Fragged Empire (VIII): Del Fuego a las Brasas

La Tripulación de la Tartarus

  • Murdo Morrison: Piloto corporativo y antiguo contrabandista
  • James T. Jinx: Bribón kaltorano, hombre para todo
  • Thanatos Verpila: Mercenario legionario sin demasiados escrúpulos
  • Kahta: Científica Nephilim, experta en ingeniería, medicina y biotecnología
  • Jagh: Asesino Nephilim de casta híbrida, dotado de potencial psiónico
  • Thillian Kryll: Francotirador corporativo, antiguo compañero de Thanatos

Con un ensordecedor sonido borboteante, el estómago de la inmensa nave viviente puso en marcha un sistema digestivo que llevaba un siglo inactivo. La presencia de los cinco intrusos había despertado a la antigua biomáquina, y ésta estaba reaccionando por puro impulso como cualquier otro animal después de una larga hibernación. Algunas de las criaturas que les perseguían habían conseguido entrar en el cavernoso estómago tras ellos, pero las tres válvulas de acceso al órgano se habían sellado con fuerza mientras su interior empezaba a llenarse de jugos gástricos que goteaban del “techo” y manaban de las “paredes”. Uno de los grandes goterones amarillentos cayó sobre Kryll, y el grito de dolor del corp se unió al siseo del ácido agujereando su armadura de sinteacero. Estaban a punto de ser digeridos.

Las tres válvulas selladas quedaban tras ellos, al otro lado de varias de las contrahechas criaturas Nephilim, pero en frente, al otro lado del estómago, se encontraba una cuarta abertura que se abría y cerraba a intervalos aparentemente aleatorios. Los cinco empezaron a avanzar en esa dirección mientras disparaban a sus perseguidores, a la vez que intentaban esquivar los cada vez más numerosos goteos gástricos. Jinx soltó varios disparos a las paredes, para ver si el dolor de la gran bestia la obligaba a abrir las válvulas, pero no tuvieron un gran efecto. Habían logrado cruzar media caverna cuando las criaturas se les echaron encima, y entonces, mientras se defendían en combate cerrado, el suelo empezó a abrirse bajo sus pies.

[Fue una de esas escenas de acción en las que cada nuevo giro parece empeorar aún más la situación. Como colofón de una sesión intensa y trepidante desde el principio, aquella parte llevó a los jugadores al borde del paroxismo.]

El suelo de tejido y músculo empezó a combarse hacia adentro y a separarse por su parte central, revelando debajo la otra mitad del estómago, un caldero burbujeante de jugos ácidos. Una de las criaturas que tenía Thanatos encima resbaló por el súbito cambio de inclinación y cayó a su interior, aullando mientras se disolvía en cuestión de segundos. Kahta estuvo a punto de caer también, pero logró agarrarse a Skinny, y el animal tiró de ella para apartarla del borde. El estómago se convulsionaba entre colosales borborigmos, y cada nueva sacudida amenazaba con precipitarles al foso cada vez más abierto.

Sin pensárselo dos veces, y a pesar de sus heridas, Thanatos se lanzó contra la válvula en uno de los fugaces momentos en los que se entreabrió, y agarrándola con todas sus fuerzas, la mantuvo abierta para sus compañeros. Abandonando toda precaución, corrieron a la desesperada, cruzando los metros que les separaban del oscuro conducto. El enorme legionario se metió de un salto mientras el suelo del estómago se abría del todo, haciendo caer al resto de criaturas a una muerte atroz.

Un hedor horrible, espantoso, les recibió, peor que nada que hubieran podido oler antes. El suelo estaba húmedo por una especie de repugnante residuo liquido, que también recubría las rosadas paredes. El túnel, formado por una especie de víscera tubular, serpenteaba hacia delante hacia un olor todavía más fuerte y nocivo. Las paredes por delante de ellos estaban muy juntas, como contraídas por la acción muscular. De repente la válvula de acceso desde el estómago se abrió durante unos instantes, dejando entrar una oleada de residuo nauseabundo y convulsionando el conducto a lo largo de toda su longitud. El brusco movimiento les empujó hacia delante entre tumbos. Aquello le había dado a Kahta una idea bastante precisa de la parte del sistema digestivo en la que se encontraban.

¡Esperemos que el sistema digestivo de esta nave aún pueda separar los residuos de los nutrientes con eficacia! -gritó la Nephilim a sus compañeros-. ¡O seremos… evacuados… al espacio!

Sus camaradas no tuvieron tiempo de expresar lo que sintieron al comprender a qué se refería, pues otra convulsión sacudió el intestino, y una oleada de materia residual les arrastró hacia abajo, donde el tubo se bifurcaba en dos direcciones. Thanatos se plantó con todas sus fuerzas, extendiendo sus brazos y piernas contra las paredes para impedir que sus compañeros fueran arrastrados, mientras Kryll hundía su cuchillo en la carne de la bestia para aferrarse a ella. Jinx, sin embargo, no logró evitar ser arrastrado, y estuvo a punto de desaparecer por el ramal por el que se iba todo el apestoso líquido. Entonces, improvisando salvajemente, dejó de intentar resistirse y saltó todo lo que pudo en el aire mientras activaba las botas magnéticas de su traje. El interior de la nave viviente no era metálico, y las botas no se pegaron a él… pero si a la armadura de sinteacero de Kryll. Se quedó adherido a ella sólo un segundo, pero fue suficiente para que el corp le agarrara del brazo e impidiera que fuera expulsado al vacío junto al resto de materia orgánica.

[El jugador de Jinx tuvo que gastar un punto de Destino para poner en práctica aquella idea descabellada y poder repetir la tirada que había fallado, y a la segunda tuvo éxito. Por suerte no sacó un triple en la repetición: como kaltorano, se hubiera visto abrumado por recuerdos súbitos y no deseados de algún antepasado y hubiera adquirido alguna complicación psicológica…]

Siguiendo las indicaciones de Kahta, se apresuraron a avanzar por el otro ramal, tan estrecho que les obligó a gatear primero y a reptar después, hasta que finalmente, uno a uno fueron emergiendo por una especie de tubos transparentes colgados del techo de una estancia que ya habían visto antes. Ahora ya conocían la función de aquella sala en la que un material desconocido se almacenaba en contenedores bulbosos… era el almacén de los nutrientes que la nave procesaba tras su proceso digestivo.

No aparecieron más criaturas “anticuerpos” enviadas para darles caza, y aprovechando el momento de respiro, se limpiaron la mugre como pudieron mientras intentaban elaborar un nuevo plan de acción. Kahta estaba segura de que su presencia había despertado a la vieja nave de su sopor, especialmente después de que ella se conectara a su mente a través de aquella interfaz en forma de tentáculo. Probablemente no estaba del todo despierta todavía, y su organismo actuaba a nivel subconsciente, intentando satisfacer sus necesidades más vitales: auto-preservación, alimentación… Habían logrado no ser devorados en vida, pero seguían atrapados, con las esclusas de aire que llevaban a la Tartarus selladas con fuerza. No podían acceder al arsenal para reponer munición ni a la enfermería para atender sus heridas. Eran prisioneros en el interior de la bestia, y si no hacían algo al respecto, jamás saldrían de allí.

Por lo que habían podido ver, estaba claro que la nave antaño había tenido tripulación… Debía haber alguna manera de manejarla, y Kahta estaba segura de que tenía que ver con la interfaz que ella misma había probado. Su comunión con la nave había sido abortada antes de que pudiera completarse… quizá valía la pena volver a intentarlo. La científica creía que la sección en la que se encontraba el tentáculo era uno de los hemisferios del cerebro de la nave… ¿habría otro tentáculo de interfaz en el otro hemisferio? Antes de volver a probar a ciegas nuevamente, decidieron explorar la nave mientras esta les daba un respiro para hacerlo. Quizá encontraran más pistas acerca del funcionamiento de la antigua arma viviente.

[En este momento, los PJs pasaron a nivel 2. En Fragged Empire, no se cuentan Puntos de Experiencia ni nada parecido: cada 3 sesiones de juego se sube un nivel. Como en ocasiones en mi grupo jugamos sesiones cortas donde no hay peligro ni acción real, esas sesiones no las contabilizo para el progreso, pero ahora ya les tocaba avanzar. ¡Se lo habían ganado con creces! La subida de nivel, además de aumentar la cantidad máxima de Recursos e Influencia que el PJ puede acumular, también otorga un nuevo rasgo. Murdo, que decidió prescindir de drones por el momento, cogió Munición Especial, un rasgo de armas exóticas que permite gastar los Triunfos en aplicar distintos efectos como derribo o explosión a un disparo siempre que se emplee un arma personalizada. Jinx eligió Deducción, un rasgo de Atención que permite que analizar con éxito a un enemigo, además de permitir tiros apuntados, le ofrezca mayor información sobre su equipo, habilidades, características o su estado de salud actual. Thanatos se cogió el rasgo de Psicología Interrogación, revelando que una de sus funciones en la Legión había sido precisamente esa (entre otras cosas, el rasgo da un +2 al daño de Aguante de todas las armas… para qué os voy a contar). Kahta, por su parte, eligió Culto, un rasgo sólo disponible a verdaderos genios, ya que requiere Inteligencia 5, Este rasgo da un +2 a analizar a enemigos y lo que es verdaderamente jugoso, un +2 a todas las tiradas de Tiempo Libre, convirtiendo a Kahta, que por ser Nephilim ya tiene un +1, en una auténtica pasada a la hora de crear, reparar y conseguir cosas en los tiempos muertos. Kryll, habiéndose incorporado más tarde, aún no pasaba de nivel. Es notorio como los personajes se van definiendo más y más al ganar nuevos rasgos.]

La exploración dio sus frutos, aunque también supuso nuevos peligros. Siguiendo el razonamiento de Kahta, el grupo exploró el ala de la nave que aún no habían pisado, y efectivamente, se encontraron en el otro hemisferio del cerebro, con otro lóbulo frontal mostrando una actividad neuronal cada vez más acelerada… la nave estaba recuperando la consciencia de sí misma por momentos. Encontraron otra sala de interfaz, donde un tentáculo idéntico al anterior se desplegó por si mismo desde el techo, como ofreciéndose a ser usado. También encontraron lo que parecía ser una sala de control de armas de emergencia, y una gran puerta iris que se cerraba con fuerza, resistiéndose a revelar sus secretos. Kahta y Thanatos combinaron sus esfuerzos, y aún entre ambos a duras penas lograron abrir la espiral de dura quitina negra y poder atisbar el interior.

Débiles luces, como un fuego fantasma en la oscuridad del espacio, se deslizaban periódicamente a lo largo del centelleante entramado del material parecido a una telaraña que llenaba aquella sala. De pared a pared, gruesas y viscosas hebras colgaban y se entrelazaban. Habían oído antes historias de arañas espaciales, pero siempre habían creído que eran tan sólo cuentos para asustar a los niños. Incapaz de contener su curiosidad científica, Kahta alargó los dedos hacia una de las vaporosas hebras, y vio que en realidad se trataba de tejido neural que formaba capas extendido en una red gigantesca. El tejido estaba “vivo”, transmitiendo impulsos eléctricos a lo largo de sus sinapsis, de ahí los destellos esporádicos que lo recorrían. Entonces, una de las hebras vibró por sí sola, seguida de otra. De repente, algo grande cayó al suelo entre ellos, un enorme cuerpo de carne semi-translúcida dotada de ocho largas patas articuladas, una de las cuales rasgó el traje técnico de Kahta y le abrió una larga herida en la espalda. Al momento, aquella especie de araña, ese cuento de viejas encarnado, empezó a atacar con saña, usando las pinzas de su mandíbula y sus ocho patas rematadas en delgadas agujas punzantes con una coordinación absoluta y enervante.

[Aquel combate fue interesante, porque ya que se trataba de una única criatura, a efectos mecánicos eran 9 distintas: el cuerpo y sus 8 patas. Cada pata contaba como un enemigo de nivel “esbirro”, mientras que el cuerpo era un enemigo de categoría “némesis”. Las patas se movían y atacaban independientemente, pero debían permanecer siempre a 2 casillas del cuerpo, y podían también ser destruidas de manera independiente. De esa manera, los jugadores se enfrentaban a la decisión de destruir patas para reducir el número de ataques que se llevaban por turno, o atacar al verdadero enemigo, el cuerpo. Es una mecánica que hasta ahora había visto en videojuegos, pero que nunca había visto implementada en un juego de rol, y que funcionó muy bien para crear la sensación de un monstruo realmente poderoso. A los jugadores les encantó. El combate terminó en huida, siguiendo la intuición de Kahta. Al ver que aquella sala estaba tan bien protegida, el jugador de la Nephilim dedujo que probablemente allí se realizara una función vital para el funcionamiento de la nave, y que la araña debía ser un mecanismo de defensa.]

Tras la confusión inicial, y verse abrumados por el poderío físico de la criatura octópoda, Kahta gritó a sus compañeros que se retiraran. Estaba segura que si abandonaban aquella sala y su red neural, su guardiana no les perseguiría. Su razonamiento fue correcto, y tras retirarse, pudieron vendar lo peor de sus heridas, y hacer un recuento de la escasa munición que les quedaba. Reanudando su exploración, encontraron varias salas más. En algunas se veían restos de la antigua tripulación absorbidos parcialmente por las paredes de la nave, y hallaron algunas de sus armas biotecnológicas aún funcionales, como un lanzador de espinas y una pistola de ácido, que conservaron por si acaso. En varias salas más -entre ellas una especie de sala de control de armas – encontraron más tentáculos de interfaz.

También encontraron lo que sin duda había sido el camarote del capitán. Más espacioso y ornamentado que los otros habitáculos, la sala contenía una vaina-camastro ahuecada en la pared. También en la pared, inmersa en un orbe de algo parecido al ámbar, se encontraba lo que podía ser una pantalla de visionado. Un panel que contenía la huella de una gran mano de tres dedos se encontraba junto al orbe.

Sabiendo que probablemente el lector sólo reconociera el ADN Nephilim, Kahta unió sus dedos para simular la forma de la mano y presionó la palma contra el artilugio. Al hacerlo, el orbe pareció arder e iluminarse desde dentro, y la cabeza holográfica de un Nephilim Alfa apareció flotando en el aire, y empezó a recitar entre parpadeos e intermitencias la última entrada de su diario de bitácora. Sólo Kahta entendió las palabras en Alto X’ion, pero tradujo a sus compañeros:

He fallado a mis amos y a mi programación genética. Leviatán y yo morimos aquí, en el infinito vacío del espacio. Debo hacerla dormir. Quizá ella encuentre la energía suficiente para despertar más adelante y cumplir nuestra misión. Ojalá pudiera yo decir lo mismo. Soy una creación fallida, X’ion…

Un temblor sacudió la nave entera, como si Leviatán, pues aquel era su nombre, se hiciera eco de las últimas palabras de su capitán. La nave estaba completamente despierta ahora, pero desde que escaparan de su estómago, no había vuelto a enviar a sus criaturas contra ellos. Parecía cada vez más dueña de sí misma, y aún así no les dejaba marchar. Era como si quisiera algo de ellos. Fue Murdo quien dio con la solución. Leviatán había tenido un capitán en el pasado, y una tripulación… ¡y quería volver a tenerlos! Kahta asintió en silencio. La nave tenía una funcionalidad autónoma limitada, pero fue creada para ser tripulada. Por eso los tentáculos de interfaz se desplegaban a su paso. Leviatán les necesitaba.

Jinx se negó en redondo. No pensaba dejar que esa nave de X’ion hurgara en su cabeza. Ya tenía bastante con los recuerdos de vidas que no eran la suya, no iba a permitir que un monstruo espacial accediera a su cerebro y le hiciera vayan los Arcontes a saber qué. Fue necesaria una considerable insistencia y argumentos persuasorios para hacer cambiar de opinión al testarudo kaltorano, pero al final, si accedió fue por saber qué no tenía más opción si quería salir de allí con vida. Trazado el plan, los cinco de la Tartarus se dispersaron por la nave, cada uno ocupando un puesto de interfaz. Sincronizando sus relojes, y con el corazón en un puño, a la señal convenida los cinco acercaron el extremo del tentáculo a sus rostros. Los cilios buscaron ansiosamente la piel de sus rostros y sus sienes, y un pinchazo agudo a través de sus fosas nasales les hundió en la negrura más absoluta que hubieran experimentado jamás.

Ilustración de Elliott Byrne

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