Palabra de Gygax: Llévame a la Luna

Mucho se ha hablado sobre el estilo de juego de la vieja escuela, y en especial sobre cómo algunos másters adoptaban una actitud de adversario contra los jugadores, como si se tratara de una especie de competición. Aunque en su mayor parte eso se ha exagerado mucho, es cierto que durante los orígenes del hobby, antes de que se empezara a asentar el rol como afición y se empezaran a ver sus posibilidades reales, debía ser difícil quitarse de la cabeza los modelos clásicos competitivos. Varios de los artículos de Gygax muestran algo de esa faceta, no exactamente antagonista pero sí claramente dispuesta a no dejarse tomar el pelo por los jugadores. En el escrito de hoy, sin embargo, Gygax advierte de los peligros que entraña para el máster y para sus planes de campaña el jugar demasiado a la contra de los jugadores. Y de paso, descubrimos que las lunas de Oerth estaban concebidas como posible escenario de aventuras, aunque esa posibilidad no llegara a materializarse hasta casi veinte años después y sin la intervención de Gygax, en el suplemento SJR6 Greyspace de la ambientación de AD&D Spelljammer. 

En el punto álgido de mi campaña de Greyhawk, los mejores entre la veintena o más de jugadores activos eran Rob Kuntz, Ernie Gygax y Terry Kuntz. Aunque ellos, y sus PJs, eran camaradas, aún así existía una considerable rivalidad del tipo amistoso sobre cual estaba destinado a ser el personaje más sobresaliente de la campaña.

Con ese fin, Rob decidió que Robilar tenía que hacer algo realmente especial. Después de interrogarme extensamente, Rob decidió que una de las lunas de Oerth era el sitio al que ir para ganar un renombre como el de ningún otro – en mi campaña o en aquellas con las que estábamos familiarizados. Como yo en función de DM no iba a ayudarle a planearlo, pensó en sortear ese escollo astutamente contratando al sabio más erudito posible. Por supuesto, como astuto DM no estaba dispuesto a picar en eso, pero ¡ciertamente estaba entusiasmado con el concepto general!

Después de mucha investigación y muchas preguntas en la Ciudad de Greyhawk, se localizó a una figura considerablemente aclamada en los círculos académicos. Pagar un suculento salario no era problema para el adinerado guerrero, así que Robilar obtuvo a su consejero, Herb el Sabio. Ese nombre en sí mismo ya le debería haber advertido que yo no iba a mostrarme muy cooperativo con sus maquinaciones, pero Rob era joven, y el juego era nuevo, así que mis propios planes no fueron desbaratados.

Después de que Robilar planteara su plan a Herb, el estudioso le pidió fondos para investigación. Necesitaría un montón de libros y consultar con otros académicos y exploradores para determinar si todo el asunto era factible. El entusiasmado guerrero le entregó alegremente sacas de oro, y a su debido tiempo Herb fue llamado para informar de sus progresos. El sabio se mostró entusiasmado: “¡Buenas noticias, mi señor, buenas noticias! La luna en cuestión tiene aire respirable, según algunas leyendas, provenientes de mitos heroicos sobre los viajes de antiguos aventureros a tales lugares.” Herb dijo entonces que las preparaciones para tal proyecto debían ser clandestinas, guardadas en el mayor de los secretos. Para tal fin necesitaba construir un edificio muy grande, tipo granero, contratar ingenieros y obreros, y hacer acopio de materiales.

Cuando se le preguntó por el artilugio, el astuto erudito se limitaba a guiñar un ojo y menear la cabeza. “Lo sabréis muy pronto, noble amo. Prefiero mantener esto absolutamente a cubierto hasta el mismo fin.” Sin querer discutir con el genio, Robilar estuvo de acuerdo.

A eso siguieron varios meses de juego durante los cuales el recio guerrero se aventuraba para encontrar ricos tesoros, todos los cuales y más Herb exigía para continuar con su investigación. Cuando los fondos disponibles para el trabajo empezaron a menguar, Robilar finalmente exigió ver el artilugio. Después de cierta reticencia, Herb accedió. En una semana estaría a punto, y entonces Lord Robilar no sólo podría ver la máquina, sino que podría embarcarse en su increíble viaje a la luna.

Así que tras el tiempo acordado, el gran momento llegó. Robilar entró en la vasta estructura y allí vio la mayor y más potente catapulta jamás construida. El sabio se quedó aturdido cuando Robilar no sólo se negó a ver si el artilugio funcionaría como Herb pensaba, sino que desechó el proyecto entero.

Todo esto contiene un mensaje mixto. Normalmente no es difícil para un DM desconcertar o confundir a los jugadores que tienen las miras puestas en lo realmente inusual pensando ingenuamente que se la han colado al Dungeon Master. La confusión puede ser de doble filo, sin embargo. De hecho yo había querido incentivar a los jugadores el que salieran al espacio y exploraran y vivieran aventuras en la luna en cuestión. Después del fiasco de Herb, sin embargo, ni un sólo jugador volvió a considerar la idea. Por tanto el lugar nunca fue visitado. Touché, Robilar.

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4 comentarios en “Palabra de Gygax: Llévame a la Luna”

  1. Podría escribir un largo comentario sobre esta jugarreta, pero creo que el mejor es el clásico “qué cabrón” XD

    Como DM veterano, debo admitir que me gustan los jugadores inteligentes y emprendedores… y también, que hay mucho listo suelto ^^

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  2. Jo, no entiendo cómo no obligó al sabio a probar su propio invento él primero.

    Era una situación en la que el jugador sólo podía ganar, bien un viaje a la luna, o bien una catapulta con la que sembrar el pánico en los reinos vecinos.

    Le gusta a 1 persona

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