Fragged Empire (IX): Paisajes de la Mente

KAHTA

La luz se esparcía a traves de un decantador de cristal tallado sobre un suelo de baldosas blancas y negras. Estaba jugando con su muñeco favorito, OMNIMAX, un robot fabricado por la Corporación. OMNIMAX derrotará a X’ion cuando regrese para la mayor batalla de todos los tiempos! OMNIMAX explora las ruinas de la humanidad perdida y lucha contra los piratas por tesoros que pertenecen a un museo!

Mamá entró, con su mano gris apartándole de la cara un mechón revoltoso de pelo. Huele a lavanda, por el jabón que usaba. Kahta no debía usar ese jabón. Era muy caro y papá lo compró para mamá, pero a veces lo hacía igualmente, y ella fingía que no se daba cuenta. A Kahta le gustaba mucho eso. No…

Estaba en un tubo, un tanque lleno de líquido. Veía personal científico y técnico a su alrededor, mirándola. Oh, mierda. La número doce está despierta, dijo alguien.  Bueno, pues vuélvela a dormir, respondió otro.

¿A qué estaba conectada? Algo que salía de su boca… algo como un tentáculo. Mamá nunca existió, ¿verdad? Ah… ¿porqué tenía que recordarla ahora? Ella era mentira, siempre había sido mentira.

Pateó el cristal con una rabia que no sabía de donde nacía, agitando el caldo de nutrientes en el que estaba sumergida. Pateó de nuevo, y el cristal se fracturó. La grieta creció como la escarcha a cámara rápida. Kahta se derramó al suelo junto a todo el contenido del tanque.

Kahta, dice alguien, pero en la vieja lengua. La que los Nephilim ya no hablan. ¿Era un cielo rojo lo que estaba viendo por la ventana del laboratorio? No sabía quien era, y en su cabeza se amontonaban los fragmentos rotos de recuerdos falsos. ¡Cogedla! -gritó uno de los científicos de bata blanca- ¡Que no escape! 

Eso no había ocurrido… o quizá sí… o quizá no a ella… Pero todo su ser le gritaba una sola cosa: huir. Empezó a correr desnuda por un largo pasillo metálico, y a su espalda empezaron a resonar los disparos de las escopetas disparándole dardos tranquilizantes. Resbalando y trastabillando, dobló recodos y subió escaleras de mano siguiendo el sonido de aquella voz, que gritaba su nombre sin cesar. Hasta que tuvo que dejar de correr. La pasarela metálica terminaba abruptamente sobre un gran agujero, un foso vertical sin fondo. Muy por debajo, algo inmenso, algo vivo, se agitaba, ansioso.

Kahta… Ven a mí… 

No tenía salida. Los soldados estaban empezando a aparecer. La devolverían al tanque y no saldría jamás. Jamás sería ella otra vez. Kahta cerró los ojos, y saltó. Lo último que sintió fue un nombre en su mente. Leviatán.

MURDO

No tenía más de 11 años cuando su madre dejó de hablarle de las ruinas de la Varesfera. El mundo natal de los suyos era el capitalismo a la escala más baja, y sus abuelos, lo más bajo de lo bajo. A duras penas pudieron entrar como polizontes en las naves del éxodo que llevaron con grandes penurias a los Vargarti hasta el sistema Haven. Nacida allí, la infancia de su madre en Alabaster-6 no pudo ser más dura. La choza en la que vivía olía a moho en otoño y se llenaba de ratas de alcantarilla en invierno. El ascensor no había funcionado en años. Su madre se unió a una banda, y en nombre de los Arcontes, en lugar de intentar olvidar la experiencia se la contaba a todas horas desde que era muy niño.

Murdo nunca había estado en la Varesfera, ni cuando eras un niño, ni como adulto. Que el supiera, nadie había regresado allí para ver qué fue de los que quedaron atrás. Pero si lo que vio de niño en Alabaster 6 era sólo un reflejo de la vida antes de Haven, debía ser un infierno. Su madre intentó siempre mantenerle fuera de las bandas, lejos de la escoria en la que ella se habia convertido al llegar. Y lo consiguió, le mando a Alabaster 4, a la Academia. Nunca supo qué tuvo que hacer para lograrlo.

Volvía a tener trece años. ¿Era él? ¿Como podía verse a sí mismo desde fuera de su cuerpo? ¿Y porqué tenía ese tatuaje? Recordaba haberselo hecho en las ruinas de un restaurante, cuando entró en la banda. Como destacó. Como ascendió en sus rangos. Como hizo dinero. Como mató. Pero eso jamás pasó… No a él. ¿Sark? Recordaba al tipo que debía dinero a la banda, que no podía pagar. Recordaba que suplicó, que ofreció a su hija. Recordaba que fue eso lo que le hizo tirar del gatillo. Sus sesos en la pared de su piso de mierda como un vómito artístico. Murdo tembló. Algo no estaba bien. Esa no era su vida. Sí lo era. Se fundía con otras. No pudo parar de temblar en horas tras el asesinato. Tenía que meterse algo de licor barato en el cuerpo. Si… ¡Pero esto nunca pasó! Un rostro apareció entre el fuego… Nathaniel… el cadáver carbonizado de su mejor amigo aún tenía ojos, y le miraban. Le culpaban.

¿Es aquello un recuerdo suprimido? ¿Era una alucinación? Entonces, ¿porqué parecía tan real, tan inmediato? ¿Era esa su madre? La veía como una silueta recortada contra la entrada del piso ocupado. Llevaba su vestido, se movía hacia él… Pero no era ella. Parecía una Vargarti, solo que era mucho más… se parecía a como los niños suelen dibujar a los míticos humanos. Era hermosa. Extendía su mano hacia él. Detrás de ella hay otro hombre… no, no era un hombre. Su frente era abrupta y sobresaliente, parecida a la de un primate. Qué es lo que tenía en las manos… ¿era eso una lanza?

¿Qué diablos está ocurriendo? La iba a matar. Su madre susurraba su nombre. Murdo, ven a mí. El terror le congelaba. Los ojos de Nathaniel Sark le miraban. La criatura de la lanza se movía para matar a su presa. Murdo, ven a mí. Murdo se levantó y se lanzó hacia delante con un gran esfuerzo, como si el mundo estuviera hecho de melaza. Aferró la lanza de la criatura en un intento de arrancarsela de las manos, y casi no lo sintió cuando ésta le atravesó el pecho. Lo único que sintió al perder la conciencia fue un nombre en su mente. Leviatán.

JINX

Donny, tu hermano, está cambiando de canal en el vid otra vez. Mamá dice que te toca a tí, pero él es mayor y quiere ver ese deporte absurdo que le gusta tanto.

¡Mamá! -gritas, esperando que ella intervenga. Entonces es cuando ocurre. ¿Qué tendrás, cinco años? ¿Cuatro?

Donny pone el partido, y todo cambia. Las legiones de X’ion hacen llover fuego desde el cielo. Las cúpulas geodésicas se desmoronan a tu alrededor. La casa de tus vecinos estalla en una bola de fuego. Mamá te coge, empujándote hacia el sótano justo cuando la bola de llamas la alcanza. Su cara, iluminada desde atrás durante ese instante antes de que el fuego la consuma.

Jinx se despertó en la oscuridad. La habitación volvía a gotear. Nunca había tenido un hermano llamado Donny. Todo eso ocurrió 100 años antes de que naciera, a otra persona, cuyos recuerdos había heredado. Pero ese hecho no lo hacía menos real. Se puso el mono de trabajo, ya medio vestido al despertar. Nadie dormía desnudo bajo tierra. Una de las cúpulas acababa de informar de que habían avistado algo – una gran criatura marina. Esa cúpula ya presentaba grietas de tensión. Había que ponerse el traje y arreglarla, aunque aún era un muchacho y de los pocos Kaltoranos a los que estas cosas no se le daban bien. Corrió el corto tramo hasta la esclusa de aire cuando a través del ojo de buey lo vió… imposiblemente grande, más grande que cualquier ballena. Por los Arcontes, ¿que era eso? Leviatán, te dice… pero su voz está en tu cabeza, no la escuchó con sus oídos. Max, su colega de buceo, le miró. Luego miró a la nave. De alguna manera, sabía que era una nave. De alguna manera, sabía que se llamaba Leviatán. James, ven a mí. 

Iniciaron el descenso con sus tanques de oxígeno, linternas y las herramientas mínimas. La red de grietas en la cúpula era visible incluso a distancia, había que sellarlas inmediatamente, la tensión que soportaba era brutal. No tenían más de unos minutos. Entonces el agua se desplazó detrás de él, y supo que ella estaba allí. Se acercaba cada vez más. Debía arreglar la cúpula… su gente dependía de ello… era lo que querían de él… lo que querían que hiciera… Y Jinx empezó a hacer justo lo contrario. Aquello no estaba bien. Estaban jugando con él. Empezó a golpear con la llave inglesa la cúpula, y con cada golpe, la grietas se expandían. Vamos, vamos… Max intentó agarrarle, frenarle, movido por el pánico, pero no se dejó inmovilizar. El último golpe rompió la cúpula, abriendo un boquete del tamaño de su cabeza, y haciendo que de repente una tromba de agua entrara en su interior, aplastando la ciudad kaltorana como el devastador puño de los dioses. Las enormes fauces abiertas se tragaron a Jinx mientras perdía ya el conocimiento, con un nombre en su mente. Leviatán.

THANATOS

Decimus era el mejor de su clase de jóvenes cadetes. Era el mejor cuando Thantos se matriculó en la unidad de adiestramiento de Operaciones Especiales de la Legión. Era el mejor en el combate de infantería virtual. No duró ni diecisiete segundos cuando sus cápsulas se abrieron en aquel mundo de mierda.

Contratado para luchar junto a la Corporación, la familia de Decimus recibiría una prima por su muerte. Se enfrentaban a los Nephilim aquel día. Porqué diablos elegiría cualquiera de los bandos ese pantano apestoso, cualquiera lo sabía. Los Nephilim pegaban duro. Todo su pelotón cayó, excepto él. Su adiestramento se disparó. Hizo las cosas bien. Pero al final, la suerte es lo único que separa a los vivos de los muertos en el campo de batalla.

Dos días después, en el comedor de la Constantine, un tipo de la Compañía Fox perdió la cabeza. Empezó a gritar, intentó matar a uno de sus compañeros Corp con un tenedor. No pasaba mucho, pero pasaba. él eras de la Legión, él no se rompió. Tres días más tarde, ocurrió de nuevo durante unas maniobras de rutina. Un tipo le voló la cabeza al sargento durante la instrucción. Le hubiera volado la suya si no le hubiera tumbado de un puñetazo. Un momento… ¿todo esto ocurrió?

Una y otra vez a lo largo de las próximas tres semanas, los veteranos de Besha-IV -aquel puto pantano- empezaron a saltar. Los médicos dijeron que era algún tipo de agente nervioso psicoactivo de los Nephilim. Ahora Thanatos ya no se podía fiar de sí mismo. Era una bomba de tiempo. Todos los eran. Casi toda la compañía enloqueció en los meses siguientes. Todos menos él. Siempre era el único. Siempre era el que sobrevivía, incluso cuando debería morir. Ahora estaba en ese bar donde conoció a Kryll… ¿como se llamaba? El corp estaba allí, bebiendo, pero de repente todos sus rasgos se volvieron líquidos por un instante, y empezó a parecerse a un Nephilim Alpha. El barman llevaba una placa con su nombre: Leviatán. ¿Qué clase de nombre era ese? ¿Que estaba ocurriendo aquí?

De repente, alguien chocó con él y le derramó la cerveza. Ese era el momento. Ese era el punto en el que se disparaba la locura. Lo recordaba con claridad… pero no sabía si pasó. ¿Porqué no recordaba la locura de sus compañeros? ¿Porqué había regresado ahora? El caos siguió a su arrebato de furia incontrolable. El bar estalló en una pelea colosal, y de nuevo, sólo él quedó en pie. Saliendo al exterior en la lluvia, empezó a ver cosas. A un científico de bata blanca trasteando en su cabeza con un bisturí. Le sacaban muestras de sangre, y las guardaban… las replicaban… Había algo en el cielo, algo inmenso, colosal, y preparado para la guerra. La criatura se movía, y tenía las armas a punto. Legionario, ven a mí. Tenía que llegar hasta ella. Tenía que abrirse camino. Los callejones de la ciudad se volvían borrosos, todo era confuso. Decenas de criaturas Nephilim le bloqueaban el paso, pero se abrió paso entre ellas como si fueran un mar de hierba podrida. Cuando finalmente cayó, lo hizo con un nombre en la mente. Leviatán.

KRYLL

Se encontraba a bordo de la Decameron, el buque de guerra corporativo en el que sirvió como marine durante las campañas de Mishpacha. Aquella era su vida, lo que sabía hacer, su función en la vida. Siempre le habían gustado las cosas sencillas. Apuntar. Exhalar. Gatillo. Muerte. él era un arma, y si le apuntaban al enemigo, éste se podía dar por muerto.

¿Porqué dudaba entonces? Porqué no podía apretar el maldito gatillo cuando se lo ordenó el capitán? Aquella gente eran enemigos de la Corporación, rivales que se habían apoderado de una estación por la fuerza. ¿Porqué corrían entonces? ¿Porqué no daban la cara en lugar de huir como ratas? Nunca le había temblado el pulso a la hora de disparar a alguien por la espalda… ¿porqué su dedo no se movía?

La misión fue un éxito a pesar de su bloqueo. El capitán gritó y escupió su nombre, y supo que jamás podría volver a servir a ese tipo. Se levantó y arrancó los galones del pecho y de los hombros, y supo que su carrera había terminado. Se marchó de la Decameron entre insultos, bañado en el desprecio de los compañeros que habían matado por él y por los que había matado. A día de hoy, aún no sabía qué diablos se apoderó de él. Pero los Kaltoranos recordaron lo que había hecho. Le dieron una segunda oportunidad. Y la rechazó. Sólo sabía hacer una cosa en la vida: disparar.

Pasaron años como segundos. En su mente había alguien oculto, y llamaba su nombre. , Servía como francotirador de una unidad de mercenarios. Nunca había vuelto a dudar, pero nunca le habían vuelto a ordenar disparar a viejos y a niños por la espalda. Sabía que el día que lo hicieran, su dedo volvería a fallar, y su vida terminaría otra vez. Pero mientras tanto, tenía un nuevo propósito. Aunque… la batalla no iba bien. El plan había fallado, y sus camaradas caían como moscas. En lo más intenso del fuego enemigo vió a ese gigantón de Verpila, vaciando su cañón de asalto, y le avisó por el comunicador que había que retirarse. El legionario le devolvió un insulto a través de la radio, y se levantó, saliendo de cobertura como un demente mientras no dejaba de disparar. Entonces una sombra cubrió el sol, y algo enorme, monstruoso, vivo, apareció en el cielo. Una voz dijo su nombre…  Thillian, ven a mí. Aquello estaba armado. Tenía sus armas cargadas y apuntaba a un objetivo. Y su dedo no fallaría.

Gritó y salió al descubierto, haciendo lo que no había hecho en realidad, correr a socorrer al loco de Verpila. Cuando le atravesaron el pecho de un disparo, cayó con un nombre en la mente. Leviatán.

TODOS

Estaban todos allí, en una especie de vacío lleno de colores abstractos imposibles de definir en ningún espectro visual humano. El universo se desplegaba a su alrededor, cientos de sistemas, estrellas, nebulosas y agujeros negros, todas desfilando a una velocidad imposible, moviéndose hacia un punto concreto. Un minúsculo punto de luz fue creciendo a un ritmo pasmoso, convirtiéndose en el dorado Esh, el sol de Haven. El campo visual se fue estrechando hasta que varios planetas quedaron atrás y en el horizonte sólo se veía un enorme gigante blanco y gaseoso, rodeado por un espectacular anillo. Alabaster. Un pequeño punto en su órbita empezó a acercarse poco a poco, distorsionado como si estuviera visto a través de los ojos multifacetados de un insecto colosal. Era la estación de armas de Makor. No, había sido una plataforma armada durante la Gran Guerra pero ahora… ahora era una colonia, con centenares de habitantes. Leviatán lo negó. Era una plataforma armada. Su objetivo entonces. Su objetivo ahora.

Uno a uno, todos fueron despertando, retirando de su cara los tentáculos de interfaz. El mundo real sustituyó súbitamente el paisaje mental, y tras unos segundos de confusión, todos lo notaron. Leviatán se estaba moviendo. Estaban viajando a velocidad de salto, y todos sabían hacia donde se dirigía. La nave Nephilim tenía una última misión que cumplir, y nada le impediría llevarla a cabo.

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