Palabra de Kuntz: El PJ Aburrido

Como ya avisaba Gygax en el artículo anterior, hoy tenemos el primero de los escritos firmados por uno de sus colegas más antiguos, el que fuera su propio DM: Rob Kuntz. Kuntz nos cuenta lo que puede pasar cuando los jugadores se aburren en un mundo abierto y con total libertad para ser explorado a placer. Si no encuentran la aventura, la van a crear ellos mismos… ¡aunque sea enfrentándose a otros jugadores! En efecto, a pesar de que los juegos de rol desde siempre se han considerado dotados de un fuerte componente de juego en equipo, aquí tenemos uno de los más tempranos ejemplos de “Jugador vs. Jugador” en D&D. El estilo de juego de los antiguos días, completamente sandbox aún antes de que se popularizara el término y con numerosos jugadores implicados, en el que los PJs a menudo terminaban labrándose y dirigiendo un dominio propio, permitía que se dieran escenas como la que vais a leer a continuación. 


El PJ Aburrido: Tropelías de los Primeros Días, por Rob Kuntz

Los jugadores de GREYHAWK eran un grupo diverso, pero uno de los más imaginativos era mi hermano, Terry Kuntz, quien llevó al menos tres PJs durante su temporada como aventurero, incluyendo a su tercer y más notorio personaje, el Monje sin Nombre.

Habiéndose aburrido de sus alrededores y de sus aventuras actuales, el Monje se lanzó a errar por el campo, buscando intrigas aquí y allà. Durante su vagabundeo, se topó con las tierras y dominios de otro PJ, los de Ayelerach el guerrero, interpretado por Mark Ratner. Mark había esculpido las tierras y riquezas de Ayelerach de tal manera que esas tierras le estaban rindiendo riquezas a un buen ritmo, algo de lo que el Monje, al verlo, tomó buena nota y formuló un osado plan. ¡Iba a extorsionar al Barón de aquellas ricas tierras!

Sus exigencias al Barón fueron transportadas por ardillas con las que el Monje había entablado amistad: ¡minúsculas notas contando sus planes de causar estragos en las tierras de Ayelerach si no se le entregaba por adelantado la irrisoria suma de 25000 monedas de oro en gemas! Ayelerach se rió abiertamente de esas demandas pero en secreto dispuso una reunión con sus capitanes a fin de  diseñar un plan para encontrar y matar al Monje. Todas esas reuniones, de las que se produjeron muchas, fueron espiadas por los diversos animales ahora al servicio del Monje.

Así empezó la destrucción que el Monje había ideado. Los campos se sembraron de sal; los recaudadores de impuestos emboscados y su dinero robado; el ganado dispersado en la noche; los mercaderes asaltos y desvalijados; y los edificios quemados. Aún así el Monje no mató a nadie, ya que se consideraba un ladrón pero no un asesino.

Ayelerach intentó contrarrestar estas incursiones, pero en cada caso llegó demasiado tarde para hacer mucho más que presenciar la desolación infligida por el Monje. Tras muchos días de semejante actividad, Ayelerach formuló un plan arrollador; y por aquel entonces ya había deducido que le estaban espiando. El plan exigía grandes cantidades de personal organizadas para realizar un barrido a la región. Para ello contrató a mercenarios adicionales, armó a unos cuantos campesinos locales, y vació la guarnición de su fortaleza.

El barrido tuvo éxito en hacer salir al Monje, y ya que la línea de hombres no daba oportunidad a que el Monje les flanqueara, se vio empujado a un río cercano. Ayelerach rebosaba de alegría mientras la trampa se cerraba en torno al Monje, al que ahora podía divisar. El Monje deliberó durante un momento y luego saltó al torrente. Allí entró en un estado catatónico y meramente flotó rio abajo y finalmente se perdió de vista. Ayelerach se quedó lívido y derrotado. No había reparado en gastos durante los últimos días en su intento de eliminar a su antagonista. Pero en su desesperación, ahora ya sopesaba sus gastos recientes contra la extorsión exigida por el Monje.

Aquella noche Ayelerach salió a su balcón y gritó a la oscuridad, donde sabía que acechaba el Monje con sus confederados animales. En resumidas cuentas, cedería a las exigencias del villano. Aquello empezó una serie de mensajes por ardilla exprés en los que el Monje indicaba el momento y lugar de su encuentro. Las gemas fueron depositadas en un zurrón de cuero y colocadas, a plena luz del día, en medio de un cambo entre dos zonas boscosas. Si había el menor signo de trampas, indicaba el Monje, continuaría con sus destrozos en las tierras del Barón a modo de justo castigo.

El momento acordado llegó, y Ayelerach depositó las gemas y se retiró rápidamente a los bosques donde su clérigo y su mago le esperaban, y rápidamente lanzaron varios y útiles conjuros sobre el furioso guerrero. Pero mientras Ayelerach esperaba, un halcón apareció desde lo alto y se lanzó en picado a agarrar el zurrón. Entonces voló hacia el otro bosque donde fue recibido por el satisfecho Monje. Ayelerach maldijo mientras cargaba hacia delante, pero el Monje ya estaba huyendo de las tierras del Barón.

El Monje, siempre aburrido, pronto volvió a intentar lo mismo con un sumo sacerdote malvado, pero se vio obligado a huir ante los no-muertos del PNJ, que le buscaban incansablemente de uno a otro confín. El sacerdote se ofendió tanto ante tamaño ultraje que asignó a un vampiro para que diera caza al Monje, asegurándose de que el Monje no pudiera beneficiarse de su perfidia.

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4 comentarios en “Palabra de Kuntz: El PJ Aburrido”

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