Crónicas de Alasia, Libro 2: (X) El Caballero del Espino

Cosecha 24

Eadric Tam fue llevado a las tiendas donde se atendían a los heridos. El hombre estaba inconsciente tras su combate con Shelain, y la elfa fue allí para comunicar sus sospechas a los acólitos. Pero nadie había vuelto a ver a Rashid de Belayne desde el final de su combate con Tam. Mientras tanto, en la lona se encontraban dos contendientes que parecían dos caras opuestas de una misma moneda. Nelkur, el semiorco albino, hacía crujir sus nudillos con expectación. Al otro lado, Liotan realizó breves ejercicios de calentamiento antes de adoptar una postura formal y saludar a su rival con una inclinación de cabeza. Nelkur gruñó por toda respuesta. 

[Este fue uno de los combates más tremendamente igualados de todo el torneo. Liotan tenía la clase de monje, con sus habilidades para realizar ataques múltiples, soltar golpes aturdidores y varias posturas de combate , algunas defensivas como la grulla y otras ofensivas, como la mantis. Por otra parte Nelkur era un camorrista (brawler), una clase híbrida entre guerrero y monje caracterizada por su versatilidad en combate, además de ser un tipo muy duro.]

En cuanto sonó la señal, ambos se acercaron mutuamente para iniciar un combate en el que ninguno de los luchadores empleaba más armas que su propio cuerpo. Rápido como una mangosta al enfrentarse a una cobra, Liotan puso los dedos rígidos y los clavó en rápida sucesión en varios puntos clave del cuerpo del semiorco. Este soltó un bufido y a pesar de su evidente fortaleza física, empezó a resoplar al respirar, claramente debilitado. Pero eso no le frenó. Agarró ambos brazos del teabriano con fuerza y se los separó del cuerpo para impedirle atacar. En lugar de intentar soltarse, Liotan saltó en el aire y aún agarrado por Nelkur le asestó dos fuertes patadas a la cara a Nelkur. El semiorco trastabilló hacia atrás, pero siguió imperturbable con su presa, y completó la llave que había iniciado, la misma que había usado para levantar a Grugnir y arrojarlo fuera de la lona. Con un rugido, el semiorco hizo volar al monje, pero increíblemente éste dio una vuelta en el aire, aterrizó de pie sobre las cuerdas que limitaban la zona de combate, y se dejó caer en el interior, adoptando la postura de la grulla al mismo aterrizar. El monje sonrió, y le hizo un gesto con la mano al semiorco invitándole a un segundo asalto. En cuanto Nelkur se acercó, fue recibido con una combinación de puñetazos rematados por una patada giratoria, y aunque bloqueó los dos primeros, el puntapié le impactó en el pecho, otro claro intento del monje para dejarle aturdido. Y de nuevo infructuoso.

Cual oso enfurecido, el semiorco ignoró el dolor para abalanzarse sobre Liotan, que logró evitar que le estrujara en un fiero abrazo por muy poco. Contraatacó con velocidad cegadora, soltando una nueva lluvia de golpes que habrían derribado a un toro a la carga, pero Nelkur resistió. A duras penas. Tambaleándose, con moratones por todo el cuerpo y el labio roto, el semiorco no estaba dispuesto a dejarse ganar, y se estaba reservando las últimas fuerzas que le quedaban para darlo todo en un último ataque. Su manaza izquierda agarró la cabeza de su rival, y con el otro puño le asestó un tremendo directo en la cara. Liotan cayó como un fardo al suelo, totalmente inconsciente.  Nelkur rugió y levantó los brazos en victoria. Los jueces iban ya a declararle vencedor, cuando detras suyo Liotan se agitó en el suelo, y lentamente se puso en pie. Aquello no había acabado aún. Rabioso, Nelkur cargó contra el apaleado monje. Liotan volvió su fuerza contra él. Le volteó por encima del hombro y le arrojó al suelo con fuerza, y nada más estrellarse le remató con un corto y seco puñetazo. El kanthiano no volvió a moverse, y el monje saludó al público con una reverencia cortés. Aunque su rostro era sereno, parecía advertirse en él una cierta satisfacción al derrotar a alguien que usaba las artes marciales de manera brutal y abusiva.

[Los camorristas en Pathfinder tienen, entre otras habilidades, la capacidad de asestar un golpe de noqueo una vez al día. Si la víctima se queda inconsciente por el golpe, tiene derecho a una tirada de salvación un asalto después para ver si recobra el sentido, y eso fue lo que pasó con Liotan. Nelkur estuvo a un tris de hacerse con la victoria, pero los dados finalmente se la dieron al monje. ¡Los villanos tampoco tienen inmunidad de guión! Eso sí, Liotan se vio forzado a gastar muchos de sus recursos diarios para superar ese combate, y en el mismo día había una segunda ronda…]

Otro monje subió a combatir a continuación. Qain’naan, el enoquiano seguidor de la senda del Fantasma Hambriento, se enfrentaba a Kuda, el guerrero kushita, y su larga y exótica arma. Qain había presenciado el combate anterior y sabía que su dominio de las artes marciales quedaba aún muy lejos de lo que se había visto allí, y que el largo alcance de la hacha-lanza del kushita le situaba en clara desventaja, pero a la vez era un reto del que podía aprender mucho. [A diferencia de Liotan, Qain era un monje de nivel 1]. El enoquiano se aproximó despacio y con cautela, intentando buscar un resquicio por el que colarse en el perímetro formado por el arma de Kuda, mientras el otro intentaba bloquear su avance y atacar sin darle oportunidad a su rival de contraatacar. Qain logró evitar que lo mantuviera a raya, aunque Kuda maniobraba para recuperar alcance tan pronto como el monje cerraba el combate. Finalmente, la veteranía de Kuda fue un grado que combinado con el alcance de su arma, fue demasiado difícil de superar para el monje.

Los dos siguientes combates, los últimos de la ronda, implicaban a dos de los Escudos de Piedra. En el primero, Lomborth se enfrentó a Beren, el joven enviado Sarathan. El enano no era el guerrero más movil del mundo, era lento pero también firme como una roca. Detrás de su escudo de roble, aguantó pacientemente todos y cada uno de los embates de su oponente, mucho más ágil. Tras un par de amagos, el discípulo de Dumathoin encontró un hueco en las defensas de su oponente y descargó la parte roma del pico contra sus costillas, poniendo fin al combate.

El último duelo enfrentaba a dos luchadores mucho más igualados, Tobruk y Sir Alister.  El enano tenía la ventaja ofensiva, especialmente cuando desató su furia contenida como si fuera un combate a muerte. El caballero, por otro lado, enfundado como iba en su armadura de placas, tenía la ventaja defensiva. Sin embargo, en el estado enajenado en el que se encontraba Tobruk, parecía imparable. Era como si apenas sintiera los golpes que su rival le asestaba, como un tejón acorralado. [Mientras está en furia, Tobruk ignora 2 puntos de daño de cada ataque… que pasan a ser 4 si es daño no-letal. Eso le daba una ventaja gordísima en el torneo, claro]. Sin embargo, por cada golpe que asestaba, el caballero le propinaba tres. El combate fue largo, muy largo, ya que ninguno cedía un ápice ante el otro, y sus espadas chocaban y sus escudos retumbaban. Llegó un punto que ambos estaban tan molidos que estuvo claro para todo el público que el primero que asestara un golpe sólido se haría con el combate. Y finalmente, aunque cualquiera de los dos pudo haber sido el vencedor, Tobruk fue el último que quedó en pie.

Los jueces empezaron a anunciar a los luchadores que llegaban a los cuartos de final – Konrad, Balkan, Alaea, Shelaiin, Liotan, Kuda, Lomborth y Tobruk-, una algarabía estalló proveniente de intramuros. La gente empezó a murmurar, y pronto empezaron a llegar cuchicheos a la zona de los combates. ¡Un caballero! ¡Ha llegado un caballero más para las justas! Viendo que una multitud se estaba agolpando en las calles de la ciudad, varios de los participantes se acercaron a echar un vistazo.

Efectivamente, un caballero solitario avanzaba por la avenida principal a lomos de su gran corcel, y ofrecía una estampa tan imponente como peculiar. Iba enfundado de los pies a la cabeza en una armadura completa ornamentada con grabados e intrincadas espirales, hecha en algún tipo de metal de color verdoso, como si fuera bronce muy viejo, pero de un verde más intenso. En los hombros y las articulaciones se veían sobresalir  cortos pinchos, como si de espinas se tratara. Llevaba la cabeza cubierta por un yelmo completo de visor cerrado, que ocultaba su rostro, y coronado por unas grandes astas de ciervo. Su corcel, de pelaje gris oscuro, iba cubierto con unas bardas del mismo tono verdoso, y de un costado de la silla colgaba un hacha enorme de un solo filo, del mismo metal que la armadura. La lanza del caballero parecía tosca y poco trabajada, como si hubiera crecido de aquella forma en lugar de haber sido tallada. El caballero misterioso no habló con nadie durante su paso por las calles, pero al poco tiempo la muchedumbre ya le había puesto un apodo: el Caballero del Espino.

Lomborth, que contemplaba al recién llegado, no supo identificar el material del que estaba hecha la armadura del caballero, pero de una cosa estaba seguro: aquello no era ningún metal. Y el caballero no había entrado por la Puerta del León, de lo contrario habría llegado a través de los Campos de Dorvannen donde tenía lugar el torneo. Preguntando a la multitud, se enteró de que el Caballero del Espino había llegado a través de la Puerta del Oeste, que daba al camino que conducía hacia el sur, pasando por Lindar y Durham… o al viejo camino del Bosque, que conducía derecho a Wilwood.

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Ilustración de Matthias Verhasselt.

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11 comentarios en “Crónicas de Alasia, Libro 2: (X) El Caballero del Espino”

    1. Pues la verdad es que nunca nos lo hemos planteado… las cámaras me dan bastante respeto y me preocuparía que la actitud y el roleo de los jugadores se viera alterado al saber que están siendo grabados. Pero es una opción que hablaré con el grupo, a ver qué les parece la idea.

      Sobre el sistema, cuando empecé la campaña era 2008, y la hice para Pathfinder porque la 4ª Edición no me gustó para nada. Cuando 5ª salió ya llevábamos bastante tiempo de campaña, y cambiar de sistema todo el material que tengo escrito es un montón de curro que ahora mismo no me compensa. Sí que es verdad que si la empezara ahora no sería el juego que elegiría, y más de una vez he fantaseado con cambiar de sistema a uno más ágil, y así lo he consultado con el grupo. Si hubiera habido un clamor a favor del cambio lo hubiera hecho a pesar del faenón, pero la gran mayoría ha optado por seguir con Pathfinder, sobre todo por la gran cantidad de opciones que existen para crear los personajes. Así que al menos por el momento, en Pathfinder se queda.

      Ya veremos qué ocurre ahora que la 2ª edición de PF está al caer…

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  1. ¡Tobruk! ¡Mecachis en la mar! ¡Mira que ganar por la mínima! Pues, estaba convencido de que Sir Aliser le vencería sin dificultad.

    Está claro que los Escudos son duros, duros como rocas, enhorabuena.

    Y el combate de Liotan vs Nerkur, también mucho más reñido y ajustado de lo que yo esperaba, pero al menos, no ganó ese orco cabrón.

    Le gusta a 1 persona

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