Palabra de Gygax: Como Adiestrar a un Pudding Negro

Volvemos con la traducción de uno de los artículos de Gygax en los que cuenta historias y batallitas de las mazmorras del Castillo de Greyhawk. Estos textos tienen bastantes perlas interesantes acerca de un dungeon que con el paso del tiempo se ha vuelto legendario, en parte por el misterio y falta de información que ha habido durante mucho tiempo. En la Dragon 288, de octubre del 2001, Gygax hablaba precisamente de uno de los grandes enigmas de la mazmorra, la Gran Cara de Piedra. En el estupendo blog En los Gorgoten ya nos hablaron recientemente de este tema, por lo que si me lo permitís voy a saltar al siguiente número, el 289. En él, Gary no nos habla como máster sino que nos habla de uno de sus PJs favoritos y más conocidos, Mordenkainen, y nos cuenta algunas de sus aventuras en uno de los dungeons de Rob Kuntz (quizá El Raja Key): su primer encuentro con Bigby, su futuro aprendiz, sus problemas para seguir explorando por culpa de un pudding negro recalcitrante, y la peculiar manera en que consiguió superar ese problema: ¡domesticando al maldito légamo!

Como Adiestrar a un Pudding Negro, por Gary Gygax

Si no Puedes Aguantar el Calor…

Varias personas dirigieron campañas de D&D en las que mis muchos de mis PJs tomaron parte, pero durante varios años en aquellos primeros días, la mayoría de mis aventuras las vivía bajo la égida del DM Rob Kuntz. En aquellos primerísimos años, empezando a finales de 1972 y extendiéndonos hasta 1975, sólo había dos tipos de aventuras: exploración aleatoria al aire libre y encuentros prefijados en mazmorras. Aunque ambos tipos eran divertidos, adentrarse en las oscuras profundidades de laberintos subterráneos proporcionaba el entretenimiento más cargado de acción. No había duda al respecto; la mayor parte del juego consistía en disfrutar la emoción del mazmorreo.

Fue en una mazmorra diseñada por Rob Kuntz donde Mordenkainen se encontró al mago Bigby y le encantó, reclutándolo subsiguientemente como digno aprendiz. Sin embargo, como su nuevo aprendiz era tan sólo de nivel 3, en sus empresas más peligrosas Mordenkainen iba acompañado de sus fieles lacayos elfos guerreros-magos, Vram y Vin. Aquellos dos eran entonces de nivel 4/3, armados con arcos, espadas y hechizos menores. Sus habilidades de combate facilitaban las expediciones a las mazmorras inferiores. Como era normal entonces, Mordenkainen exploraba sistemáticamente cada nivel de la mazmorra, despejándolo de criaturas, aventurándose cada vez más profundamente al ir progresando.

Bajar del sexto nivel, sin embargo, era difícil, si no imposible. La cámara central con la única escalera hacia abajo era la guarida de un enorme y hambriento pudding negro. Tras el descubrimiento inicial -y la apresurada huida- de ese monstruo, Mordenkainen se propuso usar medios diversos para evitar a la criatura. El sigilo era inútil, dejarlo atrás corriendo no era posible por su posición, e incluso unos pocos disparos de una varita de bolas de fuego no lograron desmotivar a la criatura. Esto no servía en absoluto a los objetivos de Mordenkainen, y el pudding negro continuó bloqueando toda exploración más avanzada.

Así que, con Vram y Vin armados con una varita de parálisis y una varita de miedo respectivamente, Mordenkainen hizo una incursión y descendió rápidamente al nivel seis. Al entrar en la guarida del monstruo, los tres personajes pusieron sus varitas en funcionamiento. Por una vez, el pudding negro falló sus tiradas de salvación. Completamente chamuscado y embargado por un terror mágicamente inducido, pero del todo incapaz de alejarse, la criatura se quedó sentada y temblando en su “nido” central. Los tres aventureros se aproximaron al pudding negro, lo pincharon y aguijonearon pero no lo mataron. Después de una expedición exitosa al séptimo nivel, Mordenkainen encabezó cautelosamente el ascenso de nuevo a la guarida del pudding negro. Las tres varitas estaban enarboladas. ¡Ajá! ¡Nada salvo una cámara vacía! Por supuesto, la criatura para aquel entonces se había recuperado de la parálisis y se había retirado a curarse las heridas. Así que los tres aventureros siguieron adelante, sin ser molestados, y en un breve tiempo se encontraban de nuevo bajo la luz del sol en el mundo de la superfície.

No mucho tiempo después, Mordenkainen se llevó a Bigby y de nuevo se aventuró en las mazmorras. La pareja lanzó una bola de fuego al interior de la famosa cámara custodiada por el pudding, pero no oyeron nada. Adelantándose rápidamente, los dos vieron al pudding negro alejándose de ellos a máxima velocidad, dejando abierto y desprotegido el acceso a las regiones inferiores de la mazmorra. Todo había salido según lo planeado. El pudding negro había aprendido lo que era el miedo. Ahora estaba acondicionado a huir siempre que una bola de fuego explotara cerca de él.

Desde entonces, Mordenkainen y sus cohortes sólo tenían que enviar por delante una bola de fuego antes de entrar, y su acceso a los niveles inferiores quedaba libre y despejado. Otros exploradores de la mazmorra, al no conocer ese secreto, no tenían esa posibilidad. El pudding negro se mostraba activo en su agresión, esperando que algo de sabrosa carne humana suplementara su dieta de ratas y otras alimañas subterráneas. El acceso fácil trajo una abundancia de recompensas a los audaces, y dificultó que los aventureros en competencia lograran acceder a las partes más profundas. El mago y su aprendiz entraron en la cámara tan a menudo que con el tiempo la mera aparición de Mordenkainen, sin explosión ardiente de por medio, bastaba para hacer que el pudding negro se marchara deslizándose a toda la velocidad que podía. El monstruo se convirtió en una especie de mascota y guardián. Quizá sigue acechando en esa cámara a día de hoy…

La moraleja de la historia, si es que hay una, es que incluso los monstruos más tontos podrían ser adiestrados con una mezcla de habilidad y suerte. Como Rob era un DM muy capaz, permitió que tal acondicionamiento tuviera efecto. Me gusta pensar que fue una jugada inteligente lo que consiguió esto, no simplemente el cariño de un Dungeon Master por sus monstruos…

En la columna del próximo mes relataré las maravillas de un morador de las mazmorras del Castillo de Greyhawk, uno de los más buscados, y que siempre escapa.

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8 pensamientos en “Palabra de Gygax: Como Adiestrar a un Pudding Negro”

  1. Que cosa más chula, y a su vez, tan lógica… No muchos DJ (entre los que me incluyo) es capaz de imaginar este tipo de acciones y reacciones… Claro que en verdad es una cosa muy de tener una Megadungeon…

    ¡Muchas gracias por traducirlo!

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    1. Eso es lo que me mola de jugar al estilo old school… la idea de que el ingenio siempre es una alternativa, de que el combate es una opción más, no la única ni la mejor. Ese pudding no estaba puesto ahí como un desafío de combate, pensado para PJs de nivel X. Era un “ahí está eso, apañáte como puedas si quieres bajar”. Y para que eso funcione, el DJ tiene que estar abierto a que esas cosas puedan funcionar.

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  2. ¡De nada! Como decía en el comentario anterior, a mí también me parece una manera de jugar muy interesante. Es lo que separa un mata-mata en el que aporrear a todo lo que se mueve de otro estilo, que quizá desafía más a la creatividad y al ingenio de los jugadores que a sus fichas de personaje. Esto da lugar a este tipo de batallitas y anécdotas como la de Gygax, que sigues contando y recordando con cariño tantos años después.

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  3. Es súper curiosa la anécdota, la verdad, pero me resulta llamativo que se le permitirse a Gygax usar la columna para escribir una “batallita” en lugar de algún tipo de artículo más útil para el juego. Supongo que lo que le interesaría a la revista era contar con el nombre del fundador de los juegos de rol en plantilla y su conocimiento, y no les importaría que de vez en cuando soltase algo de este estilo.

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    1. La verdad es que no fue de vez en cuando, ¡estuvo 3 años contando batallitas prácticamente cada mes! Y resultó ser una de las columnas más populares de la revista.

      El mayor interés de estas anécdotas, para muchos lectores, está en las perlas de información que va soltando gota a gota sobre el dungeon de Greyhawk, que nunca vio la luz de forma íntegra en publicación, y también por la ventana a cómo se jugaba realmente en aquellos primeros tiempos. Y afrontémoslo, ¿a qué rolero no le gusta una buena batallita? 😄

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