Crónicas de Alasia (LXVII): Regreso a Redoran

LOS ESCUDOS DE PIEDRA

  • Lomborth Barbazul, enano de las montañas discípulo de Dumathoin
  • Tobruk, enano ex-esclavo convertido en furioso luchador
  • Grugnir, enano bribón y astuto poco amigo de los compromisos
  • Caellum, cerrajero enano que empieza a descubrir un misterioso don
  • Sarthorn, veterano ballestero enano curtido en la Grieta del Trueno

Cosecha 14

Frente a los cinco enanos, las ruinas del Castillo de Redoran se alzaban entre la bruma matutina. Habían sufrido un duro revés allí dentro, pero los metales se forjan a base de golpes, que les dan forma y los hacen más duros. Los Escudos de Piedra tenían una cuenta pendiente con Arakh Zuul. El brujo darkon debía morir por sus crímenes. Vorlak debía ser devuelto a la tumba de la que jamás debió salir. Y Morayne Tanner debía ser rescatada. Si el mago pensaba que aquello había acabado, había llegado el momento de sacarle de su error. Grugnir llevaba la capucha calada sobre su casco de bronce, y avanzaba en cabeza, algo separado del grueso del grupo para actuar como explorador. Caellum no le iba muy a la zaga, casi igual de sigiloso. Su capacidad de percibir los patrones místicos era de utilidad a la hora de percibir detalles que se salieran de lo normal. Tobruk y Lomborth avanzaban juntos, armas en mano. preparados para entrar en acción en cualquier momento con acero o conjuro. En último lugar iba el miembro más reciente de la compañía, Sarthorn. Llevaba su pesada ballesta en las manos, cargada y lista para disparar, y su dedo nunca se apartaba demasiado del gatillo.

Antes de regresar a Redoran habían hecho parada en Rasad, donde habían pasado la noche. En Nueva Alasia se habían pertrechado lo mejor que habían podido, pero en la aldea visitaron de nuevo a la Vieja Tess, la anciana comadre y mujer sabia que les había vendido ungüentos y cataplasmas la última vez. La mujer no estaba en su choza, pero en su lugar hallaron a una joven de cabello cobrizo que se presentó como Thessaly, la nieta de la anciana. Al parecer, la muchacha había aprendido bien las artes de la sanación, pues les preparó paquetes de hierbas medicinales y emplastos con la soltura de una experta. Así equipados, los Escudos habían abandonado la aldea y ahora se encontraban desfilando a través del desolado patio de armas en dirección al interior de las ruinas.

Descendiendo de nuevo hacia los salones inferiores donde habían sido derrotados la última vez, los Escudos no tardaron en descubrir que seguían quedando algunos kobolds en el lugar. Pero tras la batalla contra los enanos, la tribu que había servido para custodiar la zona era una mera sombra de lo que había sido. Gerbal parecía haber traído a nuevos reclutas, pero no los suficientes, y aquella vez los Escudos pudieron abrirse paso a través de su territorio eliminando patrullas y grupos de guardias de manera más selectiva. La sorpresa vino cuando se preparaban para llegar al “salón del trono” donde habían caído la última vez, y descubrieron que el jefe de la tribu, que había sido abatido en la batalla, seguía con vida. La criatureja tenía una fea cicatriz donde la espada de Grugnir le había ensartado, pero allí estaba de nuevo, al mando de sus últimas fuerzas y mirándoles con un odio aún más fiero si cabe.

De poco le sirvió. Los Escudos de Piedra entraron en acción todos a una, irrumpiendo como una tromba de barbas y acero y no dando tiempo al rey kobold y sus guardaespaldas a reagruparse y a abrumarles como habían hecho la vez anterior. En unos pocos minutos, hasta el último de los kobolds de Redoran había caído, y Tobruk separó de un hachazo la cabeza del rey de su cuerpo. Saqueando las estancias de la tribu, hicieron un hallazgo de lo más interesante: una bolsa mágica que parecía no llenarse nunca y pesar siempre lo mismo, llevara dentro lo que llevara. Entusiasmados por el hallazgo de una magia tan útil, y con la tribu eliminada, los enanos procedieron a explorar las partes de aquel nivel que todavía no habían visitado.

La zona cercana a la morada de la tribu estaba llena de trampas. Grugnir estuvo a punto de ser aplastado al entrar en una habitación, cuando una placa de presión activó un enorme pistón de piedra que descendió del techo hacia su cabeza, y en otra ocasión descubrieron una trampa de foso llena de estacas puntiagudas. Grugnir y Caellum, tras descubrirla, la volvieron a cerrar, trabándola con piquetas y asegurándose de anotar su posición. También hallaron una vieja cámara secreta, que al parecer ni siquiera Gerbal había descubierto. En su interior había un par de cofres de hierro, protegidos por una estatua del mismo mago que había fundado el castillo, que disparaba chorros de fuego a cualquiera que permaneciera en el interior. En la pared del fondo había inscritas un número de notas musicales. Los Escudos, creyendo que podía tratarse de la clave para superar la trampa, intentaron descifrar qué melodía podían representar, pero ninguno de ellos era precisamente ducho en las artes musicales. En ese momento echaron enormemente en falta a Flambard, su compañero mediano que había permanecido en Nueva Alasia. Entonces recordaron una urna mágica que habían encontrado en sus anteriores expediciones, que al ser abierta emitía incesantemente una melodía élfica. Sacando la urna, y arriesgándose a entrar en la cámara bajo su canción, comprobaron que efectivamente la estatua dejaba de intentar incinerarles, y pudieron hacerse con el botín, formado por varias pociones mágicas, pergaminos con runas arcanas y una cota de mallas encantada de pequeño tamaño. Probablemente había sido creada para un joven príncipe elfo, pero al mediano Flambard le hubiera ido de perlas.

La zona norte del subterráneo estaba claramente en desuso, una sección de corredores y pequeñas estancias que parecía evitada por los kobolds. Tras sufrir la emboscada de un par de grandes arañas, los enanos avistaron algo muy extraño: un par de monedas de plata suspendidas en el aire, oscilando levemente justo al límite de su visión en la oscuridad. Intrigados pero sin querer arriesgarse, Tobruk no se lo pensó dos veces y arrojó una jabalina en la dirección del extraño fenómeno. El arma arrojadiza pareció encontrar cierta resistencia al llegar a la zona, como si se ralentizara al hundirse en algo, y se quedó inerte, suspendida en el aire. Entonces todo el conjunto -monedas y jabalina- empezó a moverse en su dirección con un extraño y viscoso ruido de succión. Fijándose mejor, Grugnir logró ver que lo que avanzaba hacia ellos era una masa formada por una sustancia gelatinosa y transparente, en el interior de la cual se hallaban los objetos “flotantes”. La sustancia llenaba por completo el corredor, y avanzaba hacia ellos como un muro de gelatina en forma de cubo. No había forma de esquivarlo, y la mole avanzaba hacia ellos de forma lenta pero inexorable, así que los enanos optaron por salir corriendo antes de ser engullidos. La huida fue desesperada porque, si bien el cubo gelatinoso se movía despacio, los enanos tenían que intentar no encerrarse a sí mismos en algún punto sin salida. Cruzaron puertas para comprobar si la masa gelatinosa podía cruzarlas, y el extraño ser lo hizo sin dificultad, estrujándose por el hueco con un sonido bastante asqueroso. Los enanos empezaron a dispersarse, huyendo en diversas direcciones para que la cosa no pudiera perseguirles a todos a la vez, y Grugnir tuvo una idea, pero necesitaba tiempo y ayuda para lograrlo. Diciendo a Caellum que le acompañara, les pidió al resto del grupo que les dieran algo de tiempo. Mientras sus compañeros atraían a la cosa para distraerla, Grugnir y Caellum retiraron rápidamente las piquetas de la trampa de foso que habían bloqueado, y volvieron a cerrarla. Entonces se quedaron a la vista y se ofrecieron como blanco fácil. Cuando Tobruk y los demás se encerraron tras la puerta de piedra de la cámara secreta, la cosa se fijó en los otros dos enanos que esperaban en medio del pasadizo y se dirigió hacia ellos. Los dos ágiles enanos corrieron directos hacia la trampa de foso y la cruzaron de un salto, esperando que aquel ser no fuera lo bastante listo como para notar su artimaña. El cubo siguió avanzando en su dirección, y de golpe, el suelo se abrió debajo de él y la masa temblorosa cayó al foso, ensartándose en todas y cada una de las estacas del fondo. Viendo que aún oscilaba y se agitaba, los Escudos, ya reunidos en torno al foso, le dispararon hasta que con un sonido como de agua derramándose, la cosa se desinfló y se convirtió en un charco de materia translúcida en el fondo.

Libres por fin del incansable perseguidor, el grupo pudo por fin investigar la última parte del subterráneo, la que se encontraba justo más allá del territorio kobold. Tras superar algunas trampas insidiosas de las criaturejas y eliminar a unos extraños insectos guardianes que soltaban chorros de un líquido irritante parecido al aceite, descubrieron unas escaleras que bajaban aún más en la oscuridad. Sin duda, Gerbal utilizaba aquel nivel intermedio como barrera y obstáculo, interponiendo a todos sus habitantes y trampas entre sí mismo y cualquier posible intruso. Bajar por aquellas escaleras, intuyeron los enanos, les conduciría a la verdadera guarida del mago.

Cosecha 15

Tras encerrarse en la cámara secreta para descansar y recuperar fuerzas, los Escudos de Piedra bajaron las escaleras y se adentraron en la morada de Gerbal el Infame. Lo primero que encontraron fue una serie de grandes cámaras a modo de salas de guardia y barracones, y en ellas, a los primeros guardianes de aquel nivel. Claramente, el brujo darkon se había reservado sus mejores efectivos. Un enorme ogro montaba guardia al pie de las escaleras. Lograron sorprenderle lo bastante como para impedir que diera la voz de alarma nada más verles, y los cinco enanos cargaron contra el bruto, usando todos los trucos y tácticas para la lucha contra los gigantes que su pueblo había perfeccionado durante milenios. El ogro, a pesar de su gran fuerza y tamaño, estaba en clara inferioridad numérica y fue abatido con presteza. En un barracón lateral lleno de enormes camastros dormía otro de los brutos. Sin embargo, cuando Grugnir se acercó a él para intentar cortarle el cuello, el ogro demostró tener algo de astucia para su especie. El combate contra su compañero le había despertado, y solo fingía estar dormido. Le asestó un enorme golpe a Grugnir que le tiró al suelo y se levantó para acabar con los intrusos, gritando para dar la alarma al resto de sus congéneres.

Aquello terminó con los Escudos enfrentados a cuatro de los gigantescos monstruos a la vez, en una batalla en la que tuvieron que utilizar todos sus recursos y astucia para salir bien librados. Las estrategias enanas les sirvieron bien, así como su mayor capacidad para maniobrar en los anchos pasillos y en las estancias que sus enormes enemigos, que a menudo se estorbaban entre ellos. Eso fue lo único que les permitió imponerse, y aunque terminaron todos con huesos rotos y terriblemente maltrechos, los Escudos de Piedra seguían en pie al final de la batalla, y los ogros no. Mientras Lomborth sanaba sus heridas más graves y Sarthorn, un veterano del campo de batalla, aplicaba los ungüentos y cataplasmas de Thessaly, el resto registraron a los brutos muertos. Aparte de unas pocas monedas sueltas, uno de ellos llevaba un amuleto de plata con una B inscrita en la parte frontal. También llevaba encima un pergamino enrollado y bastante arrugado. Cuando lo abrieron y lo examinaron a la luz de una vela, comprobaron que era una misiva, escrita de puño y letra del propio Gerbal.

El Informe de Zhuul

Mi Señor,

Todo avanza según lo previsto. Mis intentos por desestabilizar la región están dando sus frutos. Los ataques de Vorlak sobre las caravanas han creado el temor entre los mercaderes, y ahora albergan serias dudas acerca de la capacidad del barón de garantizar la seguridad en los caminos. Ese estúpido se envalentonó y acabó en la horca, pero creo que aún puede serme de utilidad.

He vuelto a reclutar a kobolds de las colinas, es increíble como crían esas criaturas. Desde que desperté a la criatura del pozo, la adoran como a un dios, y a mí como su portavoz. Han empezado a ofrendarle a los sucios patanes de Welkyn, y con cada gota de su sangre la criatura se hace más grande y fuerte. Pronto podrá ser liberada. Que intenten esconderse tras su patética empalizada, entonces…

Los esclavos ogros que escaparon cuando la comitiva de Saurak fue masacrada por esos condenados Sarathan se perdieron en Wilwood y no he vuelto a saber de ellos. Francamente, no tengo hombres ni tiempo que malgastar en su búsqueda. Si ese necio de Saurak hubiera conseguido llegar hasta las Colinas Doradas, a estas alturas ya habría encontrado las Puertas de Khaz-Durazh.

Los emisarios que envié a Ur Grakka tampoco han vuelto, y no creo que lo hagan ya. Esas sucias bestias han olvidado quienes son sus verdaderos amos, y os pido refuerzos para domeñarlos. Su hostilidad debe ser… reconducida. Y lo más importante, su ciudad en las alturas sería una base excelente a la que retirarse cuando la luna de sangre se asoma. Esa condenada maldición dificulta en extremo nuestra exploración e impide a nuestros batidores adentrarse demasiado en el bosque. Y es perentorio que lo hagan. Si mis sospechas son ciertas, el Arth-í-Berhael de Caramrost podría seguir en pie…

Pero lo más frustrante de todo es la búsqueda de la Roca Negra. Todos mis cálculos indican que está cerca, muy cerca, pero no logro encontrarlo. He doblado el número de mis agentes que peinan la región; es cuestión de tiempo. Sé que no lo necesitamos, pero si pudiéramos hacernos con un poder semejante, podríamos dejar de ocultarnos y poner fin a esto de un plumazo. Confíe en su servidor, mi señor. No le decepcionaré en esto. 

Es cierto que ha habido contratiempos. Esa clericucha jovenzuela descubrió demasiado; tuve que actuar con presteza. Y luego está el asunto de Morden… me he encargado de que nunca pueda volver a ser un hombre libre, y aunque lo consiguiera, sería su fin. Nuestros buenos amigos le harían desaparecer en un suspiro. Pero Azael me susurra en sueños, me dice que el Astado protege a Morden y le da cobijo… que le ha elegido… 

Mientras siga en ese maldito bosque, nada podemos hacer. No podemos permitirnos que fuerzas ancestrales y espíritus paganos despierten y tomen partido en lo que se avecina… Morden es un cabo suelto, un comodín  en la baraja que tanto nos ha costado amañar, y hay que acabar con él. 

El secreto del poder de su mujer se niega a ser revelado, así que procederé según lo previsto. He retrasado su sacrificio hasta la siguiente media luna, según indican los Pergaminos de Iggthun. Azael estará complacido, no ha saboreado un alma como esa en centurias, y estoy seguro que se convertirá en un aliado mucho mejor dispuesto después de semejante ofrenda. Y entre tanto, estoy seguro que Morden vendrá en rescate de su amada y entonces será mío. Dos pájaros, una piedra.

Los seguidores de Orcus también podrían llegar a ser un problema. Un destacamento ha llegado desde la Ciudad Antigua y se ha instalado en las Tierras Reclamadas. Todavía no he podido averiguar donde se esconden, pero sospecho que lejos de la ciudad. Esos fanáticos insensatos podrían arruinarlo todo con sus locos delirios. Tenemos que controlarles, o al menos retrasarles hasta que nos resulten beneficiosos. Quizá podamos sacar partido a todos esos heroicos aventureros que ha invocado el barón…

Pero esos son problemas menores que tienen fácil solución. Pronto todo estará a punto para la siguiente fase del plan. Pronto, mi señor, la Llama Oscura reinará de nuevo, ¡y esta vez para siempre!

¡Salve, Ar-Gulâr! ¡Salve, Sodhris! 

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6 comentarios en “Crónicas de Alasia (LXVII): Regreso a Redoran”

  1. Qué buenos recuerdos ! Los kobolds, las monedas flotantes, y uno de los primeros artilugios mágicos qué descubrí, y que considero uno de los objetos icónicos . Un saco que permite llevar botín a ” cascoporro ” ? El deseo de todo aventurero que se precie

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  2. Vaya, empiezan a unirse las piezas poco a poco. Hasta ahora parecía todo más bien como un gran patio de juegos en el que los eventos no tenían más que una relación tangencial entre ellos. Ahora se descubre que algo más profundo y secreto se esconde en Nueva Alasia.

    Por cierto, el día que tenga Hexplora! en formato físico será grandioso. Realmente, más que tanto retroclón, del que ya estoy bastante cansado (no encuentro diferencias entre Labyrinth Lord, Aventuras en la Marca del Este, Swords & Wizardry, Clásicos del Mazmorreo, Dark Dungeons, y otros más que me dejaré en el tintero), se echan en falta suplementos de este tipo, que aporten algo al panorama rolero en lugar de recrearse en más de lo mismo. Puede que el sandbox sea un estilo antiguo, pero que se explique cómo llevarlo a cabo, eso no lo he visto hasta ahora. Y por eso tu libro (hazte a la idea de que a partir de ahora podrás llamarlo así xD) es tan importante para mí, y creo que para muchos.

    Y otra cosa: Escenario de Campaña de Alasia ¡YA! Creo que si hubiese un complemento perfecto para ilustrar tus ejemplos (sin despreciar el Valle Prohibido), sería ése.

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