Fragged Empire 2: (V) Un Trabajo Sencillo

Anteriormente, en Fragged Empire…

[El interior de la cantina de Jal Draxa.]

[Billy Jinx]: Es un trabajo sencillo. Transporte de chatarra. 

[Legionario]: Este local esta bajo la protección de Vito. A mataros a la puta calle. 

[Murdo, a Jal Draxa]: Dos cajas de partes robóticas. Mercancia de alta calidad, tecnología de vanguardia. Sólo por permitirme echar un vistazo a lo que ven tus ojos exteriores. 

[Billy Jinx]: Entregad la carga en la estación minera 101B. En Liberty.

[Corp, voz en off]: ¿Máquinas vivientes? ¿Me tomas el pelo?

[Una nave de diseño desconocido apareciendo de un portal de salto, disparando]

[Riff Jenkin, gritando]: ¡CEROS Y UNOS! ¡CEROS Y UNOS! ¡ANIQUILACIÓN! ¡ANIQUILACIÓN!

La Tripulación de la Tartarus

  • Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista
  • James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo
  • Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos
  • Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología
  • Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico

La mente de Kahta trabajaba a toda la velocidad para la que había sido diseñada, realizando complejas ecuaciones y visualizando vectores de proyección en un intento de calcular una trayectoria de salto que les permitiera abandonar el campo de asteroides sin ser volatilizados instantáneamente. Todo ello mientras exprimía al máximo los colectores de impulso de la Tartarus para que acumularan la energía Ley suficiente para saltar en cuanto hubiera la menor posibilidad.
[Declaré que las tiradas de sistema para Abrir Portal de Salto aumentaban su dificultad en dos, y que además, eran necesarios 6 éxitos en lugar de los 4 habituales.  Eso obligaba a la Tartarus a resistir mucho más tiempo contra una nave más pequeña pero a todas luces mejor armada…]
A la vez, Murdo maniobraba la Tartarus haciendo uso de cada truco y argucia de piloto que conocía, y algunas que improvisaba, para mantenerse fuera de línea de tiro. Su pericia como navegante en terrenos difíciles, curtida en cinturones de asteroides y nubes de polvo espacial a lo largo y ancho de Haven, le permitía usar los asteroides de cobertura de manera más efectiva y, lo más importante, sin perder velocidad e inercia.
[El rasgo Navegante de Murdo, obtenido gracias a su habilidad en Operaciones, le permite acabar el movimiento de la nave en terreno difícil sin recibir penalizaciones, y en este combate espacial le sacó el máximo partido.]
En la consola táctica, Jinx se esforzaba por anular la fijación constante a la que su misterioso enemigo sometía incansablamente a la Tartarus. Los cazas-dron que lanzaba la nave de guerra aparentemente necesitaban tener un blanco fijado, así que el kaltorano intentaba borrar la señal energética de la Tartarus momentáneamente para escapar de la fijación.
Murdo cambió drásticamente la velocidad y dirección de la Tartarus, logrando que su proa apuntara al costado de la nave enemiga durante unos momentos.
¡Sí! -gritó Thanatos desde el control de torretas. Abrió fuego y descargó una andanada de disparos del cañón , que hicieron blanco y atravesaron parcialmente los escudos de la otra nave, abriendo un pequeño hueco en el casco. Al momento, en la consola de Jinx aparecieron varias signaturas biológicas a bordo de la nave rival, señales de vida que hasta entonces habían brillado por su ausencia.
Todos sabían lo que significaba aquello. La modificación tecnológica de Kahta había funcionado. Las esporas de munición viviente replicadas de la Leviatán habían impregnado el casco con el impacto, y estaban creciendo a velocidades vertiginosas para convertirse en monstruosidades que estaban empezando a invadir el interior de la nave misteriosa. Jinx recordó por un momento lo que sus antepasados sintieron cuando esos mismos horrores abordaban sus naves durante la Gran Guerra, y tuvo que reprimir un escalofrío.
[La modificación biotech hace que, con un Triunfo en la tirada de ataque, se inicie inmediatamente un intento de Abordaje. Los abordajes van causando daño a la nave rival hasta que son repelidos, y puede obligar a la tripulación enemiga a dedicar valiosas acciones a defenderse.]
Pero la alegría de Thanatos no duró mucho. A cambio del disparo encajado, la nave hostil abrió fuego a discreción. La Tartarus se sacudió salvajemente, obligándoles a todos a agarrarse a lo que fuera para no caer.
¡Escudos al 3%! -gritó el legionario-. ¡Daños graves en el casco de proa!
¡Fallo grave en los sensores! -dijo Jinx, mientras se levantaba de la consola y corría a meterse bajo cubierta para intentar unas reparaciones de emergencia-. ¡Están apuntando a nuestros sistemas! ¡Nos quieren dejar ciegos!
Kahta interrumpió sus cálculos para ayudar con las reparaciones. Un impacto frontal más y quedarían convertidos en basura espacial.
La Tartarus hizo un tirabuzón y se coló por el agujero de un gran asteroide de forma toroidal, y Murdo igualó la velocidad de la nave a la del giro del asteroide, para mantenerse por más tiempo ocultos detrás de la gran roca espacial. A la vez, parecía que la nave enemiga estaba dedicando parte de sus recursos a intentar eliminar la amenaza Nephilim que les estaba abordando, ya que la presión de sus ataques disminuyó un tanto.
Thanatos aprovechó para destruir los dos pequeños cazas que les acosaban también, y cuando la Tartarus se vio obligada a abandonar su temporal refugio para no estrellarse, colocó un nuevo disparo contra el enemigo, abriendo un segundo boquete en su casco. Sin embargo, los escudos de la otra nave se recargaban a una velocidad muy superior.
Murdo logró virar la nave justo a tiempo para escapar de la fijación de la nave enemiga, que había conseguido colocarse a sus espaldas. Un nuevo disparo impactó contra la Tartarus, pero por lo menos habían conseguido evitar que sus sistemas de sensores fueran destrozados del todo.
¡Los escudos han caído! ¡Uno más como este…! 
¡Kahta! -gritó Murdo a la Nephilim, que había vuelto a los colectores.
¡Aún no! ¡Y menos sin escudos!
La Tartarus esquivó un nuevo rayo de energía púrpura, y en ese momento, Jinx logró devolver un resquicio de vida a los sensores.
¡Estamos en línea!
Thanatos abrió fuego a discreción, y con precisión. La nave rival viró sobre sí misma en un vano intento de esquivar la andanada, pero lo único que logró fue encajar los disparos de la torreta de lleno en las mamparas de babor. Sus escudos chisporrotearon una última vez, apenas aguantando en pie. La nave hostil completó su viraje.
¡Espera! ¡Están… acumulando energía Ley! -dijo Kahta-.
¡Se retiran!
¡De eso nada! -gruñó Thanatos. Pero a pesar de sus deseos de exterminar a sus atacantes, el Legionario tenía el suficiente sentido táctico para darse cuenta de que la Tartarus no estaba en condiciones de proseguir la lucha. A enemigo que huye, puente de plata.
Con una rapidez pasmosa, la nave de diseño desconocido abrió un portal de salto entre los cientos de asteroides y desapareció engullida por él, convertida en un borrón fugaz de energía Ley.
Las alarmas de la Tartarus enmudecieron, a la vez que los gritos de Riff Jenkin. Mientras Kahta y Murdo evaluaban los daños a la nave, Jinx corrió hacia el camarote del pasajero. Estaba sentado en su camastro, con la frente ensangrentada por los golpes que se había dado contra las paredes metálicas. Jagh le había encerrado. Jinx entró con él.
Riff. ¿Cómo has sabido que venían? -le preguntó.
¿Que viene quien? -replicó el otro kaltorano, con los ojos vidriosos-. Créeme, nunca te eches miel en el…
Los intentos de Jinx fueron inútiles, y Jagh negó lacónicamente con la cabeza.
Esos no son recuerdos genéticos -le dijo Jinx, al salir.
No, no lo son. Por un momento, yo también les he sentido. A esas cosas sin vida.
Psiónica… -musitó Jinx entre dientes. Hasta ahora no había creído realmente que los cuentos fueran reales. Se decía que, tras la Guerra, algunos individuos habían demostrado capacidades… inusuales. Pero se trataba de cuentos de navegantes, historias para no dormir. Como las máquinas vivientes…
Unas horas más tarde, la maltrecha Tartarus alcanzaba su destino. El asteroide 101B rotaba lentamente, un coloso rodeado de rocas más pequeñas. El lugar había sido, en un primer momento, un simple escondite y refugio para pioneros y supervivientes durante la Gran Guerra, pero con el tiempo había ido creciendo hasta convertirse en lo que era hoy, una colonia minera en el borde exterior del sistema.
Y había visto días mejores. El puesto se situaba al fondo de un gran cañón rocoso, y era claramente una instalación kaltorana. Era imposible aterrizar allí con una nave mayor que una lanzadera, así que todo el tráfico entrante y saliente pasaba por Ganímedes, la pequeña estación que orbitaba sobre el asteroide. Tras solicitar permiso de atraque y declarar la carga, la Tartarus aterrizó en la estación. Un par de horas más tarde, los cinco tripulantes, su pasajero y las cajas de chatarra que debían entregar descendían hasta el asteroide.
En el muelle de atraque, a cubierto bajo la superficie del asteroide debido a la escasa gravedad y a la tenue atmósfera, les recibió un grupo de hombres encabezados por una guapa kaltorana de trenzas negras y vestida en un mono azul.
Soy Sarah Hex, capataz de la estación 101B. Veo que traéis la carga de Mishpacha. 
Así es -dijo Murdo mientras firmaba los holodocumentos y los kaltoranos empezaban a descargar la mercancia-. Aunque creímos que sería un trabajo más sencillo. Hemos tenido un extraño encuentro allí arriba. Por poco no lo logramos.
Sarah resopló.
No sé como será para la Corporación, pero te aseguro que aquí no sabemos lo que es un trabajo sencillo.
Como si el universo hubiera decidido de repente demostrar cuanta razón tenía, una enorme explosión sacudió el fondo del hangar. Varios trabajadores cayeron al suelo por la fuerza de la onda expansiva, y los tripulantes de la Tartarus, al otro lado del gran hangar, tuvieron que taparse el rostro ante el súbito fogonazo. Una nube de humo y polvo recubrió a todos los presentes.
Cuando esta se disipó, Jinx fue el primero en ver que una cuarta parte del suelo del hangar, en su sección trasera, había desaparecido por completo. Un enorme y oscuro agujero se abría a las entrañas del asteroide donde un segundo antes había habido lanzaderas, contenedores y gente. ¿Qué acababa de pasar? Eso no debería…
Y entonces surgieron. Eran Nephilim, sin duda alguna, de una docena de genotipos distintos. Muchos de ellos iban vestidos con monos de mecánico y trajes técnicos, pero en todos sus rostros desencajados y sus ojos de pupilas dilatadas solo se podía ver una cosa: sed de sangre.
Con un alarido animal, los enloquecidos Nephilim se lanzaron a la carga.

3 comentarios en “Fragged Empire 2: (V) Un Trabajo Sencillo”

  1. No me puedo creer que hayan sobrevivido in extremis a ese combate espacial, para acabar atropellados por una horda de quinceañeras histéricas. ¡Qué dura es la vida de las estrellas del rock!

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