Crónicas de Alasia, Libro 2: (XIII) La Gran Final

La criatura que había sido Balkan el Fuerte estaba muerta. Daerwen le había atravesado la columna vertebral… si es que un ser semejante tenía una.

A su alrededor, los guardias y caballeros de la ciudad habían conseguido por fin formar un círculo, ocultándola de la vista de la población que lentamente iba regresando al lugar, con el miedo superado por la curiosidad. Stephan contemplaba a la criatura con el odio en la mirada, junto a su Ithandir, que seguía imperturbable como si su rostro fuera una máscara de piedra.

Debemos hablar de esto -dijo el Barón-. Convoco un concilio de emergencia. Avisa a Sir Mathew y al Capitán Geraint. También el Padre Justin debe estar presente. Buscadme a ese Caballero Escarlata e invitadle a personarse. El Concilio se celebrará mañana, después de las celebraciones. Ahora, el Torneo debe continuar. Debemos lanzar un mensaje de firmeza y tranquilidad. Esta criatura ha sido abatida y hemos frustrado sus planes, fueran los que fueran. Nueva Alasia no se rinde al miedo, ni ahora ni nunca.
El Barón se da la vuelta, y se dirige a los muchos luchadores que hicieron frente a la abominación y lograron darle fin.
Esta ciudad, y yo mismo, estoy en deuda con vosotros. Nueva Alasia tiene enemigos, y el día de hoy ha demostrado que son más numerosos y arteros de lo que habíamos imaginado. Conozco de primera mano las hazañas de algunos de vosotros, y de otros sólo he oido historias y rumores. Pero por lo que habéis hecho hoy, os habéis ganado un asiento en mi Concilio. Sir Alister, vos hablaréis por los Portadores. Que el resto de las compañías que se han formado designe a un portavoz que la represente en el Concilio. Hay mucho de lo que hablar. 
El Ithandir asintió en silenció, y retomó la palabra a instancias del Barón.
Ahora, debo decidir qué ocurre a continuación. Los duelos restantes no pueden celebrarse si los participantes no están en condiciones para ello por haber plantado cara a un demonio de la oscuridad, y no es justo declarar victorioso a quien no ha estado aquí para defender la ciudad en su hora de necesidad. No hay deshonra alguna en retirarse tras vuestros nobles actos. Os pregunto, Shelaiin de Liadiir y Tobruk de los Escudos de Piedra. ¿Estáis en condiciones de combatir hasta el final por el título de Campeón?¿Deseáis proseguir con las justas, Sir Alister? Dejo la decisión en vuestras manos.
Ninguno de los tres renunció. El espectáculo debía continuar. Así que unas horas después, cuando el shock inicial se hubo aplacado en cierta medida y antes de que los rumores se desbocaran por completo, el Barón compareció ante la ciudad. Hizo un discurso en el que demostró su capacidad de arengar a las tropas, pulida durante años de campañas militares por todo el norte de Valorea, y tejió con maestría el mensaje. La oscuridad había atacado a la ciudad de Nueva Alasia y había fracasado. Sus defensores se habían impuesto y habían demostrado que ni los seres de pesadilla podían quebrar la determinación de sus habitantes, y que los alasianos no se dejaban intimidar ni al ser atacados en su momento de mayor celebración. El Torneo proseguiría hasta su final, como un acto de desafío a quienes deseaban perturbar la paz y la seguridad de las Tierras Reclamadas. Muchos de los aventureros que presenciaron el discurso comprendieron porqué el hombre había podido mobilizar a tantos en su Reconquista.
Y después del discurso del Barón, los juegos prosiguieron, aunque para la mayoría de los participantes restantes habían cobrado un cariz muy distinto. Liotan de los Cinco Picos se presentó para luchar contra Tobruk en la semifinal, y el monje lo hizo pidiendo disculpas por no haberse encontrado presente para ayudar a luchar contra el monstruo, y declarando que no era honorable enfrentarse al enano en esas condiciones. Pero Tobruk le quitó hierro al asunto, y le conminó a luchar de todas maneras. Así que el teabriano y el enano dieron inicio a su combate. Eran como la antítesis el uno del otro. Tobruk, todo furia y frenesí, lanzando golpes salvajes y poderosos con su espada élfica; Liotan, la imagen de la calma y la serenidad en combate, calculando milimétricamente cada movimiento y siempre a la defensiva. Nada más empezar, el teabriano se colocó en el flanco del enano y presionó con sus dedos como lanzas en un punto de presión en la base del cuello. Tobruk sintió que las fuerzas se le escapaban y que empezaba a jadear, mientras notaba como la furia que lo impulsaba se desvanecía en la nada. [Liotan usó un ataque del estilo de la Mantis para dejar fatigado a Tobruk, y estando fatigado no se puede entrar en furia bárbara]. Aún así al monje, el arriesgarse a adoptar esa posición y a acercarse tanto a su rival  le costó un buen golpe en respuesta. A partir de ahí el monje adoptó el estilo de la grulla, y el agotado enano empezó a dar golpes en el aire, pues el teabriano se apartaba de su trayectoria con suma gracilidad. Un solo golpe de Tobruk, incluso estando fatigado, le daría el combate, pero el monje le iba desgastando a base de puñetazos que si bien individualmente no le hacían gran cosa al enano, poco a poco le fueron mermando. Finalmente, Liotan noqueó a Tobruk con una patada giratoria en la cara, y el enano se desplomó semi-inconsciente. Liotan de los Cinco Picos pasaba a la final.
[Creo que a esas alturas, todos en la mesa (incluido el máster) esperábamos una final Shelain-Tobruk, pero no pudo ser. Es lo que tienen los dados.]
La final se celebró justo antes del banquete, unas horas más tarde, cuando Liotan hubo tenido posibilidad de recuperar sus fuerzas. Al empezar el torneo, nadie había esperado que un hombre sin armas y armadura pudiera superar las eliminatorias, y mucho menos llegar a la final. Ahora se las vería con la mujer que había ganado el concurso de arquería y que había dado el golpe de gracia a la criatura de terror que había atacado la ciudad. Para muchos alasianos, fue la primera vez que presenciaron a uno de los legendarios monjes de las montañas teabrianas en acción. Pero Liotan sabía que había gastado una gran parte de su energía interior en el combate contra Tobruk, y que debería emplearse a fondo en la final si deseaba vencer a la guerrera elfa.
Cuando sonó la fanfarria, el público estaba absolutamente expectante. Estaban liberando toda la tensión de lo vivido, y los gritos y exclamaciones eran constantes. Shelain aferró su espada con ambas manos, pensando en la manera de vencer a alguien que se podía hacer prácticamente intocable. Y vio que no había estrategia que pudiera seguir, no había táctica útil. Se trataba simplemente de darlo todo, de dejarse llevar por el flujo del combate y no reservarse ni un ápice. No había más. El combate fue largo y de una intensidad brutal. Ambos luchadores saltaban, se bloqueaban, se interceptaban y chocaban con fuerza, gritando con cada golpe. Las técnicas de golpear los puntos de presión no surtieron efecto en Shelain, y la fuerza espiritual del monje se agotó rápidamente. Por su parte, la elfa también había sacrificado potencia en sus golpes para hacerlos más precisos, ya que las paradas y esquivas de su rival le convertían en un rival muy difícil de alcanzar, y estaba en serio peligro de correr la misma suerte de Tobruk. Finalmente, tras evitar por unos milímetros un golpe en la cara con la palma extendida, la elfa vio por fin la oportunidad que tanto le había costado encontrar. Absolutamente concentrada, por unos momentos le pareció ver a su rival moverse tan despacio como si avanzara por un mar de melaza. Shelain dio un corto paso lateral y descargó su arma de costado contra las costillas del monje, alcanzándole de lleno.
Liotan de los Cinco Picos cayó al suelo, y no se levantó. El publicó estalló en gritos. Shelain  Liadiir se había hecho también con el título de campeona en los combates cuerpo a cuerpo. En el palco, el Ithandir no sonrió, pero casi.
El banquete fue una algazara tumultuosa. El nombre de la elfa estaba en boca de todos y era coreado incesantemente, con innumerables brindis en su honor. Había ganado el concurso de arquería, los combates y había matado al monstruo Balkan. También hubo bebidas y honores para los guerreros que habían hecho también frente a la cosa, y para Tobruk y Liotan, dos luchadores que habían sorprendido a propios y extraños por su determinación y su arrojo. Y cuando la euforia por la gran final empezó a remitir, el populacho empezó a hablar con expectación de la guinda que coronaría el Torneo de Roca Blanca: las justas por desafío. Dos caballeros se enfrentarían a los campeones designados por el propio Barón, y seguirían justando hasta que sólo quedara un vencedor. La justa final no se limitaría a desmontar al rival: si uno de los caballeros era derribado y estaba en condiciones de seguir, el combate podía seguir a pie.
Los cuatro caballeros se encontraron en las lizas, con el sol de media tarde de principios de otoño reflejándose en sus armaduras completas. Sir Alister se encontraba en el lado de los retadores, al igual que el Caballero del Espino. Al otro lado, Sir Matthew Corven y Sir Lothar de la Runa, defendiendo el honor de la ciudad y el Barón. Sir Alister espoleó a Trueno con las rodillas y se acercó a los escudos, tocando con la punta de su lanza el de Sir Matthew, el Lord Comandante de los Caballeros Protectores. Viendo eso, el Caballero del Espino se situó frente a Sir Lothar sin decir palabra. Bajo aquella luz, la armadura del caballero de yelmo astado parecía más verdosa que antes. Incluso su caballo parecía más verde que gris.
Los primeros en justar fueron Alister y Corven. Ambos caballeros eran veteranos de estas lides, y sabían bien lo que hacían. Sir Matthew apuntó su lanza con precisión para alcanzar un punto alejado del centro de gravedad, con la intención de desequilibrar al máximo a Sir Alister. Este se limitó a agazapar su corpachón lo máximo que pudo y a cargar a galope tendido. Trueno nunca había corrido tanto como en aquel momento. Las lanzas chocaron, las lanzas se partieron, y un caballero cayó al suelo. Cuando se levantó, Sir Matthew felicitó a Sir Alister por su victoria, sonriendo mientras se quitaba el yelmo. Después le tocó el turno al Caballero del Espino. Cargó contra Sir Lothar y encajó el impacto del mismo de lleno, pero ni siquiera se inmutó mientras la lanza del otro se hacía astillas contra su armadura. A la vez, la lanza del enigmático caballero se estrellaba contra el yelmo de Sir Lothar y le hacía salir volando de su silla.
Con los dos defensores de la ciudad vencidos, solo restaba ver cual de los dos retadores era coronado campeón de las justas. Ambos caballeros se cruzaron en la liza mientras cabalgaban cada uno a su respectiva posición, y Sir Alister frenó un instante a su caballo para dirigirse a su oponente.
¿Quien sois? Me gusta conocer el nombre de los hombres contra los que justo.
Por primera vez, el Caballero del Espino habló, y lo hizo con una voz extraña, hueca y reverberante, casi metálica.
Estáis a punto de averiguarlo.
Cuando sonaron las fanfarrias, los dos caballos se pusieron en marcha con sus cascos retumbando como truenos lejanos. Sir Alister buscó cubrirse con su escudo, mientra que el Caballero del  Espino cabalgó sin bajar la lanza, con el largo astil apuntando al cielo. Sólo en el último momento lo bajó para apuntar hacia delante, justo antes de impactar contra el escudo de Sir Alister con una fuerza colosal. A pesar de su fuerza, de su habilidad como jinete,  Alister fue desmontado, y cayó al suelo rodando para evitar un mal golpe. Se puso en pie, dirigiéndose a Trueno para desenfundar la espada que colgaba de la silla.
Al otro lado del campo, el Caballero del  Espino dio la vuelta a su corcel, y también desmontó, descolgando su enorme hacha de un solo filo. Pero en lugar de dirigirse hacia Sir Alister, se volvió hacia el palco y levantó la mirada hacia lo alto, directamente hacia el Barón.
No he venido aquí a jugar, Stephan de Nueva Alasia. Traigo un mensaje. El Príncipe Carniog quiere lo que es suyo. 
El estupor se adueñó de absolutamente todo el mundo. Solo unos pocos entre el público habían escuchado ese nombre anteriormente: los exploradores de Wilwood, tras su encuentro con los moradores faéricos de ese lugar. Y la leyenda que escucharon en la Posada de la Rama Dorada volvió a sus mentes entonces. El Caballero del Espino siguió hablando.
Entregad la Torque Negra a su legítimo dueño, o el próximo mensaje de mi señor será muy distinto.
Entonces miró desde su yelmo astado a su alrededor, como buscando algo, y prosiguió.
El León Blanco siempre se ha jactado de sus caballeros, siempre se ha vanagloriado de su honor intachable. He venido también para poner a prueba ese honor. ¡Os traigo un reto!
Alzó la pesada hacha por encima de su cabeza, como si no pesara nada.
¡Desafío a Stephan de Nueva Alasia, o a cualquiera de sus caballeros, a intercambiar golpes conmigo! Aquel que acepte el reto, empuñará mi hacha contra mí y me asestará un golpe con ella, tan fuerte como le sea posible. Después será mi turno, y el golpe le será devuelto con la misma fuerza. ¡Aquel que acepte mi desafío, recibirá en propiedad este hacha a cambio de su valor! 
El silencio continuó, tanto en las gradas como entre el público. Nadie dijo nada. Tanto el Barón como sus caballeros parecían haber enmudecido, incapaces de comprender lo que estaba pasando. El Barón miró a su alrededor, y vio que nadie hacía nada, así que empezó a ponerse en pie, ya que ninguno de sus caballeros parecía querer salvaguardar el honor de su señor. Entonces una voz estentórea gritó:
¡YO LO HARÉ!
Era Sir Alister, aún en el campo de liza. Entre la muchedumbre, Shelain también se había puesto en movimiento, corriendo para intentar alcanzar el lugar y aceptar el desafío, pero no llegó a tiempo. Sir Alister se plantó ante el Caballero del Espino, y éste le dijo:
¿Juráis por vuestro sagrado honor cumplir con las reglas del desafío? ¿Dáis vuestra palabra ante vuestro pueblo y vuestros dioses?
Lo juro por mi honor de caballero.
Entonces el Caballero del Espino le entregó el hacha, y se puso de rodillas, ofreciendo su cuello como si se encontrara ante el tajo de un verdugo. Alister tomó el arma y la sopesó, debería ser pesada pero resultaba extrañamente liviana. Cerró los ojos, levantó el filo sobre su cabeza y, entre los gritos contenidos de la multitud, la descargó con todas sus fuerzas sobre el extraño caballero verde. Para el horror del gentío, la cabeza del mismo quedó separada de su cuerpo, y rodó aún envuelta en el yelmo astado por la arena, manchándola de roja sangre.
El suspiro de alivio colectivo se cortó de cuajo cuando el cuerpo del Caballero se puso en pie y recogió su propia cabeza del suelo. Poniéndola en alto, la cabeza del Caballero del Espino, aún goteando sangre, habló de nuevo.
Habéis cumplido bien vuestra parte, Sir Alister. Ahora es mi turno de golpear. Os concedo doce meses y un día. Transcurrido ese tiempo, buscadme en la Capilla Verde, y allí saldaréis vuestra deuda conmigo. 
Y será mejor -dijo, volviendo de nuevo la cabeza cortada hacia el palco- que para entonces la Torque Negra ya esté de nuevo en posesión de mi señor. O esta ciudad conocerá la justa ira del Príncipe Carniog de la Corte Oscura.
Y dicho eso, el caballero decapitado montó en su caballo verde y salió al galope, dejando a Sir Alister solo en medio del campo de justas, hacha en mano. Nadie osó interrumpir su cabalgata.
Anuncios

7 comentarios en “Crónicas de Alasia, Libro 2: (XIII) La Gran Final”

  1. Uf, qué de cosas.

    Lo primero, ¡enhorabuena al máster! ¡ÉPICO, FANTÁSTICO Y MITOLÓGICO A LO GRANDE!

    En segundo lugar, ¡enhorabuena a los jugadores, especialmente a los finalistas!

    Y, en tercer lugar, ¡enhorabuena a mí mismo! ¡He acertado la porra! XDDDDDDDDD

    ¡Shelain, te lo has currao, coño! ¡Bien hecho! Una pena que el pirado del Caballero Escarlata me estropiciara parte de la apuesta con sus tontunas, qué le vamos a hacer.

    Y, aunque siempre me han gustado mucho los enanos, he de reconocer que no contaba con ellos para el cuadro final. Me ha sorprendido e impresionado el buen papel que han hecho los Escudos de Piedra, especialmente Tobruk, así que ¡enhorabuena a ellos, también!

    (llegados a este punto, podría hacer varias coñas con Tobruk, Rommel, el Afrika Corps y una retirada a tiempo por el desierto, pero me voy a contener)

    Le gusta a 2 personas

  2. Por otra parte, fue Tobruk quien me jodió la apuesta de sir Alister como finalista, ganando por la mínima, así que me cago en sus muelas.

    Si no recuerdo mal, yo aposté por Shelain como ganadora, sir Alister como finalista, y Liotan y el Caballero Escarlata como terceros (igual puse a sir Alister como tercero y al Caballero Escarlata como finalista, ahora no estoy seguro).

    ¿Quién más participó en la porra?

    Y, sobre todo, ¿qué nos apostábamos? 😛

    Le gusta a 2 personas

    1. Pues sí, enhorabuena… ¡Eres el ganador de la Porra Oficial del Torneo de Roca Blanca! En Survey Monkey, un 40% de los votos fueron para Grugnir, un 30% para Sir Alister, y el resto se repartieron a un 10% cada uno entre Liotan, Alaea y ¿Will Kemp?

      Así que efectivamente, nadie excepto tú dio a Shelain por ganadora, y eso te convierte en el único ganador. ¿Que qué nos jugábamos? Pues no se quedó en nada, creo, pero para una ocasión tan singular creo que voy a destinar el 100% de los ingresos del blog (0) a la entrega de un No-Premio al más puro estilo Marvel. ¡Felicidades!

      Le gusta a 2 personas

  3. ¡¡¡Muchas gracias!!! ¡¡¡Yujuuuuuuuuuuuu!!!

    ¡Quiero dedicarle este premio a mi mamá que me estará escuchando! ¡Mamá, te quiero, sin ti nunca habría llegado tan lejos!

    ¡Y también a la madre de Shelain! ¡Sin ella, tampoco lo habríamos conseguido!

    ¿Que en qué me voy a gastar el dinero del premio?

    Pues, te lo diría, pero es que hay niños y elfos delante, desgraciao.

    Bueno, me queda la honrilla de haber acertado, menos da una piedra XD

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s