Palabra de Gygax: ¡Recuerda la Misión!

Muchas veces se ha dicho de Gygax que era implacable con los jugadores, un DM al que se ha acusado de regodearse de las penurias y cagadas de sus jugadores. Sea cierto o exagerado, lo que no se puede negar es que el hombre no tenía pelos en la lengua al contar sus propios y en ocasiones ridículos fracasos como jugador. En el artículo publicado en la Dragon 304 (Feb 2003),  el último en llevar el subtítulo “Todo lo Que Necesitaba Saber lo Aprendí de D&D”, Gygax vuelve a contarnos con un sentido del humor autoparódico una peripecia de su PJ, el guerrero Yrag, y como en su anterior aparición, vemos al luchador en uno de los momentos menos rutilantes de su carrera. Que a la mente que concibió algo tan retorcido como La Tumba de los Horrores se le escapara algo tan obvio no sólo nos recuerda que nadie está libre de error, sino que a menudo, ¡donde las dan las toman!

Nota: Para la traducción de este texto, he tenido que incluir notas aclaratorias de un par de términos originales en inglés, ya que de lo contrario se perdería el sentido de lo narrado por Gygax. 

¡Recuerda la Misión!, por Gary Gygax

Los deseos siempre son peligrosos, por el simple hecho de que podrías obtener lo que has pedido-literalmente. Esto normalmente significa que obtienes lo que querías de la manera más inesperada y menos deseable que sea posible. Yrag, mi PJ guerrero, se aprendió eso muy bien. Había visto como les fue a algunos de sus camaradas tras un deseo formulado descuidadamente, así que cuando encontró un anillo con tal poder, Yrag fue precavido. En aquellos momentos, el anhelo de su corazón  era un cuerno detonante [horn of blasting en inglés], así que deseó poder descubrir donde estaba situado tan precioso objeto mágico. Al pedir tal deseo, supuso que sería más probable que le fuera concedido, ya que para reclamar el objeto, en realidad tendría que hacerlo mediante una aventura; tendría que ganarse el valioso objeto.

Así empezó la larga búsqueda del poderoso artilugio, un instrumento cuyo soplido mágico podía derribar los muros o torres de cualquier fortaleza que se opusiera a su avance militar. No debería ser necesario decir que en ese punto del juego, el foco principal de la ambición de Yrag estaba puesto en labrarse un dominio propio que gobernar y dirigir.

Al pronunciar su deseo, el guerrero vio un mapa arrastrado por el viento a través de la vegetación, con una vivaz brisa llevándoselo bastante rápido. Después de un considerable esfuerzo, Yrag logró hacerse con el pergamino, alisarlo con cuidado, y estudiar sus grabados.

Por supuesto era un mapa de una ubicación no demasiado distante, con una ruina dibujada en su manchada superfície. Llegar hasta allí fue cuestión de superar una aventura a la intemperie, enfrentándose y derrotando a varios encuentros hostiles, y luego recuperar los puntos de vida perdidos para seguir avanzando. Sin sufrir ninguna demora indebida ni encuentros abrumadoramente difíciles, el decidido guerrero alcanzó el sitio donde “la X marcaba el lugar”. Era una fortaleza en ruinas, y en ella había más desafíos a superar por Yrag. Enfrentado a trampas, puzzles peligrosos y mortíferos enemigos, Yrag logró abrirse paso. Finalmente, llegó a un vasto lugar sembrado de huesos de hidra. Al principio pensó que los huesos iban a animarse. Luego se dió cuenta de que algún enemigo oculto, un monstruo invisible, debía tener allí su guarida. Una a una, sin embargo, todas sus preguntas se resolvieron negativamente. Por una vez, Yrag estaba atascado. Tras mucha contemplación, Yrag finalmente avistó una inscripción en el dintel de piedra sobre una puerta. Consistía únicamente en dos letras: HB.

El perplejo guerrero decidió que la inscripción significaba “Barracones de la Hidra” [Hydra Barracks en inglés], y que su premio debia hallarse en algún otro lugar. Por tanto, se marchó de allí en busca de lugares ocultos, habitaciones escondidas, puertas secretas-cualquier cosa que le llevara al paradero del cuerno detonante. Desgraciadamente, tanta búsqueda fue infructuosa, y el desalentado Yrag abandonó las ruinas, cosa que le hizo bastante gracia al DM. Después de todo, ¿qué pista podría ser más fácil de descifrar que las letras “HB” cuando uno está buscando un “horn of blasting”? En el transcurso de los combates contra monstruos, la esquiva de trampas y la exploración de las ruinas, Yrag había pasado por alto lo obvio y había olvidado su misión, y así perdió los beneficios de su deseo. Ningún cuerno detonante llegó jamás a las manos de Yrag, y el jugador implicado (ese sería yo) fue objeto de considerables pitorreos por parte tanto del DM como de sus compañeros jugadores que oyeron hablar del incidente fuera de juego.

Lo único que puedo añadir a esta aleccionadora historia es esto: no permitas que las distracciones oculten el objetivo real. Recuerda mantenerte centrado en la misión, y no te convertirás en el blanco del humor de otros. Hasta este mismo día, Yrag se enfurece siempre que se encuentra con una hidra, viva o muerta…

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4 comentarios en “Palabra de Gygax: ¡Recuerda la Misión!”

  1. Visto desde la perspectiva del dM, a veces dejamos pistas que pensamos que son obvias pero nuestros jugadores se empeñan en demostrarnos que no lo son tantos, mientras que a veces averiguan cosas tremendamente ocultas solo por pura intuición. ¿Moraleja? Nada de dejar pistas, que el mundo de juego hable por sí solo.

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    1. Coincido… Es la mayor dificultad a la hora de plantear puzzles o enigmas, calibrar que lo que para nosotros puede ser muy obvio quizá no lo sea tanto, y que por otro lado, algo que creemos muy difícil de resolver sea un paseo cuando 4 o 5 mentes se ponen a ello en conjunto.

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