Bestiario Mítico: El Dragón

Los lectores asiduos ya sabrán que la mitología es una de mis grandes aficiones, es algo que llevo conmigo y que poco o mucho incluyo en todo lo que hago, especialmente si es de rol. Últimamente, a propósito de la escritura de El Arca de los Mil Inviernos, me he estado sumergiendo muy a fondo en tres cuerpos míticos fascinantes: el nórdico, el finlandés y el inuit. Pues bien, estando aún en plena resaca mitológica, me encontré hace unos días que el ínclito Alex Werden (cabeza visible del Fanzine Rolero) había colgado en diversas redes sociales un post con la imagen de un onocentauro, un ser medio hombre medio asno, sacada de un bestiario medieval. Eso me hizo pensar (y así lo dejé en un comentario) en la rica fuente de criaturas que son los bestiarios en particular y las diversas mitologías en general, una fuente de la que se han nutrido ampliamente los juegos de rol de fantasía. No en vano se dice que la grandeza de un héroe se mide por el poder de sus enemigos. Los monstruos son una parte quintaesencial de la ficción fantástica, y cumplen un papel central en los romances y en las epopeyas, dando a los héroes un mal al que vencer, una alteración del orden natural que resolver, y quizá un espejo oscuro en el que mirarse.

Por eso hoy estreno una nueva sección en el blog, que iré alternando con el resto, y que se centrará en comentar los monstruos más mitológicos que podemos encontrar en los juegos de rol de fantasía. Cada entrada de este ciclo estará dedicada a una criatura arquetípica perteneciente al mito o al folklore y de la que los diseñadores se han apropiado para engrosar las páginas de los manuales de monstruos. Aquí no comentaré ninguna criatura original diseñada ex profeso para un juego, como por ejemplo los contempladores, ni criaturas que han salido exclusivamente de la imaginación de un autor y que luego han pasado a incorporarse al imaginario colectivo rolero, como los orcos. En cada entrada intentaré exponer los orígenes míticos de la criatura en cuestión, los cambios y evoluciones sufridos a lo largo del tiempo, y sus adaptaciones a las mecánicas de diversos juegos de rol. Dicho esto, no queda más que empezar. ¿Y con qué mejor criatura que el rey de los monstruos, el monstruo tan icónico que aparece en el mismísimo nombre del juego que lo empezó todo? Estoy hablando, obviamente, del dragón.

El Dragón en los Mitos

El dragón es sin duda una de las criaturas más grandes y poderosas que existen, en términos de reconocimiento global. Se trata de una figura familiar en prácticamente todos los rincones del planeta. Existen muchas teorías acerca de los orígenes de las leyendas sobre dragones y grandes reptiles monstruosos a lo largo y ancho del mundo antiguo. Para algunos las leyendas tienen sus cimientos en los fósiles de dinosaurios, mientras que otros aseguran que el enorme cocodrilo del Nilo está detrás del mito. Otros lo atribuyen al posible hallazgo de carcasas de ballenas, basándose en la descripción del Leviatán del Libro de Job (una descripción totalmente draconiana, con aliento de fuego incluido) o en el monstruo marino Ceto de la mitología griega. Para otros, incluso, los dragones no son más que explicaciones teriomórficas de los cometas celestes o de la actividad volcánica.

Por otro lado, la etimología de la palabra nos proporciona datos muy interesantes. El término procede del latín draco o draconis, que significa dragón o reptil, pero también designa a un guardián o vigilante. Esto es así porque la voz latina es un préstamo del griego drakon o drakontes, posiblemente derivado a su vez de drakeín, una conjugación del infinitivo dérkomai, o “ver claramente”. Por tanto, ese vocablo designa a algo o alguien que mira fijamente, como hacen los ojos sin párpados de los reptiles. Esa mirada fija otorga la connotación de guardianes atentos que no se pierden nada, y como tales aparecen los dragones en la mitología griega. El Dracón que dio nombre a las leyes draconianas en el sentido de férreas e inflexibles probablemente habría recibido ese apodo por su papel de guardián de las leyes.

Sea cual sea la explicación tras el mito, nos encontramos ante una tradición realmente ancestral que ha fascinado a la humanidad durante más de cuatro milenios. En algunos de los mitos de creación más antiguos que conocemos (entre el 2000 y el 2500 a.C.) ya aparecen criaturas de tipo draconiano, relatos originados en Mesopotamia en el seno de la civilización sumeria. Estos dragones antiquísimos pertenecen por lo general de dos tipos: los que se enfrentan a los dioses antes de la creación, y los que se enfrentan a los héroes después de ella. En el Enuma Elish, el ciclo mitológico babilonio, encontramos a la diosa draconiana Tiamat, una criatura ctónica de las profundidades de la tierra, cuyos movimientos provocaban la caótica agitacion de los mares. Uno de sus hijos, Marduk, la mató disparándole una flecha en la boca. La mitad de su cuerpo se convirtió en la cúpula celeste, y la otra mitad en la Tierra que contiene las aguas del mar; sus ojos en los ríos Tigris i Eufrates. Los egipcios tenían historias similares acerca de las batallas de Ra o Seth contra la serpiente (o dragón) Apep, y los hititas tenían el relato del dragón Illuyankas, derrotado por el dios de las tormentas. Se han encontrado representaciones de la época de Nabuconodosor (600 a.C.) de una criatura draconiana de cuello largo conocida como el sirrush. Otros dragones del Oriente Medio, donde siempre aparecen como fuerzas del caos y la oscuridad, son Zu, que robó las tablas de la ley al dios del viento y las tormentas Enlil y fue derrotado por el dios solar Ninurta; y Azhi Dahaki, un dragón de tres cabezas cuyo cuerpo estaba repleto de serpientes, lagartos y arañas perteneciente a los mitos de la zona del Mar Caspio.

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La lucha de Marduk y Tiamat

En la mitología griega, además del mentado Ceto (enviado por Poseidón para vengar un insulto y muerto por Perseo… y que ha pasado a la cultura popular en un extraño cóctel cultural como el Kraken de Furia de Titanes) tenemos a Tifón, muerto por Zeus con un rayo, dragón descendiente de Ladón, el guardián de cien cabezas del Jardín de las Hespérides, con el que se las tuvo que ver Hércules durante sus Doce Pruebas. Apolo se enfrentó a Pitón, descrita tanto como serpiente como dragona, igual que Hidra. Jasón mató al dragón que custodiaba el Vellocino de Oro en la Cólquida, y Cadmo mató a un dragón de cresta dorada y con la ayuda de los guerreros nacidos de sus dientes, los Spartoi, fundó Tebas. Es interesante destacar que todos los dragones de los mitos griegos, sin excepción hasta donde yo sé, se presentan como guardianes y custodios, como indica la etimología de la palabra que comentábamos antes.

En la Biblia el término dragón también aparece repetidamente, debido a la clara influencia de antiguos mitos creacionales sumerios y akadios en el Génesis. Además del ya citado Leviatán, tenemos también a otra criatura igual de monstruosa, el Behemoth, que dio pie al Bahamut de la mitología arábiga. El más famoso dragón bíblico, sin embargo, posiblemente sea la bestia del Apocalipsis, un dragón rojo de siete cabezas y diez cuernos descrito en el Libro de las Revelaciones. La asociación bíblica del dragón con el mal establece una conexión entre la bestia y el propio Satán, y también establece la figura del guerrero sagrado, el arcángel Miguel, encargado de poner fin al monstruo. La serpiente tentadora del Jardín del Edén también es considerada por muchos una figura draconiana, máxime teniendo en cuenta que el castigo que recibió de Dios fue el verse obligada a arrastrarse por los suelos para desplazarse. ¿Cómo se había movido hasta ese momento, entonces?

En la cultura oriental, en cambio, el dragón siempre ha sido reverenciado como un portador de buena suerte, y en China se le asociaba con el propio Emperador. Eran criaturas hermosas y elegantes que gobernaban la tierra, el aire y el agua, controlando las lluvias y el agua en movimiento de ríos y mares, como hacían los Cuatro Reyes Dragón. En Japón existía la tradición que decía que los dragones se apareaban con los humanos y sus descendientes se convertían en poderosos gobernantes, hasta llegar a la línea dinástica de los emperadores nipones. Ryujin era el dios dragón del mar, que vivía en un inmenso palacio submarino y cuya hija se casó con un humano. Los dragones también hacen su aparición en otras mitologías asiáticas como la hindú, la budista, la coreana y la polinesia.

En la Europa medieval y pre-medieval, el dragón retoma su papel de villano. Los dragones que aparecen descritos o ilustrados en los bestiarios de la época guardan por lo general poco parecido a la imagen actual del dragón, tan deudora del Smaug de Tolkien. Se trata de un monstruo serpentiforme, de características frecuentemente constrictoras. Plinio el Viejo en su Historia Natural (siglo 1 d.C) los describe dando caza a los elefantes de la India, a los que enrollan entre sus anillos, una enemistad entre especies que sigue afirmando Aelio en su De Natura Animalium (siglos 2-3 d.C), e Isidoro de Sevilla en sus Etimologías (s. 7 d.C.) la define como el animal más grande del mundo, cuya fuerza radica en su cola y no en sus fauces. Ya en el siglo 12, Hugo de Folieto habla de su aliento venenoso y algo parecido a la capacidad de volar, mientras sigue asociando el dragón al Diablo y al mal. El cristianismo, en su afán alegorizador y desde obras como la Leyenda Áurea de Jacobo de la Vorágine, tuvo en los santos una gran fuente de figuras matadragones, desde el más conocido San Jorge, a Santa Marta, la domadora de la feroz Tarasca del sur de Francia o San Román de Rouen, que destruyó al dragón Gargouille que aterrorizaba las orillas del Sena.

Los dragones medievales también estaban presentes en otras tradiciones fuera del cristianismo. En el mundo celta galés el dragón rojo estaba asociado a los grandes reyes y líderes, y Geoffrey de Monmouth hizo  buen uso de ello. Un dragón llameante en el cielo permite a Merlín profetizar la victoria de Uther sobre Aurelio, a partir de lo cual tomó el dragón dorado como emblema y el epíteto Pendragón como apellido. Y también encontramos a los dos dragones enfrentados, uno blanco y uno rojo, que simbolizaban la lucha de dos pueblos, el celta y el invasor sajón. Merlín vaticinó que el blanco, el sajón, vencería, pero que el dragón rojo de los celtas regresaría para reclamar lo que era suyo. A día de hoy, ese dragón rojo sigue ondeando como emblema nacional en la bandera de Gales.

El mundo germánico y nórdico también tenía sus propios dragones, y todo indica que la gente que los poblaba sabía perfectamente cómo eran, ya que en las sagas y poemas en los que aparecen apenas consideraron necesario describir su aspecto y como se movían. En el poema épico Beowulf el héroe se enfrenta a un dragón que, surgido de su antiguo túmulo, aterroriza su reino con fuego y llamas. Este es uno de los pocos ejemplos que encontramos de dragón con aliento ígneo en esa tradición, y eso, juntamente con el hecho de que Tolkien era un auténtico experto en la literatura anglosajona y en el Beowulf en particular, nos indica que su Smaug bebe directamente de esta fuente  de inspiración.

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British Library, Harley MS 3244, Folio 59r

Esta es la imagen más parecida a los dragones modernos que se puede encontrar en un texto medieval… probablemente Tolkien la usara como inspiración. 

No obstante, la mayoría de dragones nórdicos carecen de patas y alas, arrastrándose como grandes gusanos-serpiente sobre el suelo. Sigurd mata a Fafnir cavando un agujero en el suelo y hundiendo su espada encantada en el blando vientre de la bestia cuando le pasa por encima, un método expeditivo que poco tiene que ver con las apoteósicas luchas contra dragones que leemos en la literatura fantástica moderna y que vivimos en los juegos de rol. Los dragones nórdicos suelen ser venenosos, ya sea por su aliento, su sangre o su saliva, como la serpiente de Midgard, Jormungandr, cuya ponzoña matará a Thor en el Ragnarok. Lo que sí tienen en común estos dragones con el de Beowulf (y con los griegos) es su inclinación por proteger avarientamente tesoros y montañas de oro. Fafnir no era un dragón originalmente, pero se convirtió en uno por su insana obsesión por vigilar su tesoro de oro y gemas, mientras que el cabreo del dragón de Beowulf lo motiva el robo de una copa de oro de su pila de tesoros. Ese es otro rasgo que vemos en el Smaug de Tolkien, y que ha pasado a ser icónico en nuestra imagen mental del dragón.

El Dragón en los Juegos de Rol

El dragón en la literatura moderna y en los juegos de rol toma claramente como base al Smaug de Tolkien y a la concepción popular del dragón que nos ha llegado, amalgama de tradiciones muy dispares. En Dungeons & Dragons es el monstruo por excelencia, el gran enemigo al final de la mazmorra, que representa el mayor de los peligros y la mayor de las recompensas en forma de montañas de tesoros y puntos de experiencia. En D&D los dragones fueron divididos por colores, variando su hábitat, tamaño y tipo de aliento en función del color de sus escamas. El dragón rojo, el más peligroso, sigue el molde de Smaug tanto en aliento ígneo como en comportamiento: astuto, codicioso, vengativo y capaz de hablar. El veneno de los dragones míticos aparece encarnado en el aliento tóxico de los verdes y en el ácido de los negros, mientras que otros dragones exhiben tipos de aliento no basados en la mitología, como el frío gélido de los blancos y la electricidad de los azules. También se incluía originalmente el dragón dorado, el único dragón bueno del catálogo, más poderoso y sabio que el resto y con muchas características de los dragones orientales. Más tarde el muestrario de dragones buenos se amplió con la creación de una nueva categoría, los dragones metálicos que incluían el plateado y el broncíneo entre otros. El imaginario de D&D también recurrió al a mitología en busca de deidades draconianas, como los arriba mencionados Tiamat y Bahamut, que pasaron a convertirse en los reyes de los dioses malvados y benignos respectivamente.

Los dragones en la pintura renacentista eran más bien de tamaño foca. Entre estas dos imágenes va un cacho largo…

Mecánicamente, los dragones siempre han sido enemigos muy duros de batir en D&D. Originalmente, el daño de sus armas de aliento estaba directamente relacionado con sus Dados de Golpe. En la versión BECMI el daño del aliento era igual al número de puntos de golpe actuales del dragón. Dado que el dragón solía abrir el combate con su aliento, que por lo tanto salía a plena potencia, y que uno de estos bichos podía fácilmente llegar a los 80 puntos de golpe o más, era harto difícil sobrevivir al encuentro con una de estas bestias, pero este sistema permitía que, al ir ablandando al dragón a base de golpes, fuera perdiendo fuelle y resoplando fuego o lo que fuera con menor intensidad. Este concepto se olvidó en ediciones posteriores, pasando a ser un ataque con una cantidad de dados de daño asignada según el tipo y tamaño del dragón. Los dragones de D&D, con algunas excepciones, suelen ser buenos lanzadores de conjuros, lo que unido a su potencia física, su aliento y su capacidad de vuelo, lo convierten en una auténtica pesadilla para cualquier grupo de aventureros.

El papel central del dragón en el juego se potenció aún más con la llegada del entorno de campaña de Dragonlance, donde la lucha entre los dos tipos de dragones (y sus jinetes) se convertía en el eje del mundo de juego, Krynn. Personalmente no me cabe duda de que gran parte del éxito de dicha ambientación se sustenta en la potente imagen de los caballeros surcando los cielos a lomos de sus monturas draconianas. Posterioremente, TSR jugó con la idea de ofrecer los dragones como clase de personaje en la campaña Council of Wyrms.

Los dragones de otros juegos de fantasía como Runequest o Rolemaster han seguido el patrón “smaugiano”, ofreciendo bestias de aliento ígneo casi imbatibles, y en muchos casos se ha seguido la estela de D&D ofreciendo distintos tipos de dragones con características propias. Saliendo del entorno medieval, otros juegos de fantasía también han presentado a los dragones como grandes villanos, y aquí me es obligatorio mencionar a Shadowrun, un mundo de fantasía ciberpunk donde los dragones han cambiado las mazmorras oscuras por juntas directivas de megacorporaciones o por los gobiernos de naciones, y las montañas de oro por carteras de valores e inversiones en cajas B, pero siguen siendo igual de peligrosos y aterradores… o incluso más. También otros juegos han permitido que los jugadores interpreten a personajes dragón. Entre ellos se encuentran el post-apocalíptico y trans-dimensional Rifts, el steampunk mágico del Castillo de Falkenstein, y uno de los juegos más injustamente olvidados que conozco, el Fireborn de Fantasy Flight Games.

Fireborn

Portada de Fireborn (Fantasy Flight, 2004)

Fireborn (aparecido en 2004 y sepultado inmediatamente en el aluvión de material para d20 que las editorial escupían como churros en pleno boom) tomaba eso mismo como concepto central: los PJs son dragones que despiertan a la conciencia bajo forma humana en el mundo actual (bueno, en un futuro muy cercano) y poco a poco van recuperando sus antiguos poderes y recuerdos. Fireborn presentaba unas mecánicas de reservas de dados bastante originales, donde cada jugador tenía varias reservas distintas (ataque, defensa, etc) y podía ir redistribuyendo dados de unas a otras en función de su actitud y sus intereses. También ofrecía un entorno de campaña doble: por un lado se jugaba en ese mundo actual de fantasía urbana más comedida, pero las sagas transcurrían a caballo con otro mundo más de alta fantasía, al que se accedía a través de los flashbacks de los personajes, y en el que estos gozaban de todos sus poderes draconianos en su máxima expresión. Un juego cuanto menos curioso, que no podía dejar de rescatar en una entrada dedicada a los dragones en el rol.

El tema de los dragones en la mitología y en el rol aún daría mucho más de que hablar, por supuesto, pero viendo la extensión de esta entrada, crecida hasta el tamaño de un Gran Wyrm, daremos por concluida esta primera incursión en el Bestiario Mítico. Espero que os haya resultado interesante, y si tenéis sugerencias o peticiones sobre monstruos que os gustaría que aparecieran en esta sección, ya sabéis, la sección de comentarios es toda vuestra.

¡Saludos!

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6 comentarios en “Bestiario Mítico: El Dragón”

  1. ¡Totalmente cierto en ambos casos! Se ha escrito tanto sobre los dragones y se han utilizado tanto en los juegos de rol, que era imposible meterlo todo. El juego que comenta Teotimus es el Rêve de Dragon, supongo. He leído algo sobre él pero muy por encima, aunque tengo bastante curiosidad por él. ¡Cuenta más, anda!

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  2. Me ha encantado el recorrido que haces de los dragones a través de los años y las diversas culturas. Me entran ganas de volver a coger mis libros de mitología (que los pobres están enterrados bajo kilos de polvo) y pasarme estos días de lluvia rememorando viejos tiempos. ¡Espero otro artículo como éste sobre otras criaturas! Un saludo 🙂

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