Fragged Empire (III): Problemas en Paradiso

Nota: En esta entrada empieza la crónica de la aventura “Let Sleeping Gods Lie”, y obviamente contiene spoilers de la misma. Si alguien desea disfrutarla como jugador, que siga leyendo a su cuenta y riesgo.

Encontrar trabajo después de UBIK estaba resultando… problemático. Nadie sabía que habían sido internados; Ares se había encargado de eliminar cualquier rastro, físico o digital, de su paso por el centro. Pero su desaparición del circuito había hecho estragos, y la mayor parte de los contactos de Murdo y de Jinx les creían fuera de la circulación de manera permanente. Durante la última semana, la Tartarus había recorrido las principales rutas comerciales de Haven, haciendo paradas en astropuertos y núcleos comerciales con la esperanza de encontrar un trabajo que les ayudara a seguir volando. Sus patrones les habían puesto la nave en las manos, y se habían asegurado de proporcionarles suficientes permisos de atraque para una buena temporada, pero aún así había que pagar las tarifas a las autoridades portuarias, llenar la despensa (Thanatos comía por cuatro) y recargar los tanques del hidrógeno que consumían los motores de combustión de la Tartarus. No había habido suerte, y los pocos trabajos que les habían ofrecido habían sido abusivos en el mejor de los casos, y obvios intentos de doble juego en el peor. Si no conseguían créditos pronto, la misión que les habían encomendado podía darse por finiquitada.

Pero ahora el antiguo transporte de prisioneros volaba con un rumbo fijo por primera vez desde que abandonaron la órbita de Alabaster. Unas horas antes, había llegado un mensaje al canal privado de Murdo. Se trataba de un viejo conocido, Milo, para quien Murdo había trabajado varias veces en sus días de “comerciante libre”.

¡Morrison, viejo perro estelar! He oído que se te ha visto merodeando por Alabaster 5. Pensé que finalmente alguien te había echado el lazo, me alegra ver que no has perdido tu toque. Nueva nave y nueva tripulación, ¿eh? ¿Qué le ha pasado a la Horizonte? Bueno, da igual… no sé lo que habrás estado haciendo, pero dicen que buscas trabajo, y yo tengo trabajo. Y del bueno. Esto es un A+, ya me entiendes… una oportunidad única. Pasta gansa para ambos. Si te interesa, pon rumbo a Paradiso cagando leches. Búscame en el Mondo Babylon… no tiene pérdida. Y no tardes. Mis jefes quieren el trabajo hecho cuanto antes, y este donut volador está lleno de cucarachas que harían lo que fuera por un sueldo como éste.

Murdo conocía bien a Milo. Era un tiburón… amistoso, agradable, sonriente y engominado, pero  tiburón al fin y al cabo. Pero siempre cumplía los tratos, y pagaba a tocateja y sin remolonear. Sabía que la reputación valía más que los créditos. Podía apretarte las tuercas al máximo durante una negociación, pero en cuanto se cerraba el trato, cumplía con su parte. Y ahora mismo no podían permitirse rechazar una oferta como aquella. Cuando se lo comentó a sus compañeros, todos estuvieron de acuerdo en algo por primera vez desde que subieran a bordo.

Ahora, tras alinear el rumbo con el apogeo de la órbita de Alabaster, Paradiso se había situado por fin al alcance de los sensores visuales de la Tartarus, y la inmensa estación espacial aparecía en todo su esplendor en las pantallas del puente. El famoso resort orbital se mostraba como un largo toroide flotando en el espacio, con su silueta destellando por los reflejos de la luz de Esh sobre el blanco gigante de gas al que orbitaba. Paradiso era un absoluto monumento al credo capitalista de la Corporación, una ciudad-estación donde todo tipo de gustos y placeres, legales e ilegales, podían ser satisfechos por un precio. Era el destino favorito para las vacaciones de todos los ricos y aspirantes a ricos de Haven. Sus casinos, como el Mondo Babylon, eran legendarios, y no cerraban nunca. Nunca se hacía de noche en Paradiso, sometida siempre a un crepúsculo perpetuo por su cercanía a Alabaster. Tan sólo se instauraban ciclos artificiales de día y noche en ocasiones muy especiales, como el Carnaval que se estaba celebrando justo en aquellos instantes.

[La reciente paternidad del jugador de Jagh hizo que no pudiera jugar esta aventura, con lo que, a partir de este punto, su personaje se quedó a bordo de la nave, aduciendo que llamaría demasiado la atención por su aspecto monstruoso y que estaba poco deseoso de mezclarse con la sociedad Corp que les esperaba en la estación orbital].

Tras pedir permiso para atracar, la Tartarus aterrizó suavemente en una de las plataformas del hangar más cercano al punto de encuentro, y el variopinto grupo salió a las calles de Paradiso. O mejor dicho, la calle. La Tira, como la llamaba todo el mundo, era la gran avenida que recorría la superfície interior de la gigantesca estructura en forma de anillo. La gravedad se mantenía artificialmente a base de rotación, y durante los primeros minutos, el efecto fue desconcertante para los recién llegados. Al mirar hacia lo lejos, el horizonte dibujaba una ligerísima curva ascendente, pero si uno miraba hacia arriba, en la distancia podía atisbar como la misma avenida en la que uno se encontraba se curvaba sobre sí misma, atestada de gente diminuta que también les miraba desde lo alto. Por doquier había casinos, tiendas, puestos, restaurantes y máquinas expendedoras, y no había un centímetro de espacio que no estuviera ocupado por grandes anuncios holográficos que se adaptaban automáticamente a las necesidades y gustos de cualquiera que pasara por delante, ofreciendo lo que su historial de navegación en el Torrente de Datos indicara. Paradiso podía resultar abrumador en un día cualquiera, pero aquel no lo era. La Tira entera estaba invadida por un inmenso desfile de Carnaval, en el que lo más granado de Haven intentaba imitar costumbres y modas que se atribuían a la perdida Humanidad, a partir de lo que se había podido reconstruir arqueológicamente. Grandes gigantes holográficos circulaban junto a carrozas aerodeslizadoras, interrumpidas de vez en cuando por el paso de algún grupo de drones de seguridad. Después de meses en sus celdas de UBIK, el puro caos y la frivolidad del lugar les resultaron mareantes a todos, y especialmente a Jinx, cuyo pueblo malvivía aún en gran parte en ciudades-cúpula anegadas bajo los mares de Kadash.

El Mondo Babylon seguía el mismo estilo excéntrico y rimbombante, en un intento de capturar todas las corrientes artísticas de la legendaria Tierra y pasarlas por la batidora para crear una explosión de estilos que en el fondo, eran totalmente imaginarios, pues nadie en la actualidad tenía la más mínima idea de cómo era el arte humano original. Tras decir sus nombres, un par de seguratas legionarios les franqueó el paso sin decir palabra, aunque era evidente que únicamente tenían acceso al lugar por obra y gracia de Milo. La primera planta era el casino, y todo tipo de apuestas y juegos de azar se estaban llevando a cabo allí, mientras los mirones bebían sin parar y en los rincones libres se bailaba desenfrenadamente al ritmo de una música electrónica absolutamente cacofónica. Milo les esperaba en el nightclub de la segunda planta. Mientras localizaban el reservado que la azafata les había indicado, a Jinx se le erizó el vello de la nuca. Un tipo que bebía en la barra no les quitaba el ojo de encima. Era un corporativo delgado y de aspecto bastante desaliñado, como si llevara varias noches de juerga seguidas en aquel lugar. Cuando la mirada del kaltorano se cruzó con la suya, el corp volvió a hundir la vista en su vaso.

Cuando encontraron el reservado, Milo les estaba esperando, con la corbata desanudada y con una botella de vino ambarino descorchada en la mesa. La mitad de su rostro estaba bañado en la luz azul de los electrones de una pantalla abierta. El ejecutivo les miró uno a uno con ojos penetrantes , y finalmente les invitó a sentarse.

Tienes buen aspecto, Morrison. No nos habíamos visto desde ¿cuando? ¿Lo de Liberty? Pero claro, entonces todavía eras parte de la máquina. No se te ha visto mucho el pelo últimamente, pero supongo que de vez en cuando, un pequeño exilio autoimpuesto va bien para los negocios. Tus compañeros parecen bastante… curtidos. Eso es bueno. Pero vale, basta ya de prolegómenos. Somos hombres de negocios, tu y yo, y el tiempo es oro, ¿verdad? El tiempo apremia de verdad. Parece ser que algo verdaderamente fortuito ha resurgido del cinturón del Monopolio. Un pecio, y de un valor considerable. Nephilim, según todos los informes. Una antigua nave de la Gran Guerra.

Ante aquellas palabras, Kahta se puso rígida en su asiento. Para ella el dinero era sólo un medio para poder continuar con sus investigaciones, pero aquello… una reliquia de su pueblo, cuando aún seguían bajo el yugo de X’ion… aquello era irresistible para una mente inquisitiva como la suya. Milo siguó hablando, reprimiendo a duras penas una sonrisa de dientes blanquísimos ante la reacción de la Nephilim.

Piensa en el valor de una recuperación así. Las patentes básicas que podrían hallarse a bordo. Gran parte de toda esa bio-tecnología se ha perdido desde entonces, incluso para sus creadores. Patentes básicas, ¿no te hacen chiribitas los ojos con el mero sonido de esas palabras? Eres mi hombre, Murdo. Quiero que la ¿Tartarus, era? recupere esa nave y me la traiga de vuelta. Ha pasado mucho tiempo, así que sin duda estará muerta; tendréis que encontrar la manera de darle potencia de forma artificial. Ni de coña la podréis remolcar con esa navecita vuestra. Sé que estás apurado, Morrison. He escaneado tu cuenta antes de que llegaras hasta aquí. Necesitas esto, Murdo, lo necesitas desesperadamente.

Milo abría así la partida de la negociación. El dinero tiene un idioma propio, y Murdo miró a sus compañeros, instándoles a dejarle a él al cargo del regateo. De lo contrario, acabarían cobrando lo prometido… en acciones y participaciones en caída libre. El resto del grupo observó como los dos corps se enfrascaban en un continuo tira y afloja, en una conversación que efectivamente parecía darse en una lengua alienígena: márgenes, dividendos, activos circulantes, vectores de beneficios proyectados, valores añadidos, opciones de bolsa… Los porcentajes subían y bajaban con cada nuevo argumento y contra-argumento, y lo más raro es que ambos parecían estar disfrutando de su particular pulso. [En términos de juego, el jugador de Murdo estaba haciendo una tirada de Riqueza para conseguir el mayor porcentaje posible]. Milo era bueno, pero Murdo sabía que a pesar de toda su pose, estaba tan desesperado porque aceptaran el trabajo como ellos por recibirlo, siendo probablemente los únicos carroñeros que parecían capaces de llevar un trabajo como ese a buen puerto.

Thanatos observaba atentamente al ejecutivo. Se parecía mucho a otros patrones para los que habia trabajado, y claramente estaba haciendo lo mismo que todos: minimizar el riesgo potencial todo lo que fuera posible sin llegar a mentir abiertamente. El mercenario se guardó aquello para sí; era lo habitual, al fin y al cabo. Nadie paga tanto dinero si no hay peligro de por medio. Jinx, por el contrario, dividía su atención entre Milo, que como la mayoría de Corps le estaba cayendo gordísimo, y el tipo extraño de la barra. Sin embargo, cuando escuchó a Milo hablar de las naves de guerra Nephilim, por un momento recordó los momentos iniciales de la invasión a Eden, las grandes naves vivientes tapando la luz de Esh y empezando a bombardear desde lo alto, liberando hordas de horrores con cada andanada. Sabía que no eran sus propios recuerdos, pero lo estaba viendo en su mente como si le hubiera sucedido a él, y no a alguno de sus antepasados. Cuando el recuerdo genético remitió y James regresó al presente, el desconocido de la barra había desaparecido.

Finalmente, Milo cerró bruscamente la pantalla de su terminal y accedió de mala gana a la última propuesta de Morrison.

Está bien, tu ganas, maldito extorsionador. 60-40, en créditos limpios y al finalizar el trabajo. 

Murdo no creía ni por un momento que esa fuera la proporción real con la que jugaba Milo, pero también sabía que no podía presionarle más. El ejecutivo ya se dirigió a todo el grupo cuando siguió hablando.

Esa nave es un billete de lotería flotante, señores. Un billete premiado, a la espera de ser recogido por el primero que lo encuentre. Y esos hemos sido nosotros. Traédmela, y el dinero es vuestro. Las naves Nephilim son… eran… bastante particulares. Probablemente los vastos conocimientos de la señorita -dijo mirando a Kahta- sean de gran utilidad una vez en su interior. 

Arrojando una varilla metálica sobre la mesa, ésta pasó a proyectar un contrato holográfico, con todos los detalles del trato. Para firmarlo sólo era necesario que pasarn la mano a través del holograma, y uno por uno lo hicieron. Oficialmente, ya trabajaban para Milo. Justo después de cerrar el acuerdo, su nuevo patrón sacó su comunicador e hizo una llamada. Ya puedes entrar.

En cuestión de segundos entró en el reservado otro corp, pero aquel tenía más pinta de soldado. Llevaba el pelo recogido en una coleta, y una armadura de sinteacero que claramente había visto acción. Sobre uno de sus ojos llevaba el soporte de un visor multiespectral Arcángel, ahora replegado en el interior de la varilla de metal, y un rifle iónico de francotirador colgado a la espalda.

Os presento al señor Thillian Kryll. Es un activo de la compañía, y formará parte de la misión.

Kahta estuvo a punto de preguntar porqué creía la compañía que iban a necesitar a un francotirador en una misión de salvamento y recuperación, pero antes de que pudiera hacerlo, Thanatos levantó su enorme mole como una exhalación.

¡¡TÚ!!

Hola, viejo camarada -dijo Kryll-. Qué pequeño es el universo, ¿no? Te hacía muerto.

Yo no soy de los que huyen. Al contrario que otros -la furia del legionario era gélida, pero palpable.

Milo sonrió de nuevo, con su sonrisa de tiburón.

Vaya, qué sorpresa. Parece que no puedes juntar dos mercenarios en este sistema sin que hayan luchado juntos una o dos veces. Morrison, controla a tu mastuerzo. Con lo que vais a cobrar, qué menos que un poco de profesionalidad. El señor Kryll tiene una puntería prodigiosa, y esa nave está ahí fuera, al alcance de cualquiera. La compañía para la que trabajo quiere asegurarse de que el botín llegue a sus manos a cualquier precio. 

[Thillian Kryll es el personaje de un jugador que se apuntó a la partida en aquella sesión. No tenía claro sí iba a jugar toda la campaña o sólo esa aventura, así que ésta parecía la mejor manera de introducirle, y luego en función de lo que dijera el jugador, dejarle como miembro de la tripulación o retirarse una vez cumplida la misión.]

Hablando de eso -intervino Jinx por primera vez-. ¿Conoces a un tipo larguirucho y de pelo grasiento? ¿Como el que nos estaba observando desde la barra cuando hemos llegado? 

Milo puso cara de genuina sorpresa.

No, no tengo a nadie así en nómina. Y me he asegurado de mantener la discreción sobre el punto de encuentro. Quizá a ese tipo le pone lo de las cuatro orejas… Señores, como he dicho antes, mi tiempo es oro. Si no tenéis más preguntas, en marcha. Acabo de enviar las coordenadas del pecio a tu canal privado. Traedme esa nave intacta, y tendréis vuestra pasta.

Mientras el ascensor les llevaba de nuevo hasta el primer piso del edificio, los cinco empezaron a comentar la jugada. Kahta y Jinx se enfrascaron en un debate de ingenieros, especulando sobre las maneras de reactivar los sistemas de la nave, mientras Thanatos seguía en un hosco silencio, y Murdo intentaba recordar todo lo que había aprendido en la academia de navegación sobre el Cinturón del Monopolio. Tenía lógica que aparecieran pecios a la deriva por allí de vez en cuando, ya que el cinturón había sido el escenario de docenas de batallas entre los Nephilim de X’ion y las flotas combinadas de los kaltoranos y la Legión. El sitio era un cementerio, pero los restos y escombros flotaban entre los inmensos asteroides, ocultos de los carroñeros. Los depósitos de minerales en las rocas flotantes atraían mucha más atención, y los intentos de prospección y extracción estaban a la orden del día, tanto por parte de la Corporación y de los kaltoranos, como por numerosos equipos mineros no afiliados.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, y el grupo salió al gran casino, se encontraron que todo el mundo dejó lo que estaban haciendo y se les quedaban mirando con expresión lívida. Alguno incluso contuvo un grito de sorpresa y miedo. Sólo los bailarines holográficos seguían con su frenética danza. Kahta levantó la mirada hasta una de las grandes holopantallas que a su llegada había estado mostrando videos musicales. En todas ellas aparecían los rostros de los cinco ex-convictos de UBIK. Un mensaje parpadeaba en rojo.

Alerta a la población. Célula terrorista detectada en Paradiso. Insurgentes armados y peligrosos. Si ven a estos individuos, alerten a las autoridades corporativas. Mantengan la calma y no se enfrenten a ellos. Extremadamente peligrosos. 

Una mujer vestida en un traje de lentejuelas fue la primera en levantarse y gritar. A continuación el pánico se adueñó del lugar. Entre la gente que empezaba a levantarse y a correr hacia la salida, Jinx vio al individuo de la barra. Les estaba mirando directamente, con una sonrisa de suficiencia en la cara. Mientras el kaltorano alertaba a sus compañeros, el tipo se llevó dos dedos a la sien y saludó burlonamente a modo de despedida.

Jinx y Thanatos empezaron a esquivar a la multitud para ir tras él, pero el tipo cruzó la puerta del local casi a la vez que las fuerzas del orden hacían acto de presencia. Dos legionarios enfundados en blindajes de seguridad y empuñando rifles disruptores entraron en el local, escoltados por cuatro drones humanoides. Los agentes apuntaron las armas en su dirección.

¡Les hablan las fuerzas de seguridad de Paradiso! ¡Depongan las armas inmediatamente y entréguense sin oponer resistencia! 

Jinx sabía que aquello era obra del tipo de la barra, y llevaba lo bastante en el sector como para saber exactamente lo que significaba. Tenían un rival en la carrera por el pecio. Y les había dejado un bonito regalo de despedida.

Unos instantes después, se desató el infierno.

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Un comentario en “Fragged Empire (III): Problemas en Paradiso”

  1. Te odio. Profundamente. Pero mi cuenta bancaria más aún. Cada capítulo me acerca más a hacerme con Fragged Empire. Tiene una pinta excelente y, claro, una buena narración es el mejor argumento de venta. Espero con avidez las próximas entregas. ^_^

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