Crónicas de Alasia, Libro 2: (II) El Mejor Arquero de Alasia

Cosecha 21

Los arqueros ya se estaban alineando en sus posiciones, en el verde campo que se había acondicionado para celebrar el concurso de tiro con arco. Sarthorn participaba en la prueba en nombre de los Escudos de Piedra. Las reglas dictaminaban que todos los participantes tiraran con los largos arcos que se empleaban en la región, algo que iba en detrimento del veterano ballestero, pero el enano confiaba en su puntería. Shelaiin se había inscrito también. Su fuerte era el cuerpo a cuerpo, pero la elfa era una guerrera adiestrada y dominaba el arco que tanto gustaba a su pueblo. Parecía muy concentrada, y de vez en cuando su mirada se iba de reojo a los palcos. Otro elfo participaba también, Quarion, el único de los compañeros de Jack Morden que no estaba buscado por las fuerzas de la ley. De los Portadores del Amuleto sólo se había inscrito Shahin, dispuesto a probar suerte a pesar de saber que no podría usar su mejor baza, la magia. En todas las pruebas, lord Selwyn había declarado: “No está permitido pronunciar ensalmos ni recitar conjuros, encantamientos y sortilegios, así como rezar de viva voz a los dioses pidiendo su intervención. Hacerlo conllevará la descalificación inmediata”.

[Probablemente os habréis dado cuenta de que esta formulación de las reglas permite a un personaje avispado y con pocos escrúpulos encontrar maneras de incumplir el espíritu de la ley mientras mantiene a rajatabla la letra…]

Percival y Deornoth participaban, usando los arcos que la ciudad prestaba a quienes carecieran de uno propio, a la espera de ser llamados para prestar declaración oficial. De entre los aventureros menos curtidos, también se encontraban en la línea de tiro Thaena, la alta mujer korrwyf con sangre de gigante, Beren, el jinete Sarathan, y Tarkathios, el guerrero kurathi de brazo tatuado.

No todos los arqueros eran tan conocidos en la región, pero Deornoth y Percival reconocieron al momento a uno de ellos. Un individuo de tez cetrina con el pelo recogido en una coleta en la nuca tensaba su arco tentativamente, con una expresión desdeñosa en la cara. Había sido anunciado como Idrian de Kanth, miembro de la delegación que había llegado unos días antes para representar la bandera de Koran Kharr, el Tirano de Tiphris. Los dos jóvenes sabían que esa “delegación” tenía otros planes además de dejar en buen lugar el pabellón kanthiano en el torneo, pero ignoraban cuales eran. A su lado se encontraba Hedger de Casterton, un enclenque anciano de rala barba blanca y cubierto con un sombrero de paja, que masticaba una brizna de hierba mientras entrecerraba un ojo intentando medir la distancia hasta la primera diana. Más allá se encontraba Kelson Caminante Oscuro, un montaraz medio elfo que formaba parte de otro grupo de aventureros que merodeaba por las Tierras Reclamadas, y con quienes los Escudos de Piedra se habían topado una vez durante sus cacerías de cerdos. Junto a él se encontraba Jon Barleyman, un granjero de las inmediaciones de Nueva Alasia, algo rotundo pero ancho de hombros, que se había decidido a probar suerte.

Otro lugareño que se había inscrito era Adam Markbrand, un veterano cazador de Lindar, que participaba con su propio arco negro. La barba del hombre tenía ya más canas que pelo castaño, y su ojo izquierdo se veía algo enturbiado por las cataratas, pero todos sus gestos indicaban que era un tirador experto. En comparación, Redmond Longbow, un joven y rubio ardenio, parecía casi un niño, aunque según se decía había formado parte de los arqueros del ejército del rey Alexander de Castlemere. Los últimos dos participantes eran los más exóticos con diferencia entre los recién llegados. Uno de ellos era un sûlita, que había sido presentado como Rashid del Castillo de Belayne. Tenía el cabello rizado corto y la barba recortada en forma de perilla, y su expresión era adusta y severa, con cara de pocos amigos. La otra era una mujer, Alaea de Themis-Kar. Vestía con una armadura de cuero y pieles bellamente curtidas, y llevaba el largo cabello rubio oscuro sujeto por varios pasadores de marfil, y en su rostro mostraba la expresión de una luchadora nata. Se comentaba que era una Thairin, una de las legendarias mujeres guerreras de las islas del Mar de las Estrellas. Solo los Escudos de Piedra sabían que uno de aquellos contendientes era en realidad el proscrito Jack Morden, atraído por el premio del concurso, una flecha de plata que podría ser un antiguo icono sagrado de la Vieja Fe.

Sonaron las cornetas, marcando el inicio del concurso. Éste constaba de tres fases diferenciadas. En la primera, cada arquero disparaba tres flechas contra dianas estáticas, cada una más lejos que la anterior. La primera se encontraba a cien pies de distancia, la segunda a doscientos y la tercera a trescientos. La puntuación se basaba en lo cerca que se encontraba cada flecha del centro de la diana. Era claramente una fase pensada para ir a buscar puntos, en la que los mejores arqueros podían empezar a destacarse por encima de sus rivales. Ninguno de los participantes hizo un mal papel, aunque Percival demostró que el arco no era realmente lo suyo, y quedó patente que Jon Barleyman no tenía la menor posibilidad de ganar el concurso, aunque el granjero parecía divertirse tan sólo participando. Ambos elfos destacaron, junto a Sarthorn, Beren, Shahin, Hedger de Casterton, Kelson, Rashid,  y Adam Markbrand.

[A esas alturas, la cosa estaba realmente reñida. Para la especial ocasión, habíamos llevado un proyector, ya que había configurado varias páginas web para contabilizar la puntuación de los diversos eventos y las íbamos pasando en pantalla grande. La primera fase del concurso no exigía decisiones por parte de los jugadores, pero eso cambió en las dos restantes.]

Para la segunda fase, los arqueros también disponían de tres disparos a esas mismas distancias, pero en aquella ocasion, las dianas se habían instalado en péndulos oscilantes, que se balanceaban a distintas velocidades. Cada arquero podía tirar de manera conservadora, apuntando al más lento, pero apuntar a blancos más rápidos multiplicaba progresivamente los puntos obtenidos.

[Aquí tocaba gestionar el riesgo, y apostar a un tiro difícil o ir a por una puntuación moderada pero casi segura. Cada PNJ tenía sus propias dotes y habilidades, haciendo cada que cada uno de ellos fuera mejor en unas pruebas que en otras. Por supuesto, las tiradas de los PNJs las realizaba en abierto y a la vista de todos, con lo que los jugadores podían valorar de manera aproximadamente cuales de sus rivales eran mejores con el arco. La competición era dura, pero los PJs contaban con las ventajas de su Fama, y más de uno se gastó algunas de sus repeticiones de tiradas ya en el primer evento.]

La mayoría de los arqueros fueron a jugarse el todo por el todo, apuntando a la diana más rápida de todas, aunque a trescientos pies la dificultad de un buen disparo era sumamente elevada, y algunos optaron por asegurar el tiro. Shelaiin fue la primera en dar en el centro de la diana en uno de tales disparos, ganando la aclamación del público. A Adam Markbrand, que parecía acostumbrado a abatir presas desde bien lejos, la distancia no le supuso tampoco un gran obstáculo, aunque hizo algunos disparos flojos que le hicieron maldecir a su ojo malo. Por su parte, al ver que la dificultad escalaba, Shahin decidió cumplir las reglas del juego… o al menos su letra. Canalizando algo de su magia de manera silenciosa al arco, realizó un disparo con precisión sobrenatural, sin que ninguna manifestación visible le delatara. Sin embargo, recordó las enseñanzas del Ithandir Sovieliss, que le estaba instruyendo en no usar la magia como muleta en los combates, y decidió no volver a repetir el truco.

La última fase del evento se realizaba en el extremo más alejado del prado, donde crecía el árbol más alto de toda la ciudad. Se trataba de un inmenso fresno de ramas frondosas, entre las cuales se habían colgado pequeños objetos y dianas a diversas alturas. Cuanto más altos estaban menos se veían, ocultos entre el follaje y las ramas. A cada participante se le entregó un carcaj repleto de flechas romas, con plumajes de colores distintos. Cada arquero ganaría puntos según el número de objetos que consiguiera abatir en un tiempo determinado, incrementándose el premio según la altura del objeto. El número de objetos colocados a cada una de las cinco alturas era limitado, así que no contaba únicamente la puntería sino también la rapidez y el buen ojo para elegir objetivo.

[Los objetos a baja altura podían ser disparados a bocajarro, pero daban la puntuación base. Cuanto más arriba, más dificiles de impactar no solo por su mayor Clase de Armadura sino también porque el ramaje ofrecía cada vez un mayor porcentaje de ocultación. Los arqueros disponían de 6 asaltos para abatir tantos objetivos como pudieran. En lugar de disparar, tenían la opción de emplear un asalto buscando una mejor linea de tiro o un objeto más descubierto, con lo que si superaban una tirada de Percepción podían intentar abatir un objeto al asalto siguiente como si estuviera a dos alturas por debajo. Factores como la iniciativa, la percepción, las dotes como disparo rápido, y las decisiones tomadas eran cruciales en esa parte de la prueba. Este «juego del árbol» está basado en las prácticas de algunas tribus nativas americanas, que lo empleaban para entrenar a sus jóvenes en el uso del arco.]

Sonó la señal, y los arqueros empezaron a rodear el fresno en busca de los objetivos más jugosos. Hedger de Casterton apuntaba siempre a lo más alto, y pocas veces fallaba. Kelson demostró ser un tirador excepcionalmente rápido, aunque cuando apuntaba a objetivos difíciles la precisión sacrificada le hizo perder algunos puntos. Rashid sabía apuntar siempre a los objetivos más estratégicamente viables, y rara vez fallaba, subiendo bastantes puestos en el marcador. Quarion y Sarthorn parecían competir entre ellos más que con el resto de participantes, y Shelaiin, silenciosa y torva, no se dejaba distraer por nada, usando su entrenamiento y concentración como guerrera con gran efecto. Beren, Idrian, Alaea y Shahin no lo hicieron mal en esta ronda tampoco, mientras que Redmond Longbow estuvo lento y no tuvo demasiada suerte. Y a estas alturas ya, Barleyman disparaba siempre a lo más alto, sabiendo que solo la fortuna más descarada podía darle un buen puesto en el concurso.

Cuando la arena del reloj se agotó y los jueces dictaminaron el final de la prueba, el público enmudeció. Habían presenciado una exhibición de arquería impresionante, y era realmente complicado intuir quien había podido quedar en primer lugar. Cuando los jueces hablaron, la tensión se palpaba en el aire.

[Y en la mesa de juego también. El recuento final no lo pasamos en pantalla, sino que lo hicimos aparte y lo declaré en voz alta… con un montón de jugadores expectantes haciendo sus porras.]

En quinto lugar del concurso de arqueros del Torneo de Roca Blanca… ¡Quarion el elfo! 

En cuarto lugar, ¡Adam Markbrand, de Lindar!

En tercer lugar, ¡Rashid del Castillo de Belayne!

En los dos primeros puestos, ¡Hedger de Casterton y Shelaiin Liadiir!

Y el mejor arquero de las Tierras Reclamadas, por tan sólo un punto de diferencia, es… ¡SHELAIIN DE LA CASA LIADIIR!

El público estalló en aplausos, aunque la elfa parecía tan seria y orgullosa como siempre. Miró a los palcos, donde su padre, el Ithandir, se encontraba. Era un primer paso para ella. Hedger se acercó a ella y le hizo una gran reverencia, felicitándola por su puntería. Shahin, que se encontraba cerca, vio que ante eso, su compatriota sûlita, Rashid, lanzaba una mirada acerada al viejo que había quedado en segundo lugar. Posiblemente se tratara simplemente de celos o rabia por verse superado, pero el magus tomó buena nota de ello.

[El torneo es una oportunidad inmensa para ganar enormes cantidades de Fama e incluso Honor, ya que los ojos de gran parte de la población están puestos directamente sobre los participantes. No sólo ganaron una cierta cantidad de Fama los cinco primeros en función de su posición, sino que cada participante que demostrara algún talento especial -una dote relacionada, por ejemplo- o un disparo especialmente notorio, como hacer un tiro perfecto o partir una flecha anterior también rendía Fama. De hecho, los jugadores tenían la opción de ir a lucirse, aceptando una penalización a sus disparos a cambio de ganar Fama si les salía bien.]

Los ganadores del concurso de arqueros, como los de todos los eventos del torneo, serían coronados el último día de los festejos, y sería entonces cuando se haría entrega de los premios. La flecha de plata tendría que esperar hasta entonces, pero los Escudos de Piedra sabían que, fuera cual fuera su disfraz, Morden no había ganado el concurso. Sin duda aquello complicaba los planes del proscrito, aunque quizá la victoria de la elfa le había salvado de una encerrona ineludible. Deornoth y Percival, por su parte, observaron la reacción del kanthiano. Había hecho un buen papel, pero no había quedado entre los primeros puestos. No parecía satisfecho cuando se reunió con sus otro cinco camaradas. Por su parte, Alaea de Themis-Kar miró apreciativamente a Shelaiin, al parecer complacida de que fuera otra mujer la que se hiciera con el premio.

Fuera como fuera, había llegado la hora del banquete, y todos los participantes se estaban dirigiendo ya a las largas mesas al aire libre. Muchos tenían que reponer fuerzas y cargarse de energías. La gran Carrera de Cathalien se celebraría aquella misma tarde, y todo presagiaba que sería un evento aún más espectacular que el concurso de arquería… y más peligroso también.

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11 comentarios en “Crónicas de Alasia, Libro 2: (II) El Mejor Arquero de Alasia”

  1. ¡Ah! Habría perdido mis 10 piezas apostadas por los enanos… pero es que ese Hedger parece buen tirador. Me huelo que será la fachada de Jack Morden, pero sería incluso mejor que fuese solo eso, un simple viejo que mordisquea una brizna de paja mientra tira con arco. ¡Grande!

    ¿Para estos saraos has reunido a todos los jugadores de los diferentes grupos al mismo tiempo?

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    1. Efectivamente, y esa fue una de las razones por las que nos costó tanto poder empezar a jugarlo… ¡cuadrar agendas ha sido un locurón! Luego, en sesiones sucesivas después de la maratoniana inicial, ya ha dependido más de qué personajes estaban apuntados a qué eventos.

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  2. ¡Sucios elfos zarrapastrosos! como enano, me hubiese negado a participar en un concurso en el que lo único que se premia es la cobardía de una raza acostumbrada a poner distancia entre sus adversarios, en lugar del honor de un buen duelo a puñetazos XD.

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    1. —¡SEGURIDAAAAAAAAAAAAD! Sacad de aquí al enano borracho este. Metedlo en la tina de agua, a ver si lo espabiláis.
      —Mira que intentar beber de la Copa del Campeón del Torneo…

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