Crónicas de Alasia, Libro 2: (XII) Balkan

Cosecha 26

Junto al cuerpo de Grugnir, Lomborth rezaba a Dumathoin para que conservara las fuerzas de su compañero caído. Las heridas dejadas por los filos de Rashid se habían cerrado, pero el veneno seguía en su interior, haciendo estragos. Con la llegada del alba, suplicaría al Señor de los Secretos Bajo la Montaña que le permitiera ralentizar los efectos de la ponzoña, pero hasta entonces, el enano pícaro estaba a merced del Forjador de Almas. Afortunadamente, el veneno no resultó fulminante, sino que parecía actuar a largo plazo. Aquello confirmaba del todo lo que le había ocurrido a Eadric Tam, que sin duda había sido víctima del mismo deshonorable truco. ¿Pero por qué motivo envenenar a Tam durante el torneo?

Fuera como fuere, el nuevo día llegó, y Grugnir recibió la fortaleza de la piedra gracias a la magia de Lomborth, y pudo contar al resto de los Escudos lo que había ocurrido la noche anterior. Pero excepto dar parte a las autoridades, poco más podían hacer al respecto. La semifinal de los duelos singulares estaba a punto de celebrarse, y el primer combate era de órdago, pues enfrentaba a dos pesos pesados: Balkan el Fuerte y Shelain Liadiir. Ambos luchadores estaban ya en la lona cuando Tobruk llegó al lugar. Si vencía al monje en su propio combate, uno de los dos sería su adversario en la final.

La elfa dibujaba ochos en el aire con su espada de filo sinuoso, esperando el toque de la fanfarria. Al otro lado se encontraba el guerrero más imponente con el que se había topado, confiado y tranquilo, seguro de su victoria. Shelain había dado muchas vueltas a como intentar vencerle. Había pensado y descartado mil tácticas, y librado el combate en su mente decenas de veces. Y sabía que sus posibilidades eran escasas. Sentía la mirada de su padre, el Ithandir, clavada en ella desde los altos palcos donde se sentaba la corte del Barón. Él nunca había querido que fuera una guerrera, se había opuesto a su camino elegido y se había negado en redondo a entrenarla. Ahora era el momento de demostrar quien era ella realmente.

La corneta sonó, y Balkan cargó contra ella, levantando el enorme espadón por encima del hombro. Shelain soló movió un pie ligeramente hacia atrás, para redistribuir su peso. Tenía que hacer lo único que Balkan jamás esperaría de ella. Y solo iba a tener una oportunidad. Cuando el gigantesco guerrero llegó hasta ella, descargando su filo con todas sus fuerzas, la elfa se agachó ligeramente y hundió su hombro contra el cuerpo de Balkan. Soltó su espada y, agarrando a su rival, usó el impulso de éste en su contra. El público anonadado presenció con los ojos abiertos como los pies de Balkan se despegaban del suelo y su enorme corpachón salía volando por encima de las cuerdas, y se estrellaba con todo su peso contra el suelo, fuera de la lona.

Se hizo un silencio absoluto. Los espectadores empezaron a asimilar lo ocurrido.

Balkan el Fuerte había sido eliminado antes de poder asestar un solo golpe.

Shelain alzó los brazos en señal de triunfo mientras los jueces la declaraban victoriosa. Entonces un grito atronador cortó de raiz el clamor y los aplausos. Balkan se había puesto en pie, con una expresión de absoluto odio en el rostro desencajado.

¡NO! ¡NO VAS A DESTRUIR MI OBRA, PERRA ELFA! ¡NO TAN CERCA! ¡SOIS LOS DEFENSORES PATÉTICOS DE UNA CIUDAD CONDENADA! ¡NI SIQUIERA HABÉIS SABIDO LEER A TRAVÉS DE MI NOMBRE!

Y mientras vociferaba, sus facciones empezaron a… mutar. Sus ojos empezaron a hincharse y crecer, saliéndose de sus cuencas como los de un camaleón deforme, mientras su cuerpo se expandía, creciendo en altura y anchura y su armadura se fundía con su carne para convertirse en una suerte de escamas grisáceas. Su mandíbula se desencajó para revelar varias hileras de colmillos puntiagudos, y sus brazos empezaron a extenderse y prolongarse serpenteando en el aire, mientras sus dedos se fusionaban hasta desaparecer, convirtiéndose en las puntas de dos pseudópodos de más de cuatro metros de longitud. Uno de estos tentáculos salió disparado hacia Shelain, y la elfa, tan absolutamente sorprendida como el resto, lo esquivó por los pelos rodando hacia un lado.

[Aquella sesión terminó así, con el caos desatado de repente y los jugadores flipando en colores, no porque quisiera yo hacer un cliffhanger sino porque ya nos habían dado las cuatro de la mañana… pero la verdad es que me encantó poder cortar justo en ese punto, llamadme malvado mwahahahaha. Los jugadores pasaron la semana absolutamente hypeados, haciendo cábalas y conjeturas, y bastante bastante acongojados. Se temían que aquel Balkan monstruoso no sería un enemigo de pacotilla… y tenían razón.]

Mientras aquello sucedía en los Campos, otra conmoción estalló en las calles del barrio alto, cerca de la catedral. Precisamente en la biblioteca de la catedral se encontraban Adà, Assata y Shahin. Los tres Portadores habían seguido investigando en busca de información sobre las antiguas reliquias alasianas, sabiendo que si lograban dar con ellas quizá les facilitarían su misión. Cuando escucharon el tumulto en el exterior, salieron a ver qué ocurría, y se encontraron con un montón de gente reunida en torno a algo que se encontraba en uno de los canales que cruzaban la ciudad. Al acercarse, vieron que era un cadáver humano, flotando boca abajo en el agua, atascado bajo uno de los puentecillos. Era el cuerpo de un hombre muy grande y robusto. La causa de la muerte era evidente a primera vista: le habían arrancado la parte posterior del cráneo, al parecer mediante la fuerza bruta, dejando ver un hueco ensangrentado y vacío donde deberían haber estado sus sesos. A Shahin no le hizo ninguna falta esperar a que le dieran la vuelta al cuerpo para saber de quien se trataba. Era el cadáver de Balkan el Fuerte.

[Empezar la nueva sesión de esa manera descolocó a los jugadores y desbarató todas las hipótesis que habían estado formulando durante toda la semana…. poniéndoles inmediatamente a formular otras nuevas.]

Y mientras tanto, la aparición de la criatura que hasta hacía unos segundos había vestido el rostro de Balkan había hecho irrumpir el pánico más absoluto entre el gentío. El público gritaba aterrado mientras corría alejándose del lugar de forma despavorida, empujándose y pisándose si hacía falta, mientras los tentáculos de la bestia gigante seguían intentando hacer presa en Shelain. Uno de los largos miembros se enroscó alrededor de su cuerpo, pero la guerrera logró zafarse antes de que la constriñera del todo. Mientras los guardias más cercanos no lograban salir de su asombro, el Ithandir empezó a bajar de dos en dos las largas escaleras del palco, aún sabedor de que la distancia que le separaba del lugar era demasiada.

Otros se pusieron en marcha con la misma rapidez, con la ventaja de encontrarse más cerca por estar contemplando el combate de pie entre la multitud. Tobruk empezó a avanzar contra corriente, maldiciendo mientras intentaba abrirse paso entre la muchedumbre enajenada que corría en la otra dirección. Tarkathios se encontraba viendo el duelo en primera fila, desde el lado opuesto a Balkan, y logró apartar al gentío desenfundando su mandoble. Desde una tarima, Dworkin el gnomo empezó a lanzar conjuros a la criatura-Balkan, y Elian también entró en la lona, con su bastón de mago resplandeciendo intensamente. Sir Alister y su escudero Ealgar también desenfundaron sus armas y empezaron a avanzar entre la multitud, mientras Namat empezaba a pronunciar con voz de trueno plegarias para que Valkar bendijera a los guerreros y Ponto empezaba a entonar una marcha heroica para insuflarles coraje.

Pero la primera en unirse a Shelain en la batalla fue Alaea de Themis-Kar. La amazona saltó con un grito de guerra y hundió su larga lanza en la espalda del monstruo, sin que este pareciera notarlo lo más mínimo. El latigazo de la criatura en respuesta mandó a la mujer guerrera volando un par de metros hacia atrás. Mientras algunos de los guerreros se esforzaban por buscar un resquicio por el que acercarse a la cosa sin ser golpeados por sus tentáculos, Elian recitó unas palabras de poder mientras apuntaba con su bastón a su aliado más cercano, Tarkathios. Estando en la ciudad y en pleno torneo, no había preparado sus conjuros teniendo en cuenta una situación de combate, así que recurrió a la magia de su bastón para improvisar. De repente, el guerrero de brazo tatuado empezó a crecer hasta adquirir una altura y dimensiones parecidas a las de un ogro, lo que le ponía en pie de igualdad con el monstruo-Balkan. Mientras tanto, Shelain se esforzaba por defenderse mientras intentaba denonadamente librar a su espada curva de las telas que la envolvían. En ese momento, una voz gritó su nombre. Era la voz de su padre. Desde las escaleras del palco, el Ithandir había desenfundado a Daerwen, la espada ancestral de la Casa Liadiir. Levantándola por encima de su hombro, la lanzó por los aires en dirección a su hija. Extendió la mano izquierda y algo refulgió en uno de sus dedos durante un instante, y la espada élfica voló por los aires por arte de magia, recta, rauda y certera hacia la mano de Shelain.

[Era la primera vez que la elfa esgrimía la espada de su familia, con lo que fue un momentazo. Aquello además reveló que aparte de una espada mágica, el Ithandir también posee un Anillo de Telekinesis…]

El monstruo-Balkan empezó a verse poco a poco rodeado de guerreros, y aunque la mayoría de sus ataques parecían hacerle poco o nada, no le dejaban centrarse en el blanco de sus iras. Y hablando de ira, de repente se escuchó un salvaje grito de guerra, y un berserker furibundo apareció de entre el gentío, cargando contra Balkan. Gulbrand se lanzó contra la bestia, claramente aliviado de encontrar por fin un blanco aceptable contra el que descargar su rabia homicida, y con un chasquido enfermizo, hundió su gran hacha en la cabeza del ser hasta casi partirla en dos, dejándola colgando de unos jirones de piel. [¡Gran hacha, crítico x3!]. La respuesta de la grotesca aberración fue reirse a través de la cabeza casi cercenada. Se la arrancó como quien se quita una mota de polvo y la tiró a un lado, mientras una cabeza nueva y totalmente diferente, más parecida a la de un cruce entre un lagarto y un gusano, le empezaba a crecer. El hombre del norte dio un paso atrás aturdido, sin dar crédito a lo que veían sus ojos.

A cada instante, la criatura no dejaba de mutar. Cambiaba su cuerpo sin ningún esfuerzo, de maneras sutiles o grotescas, adaptándose a lo que necesitaba en cada momento. Si necesitaba más protección se recubría el cuerpo con escamas duras como el acero. Si necesitaba penetrar una armadura endurecía la punta de sus tentáculos recubriendolas de hueso afilado. Pero aunque el acero y los conjuros parecían hacer poco efecto en él, no era completamente inmune. Shelain logró zafarse de los tentáculos y entrar a distancia de cuerpo a cuerpo, y Daerwen sí mordía bien la carne del monstruo-Balkan. La espada de Tobruk, una hoja élfica hallada en las ruinas del Castillo de Redoran, también afectaba a la criatura, y las espadas de Ealgar y Tarkathios, ambas imbuidas del poder espiritual de sus poseedores, también superaban la resistencia del ser. Poco a poco, y sin dejar de infligir graves heridas a uno y a otro, el ser empezó a recibir un corte aquí y uno allá.

Viendo que ya no necesitaba la ventaja del alcance y que su gran tamaño suponía ahora una desventaja al verse tan rodeado, la cosa encogió mientras acortaba sus brazos y los remataba con unas garras largas y afiladas como navajas que goteaban una especie de veneno ácido. Cambiando de táctica, empezó a dañar a tantos de sus enemigos como le era posible, cortando fácilmente a través de sus armaduras y dejando que el ácido siguiera causando por sí solo su efecto en ellos. Por un momento, los aliados pasaron a verse empujados a la defensiva a pesar de su superioridad numérica, y en aquel instante la batalla estuvo a punto de decantarse a favor de la criatura. Si tan sólo uno de los defensores de la ciudad caía, la criatura pasaría a ser incontenible.

Entonces, un golpe certero y atroz del espadón agigantado mágicamente de Tarkathios hizo que la cosa se tambaleara por vez primera. Casi a la vez, el estruendo de cascos de caballo resonando sobre los adoquines de las calles empezó a escucharse en la distancia: un grupo de Caballeros Protectores galopaba hacia el lugar a toda velocidad, y a la cabeza iba un caballero enfundado de los pies a la cabeza en una armadura escarlata, con una negra capa ondeando al viento. Viendo aquello, el Balkan monstruoso soltó un rugido de pura rabia. Transformó sus piernas en algo parecido a unas gruesas y musculosas ancas de rana, y saltó por los aires a una altura imposible. Fue a aterrizar entre uno de los últimos grupos de ciudadanos que aún se alejaban del lugar, perdiéndose de vista entre ellos.

¡No! ¡No, no, no! -gritó Shelain, intuyendo con el corazón lleno de rabia lo que iba a pasar.

Sir Alister gritó los aterrados aldeanos para que detuvieran su carrera, secundado por los vozarrones de Tobruk y Tarkathios. Lograron que una decena o así de personas frenaran en seco, pero ya era tarde. La cosa había desaparecido entre ellos. No podía haber ido a ningún sitio. Tenía que ser uno de ellos.

Mientras el grupo de guerreros empezaba a avanzar armas en mano para rodear a los estupefactos ciudadanos, ninguno de ellos sabía como actuar. ¿Cual de ellos era la bestia? ¿Como arriesgarse a elegir? Entonces a Dworkin se le ocurrió una idea. ¡Elian, conmigo!, gritó a su compañero, y empezó a recitar las palabras de un conjuro, que instantáneamente fueron repetidas por el mago. Las palabras de sendos conjuros de sueño… un conjuro al que la criatura había resultado ser inmune.

Al instante, con la magia combinada de ambos, uno tras a otro cayeron al suelo, sumidos en un sueño encantado e instantáneo. Tan solo una persona quedó en pie, una rolliza matrona entrada en años y en carnes. Tan pronto como los guerreros dieron un paso hacia ella, la señora se transformó y unas grandes y correosas alas brotaron de su espalda. Saltando en el aire, empezó a batirlas para elevarse, saliendo del alcance de las espadas de los defensores de la ciudad.

¡VUESTROS ESFUERZOS SON EN VANO, HEREDEROS DEL LEÓN! ¡LA LLAMA OSCURA TERMINARÁ LO QUE EMPEZÓ HACE UN MILENIO! ¡NO PODÉIS PARAR LO QUE HA EMPEZADO! ¡ESTA CIUDAD SUCUMBIRÁ A UNA MAREA DE OSCURIDAD!

Entonces Shelain empuñó a Daerwen y la arrojó contra la criatura. La lanzó en línea recta, como si de una jabalina se tratara. La hoja élfica voló como un rayo de plata, y se hundió profundamente entre las alas de la cosa, clavándose hasta la empuñadura, atravesándole el pecho y seccionando cualquier cosa parecida a una columna vertebral que pudiera tener. Lo que había sido Balkan el Fuerte, o fingido serlo, se estrelló contra el suelo con un sonido nauseabundo. Su forma se sacudió con terribles convulsiones durante unos segundos, antes de ablandarse y revertir a lo que sin duda era su verdadero aspecto: un humanoide sin apenas rasgos faciales, de piel translúcida que dejaba ver la red de venas y arterias que recorrían su delgado cuerpo.

Todo había acabado en menos de un minuto. Shelain sacó a Daerwen del cuerpo y la agitó en seco hacia un lado para sacudir el ícor que manchaba su hoja, antes de devolvérsela a su padre, que acababa de llegar a su lado.

Algún día conseguiré ser digna de ella, padre.

El Ithandir no alteró la impasibilidad de su rostro cuando respondió.

Ese día es hoy.

Los caballeros al galope llegaron también entonces, y el Caballero Escarlata frenó a su montura mientras señalaba con su espada roja al cadáver del monstruo.

¡OS LO ADVERTÍ! ¡MALDITA SEA, OS LO ADVERTÍ, Y NO QUISÍSTEIS ESCUCHARME! ¡LO QUE LE OCURRA A ESTA CIUDAD A PARTIR DE AHORA SERÁ SOLO CULPA VUESTRA!

Y se marchó picando espuelas, con la capa negra revoloteando como un cuervo tras él, mientras los valientes que se habían interpuesto entre la monstruosidad y la ciudad de Nueva Alasia empezaban a lamerse las heridas y a dar gracias a los dioses por haber estado de su parte.

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6 comentarios en “Crónicas de Alasia, Libro 2: (XII) Balkan”

  1. ¡¡¡Éeeeeeeeeeeeeeeeeepico!!! ¡Brutal!

    Ejem, quiero decir, bien, muy bien.

    Pero lo que cuenta es que no me equivoqué en apostar por Shelain. Lo de que su adversario fuera asesinado antes del torneo, sustituido por un monstruo cambiaformas súper poderoso y que este fuera el portavoz de un destino apocalíptico para la ciudad y todos sus habitantes son detalles menores que no desmerecen mi ojo de halcón. ¡La porra sigue en pie!

    Además, ahora queda claro que el Caballero Escarlata no está mal de la cabeza. No completamente. Su descalificación, aunque acorde al reglamento, fue en realidad un error que no debió cometerse. ¡Tendrían que dejarle volver a la competición!

    Si se le pasa el nuevo barrunto, quiero decir… Maldito pirado.

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