Desafío de los 30 Días, Día 7: Compromiso como Jugador

¿Como Jugador, eres comprometido a la hora de…?

Aunque la mayor parte, quizá un ochenta por ciento, de mis “horas de vuelo” como rolero las he pasado detrás de la pantalla, y es en esa posición como más disfruto del rol, me encanta también convertirme en jugador y experimentar con nuevas identidades, tipos de personaje y personalidades.

Cuando soy jugador, una de las cosas a las que me comprometo más firmemente, aunque a veces por dentro es inevitable sentir la tentación, es la de reprimir las ganas de decirle al Director de Juego actual como gestionaría yo tal situación o tal otra. Su partida, su estilo, sus reglas. Además de que no considero que mi manera sea la buena para todo el mundo, me parece de muy mal gusto entrometerse en la dirección de una partida sin que nadie te lo pida. No sólo porque sé bien el trabajo y esfuerzo que puede implicar dirigir, sino porque como jugador creo que hay que asumir y respetar el criterio del Director de Juego que se lo está currando para intentar divertir a todo el grupo. Dirigir es algo muy personal, y no hay dos másters iguales. Cada cual tiene sus puntos fuertes y débiles, y aún siendo cierto que hay directores más y menos hábiles, cuando me siento a jugar yo lo que quiero es disfrutar todo lo que pueda, e intento facilitarle al máster su labor mostrándome participativo y proactivo.

Me gusta tener libertad de acción y de movimiento, y poder explorar mi personaje a fondo. Pero si estoy jugando en una partida más lineal o con raíles, procuro no reventarla (al menos conscientemente). De esta manera, como jugador también me comprometo a no discutir ni con el DJ ni con el resto de los jugadores, y a no crear personajes del tipo “lobo solitario” o “egoísta” que no encajen en un grupo o cuyas motivaciones le revienten la partida al DJ. Si creo algún personaje “oscuro y solitario”, siempre procuro jugar la carta de Lobezno, y darle razones suficientes para mantenerse dentro del grupo y unido a los otros personajes, aunque sea a regañadientes. También intento minimizar el metajuego en aras de una mayor inmersión, aunque como ya se habló largo y tendido, lograrlo al 100% es una pura utopía. También intento siempre crear personajes que estén conectados con el mundo que se nos presenta, dándole al máster motivaciones y ganchos de los que poder tirar si le interesa.

Una vez en mesa, aunque no soy especialmente teatrero en el sentido de poner voces y demás, sí que intento hablar como el personaje, describir de manera peliculera sus acciones y ponerle salsa a sus diálogos e intervenciones, y personalizarlo al máximo posible para hacerlo único e irrepetible. Me encanta cuando te encuentras haciendo algo que no habías previsto o que va contra tus instintos de jugador porque te das cuenta de que es lo que el personaje está pidiendo. Eso me ha llevado en ocasiones a perder el personaje, o a estar a punto, pero con la satisfacción de haberlo jugado hasta sus últimas consecuencias.

A la vez, intento no ser nunca “ese” jugador, sí, el que pone como excusa el “es lo que mi PJ haría” para liarla sin más, ir en contra del avance de la aventura o hacer perder el tiempo a todos innecesariamente. Ojo, no el que sinceramente actúa en la piel de su personaje hasta las últimas consecuencias, sino el que se agarra a eso como excusa para divertirse él a costa de los demás.  Si tus motivaciones y objetivos van repetidamente en detrimento de la sesión, quizá es que te has planteado mal el personaje. Por otro lado, también intento evitar impedir a los otros personajes que hagan cosas. Puedo intentar convencerles dentro de personaje de que es mala idea, o darles la visión de mi personaje si está en contra, pero entrar en conflicto directo del tipo “le agarro y le inmobilizo” me parece la peor manera de resolver esas cosas. No soy nada fan del «jugador vs. jugador», a no ser que el juego vaya de eso, claro.

[¡Batallita Alert!]. Uno de mis últimos personajes fue un monje legal bueno, seguidor de filosofías taoistas y con un estricto código del honor, en un grupo donde era el único personaje de alineamiento bueno, estando el resto repartido entre los distintos sabores de neutral. Decidí que mi personaje intentaría guiar con el ejemplo y mostrar que existe una manera mejor de hacer las cosas, pero sin intentar forzar la conducta de los otros personajes. Cuando murió, intentando proteger a esos compañeros que no entendían sus ideales, sus últimas palabras fueron para el grupo, y en especial para el samurai legal neutral, intentando con su último aliento que comprendiera el verdadero significado del honor. Me parece mejor eso (y más en personaje) que intentar dictar las acciones de otros y crear conflictos gratuitos. El otro jugador cogió la pelota al vuelo, y desde ese momento interpretó a su personaje como marcado por esas palabras, y quizá en el inicio de una transformación personal. [End of Batallita]

Cuando juego me comprometo también a divertirme con los fracasos de mi personaje y aprovecharlos para crear más historia en lugar de refunfuñar o quejarme. Intento tener un conocimiento razonable del sistema, pero sin ser uno de esos pesados “abogados de las reglas” que detienen la partida cada dos por tres para discrepar con el DJ, y si es un sistema completamente nuevo para mí, me dejo guiar por aquellos que lo dominan más sin intentar buscar tres pies al gato.

En resumen, intento hacer lo mismo que cuando soy DJ, pero desde el otro lado de la pantalla: poner de mi parte para que la partida sea más agradable, interesante y divertida no sólo para mí sino para todos los presentes.

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