Crónicas de Alasia (LX): La Guerra de la Torque Negra

Mucho antes que los Alor forjaran sus Nueve Reinos y el Imperio Khandiano se extendiera por toda Valorea, las dos Cortes de las hadas gobernaban las tierras mortales. Incluso antes de la Retirada, las dos Cortes diferían drásticamente, como el fuego difiere del hielo. La Corte de Verano, luminosa y gentil, y la Corte de Invierno, fría y oscura. Igual que la Corte Luminosa establecía sus reinos por toda Valorea, los Oscuros hacían otro tanto – reinos oscuros de primeval roble negro, brumosos páramos que jugaban con la noción del tiempo de los intrusos, abruptas gargantas iluminadas por un cielo nocturno atestado de aserrados relámpagos. Sin embargo, por opuestas que fueran entre sí, las dos Cortes compartían la soberanía, cediéndose el poder la una a la otra con el paso de las estaciones en un concordato que seguía los eternos ciclos de la propia naturaleza. 

Las tribus humanas veneraban a los antiguos sídhe como dioses misteriosos e incluso trataban a las hadas inferiores como deidades menores. El poderoso Corellon data de esos tiempos, aunque él es un espíritu eterno cuya vida y destino se entreteje con el tapiz de los mundos de maneras que jamás llegaremos a comprender. Los más poderosos artefactos faéricos también provienen de aquella Era de Leyenda, y ninguno hay más aterrador que la Torque Negra del Príncipe Carniog. Un objeto de gran poder, la Torque Negra había circulado entre los príncipes de la Corte Oscura desde el principio de los tiempos. De ella se dice que podía robar almas, encantar a las hadas y hacer que ejércitos enteros de mortales se sumieran en un sueño del que sólo podrían despertar cuando un alto rey hiciera sonar el Cuerno de Brân durante una luna llena.

En tiempos de los Primeros Hombres, tras la Guerra de las Lágrimas y la Retirada de los Sídhe, las dos Cortes permanecieron, pero su antigua paz se había quebrado para siempre. En estas tierras, la sede de su poder se encontraba en el antiguo bosque de Draoidhel, que antaño aún no había sido menguado por el hierro y el fuego de los hombres. Las hadas siempre han ubicado sus montículos y trochas en lugares de gran belleza natural y poder mágico, o quizá esos lugares adoptan esas cualidades tras su llegada. Vosotros, niños, quizá no sepáis que en estas Tierras Perdidas se hallan tres antiguos pozos encantados, vinculados al poder de la propia tierra. Cada uno posee una magia especial, y se dice que quien controle los tres pozos tendrá poder sobre toda Alasia. 

Por aquel entonces la Reina Caerna, gobernante de la Corte de Verano, veía como la llegada del Imperio Khandiano menguaba cada vez más los prístinos dominios de las hadas, y se preguntaba si se vería obligada a liderar a sus huestes para poner freno al imparable avance de los mortales. Fue entonces cuando descubrió el Llyn Brianne, el Pozo de Brianne -uno de los tres pozos encantados–, que en aquel momento se encontraba en en el fértil suelo de una caverna junto a las Cascadas del Mirlo, en lo más profundo de Draoidhel. Con su magia, Caerna podría haber expulsado a los mortales de estas tierras para siempre, o incluso haberlos gobernado a su voluntad. Pero en vez de ello, la utilizó para establecer un maravilloso reino secreto e imperecedero en el corazón de Draoidhel. Con el poder de Llyn Brianne y la magia de Caerna, parecía que ningún poder faérico o mortal podía perturbar la paz de la Corte de Verano. 

Pero esa paz no tardaría en romperse. Después de siglos desaparecida de las crónicas de las Dos Cortes, la Torque Negra resurgió, y por casualidad fue hallada por el Oscuro Príncipe Carniog de Lloengrym. Carniog era un gran señor de la Corte de Invierno, resentido por el poder y esplendor del reino de Caerna, cuya majestad no podía igualar. Odiaba a Caerna por haber roto el antiguo pacto entre las dos Cortes, y nada deseaba más que poner fin a su mandato y vengarse convirtiéndose en el señor de todas las hadas. Ni que decir tiene, sus planes para los mortales no eran más halagüeños. Carniog se había aliado con una hechicera medio humana, Moragh, una mujer cruel y retorcida, de grandes poderes y violentamente opuesta a la expansión de la Iglesia Valoreana. Carniog y Moragh usaron el poder de la Torque Negra para esclavizar a muchas hadas Luminosas, confinándolas al reino subacuático de Carniog durante siglos. Y peor aún, Moragh engañó arteramente al Príncipe Rhys de Glamorgan, hijo de Caerna y le atrapó. Buscando el dolor infinito de la reina, Carniog encerró el alma de Rhys en el interior de la Torque Negra.

Como no podía ser de otra manera, la Reina Caerna marchó a la guerra para rescatar a Rhys. Fracasó, y perdió Glamorgan, el feudo encantado de su hijo ante el poder de la bruja Moragh. Cuando Moragh puso el pie en los dominios de Glamorgan, en ese mismo instante ocurrió que, en el corazón de Draoidhel, a muchas millas de distancia, el Pozo de Brianne se desvaneció misteriosamente y nadie volvió a verlo en muchos años. 

En el gran salón del trono de su nuevo reino, Moragh invocó a toda su corte, de lo más alto a lo más bajo. Y allí invitó también al Príncipe Carniog, venido de su oscura corte en la sumergida Lloengrym – su aliado más cercano, y aún así las historias hablan del profundo desdén que sentían el uno por el otro. Moragh tomó una bolsa de seda de su cinto, y con un giro de muñeca la abrió. La bolsa creció hasta abarcar todo el salón, y luego ordenó a todos sus siervos y cortesanos que entraran en ella. Ninguno se atrevió a negarse. Cuando hubieron entrado, cerró la bolsa, la encogió para colgarla de nuevo en su cinto y le dijo a Carniog: “Este reino es tuyo, para conservarlo o perderlo.” A continuación le entregó una larga espada de plata reluciente. “Esta es la espada de Glamorgan, que conquistó este reino seis siglos atrás. Recuerda bien estas palabras: La espada es invencible dentro de Draoidhel; pero si jamás pones el pie fuera de las fronteras de este bosque, la espada se volverá en tu contra y será tu perdición.”

Entonces Moragh se despidió tersamente, abrió un portal al misterioso lugar del que provenía, y partió. El Príncipe Carniog no volvió jamás a su corte de Lloengrym, y no sé que historias resultaron de su ausencia. Pero muchos son los relatos de sus viles ataques a sus vecinos Luminosos en Draoidhel, y de su creciente temor por un nuevo reino que crecía en el oeste del gran bosque. Bajo su dominio, que duró más de trescientos años, el antaño hermoso reino de Glamorgan se convirtió en un paraje desolado y deshabitado, un páramo embrujado. 

Durante todo aquel tiempo, el Llyn Brianne se había movido de un lugar a otro, a menudo desapareciendo durante largas décadas. Aquellos que lo encuentran ciertamente están marcados por el destino, pues siempre hay una gran historia tras su hallazgo. Aunque, ahora que lo pienso, si algún pobre necio lo encontrara y no hiciera nada con él, nadie oiría hablar de él, y menuda historia sería esa, ¿eh? La historia de como un mago mortal y una princesa faérica hallaron el Pozo y forjaron el gran reino faérico de Celinad os la contaré en otra ocasión, pues es larga y se merece ser bien contada. Lo que importa es que Celinad se convirtió en el centro del poder de las Hadas del Verano de Draoidhel, lugar que antaño ocupara el reino de Caerna. 

Celinad y Caerna fueron los bastiones que mantuvieron la ambición de Carniog a raya. Alrededor de su esbelto cuello Carniog llevaba la Torque Negra, que esclavizaba a sus víctimas, y en su cinto siempre llevaba la Espada de Glamorgan, que le protegía de todo daño mientras no abandonara Draoidhel. Pero no podía estar en todas partes a la vez, y carecía de tropas suficientes para controlar las tierras que conquistaba, pues todo el Pueblo Hermoso detestaba a Carniog. Jamás un mayor villano ha surgido de las profundas aguas que cubren Lloengrym, ese extraño y oscuramente maravilloso reino. Carniog era hermoso y esbelto, pero arrogante más allá de todo límite, y pensaba que la gente de la superficie no eran más que ganado. Les hacía criar hasta que adoptaban formas monstruosas, con objetivos que nadie supo jamás. Muchos en Glamorgan huyeron del lugar cuando se adueñó de él. Así que gobernaba como una tortuga, tras altos muros y profundas zanjas, y planeaba y planeaba para conquistar a sus odiados rivales mediante la traición. 

Oh, oh, poco corazón me queda para recitar la traición que acabó con Celinad; no me pidáis que recite tan terribles eventos. Los planes de Carniog dieron su fruto, ayudado por el Preste Fflydd, un hechicero mortal de voluntad débil al que había esclavizado con la Torque. Dejadme sólo añadir que Celinad cayó, y de toda su gente, tan solo Adaron el mago sobrevivió, transformado en zorro, y fue únicamente por que a Carniog le complacía su sufrimiento. Sólo una buena noticia salió de la tragedia de Celinad, y esa fue la unión, largo tiempo demorada, de todos los principados de la Corte de Verano para derrocar a Carniog, y la Reina Caerna los lideraba.

Los ejércitos se enfrentaron en el confín occidental de Draoidhel, junto a las orillas del lago Lohr, en lo que ahora se conoce como la Cañada de la Pica. Caerna lideraba a la temida Bandada del Ocaso de Claerwen, cuyas espadas encantadas de esmeralda chocaban contra las letales espadas solares de Glamorgan. Los Aos Sídhe de Dyfed invocaban grifos, y los magos de Ardenmor zanjaron sus antiguas deudas entregando a dos de los grandes gusanos de Pen-y-Cabar. Los sinuosos dragones proyectaban sus grandes sombras contra el sol, y debajo de ellas las hojas de Glamorgan se extinguían como velas gastadas. 

En respuesta, Carniog encendió una gran hoguera con los cuerpos de sus enemigos caídos. Alzando prismas mágicos ante las llamas, concentró la luz en delgados rayos que cortaron a los gusanos de las alas hasta el vientre. Los antiguos dragones huyeron, dejando únicamente a hadas enloquecidas por la profanación de sus muertos. Y aún así la rabia no les ayudó, porque Carniog usaba el poder de la Torque Negra, y empuñaba la Resplandeciente Espada de Glamorgan. Contra él nadie podía resistir. 

Las tornas se volvieron cuando, allí en la orilla del lago, el taimado mago Preste Fflydd se volvió contra su amo. Nadie sabe porqué, pero yo creo que pudo haber sucumbido a algún tipo de conjuro faérico. Fflydd golpeó a Carniog a traición, y aunque el mortal no podía dañar al Príncipe Oscuro, sí le hizo una mella a la Torque Negra. Ahora escuchad lo que ocurrió: Carniog mató a Fflydd en el acto. Pero la Torque, una vez mellada, no pudo contener al buen Príncipe Rhys, atrapado en la Torque por Carniog y Moragh siglos atrás. Emergió enloquecido, pero aún entre espumarajos le gritó a su madre, la reina Caerna: “¡Si abandona los límites de Draoidhel, está condenado!”. Entonces Rhys cayó también ante la Espada Resplandeciente de Carniog. Pero su muerte no fue en vano.

La Reina Caerna había escuchado las últimas palabras de su hijo, y supo al momento lo que había que hacer. El Príncipe Carniog se encontraba en la orilla, a unos pocos pasos de las aguas. Caerna entonó un poderoso conjuro y entregó una gota de su sangre a los espíritus del lago, y abajo, en la orilla, las aguas crecieron y se levantaron en torno a los pies de Carniog. 

No le llegaron más arriba de las rodillas, aquellas aguas, y sin embargo significaba que ya no estaba en tierra firme, y por lo tanto fuera de los confines de Draoidhel. Carniog se dio cuenta y gritó, y en ese momento, la Espada Resplandeciente de Glamorgan se giró en su propia mano y le empaló. A las aguas cayó el Príncipe, y también la Espada y la Torque, que le cayeron de las manos, y todo el lago Lohr se volvió negro como la tinta durante un día y una noche. Y eso es lo último que nadie ha oído sobre el Príncipe Carniog en los últimos quince siglos. Hay quien dice que si la Torque Negra reapareciera, Carniog regresaría con ella, buscándola, intentando recuperar su antiguo poder y así sembrar con su venganza los reinos de hadas y hombres. Pero todo esto, amigos, no es más que un cuento, y ahora mi garganta está seca. Dejad que este viejo narrador descanse por fin.

[Nota: Adaptación de material aparecido originalmente para Changeling: the Dreaming.]

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