Desafío de los 30 Días, Día 13: Videojuegos

Videojuegos… Siendo sincero, los habré jugado a cientos, y aunque realmente no considero que me hayan influido directamente en mi manera de rolear o a la hora de adaptar argumentos, sí que muchos de ellos me han marcado de alguna manera u otra. Supongo que todo lo que experimentamos ayuda a formarse en ideas y gustos, y los videojuegos no son la excepción.

En mis años mozos, buena parte de mi tiempo libre se iba entre los libros y mi ZX Spectrum+, esa maravilla de 64 k. No hay nada más fascinante que estar esperando media hora a que cargue un juego desde la cinta entre chirridos estridentes para, cuando por fin va a aparecer la pantalla del menú, ver el mensaje más temido de todos: TAPE LOADING ERROR. A rebobinar y vuelta a empezar. A veces daba tiempo a leerse libros enteros… Supongo que el hecho de que la mayoría de los juegos fueran copias de copias de copias a base de doble pletina no ayudaba demasiado, pero era lo que había. Al menos las tardes de videojuegos solían ser eventos sociales, ya que al no haber perras para recreativas la salita del Spectrum en casa de mis abuelos se convertía en un arcade para la chavalería de mi entorno. De esa época -en la que no existían lo de “guardar la partida” y había que pasarse los juegos del tirón- guardo buenos recuerdos de clasicazos y de otros apenas conocidos por aquí. Mi mayor logro del momento, una hazaña que nadie de mis conocidos pudo emular jamás, fue pasarme el Camelot Warriors de Dinamic Soft. Así, a pelo, sin trucos, trampas, pokes ni cargadores… rodeado de hermanos, primos y amiguetes que no se atrevían a decir ni mu no fuera que después de tanto rato perdiera la última vida y se fuera todo al carajo.

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Camelot Warriors. 10 vidas no son suficientes, creedme…

Con el Gauntlet, sus secuelas y sus clones, uno de mis primos y yo jugando en tandem llegamos a fundir la membrana del teclado de las mazmorras que llegamos a petarnos una tras otra. Yo siempre llevaba al elfo, los arcos siempre me han tirado mucho (¡chistaco!) y me parecía el personaje más enigmático de todos, sobre todo al ser una época pre-tolkien en la que no tenía ni pajolera idea de qué era un elfo. Le faltaba el encanto de la recreativa con su voz artificial repitiendo machaconamente “GREEN ELF IS ABOUT TO DIE”, pero nos divertía igual, y sin echar monedas.

Gauntlet… cuando aún pensaba que esa palabra debía significar algo épico.

La lista de juegos de la época es interminable, pero algunos destacan en mi memoria de forma notable. Sir Fred era uno de mis grandes favoritos, un juego de dificultad endiablada por lo milimétrico de los saltos y demás que en la época permitía una variedad de acciones apabullante como nadar, saltar, duelos de esgrima, tiro con arco, arrojar piedras… y además el contenido de las salas del castillo variaba aleatoriamente con cada nueva partida, dentro de una serie de configuraciones predeterminadas. La leche.

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Sir Fred. Pasar de la primera pantalla ya era un reto.

Otro que fue brutal para la época fue el Ranarama, un juego en el que llevabas a un aprendiz de mago convertido (como no) en rana, y que debía sobrevivir en un dungeon laberíntico y plagado de enemigos utilizando diferentes tipos de hechizos -ofensivos, defensivos, de efecto, y demás-, teniendo que encontrar runas para aprender nuevos hechizos y gestionar tu poder mágico con mucho cuidado. Es uno de los pocos juegos de entonces cuya jugabilidad me ha parecido intacta y adictiva al probar los remakes actuales.

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Único en su género… si no lo habéis jugado, probadlo. Hay remakes.

Otro juego que me marcó, aunque lo descubrí un poco después de empezar a jugar a D&D, fue el Master of Magic, una joya casi desconocida ahora y entonces, una aventura mazmorrera en la que llevabas a un tipo del siglo XX que era transportado a un dungeon por un mago para recuperar su amuleto en su nombre. El juego tenía gráficos rudimentarios, pero explorabas una mazmorra que se iba mapeando al avanzar, reuniendo un inventario a gestionar y luchando -o huyendo desesperadamente- de los enemigos que iban apareciendo. Una experiencia increíble, que contenía cosas como la “Potion of Orcanium Intellect”, que después de muchas dudas acabé probando y descubriendo que te reducía la inteligencia al nivel de un orco. D’oh.

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Minimalista es poco decir, pero era una experiencia dungeonera increíble.

¿Y qué decir del mítico Knight Lore? Un juego en unas avanzadas pseudo-3D, secuela del no menos mítico Sabre Wulf, en el que el protagonista, con su inconfundible salacot, entra en un castillo de un mago y sufre la maldición del hombre lobo, con lo que tendrá que recorrer las salas llenas de trampas y guardianes de una dificultad brutal para reunir los objetos necesarios para el hechizo que le salvará y echarlos en el caldero del mago. El juego era novedoso también por incluir ciclos de día y noche, y mientras de día el protagonista era normal, al llegar la noche sufría una espasmódica transformación en hombre lobo. El cambio era estético, pero molaba un montón y si te pillaba el cambio en una situación delicada, adiós. Pero lo que más me molaba del juego era el ambiente que desprendía, misterioso y mágico.

Cuando los juegos eran jodidos, pero jodidos de verdad…

Hay muchos más: los dos juegos titulados Barbarian -que no podían ser más distintos uno de otro-, la saga del Magic Knight -Finders Keepers, Spellbound, Knight Tyme y Stormbringer-, que fueron de las primeras aventuras gráficas que recuerdo, con su sistema de menús de acciones, las aventuras conversacionales como El Hobbit, Don Quijote, la Aventura Original, y juegos de ambiente fantástico como Gothik, Druid, Cauldron, Fairlight, Black Lamp, Las Tres Luces de Glaurung o que combinaban fantasía con ciencia ficción, como el Sacred Armor of Antiriad.

Nunca tuve una consola de las de la época, como la Mega Drive o la SNES, pero claro, tenía primos que sí, y entonces era mi turno de colonizar la casa de otros para viciar. Ahí le dimos al Zelda, al Metroid, al Castlevania, al Street Fighter y a todo lo que se pusiera por delante.

Tardé bastante en poder dar el salto al PC, y cuando lo hice, los juegos habían cambiado un montón. El primero que probé fue el King’s Quest V, que me encantó por su mundo de fantasía y que me hizo un fan de las aventuras gráficas de por vida. Muchos de los juegos de PC que tuve fueron de ese género, desde las increíbles aventuras de Lucas Arts como Loom, Day of the Tentacle, los Monkey Island o los increíbles Full Throttle o The Dig, Sam & Max Hit the Road, Simon the Sorcerer y tantas otras. Pero ahí también descubrí los videojuegos de rol a otro calibre, con juegazos como el Dark Heart of Uukrul, el Bloodwych, el Bard’s Tale, los Lands of Lore o sobre todo, la saga Might & Magic, que me resultaron absolutamente adictivos -llené libretas con los mapas que iba haciendo a mano-. También, como no, los basados directamente en AD&D, como los Eye of the Beholder y demás, aunque siempre me parecieron un poco por debajo de los Might & Magic. Un poco más tarde llegarían los primeros juegos de la saga Elder Scrolls -Arena, Daggerfall, etc- a la que he seguido jugando a todos hasta llegar al más reciente, Skyrim.

Aventuras gráficas, un género que me encanta.

Ciertos juegos de estrategia también me gustaron bastante, aunque mis preferencias siempre han ido más por los juegos por turnos que por el RTS, que nunca me acabó de enganchar. De ahí a que prefiriera la saga Heroes of Might & Magic o el Master of Magic -segundo juego con ese nombre que aparece por aquí-, una especie de versión fantástica de otro juegazo de ciencia ficción, el Master of Orion. Y como no, la saga X-Com, de lo mejor en el género y que también retomé años después con su remake consolero. También le di a los shooters como Doom, Duke Nukem y especialmente los de fantasía estilo Heretic, Hexen y demás, pero menos en comparación con los tipos de juego que me molaban de verdad.

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Might and Magic III: Isles of Terra. Que vicio tenían estos juegos…

Ya en tiempos de las consolas seguí jugando, compartiendo muchas veces partidas con mi mujer. De esa época he disfrutado los Tomb Raider, los Project Zero -aventuras de terror a la japonesa que daban yuyu del bueno-, los Fallout, los Resident Evil y los Mass Effect. Aunque en la actualidad apenas tengo tiempo para jugar, me han apasionado el retorno de X-Com, la saga Dark Souls y mi último vicio, Darkest Dungeon, un rpg de acción por turnos con mucha personalidad y espíritu entre mazmorrero y lovecraftiano.

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Una gran variedad de tipos de personaje, pero no os encariñéis de ninguno…

En fin, para no considerarlos una influencia principal, no veas lo que me he llegado a enrrollar. Igual me influyeron más de lo que pensaba… En todo caso, estos han sido los videojuegos que forman parte de mi bagaje lúdico, los que más he disfrutado y los que pienso seguir disfrutando cuando vuelva a saber lo que es el tiempo libre.

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8 comentarios en “Desafío de los 30 Días, Día 13: Videojuegos”

  1. Aquí se nota un poco la diferencia de edad (yo acabo de cumplir los 40) porque salvo el Gauntlet II que había una recreativa en Triana y jugábamos algún fin de semana todos esos juego son hasta viejunos para mí. Yo entré con el Eye of the Beholder, el II recién salido y a partir de ahí sí que ha habido bastantes buenos juegos hasta llegar al Neverwinter Nigths. Desde entonces ya más esporádicos, pero ha habido cosas muy chulas como los dos Legend of Grimrock y ahora mismo estoy jugando al Pillars of Destiny.

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    1. Yo justo hice los 43 el martes pasado… pero sí que hay un pequeño salto generacional en esa franja. El Legends of Grimrock lo jugué cuando supe de él (¡desactivando el automapa, por supuesto!) y el Pillars of Destiny lo estoy jugando también (a paso de tortuga). Ambos me han transportado a los tiempos de los EotB y los tipo Baldur’s Gate.

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  2. “los arcos siempre me han tirado mucho” – ¡SEGURIDAAAAAAAAD!

    “Igual me influyeron más de lo que pensaba” XDDDDDDD

    Te has dejao el Baldur’s Gate, compadre ^^ Por lo demás, fantástica recopilación, cuántos grandes ratos.

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  3. Camelot Warrior…Je,je. Por aquellos tiempos 10 vidas eran pocas ¡Y 15 también! Había juegos como el Goody, de Ópera Soft o Livingstone Supongo, que con 10 vidas no hacías prácticamente nada.

    El Camelot tuvo un remake en 2007, que seguía siendo igual de puñetero que el original.

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  4. wahoo eres de la old school lo mas viejo que recuerdo aver jugado fueron mi bello super nintendo junto a n64 horas de diversion entre aquellos juegos viejos pixeleados :,) como han cambiado los tiempos que a dia de hoy los juegos en su mayoria nesesitan unos graficos mortales para medianamente competir, claro eso hablando del mundo de las consolas entrando al ambitos movil los factores cambian

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    1. Pues si, son unos añitos ya dándole a los videojuegos, y es verdad, antes los gráficos pixelados y las pantallas de 7 colores eran tecnología punta para nosotros y los disfrutábamos tanto o más que los de ahora…

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