Palabra de Kuntz: El Hechizo Descontrolado

Hoy Kuntz retoma la palabra para contar una de las hazañas de su personaje más conocido, el guerrero Robilar. Esta batallita no sólo demuestra el tipo de empresas y chanchullos a los que se dedicaban los jugadores de la más vieja escuela, sino también su capacidad y buena disposición a jugar contra los intereses de su propio personaje si el transcurso de la partida así lo indicaba. Se trata una vez más de la distinción (quizá sutil, quizá no tanto) que ya comentaba Gygax en un artículo anterior entre interpretar a un personaje o asumir su papel. A pesar de lo que se insinúa al final de la historia de hoy, Kuntz no regresaría a las páginas de la Dragon para contar más anécdotas desde su punto de vista, y los cuatro artículos restantes de esta serie los firmó Gygax.

El Hechizo Descontrolado: Las Andanzas de Robilar, por Rob Kuntz

La campaña original de GREYHAWK tuvo muchos participantes, el menor de los cuales no era el poderoso Lord Robilar, interpretado por mí mismo.  La afición de Robilar: someter a dragones y saquear sus guaridas.

Aunque prefería a los dragones verdes, Robilar también los buscaba de otros tipos. Tal fue el caso cuando sometió a una gran dragona blanca. Al no tener espacio para ella en su castillo, Robilar decidió venderla a buen precio en la Ciudad de Greyhawk.

Al no encontrar comprador para el dragón, Robilar maldijo su memoria. “¡Ah! Quizá el notorio Mago de la Torre estará dispuesto a comprar la bestia.”

Robilar llamó a la puerta principal del mago con su mano enfundada en un guantelete y y dirigió sus gritos al balcón del segundo piso durante varios minutos. Finalmente, el aprendiz del mago apareció, aparentemente perturbado, en el balcón. Robilar inmediatamente ordenó al hombre que fuera a buscar a su maestro para negociar con él la posible compra de aquel dragón de allí. Enfurecido al ser tratado de una manera tan degradante, el aprendiz lanzó un conjuro de encantar persona a Robilar. Sin que el mago lo supiera, Robilar siempre llevaba puesto un anillo de devolver conjuros. El hechizo fue reflectado en su mayor parte de vuelta al aprendiz. Sin embargo, ambos objetivos fallaron sus tiradas de salvación.

Como cada participante ahora veía a su anterior antagonista como a su amigo más preciado y de confianza, lo que siguió fue, a ojos de Gary (que dirigía esta aventurilla), realmente hilarante.

Brujo: “Sí, estaría dispuesto a adquirir tu dragón, mi buen amigo. Digamos… ¿50.000 oros? ¿Es suficiente con eso?

Robilar: ¡Paparruchas! Eres demasiado amable, incluso para un amigo; y la bestia no es más que un triste ejemplo de su especie.  Digamos… ¿750 de oro? ¿Es demasiado?

Brujo: ¡No! ¡No! ¿Crees que es mi cumpleaños? ¡Nunca te permitiría aceptar menos de 55.000 oros por el escupidor de escarcha, que parece ser un espécimen ejemplar de su raza!

Robilar: “¡Debes creer que hoy es el aniversario del día en que nos conocimos! Soy un aventurero en busca de riquezas, claro está, pero tu generosidad fuerza los límites incluso de mi avaricia. Tan sólo deseo 500 monedas de oro por esa asquerosa sierpe. Es justo, ¿no?

Brujo: “¡Ciertamente ese precio es tan bajo como para resultar insultante para ambos! ¡La torre de mi maestro rebosa de riquezas! Y le recuerdo mencionando hace muchos meses que necesitabamos un dragón. Aprovéchate de esos hechos, amigo mío, y acepta las 60.000 monedas de oro que te ofrezco ahora!”

En ese momento, la porción menor del hechizo que había afectado a Robilar se disipó, y como si despertara de una ensoñación, respondió a la última oferta del aprendiz accediendo a ella inmediatamente.

Embargado por la alegría, el aprendiz le dio la espalda a Robilar y corrió al interior de la torre, gritando “¡Maestro! ¡Maestro! ¡He hecho una espléndida compra para vos!”

Se escuchó el intercambio de palabras apenas perceptibles pero cortantes y luego Robilar escuchó un “¡Imbécil!”, seguido por un audible sonido restallante y un gemido. Momentos después, el Mago de la Torre apareció en el balcón, armado con un bastón y con su aprendiz siguiéndole, este último frotándose la cabeza y trastabillando un poco.

El Mago se inclinó sobre la barandilla hacia Robilar. “Ah, Lord Robilar. Veo que tu anillo sigue funcionando”. Miró de reojo a su aprendiz y añadió: “Al menos con los bufones”.

Cuando todo estuvo dicho y hecho, Robilar había aceptado una oferta de 5.000 monedas menos de lo que estaba pidiendo por el dragón.

Aunque Robilar había salido ganando de ese encuentro, había ido muy justo. De no haber sido por un hechizo descontrolado a su favor, habría perdido mucho en su intento. Más tarde casi perdería la vida y a su asociado más cercano, Otto, durante un encuentro con otro hechizo descontrolado, pero esa es otra historia.

 

2 comentarios en “Palabra de Kuntz: El Hechizo Descontrolado”

  1. Yo pensaba que sabía lo que era un “hechizo descontrolado” hasta nuestra nueva campaña de Clásicos del Mazmorreo. Para uno de los conjuros principales del mago, este obtuvo un resultado de “efecto secundario (magia proteica): cada vez que lo lances, un conocido tuyo, al azar, morirá instantáneamente”.
    .
    En fin, nada que no pueda solucionar una tonta caída por las escaleras. O un poco de veneno en la cena.O ser atropellado por una manada de ñus enloquecidos.
    .
    Dos veces. Por si acaso.

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    1. ¡Joer, justo ese efecto protéico tenía el mago de mi grupo en su Manos Ardientes! ¿Crees que eso le impidió usarlo? 😒 Por el blog andan las entradas en las que narro el paso de ese grupo por Marineros del Mar sin Estrellas, por si quieres más detalles…

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