Fragged Empire: (IV) Rabia contra la Máquina

Anteriormente, en Fragged Empire…

[La Tartarus aterrizando en el pequeño astropuerto orbital, con Mishpacha y sus lunas de fondo.]

[El interior de la cantina de Jal Draxa.]

[Corp, voz en off]: ¿Máquinas vivientes? ¿Me tomas el pelo?

[Kahta]: ¿Qué hay ahí fuera?

[Grakk Gaath]: Los restos del ejército de X’ion. Nephilim salvajes.

[Jal Draxa, a Murdo]: Compañías como C.U.R.E. llevan medicinas y vacunas a todos los rincones de Haven.

[Riff Jenkin, a Jinx]: Tengo que salir de aquí. Me da igual donde. No aquí. 

[Palamon]: Hola de nuevo, hermano. Creo que me debes una disculpa.

La Tripulación de la Tartarus

  • Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista
  • James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo
  • Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos
  • Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología
  • Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico

Cantina de Jal Draxa

Ciudad de Faro, Continente de la Estrella

Mishpacha, Sistema Haven

En la cantina se había hecho un silencio absoluto. Nadie se atrevía a pestañear.

Thanatos no se levantó de la mesa.

Eso no va a pasar -dijo.

Al ver aquello, Jinx empezó a moverse discretamente en busca de cobertura en uno de los reservados, mientras Murdo, que seguía en la barra, intercambió una mirada de preocupación con Kahta.

Palamon replicó.

Has interferido en los asuntos de los Espadas y has insultado mi honor abiertamente. Ahora ya no tienes la superioridad numérica. Te sugiero que te disculpes antes de que sea demasiado tarde. 

Thanatos estaba a punto de decir algo que hubiera desencadenado el infierno, cuando un silbido agudo llamó la atención de todos los presentes. Provenía de la mesa donde los otros tres legionarios jugaban a cartas. Uno de ellos, un miembro de su especie de una cierta edad, dijo:

Este local esta bajo la protección de Vito. A mataros a la puta calle. 

Palamon y sus adláteres, Arcites y Aemilia, no encajaron bien esa orden directa, pero el matón de Vito chasqueó la lengua meneando la cabeza.

Vosotros veréis.

En ese momento, sin volverse ni dejar de centrar su atención en la bebida que tenía en frente, Grakk Gaath, el cazador Nephilim, retiró un poco su guardapolvos para mostrar a los Espadas de Gloria la pesada escopeta de plasma que llevaba a la espalda.

Sin decir ni una palabra más, Palamon se dio la vuelta, haciendo ondear su capa roja y se marchó seguido de sus hermanos de armas. Pero a pesar de su silencio, la última mirada que le lanzó a Thanatos mandaba un mensaje, alto y claro. Vosotros lo habéis querido.

Cuando se marcharon, el salón se llenó de nuevo de susurros, murmullos y el zumbido de los holovids de Riff Jenkin. Los tripulantes de la Tartarus se reunieron en la mesa para formar una especie de gabinete de crisis.

Nos estarán esperando fuera -dijo Murdo-.

Kahta asintió con un gesto de la cabeza. Las probabilidades de que los Espadas de Gloria tuvieran refuerzos aguardando en el exterior de la cantina era de un 87%, con una estimación a la baja.

Y ahí fuera nadie va a impedir nada -añadió Jinx.

Ni falta que hace -añadió Thanatos, acariciando la culata de su fiel Grapadora.

Entonces Murdo tuvo una idea. Se levantó con cara de “dejadme a mí”, y se dirigió de nuevo a Jal Draxa, el cantinero del ojo cibernético, con la mejor de sus sonrisas.

Jal, amigo. No he podido dejar de notar que el exterior de tu edificio está recubierto de cámaras, antenas y repetidores de control de drones. Parece que te tomas la seguridad de tu establecimiento muy en serio. 

El calvo corp puso media sonrisa sarcástica.

Te veo venir, Morrison. Y no, ni hablar. Este lugar se levanta sobre su reputación. Jal Draxa no se mete en problemas ajenos. Fin de la conversación.

¡No me has dejado terminar! En realidad no te pido que te metas en nada. Pero si, por la tensión del momento, te hubieras olvidado durante 5 minutos de renovar la encriptación de las grabaciones de las cámaras externas, y algún desaprensivo aprovechara para echarles un vistazo… bueno, no se te podría echar en cara, ¿no? Le puede pasar a cualquiera.

Un brillo que Murdo conocía muy bien asomó en los ojos de Draxa. ¿Tendría realmente la codicia de los corps una base genética?

¿Y qué gano yo con arriesgar la reputación de mi cantina como emplazamiento neutral?

Murdo sólo tenía una cosa por ofrecer.

Dos cajas de partes robóticas. Mercancia de alta calidad, tecnología de vanguardia. Puedes consultar los registros de embarque de la Tartarus. Sólo por permitirme echar un vistazo a lo que ven tus ojos exteriores. 

[La tirada de negociación fue todo un éxito, y ya que la propuesta era lo bastante jugosa y lucrativa, Murdo consiguió un buen bonus por descripción a su tirada de Conversación.]

Cinco minutos después, Murdo había descargado las grabaciones de las cámaras de Draxa, tanto fijas como instaladas en drones voladores, y las estaba proyectando frente a sus camaradas en su terminal, solapándolas con un plano 3D del distrito descargado del Torrente de Datos. Eso les reveló que lo que les aguardaba en el exterior era aún peor de lo que habían sospechado. Los 3 Espadas de la Gloria les habían montado una emboscada, apoyados por 2 miembros más de su compañía, y 4 drones humanoides de combate. Se habían colocado en puntos estratégicos para tenderles una encerrona en toda regla, a una cierta distancia de la Cantina pero en la ruta más directa hacia la estación de la lanzadera. Sin aquella valiosa -y costosa- información, se hubieran metido en una trampa mortal, recibiendo disparos de todas direcciones y sin apenas cobertura tras la que esconderse. Gracias a los ojos en el cielo de Jal Draxa, evitar la emboscada sería tan sencillo como elegir una ruta alternativa.

Unos minutos más tarde, la lanzadera automatizada despegaba desde Faro, transportando a los cinco, y a su excéntrico pasajero, Riff Jenkin, hasta el astropuerto orbital donde aguardaba su nave. Cuando llegaron, los drones de Carne ya habían cargado la bodega con las cajas de repuestos mecánicos que debían transportar hasta la colonia minera 101B, en el cinturón de Liberty. La Tartarus despegó y, tras abandonar el pozo de gravedad de Mishpacha, desapareció a través de un portal de salto, dejando una estela de energía Ley a su paso.

Una semana más tarde, el sector 1 del cinturón de Liberty apareció a distancia de detección de los sensores de la nave. Durante la mayor parte del viaje,  Jenkin había estado encerrado en el pequeño camarote que le habían destinado. Los intentos de Jinx por hablar con él y sacarle historias e información fueron bastante infructuosos. El harapiento kaltorano demostró no ser la persona más equilibrada de Haven, y excepto incoherencias o anécdotas personales sin la menor relevancia, no había sacado nada en claro.

Jinx se encontraba con él mientras la Tartarus empezaba a navegar por el proceloso espacio del cinturón de asteroides. De repente, mientras Jenkin le contaba a su contertulio algo salaz relacionado con su madrastra y un tarro de miel, de repente el pasajero se puso de pie con el rostro desencajado, los ojos muy abiertos y las cuatro orejas tensionadas.

¡Ya vienen! ¡Ya vienen! 

En el puente de la Tartarus, Kahta registró súbitamente una concentración anómala de energía Ley a unos pocos clicks de distancia.

Jenkin soltó un alarido agudo y escalofriante.

¡Ya han llegado! ¡Están aquí! ¿No les oyes? ¡¿Es que no les oyes?!

La energía Ley registrada por Kahta seguía acumulándose. La Nephilim descartó en milisegundos un error de lectura de los sensores.

Murdo, creo que tenemos compañía.

Eso es imposible… No se puede abrir un portal de salto en medio de…

Las alertas de proximidad de la Tartarus empezaron a sonar a todo volumen.

¡WAAAAAAAGH! ¡WAAAAAAAGH! ¡WAAAAAAAGH! 

Un portal de salto se abrió a alcance visual.

¡Ceros y Unos! ¡Ceros y Unos! ¡Ceros y Unos! -gritaba Jenkin, mientras empezaba a darse violentos cabezazos contra la pared.

¡Thanatos, escudos al máximo! ¡Ya! -gritó Murdo.

Una salva de rayos de energía purpúrea impactó contra el costado de la Tartarus, haciéndola zozobrar violentamente. Habían surgido de una nave cuyo diseño ningún miembro de la tripulación había visto jamás. No había emitido ningún mensaje de saludo, no había abierto ningún canal de comunicación. Había emergido del portal de salto disparando a dar.

¡Escudos al 67%! -gritó Thanatos-. ¡Dadme ángulo de disparo!

Murdo empezó a maniobrar la Tartarus en un vuelo defensivo, buscando la cobertura de los asteroides cercanos, mientras Jinx corría a su puesto en el puente. Jagh apareció junto a Jenkin, escrutándole con su rostro sin ojos. El Nephilim comprendía ahora que la locura del kaltorano no se debía a lo que habían creído en un principio.

No se detectan señales de vida a bordo -dijo Kahta.

¡Eso da igual ahora! ¡Sácanos de aquí!

Una nueva salva destrozó un pequeño bólido cercano e impactó de refilón contra los escudos de la Tartarus.

¡Escudos al 44%, maldita sea! ¡Daños en el casco de babor! -bramó el vozarrón de Thanatos, mientras Jinx corría hacia allí con un extintor de hidrógeno en la mano.

No puedo -dijo Kahta, sin un resquicio de emoción en la voz-. Abrir un portal de salto aquí no es factible. Las posibilidades de destrucción son de… muchas.

La extraña nave empezó a virar para una segunda pasada. De sus costados surgieron varios cazas, réplicas más pequeñas de su nave nodriza, que empezaron a volar hacia la Tartarus, buscando atraparla en una pinza.

Los gritos demenciales de Jenkin resonaban por encima de las estruendosas alarmas de la Tartarus.

¡CEROS Y UNOS! ¡CEROS Y UNOS! ¡ANIQUILACIÓN! ¡ANIQUILACIÓN!

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