.

Os echaremos una mano en lo que podamos -respondió Murdo-.

Y había mucho que hacer: despejar los restos de la explosión, atender a los heridos, e iniciar los preparativos para establecer una plataforma improvisada de aterrizaje. Y por supuesto, investigar el atentado.

Por fortuna, un par de los agresivos Nephilim seguían con vida, inconscientes pero aún respirando. Thanatos se ofreció para encargarse de sacarles respuestas. Fue entonces cuando reveló a sus compañeros de tripulación que había sido interrogador jefe en su antiguo regimiento. El Legionario cogió a ambos atacantes noqueados y se los cargó a hombros como si no pesaran nada, y siguió a los kaltoranos que habían adoptado las funciones de un improvisado cuerpo de seguridad.

Kahta, por su parte, supervisó el traslado de los cadáveres Nephilim hasta la enfermería. Allí conoció al médico jefe de la estación, un kaltorano llamado Wendell Camden. Juntos empezaron los preparativos para dar inicio a las autopsias. Había algo anómalo en el comportamiento de aquellos Nephilim. Sus pupilas dilatadas, sus movimientos espasmódicos durante el combate, todo ello le decía a Kahta que estaban bajo la influencia de algún tipo de agente excitante o psicotrópico; las autopsias revelarían más detalles sin duda alguna. Y no podía esperar a abrir esos cadáveres y entender mejor la bioescultura que había tenido parte en su creación, en los tanques de nutrientes de Edén…

Mientras, Jinx se ofreció para colaborar con el montaje de las nuevas plataformas de aterrizaje, y Murdo propuso a Sarah Hex que se investigaran los niveles subterráneos de donde procedían los atacantes, y que habían quedado al descubierto tras la explosión. Quizá pudieran hallar alguna pista sobre el ataque. Él y Jagh acompañaron a un grupo de mecánicos y mineros a los subniveles.

Los pasillos y corredores del sector de mantenimiento habían quedado a oscuras, ya que el suministro de energía había quedado interrumpido por la explosión. A la luz de las linternas, el registro llevó horas, y fue esencialmente infructuoso. Murdo casi se sobresaltó cuando, en la oscuridad, la voz de Kahta empezó a sonar a través de la radio de su visor táctico.

En el laboratorio improvisado en la enfermeria, la Nephilim se retiró la mascarilla de la boca para hablar. Tenía ante sí un cadáver abierto, y en pantalla se veían sus mapas de ADN y los resultados de sus análisis bacteriológicos. A un médico menos brillante, y menos experto en biotecnología, esos resultados habrían indicado simplemente que los Nephilim estaban drogados con una combinación de Draz refinado y otros químicos, un cóctel de hiperestimulantes que les había convertido en berserkers descerebrados. Pero ella había aislado algo más, y estaba segura de que no era un diagnóstico erroneo.

Había mostrado los datos a su colega de investigación, y el dr. Camden había abierto los ojos como platos.

Todos aquellos cuerpos eran portadores de una infección vírica de origen desconocido. El virus se mostraba excepcionalmente agresivo, y su ritmo de contagio era prodigioso. La cepa, además, parecía extremadamente adaptativa, dotada de la capacidad de mutar rápidamente. Los análisis de sangre que se hicieron mutuamente corroboraron sus peores sospechas. El contagio no se producía por contacto directo. Su mente se había adelantado varios pasos, y ya había formulado la hipótesis más probable.

De alguna manera, la explosión de la plataforma ha propagado el virus. Con este ritmo de contagio, ya se habrá extendido por toda la estación -le dijo Kahta a Wendell-. Estamos todos infectados.

Entonces abrió la comunicación con todos sus compañeros.

Gente, tenemos un problema. 

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3 comentarios en “Fragged Empire 2: (VI) Fiebre del Sábado Noche”

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