Crónicas de Alasia (LXIII): Cincuenta Sombras de Adà

LOS PORTADORES DEL AMULETO

  • Adavia Morthelius, hechicera enoquiana recién iniciada como Dra’gashi
  • Shahin ibn Shamal, un guerrero-mago del remoto Desierto de Sûl
  • Sir Alister Norff, gigantesco caballero de la Orden del Dragón
  • Assata Silil, invocadora kushita capaz de llamar a su eidolon panteriforme Shakar
  • Ealgar, aprendiz de herrero, poseedor de un misterioso tatuaje

Cosecha 5

El Portal de los Lamentos se hallaba de nuevo ante los Portadores del Amuleto, una oquedad angosta y oscura en forma de colmillo dejada por las grandes columnas de mármol caídas apoyándose entre sí. El coro espectral de gemidos podía oírse levemente,  resonando en su interior. Los compañeros, tomando todas las precauciones pero sin vacilar, empezaron a desfilar hacia su interior, dispuestos a seguir arrojando luz sobre sus secretos. A Ealgar, que era la primera vez que contemplaba el lugar, le dio la impresión que sus nuevos camaradas entraban en él de manera solemne y adusta. Habían perdido a dos compañeros allí, pero la gravedad de sus rostros indicaba que había algo más, algo que no le habían contado.

Evitando acercarse a la cámara de la Fuente de los Huesos, el grupo descendió por las escaleras secretas hasta el vasto nivel de cavernas que habían dejado a medio explorar. Volvieron sus pasos hacia el oeste. Allí habían encontrado un desnivel que daba a una parte especialmente tétrica de las cavernas. En aquella zona hundida habían sido atacados por una sombra que les había puesto contra las cuerdas, pero un ramal seguía adentrándose en la oscuridad, inexplorado. Antes de descender por el agujero del ankheg  o intentar abrir la puerta de bronce sellada mágicamente que habían descubierto anteriormente, los Portadores querían asegurarse de que la Gema Oscura no se hallara detrás del frío y siniestro ambiente que impregnaba aquel subnivel.

El látigo de Encinal seguía atado a una estalagmita, tal como se había quedado cuando se habían retirado del lugar, y sus antiguos compañeros no pudieron evitar preguntarse donde se encontraría en aquellos momentos, y si estaría teniendo un viaje seguro de vuelta a Stonehold. En silencio, alumbrados por las luces danzantes de Shahin, los Portadores descendieron por el pequeño risco y empezaron a adentrarse por aquel túnel desconocido. El sûlita abría la marcha como de costumbre, usando su magia y su visión nocturna heredada de sus ancestros djinn para escudriñar la oscuridad en busca de peligros. Inmediatamente detrás avanzaba Sir Allister, espada en mano y preparado para entrar en acción. Adà y Assata iban tras él. La kushita avanzaba junto a su eidolon, Shakar, un ser extraplanar en forma de pantera. Adavia, ataviada con los negros ropajes de un Dra’gashi, caminaba con la perentoria advertencia del maestro Rahab aún en mente. En último lugar iba Ealgar, el nuevo escudero de Sir Alister.

Poco después, una serie de túneles bajos y angostos empezaron a hacerse visibles en las paredes de la cueva, agujeros irregulares por los que una persona de tamaño normal sólo podría meterse con grandes dificultades. A través de su vínculo telepático, Assata pidió a Shakar que se deslizara por ellos y los investigara. El animal ultraterreno así lo hizo, informando a su compañera humana de que aquello parecía una red de madrigueras. Tan pronto lo hubo hecho, los dueños de aquellas madrigueras le salieron al paso. De todos los ramales empezaron a aparecer grandes ratas del tamaño de un perro que, famélicas y voraces, se abalanzaron sobre Shakar. Los rugidos de la pantera se escucharon mezclados con los chillidos de las ratas, y Assata sintió el dolor de su compañero al verse mordido repetidamente. Concentrándose unos segundos, Assata deshizo el vínculo que ataba a Shakar al plano material, permitiendo a su compañero regresar a su mundo de origen.

No parecía haber mucho que ganar trasteando con aquellas madrigueras, así que el grupo continuó su avance, ya sin Shakar a su lado. Cuanto más avanzaban por aquella cueva, más frío hacía y más oscuras parecían las penumbras a su alrededor. El mal parecía caer sobre aquel lugar como un manto invisible pero palpable. Un nuevo ramal se desviaba del principal más adelante, y descendía bastante abruptamente. Ante esta nueva bifurcación, Shahin propuso a sus compañeros avanzar a hurtadillas en solitario y ver qué les aguardaba más adelante. A Sir Allister no le hizo demasiada gracia dividir al grupo, pero reconocía el valor táctico de una avanzadilla exploradora. Así pues, Shahin tomó el túnel descendiente, cubriendo su orbe luminoso con su capa para que su resplandor no le delatara en demasía, y se perdió en sus recovecos.

La espera fue más larga de lo previsto. Los compañeros ya empezaban a considerar la opción de bajar en su busca cuando el brillo de una luz encantada anunció el regreso de Shahin. El magus comunicó a sus compañeros lo que había visto: el túnel descendía serpenteando y girando sobre sí mismo durante un largo trecho, y finalmente se abría en lo que parecía una caverna inmensa y de techo altísimo. Por sus catedralícias dimensiones apenas había alcanzado a ver una parte de lo que había en su interior; al límite del alcance de su visión había visto dos siluetas inmóviles y envueltas en penumbras. En aquel momento el batir de grandes alas en las alturas de la caverna rompió el silencio sepulcral que reinaba en el lugar, y el sûlita decidió no permanecer más tiempo allí solo. Aquello hizo que, quizá por vez primera, los Portadores asimilaran las verdaderas dimensiones del lugar que estaban explorando… ¿Cuantos niveles se abrían bajo las entrañas de la colina, conectándose entre ellos en una compleja red? ¿A cuanta profundidad descendían realmente aquellas cavernas y cámaras subterráneas?

Lo que todos tenían muy claro era que no descenderían más de lo necesario. Habían venido a buscar la Gema Oscura, y mientras les quedaran opciones que explorar en aquel nivel, no se aventurarían a bajar más. Por tanto, no les quedaba más que un camino: seguir avanzando por el siniestro túnel que tenían enfrente. Ese camino les llevó a una nueva cámara hundida. El túnel terminaba en un desnivel abrupto de tres metros de altura. Debajo se abría una estancia que, a diferencia del túnel que habían seguido hasta entonces, había sido creada por manos humanas. Cuando Shahin hizo flotar su orbe de luz hacia allí, vieron que las paredes eran rectas y esculpidas a partir de la misma roca. Una puerta de madera era visible en el extremo opuesto a ellos, en el lado sur, mientras que seis desvencijados y podridos ataúdes de madera reposaban alineados en dos hileras en el suelo. En las paredes se podían ver más los huecos de más madrigueras de ratas. El nefasto ambiente que prevalecía en la zona parecía aún más fuerte allí.

Eso no les detuvo. Descolgando cuerda, los Portadores descendieron hasta la extraña cámara funeraria, dispuestos a averiguar si la Gema Oscura se hallaba en su interior. Entonces, el mal que amortajaba la estancia pareció condensarse, la penumbra se hizo más densa y, por detrás del grupo, dos siluetas negras como la noche atravesaron las paredes como si no estuvieran allí. El grupo recordaba muy bien su último combate contra una sombra, y lo peligrosa y difícil de destruir que ésta había resultado… y ahora se las veían con dos a la vez. Pero mientras el grupo cerraba filas en el centro de la cámara, intentando no permitir que las sombras usaran su táctica habitual de atacar surgiendo de las paredes, los dos maléficos espíritus levantaron sus manos, como emitiendo una llamada silenciosa. Al instante, de los agujeros en las paredes empezaron a surgir ratas enormes, o más bien, las sombras no-muertas de grandes ratas, que correteaban por el suelo y enseñaban fieras los grandes dientes que ya no tenían.

En ese momento, los Portadores comprendieron que aquello muy probablemente sería su último combate. No había manera de sobrevivir a aquello.

[Las sombras, a niveles bajos, son enemigos extremadamente letales. No sólo son muy difíciles de matar si no vas bien preparado, sino que hay muy pocas defensas contra su ataque drenador de fuerza. Un par de golpes (que ignoran las armaduras al ser incorpóreos) pueden bastar para reducir la Fuerza de un personaje medio a 0, matándole en el acto. Incluso un guerrero fuerte puede caer en tres o cuatro impactos. y una muerte de esa manera implica que en 1d4 asaltos tu espíritu se levanta como una nueva sombra bajo el control de tu asesina. También es muy difícil huir de una sombra capaz de volar y atravesar paredes y suelos, y más en la situación en la que se encontraban, ya que para escapar de la estancia necesitaban trepar. Se habían metido de lleno en una encerrona mortal de necesidad.]

Adà repasó mentalmente todo lo que había aprendido sobre las sombras en sus estudios de nigromancia. Nunca, que se supiera, un animal o una criatura no humanoide se había alzado como una sombra. ¡Aquello no debería ser posible! Rápidamente, las sombras y sus ratas esclavas rodearon al grupo, cortándoles toda retirada y obligando a los Portadores a librar el combate más desesperado de toda su carrera. Eran muy conscientes de que el menor error acabaría no sólo con sus vidas, sino también con sus almas. Los no-muertos empezaron golpeando con dureza, y con cada roce de sus gélidas manos intangibles, uno de los aventureros se debilitaba.

Pero los Portadores tampoco eran los mismos que antes, y no pensaban caer sin presentar batalla. Durante su estancia en Nueva Alasia, Sir Alister se había armado con viales de agua bendita, sabedor que su espada no servía de ayuda contra ciertas cosas, y arrojaba los frascos contra las oscuras entidades, cuya negra sustancia siseaba y hervía al contacto con el sagrado líquido. Cuando se le acabaron, sacó un vial repleto de santos óleos, con los que ungió su espadón. A su lado, Ealgar había desenfundado también su espada, y la blandía contra las ratas sombrías. De alguna manera, parecía enormemente enfocado en el combate, y su espada, aunque también atravesaba las sombras, parecía hendirlas y debilitarlas misteriosamente. [Ealgar pertenece a una clase mística (psiónica, para que nos entendamos). Una de sus facultades es la de imbuir su arma con parte de su energía psíquica, con lo que pasa a tratarse como si fuera mágica a efectos de resistencias de daño y demás.]. Shahin, que durante todo aquel tiempo se había visto obligado a entrenarse prescindiendo de la magia, gritó una palabra de poder arcano y se protegió con un escudo de fuerza invisible que resultó muy efectivo para protegerse de los ataques incorpóreos, y empezó a moverse por el campo de batalla atacando con magia y acero encantado. En el centro del círculo defensivo que habían montado, Assata conjuraba animales celestiales para que lucharan por ellos y lanzaba conjuros de protección. Y a su lado, Adà desplegó por primera vez sus nuevos poderes como Dra’gashi.

Sentir constantemente el abrazo de la muerte tenía sus ventajas. Antes de entrar de nuevo en el Portal de los Lamentos, había canalizado las energías que fluyen entre la vida y la muerte hacia su interior, situándose justo en el umbral que separa ambos lados del Velo. Aquello tenía un precio, pues todo intento de sanación mágica le provocaría graves daños como si ella misma fuera una muerta viviente, pero impedía que los no-muertos más débiles pudieran atacarla. Las ratas se mantenían apartada de ella, y una de las sombras también la ignoró como si no estuviera allí. La otra, sin embargo, parecía tener una mayor fuerza de voluntad.

A pesar de todos sus esfuerzos y sus mayores recursos, pronto los Portadores empezaron a desfallecer. Todos excepto Shahin (al que su escudo mágico protegía) empezaron a ver como sus fuerzas flaqueaban, robadas por las sombras hambrientas. Las ratas parecían ser algo más sólidas que las sombras, y era más fácil afectarlas con armas corrientes, pero cada pequeño mordisco también les robaba parte de sus fuerzas. Dos de las cinco ratas habían caído, pero los Portadores empezaron a verse contra las cuerdas seriamente. Entonces Adà, apenas capaz de sostenerse en pie y sabiendo que el próximo golpe que recibiera probablemente sería el último, cerró los ojos y, concentrando su voluntad en la sombra que la estaba atacando, encauzó tanta energía negativa como fue capaz. La criatura intentó resistir con todas sus fuerzas, pero aquella vez le resultó imposible. Con voz estentórea, Adavia gritó:

¡DETENTE!

Y la sombra obedeció. Al instante, las tres ratas que quedaban se detuvieron también. Estaban bajo el control directo de aquella sombra, y sin órdenes de atacar, se perdieron de nuevo en sus madrigueras. De un plumazo, Adà había eliminado del combate a cuatro de sus cinco enemigos. Su camaradas, a pesar de la inquietud que les producía el hecho de que pudiera dominar y controlar a criaturas como aquella, no desaprovecharon la ocasión, y centraron todos sus ataques en la sombra restante, que no tardó en ser disipada en jirones de oscuridad.

No se lo podían creer. Habían sobrevivido. Débiles y exhaustos, pero vivos. La sombra dominada por Adà seguía allí, inmóvil, mirando fijamente a su nueva señora, esperando órdenes. Sir Allister miró a la sacerdotisa Dra’gashi y le dijo:

¿A qué esperas? Ordénale que se marche y que no vuelva a molestarnos. 

Creo que no lo entiendes, caballero. Voy a hacer algo mucho mejor -contestó ella-.

Adà se acercó a la sombra sin ningún miedo y se plantó delante de ella. Le preguntó si entendía sus preguntas, y la oscura entidad, sin emitir el más mínimo sonido, asintió con la cabeza.

Esto ya no es un enemigo, Sir Allister. Es un recurso, y vamos a aprovecharlo. 

La sombra era la exploradora perfecta, completamente sigilosa, capaz de atravesar puertas y paredes, y en combate era un arma enormemente poderosa. Con los muertos a su servicio, Adà sintió por primera vez el poder que albergaban los Dra’gashi. Durante un largo rato, la nigromante de cabello plateado interrogó a la sombra, extrayendo toda la información de la que fue capaz con las limitadas capacidades comunicativas de su silenciosa sierva. Mientras tanto, el resto de sus compañeros, no demasiado cómodos con la comunión entre Adà y la sombra, se dedicaron a investigar la puerta que se abría al fondo de la sala tras comprobar que los ataúdes no contenían nada de interés. Detrás había un par de ataúdes más, mejor conservados, en cuyo interior hallaron un tesoro considerable: joyería y gemas entre monedas de oro y plata, varios objetos de bella artesanía, cinco o seis pociones, y un tubo de marfil que contenía una vitela con runas mágicas inscritas. Pero la Gema Oscura no estaba allí.

No había más salidas, así que con aquello aparentemente habían explorado todo el nivel de las cavernas. Si querían seguir buscando la Gema, tenían que aventurarse más abajo, o bien enfrentarse de nuevo a Draeglor, el campeón no-muerto de Orcus y responsable último de la muerte de Arn. Ninguna de esas opciones les resultaba especialmente atractiva. El túnel descendente que había explorado Shahin parecía bajar mucho, y el enorme aleteo que había oído el magus en la caverna a la que se abría parecía indicar que algo vivía allí. El agujero que había dejado el ankheg tras su paso también parecía dar a espacios más amplios y transitables, pero cuando  Shakar lo exploró fue víctima de una bandada de estirges. Tan sólo restaba intentar abrir la puerta de bronce que había al otro lado de la caverna del lago, pero estaba sellada mágicamente.

Quizá no pudieran abrirla, dijo Adà sonriendo, pero ahora tenían a alguien que podía atravesar esa puerta e informar de lo que había al otro lado.

La discusión que siguió fue larga y acalorada. Sir Allister opinaba vehemente que debían librarse de la sombra y no tener nada que ver con ella. El caballero creía que no todo valía para conseguir su objetivo, y que nada bueno podía salir de jugar con los espíritus torturados de los muertos. Como buen escudero, Ealgar se puso del lado de Allister. Assata y Shahin se mostraron más pragmáticos; no les entusiasmaba la idea, pero reconocían el valor táctico de tener una sombra espía en sus filas. Así pues, Adà se salió con la suya, y el grupo se encaminó hacia la caverna del lago subterráneo, no sin que Sir Allister advirtiera a la enoquiana que estaba recorriendo una línea muy delgada entre el bien y el mal.

Al llegar junto a las aguas del lago, Adà tuvo una idea más. Las sombras no necesitaban respirar, y el agua no presentaba ningún problema para ellas. Por tanto, envió a su esclava a explorar el fondo del lago. El odio de la sombra hacia ella era palpable, pero claramente su voluntad no bastaba para imponerse a las órdenes de la Dra’gashi. y cuando la sombra regresó, Adà fue capaz de interrogarla lo suficiente como para averiguar que había criaturas vivientes en las aguas del lago, y que al otro lado del lago había una pequeña cueva con otro acceso más hacia los niveles por debajo. Con aquella ya eran tres las formas de proseguir su exploración, más lo que pudiera hallarse tras las puertas de bronce. Por lo tanto, se plantaron ante ellas, y tras tantearlas una vez más y comprobar que seguían selladas, Adà ordenó a su criatura que atravesara la puerta y explorara lo que había al otro lado. La sombra de nuevo miró a Adà intensamente, clavando sus blancos ojos en ella, pero tras unos segundos obedeció de nuevo, atravesó las puertas y desapareció.

Llevaban unos minutos esperando, cuando de repente, Adà sintió que una fuerza poderosa hacía saltar en pedazos el control que mantenía sobre la sombra. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando comprendió que una voluntad más fuerte que la suya se había impuesto. Y sabía lo que eso significaba.

¡Tenemos problemas! -gritó a sus compañeros-. ¡Preparaos para luchar!

[Premio para el momento “Oh Shit” en una sesión llena de ellos. Gracias al énfasis que el máster había puesto en lo mucho que la sombra odiaba ser controlada, el jugador de Adà sabía perfectamente que ella sería su primer objetivo.]

No hubo acabado de pronunciar aquellas frases cuando la sombra apareció a través de la puerta y, abalanzándose directamente sobre ella e ignorando a todos los demás, hundió su mano en el pecho de la enoquiana. El ataque la hizo caer de rodillas, gritando, con su fuerza vital prácticamente extinta. [Ya estaban todos debilitados por su anterior combate, y ¡se quedó a Fuerza 2!].

Los Portadores se movilizaron inmediatamente para socorrer a su compañera, pero a pesar de todos sus esfuerzos, y a pesar de que dañaron gravemente a la sombra, no pudieron evitar que ésta les atravesara como si no estuvieran allí y aferrara con sus dos manos el rostro de Adà.

[Cuando tiré el d6 para ver cuanta Fuerza perdía Adà, delante de todo el mundo, todos en la mesa estaban aferrados al borde de la mesa, en especial su jugador. Os juro que el dado pareció rodar en “tiempo bala”, como a cámara lenta. ¡Y salió un 1! ¡Un 1! Los aullidos de los jugadores levantándose de sus sillas fue la leche, y el jugador de Adà incluso tiró la ficha por los aires, de lo seguro que había estado de que su personaje favorito iba a morir.]

Justo antes de que su fuerza vital se extinguiera, robada por la sombra, Adà apeló a los secretos que le había transmitido el maestro Rahab, y cortó durante un segundo con todo lo que la mantenía anclada a este lado del Velo. Al no hallar más fuerza vital que robar, la sombra la soltó, y Adà cayó al suelo, aferrándose de nuevo a la vida por el más estrecho de los márgenes. Mientras a su alrededor sus compañeros luchaban por salvarla del espíritu enfurecido, Adavia comprendió lo que sus maestros habían tratado de inculcarle acerca del poder y la responsabilidad, dolorosamente consciente de los peligros que conllevaba abusar de sus nuevos poderes. Esa lección había estado a punto de costarle el alma.

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7 comentarios en “Crónicas de Alasia (LXIII): Cincuenta Sombras de Adà”

  1. Joer, tienes un don para narrar las aventuras de tu grupo, en serio. Lo que no entiendo es por qué, aunque sea metajuego, no han hecho otras aventuras para ganar más experiencia antes de atreverse a volver a ese terrorífico y letal sitio.

    Ah, y aunque sea algo tarde, ¡enhorabuena por Hexplora! Llevo un tiempo desconectado por temas personales, pero siempre vuelvo a este blog.

    Yo estoy ciertamente encantado con que saquéis en papel tus artículos sobre la creación de un buen sandbox, y me lo compraré nada más esté en la calle o hagáis un crowdfounding. Además ese extra que vas a meter de ejemplo de sanbox tuyo tengo ganas de verlo. Eso por no decir que mi anhelo principal es ver algún el escenario de campaña de Alasia en formato físico para recrear aventuras en él.

    Un saludo.

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    1. Como bien has dicho, el metajuego no mola demasiado. Por no decir que en esta campaña resulta imposible grindear niveles, no hay garantía de que un encuentro errante (estirges…cof, quickling… cof cof, arbol guadaña… cof, cof, cof) no vaya a poner en jaque a cualquier compañía.

      O… que Gygax nos coja confesados, ¡Kobolds!

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    2. ¡Muchas gracias! El Verkami empieza justo mañana, a las 10:00… Espero que el Valle Prohibido, la campaña sandbox que se incluye en libro, sea de tu agrado. Es muy diferente a Alasia en tono, con más toques “pulp” y sword & sorcery… y va bastante cargadito de sorpresas.

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  2. Tremendo… ¡qué final! Por un momento creía que mi favorita en este grupo iba a espicharla vilmente, y bien es cierto que casi lo tendría merecido. Pero me encanta esa ambivalencia que tiene, y más después de su “transformación”.

    ¡Más, por favor!

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    1. Le fue del canto de un duro… 1 probabilidad entre 6 tenía de salvar el pellejo. Los dados le perdonaron la vida aquel día, quizá querían tener la oportunidad de ver si había escarmentado o si les volvería a dar una excusa XDD.

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  3. Otro gran momento de la sesión fue cuando al jugador de Adà se le ocurrió barrer el techo de una caverna con la sombra (bajo su control) haciendo caer varios piercers. Vimos una lluvia de estalactitas.

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    1. ¡Uala, es cierto! ¡Se me había olvidado esa parte jajajaja!

      En fin, disfrutó de su momento de gloria y poder Dra’gashi mientras duró, a pesar de los jugadores que a su lado le iban avisando que aquello iba a estallarle en la cara sí o sí.

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