Desafío de los 30 Días, Día 5: Metajuego

¿El Metajuego como enemigo o como herramienta útil?

Como ocurre en otras preguntas de este desafío, quizá estaría bien clarificar lo que entiende cada uno por metajuego. Para mí, y creo que es la definición más extendida, el metajuego es todo conocimiento que tenga el jugador y que su personaje no podría tener dentro de la ficción del juego. Por ejemplo, cuando el personaje de un jugador veterano se encuentra por primera vez con un troll en D&D y al momento empieza a encender antorchas o a sacar frascos de ácido, ese jugador está metajugando, aprovechando su conocimiento del bestiario de turno para aprovechar una debilidad que en realidad su personaje solo descubriría mediante la experiencia directa o la investigación de leyendas sobre dichas criaturas. Otro ejemplo es utilizar el conocimiento enciclopédico del jugador de los objetos mágicos del manual para intentar averiguar si un saco encantado es una bolsa de contención o una bolsa devoradora. 

Dicho esto, para mí el metajuego es una espada de dos filos. En la gran mayoría de los casos, este tipo de uso de información extrínseca no me hace mucha gracia cuando dirijo, sobre todo cuando se hace para buscar ventajas. El metajuego también puede hacer que los jugadores intenten hacer valer sus conocimientos reales, por ejemplo intentando por ejemplo aplicar sus estudios de química en la vida real para que su personaje “invente” la pólvora (por poner un ejemplo muy trillado). O hacer valer sus conocimientos de las reglas del juego para tomar decisiones que no serían lógicas desde el punto de vista del personaje (“aunque tenga la dote de empujón mejorado solo me podría mover un máximo de 3 casillas y eso si saca un veinte… ¡cargo!). Salirse del personaje es otro clásico. El jugador listo con personaje tonto sería el ur-ejemplo de este tipo de metajuego, donde el bárbaro inculto o analfabeto tiene las mejores ideas y resuelve los puzzles como nadie.

Otro uso feo a mi entender que se suele dar al metajuego es el de retorcer los mecanismos internos del juego en beneficio propio. Por ejemplo, en algunos juegos un jugador puede intentar elegir una serie de desventajas o defectos para su personaje a sabiendas de que el director de juego no va a poder explotar, con la idea de ganar beneficios a cambio de nada. También se pueden tomar decisiones durante la partida que dependan de suposiciones externas. “Esto es un encuentro aleatorio y el máster sólo tira una vez al día, no hace falta que nos contengamos” sería un ejemplo clásico. Este tipo de situaciones, en la que los jugadores metajuegan intentando adivinar qué intenciones tiene el máster al poner tal o cual elemento en escena, han sido caricaturizadas incesantemente en todos los cómics roleros que conozco y con razón. ¿Quién puede olvidar el terrible Gazebo o la vaca Chelsie de los Caballeros de la Mesa del Comedor?

El peor tipo de metajuego que se me ocurre, y es algo que no soporto y que además me parece incomprensible, es cuando alguien se lee una aventura o campaña de antemano con la intención de participar en ella como jugador después, y destacar por encima de los demás por su “gran habilidad”, sus “dotes deductivas” y su “instinto de jugador”. Me parece inconcebible que alguien pueda disfrutar del rol haciendo eso, sinceramente, pero bueno, cada persona es un mundo y bien puede haber alguien que necesite de hacer esas trampas para disfrutar. Lo que realmente me cabrea es que haciendo eso se jode la diversión al resto de la mesa, porque se les niega la oportunidad de sorprenderse y romperse la cabeza a los jugadores que participan honestamente y con ganas de descubrir los misterios y giros de la historia. Si quieres espoilarte la diversión a tí mismo perfecto, pero al menos no se la estropees a los demás.

Pero siendo realistas, evitar el metajuego por completo es una utopía, e incluso cuando los jugadores ponen todo de su parte para lograrlo, siempre se acaba por tomar alguna decisión influenciada en mayor o menor medida por el conocimiento de estar jugando a un juego. Sabiendo esto, hay ocasiones en que una pequeña dosis de metajuego puede ser incluso beneficiosa en mi experiencia. Por ejemplo, al hacer todas las tiradas de combate en abierto, es sencillo para los jugadores calcular tras un par o tres de asaltos las probabilidades de impactar a cierto enemigo o de ser impactado por él. Aunque técnicamente es metajuego, considero que es una buena manera de reflejar una información del mundo de juego que los personajes estarían adquiriendo también. Los aventureros son gente bregada en el combate y acostumbrada a luchar por su vida, veo normal que tras unos lances sepan tomar la medida a un enemigo y calcular sus posibilidades frente a él. Por tanto, aunque técnicamente es metajuego, sirve para que los jugadores adquieran esa información a la vez que los personajes.

Otro momento en el que un cierto metajuego es útil es ante la muerte de un personaje y su reemplazo por el nuevo personaje del jugador. A menudo se hacen concesiones sabiendo perfectamente ese hecho, y aceptando con mayor facilidad de lo que sería lógico la incorporación al grupo de un completo desconocido. Aunque el máster y el jugador deben trabajar juntos para que la entrada del nuevo PJ sera lo más coherente posible, el hecho de que haya algo de metajuego ahí hace que la diversión pueda continuar rápidamente para ese jugador, y todo lo que facilite que no se quede nadie sin jugar está bien en mi libro.

Así que, en conclusión, aunque la mayoría de usos que he visto darle al metajuego me hacen arrugar la nariz, para algunas cosas puede llegar a tener sus usos prácticos. No son muchas, pero haberlas haylas.

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4 comentarios en “Desafío de los 30 Días, Día 5: Metajuego”

  1. Yo con lo que peor lo paso como jugador es con el conocimiento del juego. Jugando y arbitrando a D&D desde el 92 cuesta mucho encontrar conjuros o monstruos que no conozcas. Precisamente por eso procuro llevar magos, así al menos los personajes pueden saber tanto como yo. Sin embargo el otro día, jugando a 5ª que conozco bien poco, probé un conjuro psíquico contra un objeto animado; mi cabeza sabía el resultado, pero como no lo había probado nunca pensé ¿qué voy a perder, un conjuro nada más? A veces me sorprendo a mí mismo.

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    1. Es realmente difícil, es verdad, sobre todo para los que llevamos tela de tiempo en esto. Es inevitable pensar en estadísticas y términos de juego al encontrarte tal y cual cosa conocida. Por eso me gusta probar sistemas nuevos, y por eso me chifla el enfoque de DCC, donde se hace hincapié que muchos bichos sean totalmente únicos y raros.

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  2. Buf. Como dice Pablo, qué difícil es no “sabérselas todas” cuando llevas tanto jugando. A mis jugadores veteranos, que se las saben todas, pero todas, les tengo que tascar el freno de vez en cuando.

    Por eso me ha encantado el Clásicos del Mazmorreo. Ese ambiente de “no es el monstruo que tú crees, todo es nuevo y misterioso” me ha rejuvenecido 2d10 años.

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    1. Pues justo he respondido a Pablo antes de leer tu comentario y lo he hecho en la misma linea, hablando de Clásicos del Mazmorreo y su sistema de “no hay monstruo clásico”. Las grandes mentes piensan igual, y todo eso XDDD

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