Crónicas de Alasia (XLIX): El Camino del Torreón

Los Mapeadores del Norte

  • Thaena, guerrera del frío y brumoso Korheim, con sangre de gigantes en las venas
  • Qain, frío y amoral monje enoquiano, discípulo de la senda del Fantasma Hambriento
  • Tharkatios, guerrero de brazo tatuado de Kurath, con el poder de conjurar una armadura mística a voluntad
  • Flawkin, gnomo ilusionista y lenguaraz que puede estar o no relacionado con su congénere Dworkin
  • Ponto Overhill, alegre mediano flautista recientemente agregado al grupo.

Halcón 23

Mientras los Escudos de Piedra se enfrentaban a Vorlak el Mestizo en su guarida, y los Exploradores de Wilwood se dirigían sin saberlo hacia su encuentro con los gnolls del bosque, el grupo que derrotó al ogro del molino de Falshire había permanecido durante un par o tres de días en la ciudad, celebrando las mieles de su victoria. Su intención de cartografiar el norte se había visto demorada por el asunto de Falshire, pero aquello les había permitido también hacer más preparativos y recabar una mayor información. Thaena, Flawkin y Tharkatios habían rechazado la recompensa que los aldeanos les habían ofrecido por salvar a su maltratada aldea de la criatura. Qain, por su parte, había aceptado la mitad de lo ofrecido… por motivos menos altruistas. En la reapertura del camino de Falshire y el probable reinicio de su actividad minera, el calculador enoquiano veía una oportunidad lucrativa. Con ese motivo, estudió a los aldeanos de Falshire con los que había entrado en contacto, intentando ver quién de ellos tenía más madera de negociante, o a quien se le había dado bien prosperar a pesar de la crisis de la aldea. Su idea era ofrecer un préstamo a ese individuo a intereses razonables, para darle una ventaja respecto a la competencia en aquellos momentos de declive… y así en el futuro contar con un aliado poderoso y muy agradecido, al que poder sacar tajada más adelante. La versión retorcida e interesada del viejo proverbio: “enseña al hombre a pescar, y comerá toda la vida.”

Mientras el monje enoquiano estaba centrado en estas ocupaciones tan poco espirituales, Thaena y Tharkatios escucharon interesantes rumores por toda la ciudad sobre los peligros del Viejo Torreón y el Bosque de la Cuna. Así descubrieron que muchas de las granjas y mansiones establecidas en la región que rodeaba al Camino del Torreón estaban siendo abandonadas por culpa de unos grandes insectos que surgían del suelo y devoraban el ganado, y que cada vez parecían más numerosos. Por su parte, Flawkin había trabado amistad con un flautista mediano llamado Ponto, que aparentemente se caracterizaba por su mala suerte a la hora de unirse a expediciones, pues todas ellas acababan en fiasco. A través de Ponto, Flawkin supo del Salón de los Antiguos, y de su intento fallido de aventurarse en su interior junto a dos compañeros en busca de la Llama Helada de Thelgadiss. Ahora, su amigo Deornoth había renunciado a trabajar para Al-Azhred el Alquimista, preso de serias dudas acerca de la moralidad de aquella empresa, y su otro compañero, el enano Caellum, que llevaba largos años sin ver a ninguno de sus congéneres, parecía muy interesado en las historias que había oído acerca de una compañía enana que se estaba formando en la región. Además, cada día estaba más raro, musitando y gruñendo acerca de visiones extrañas y de los patrones que daban forma a todas las cosas. Eso dejaba a Ponto de nuevo sin grupo y sin trabajo. Fiel a su estilo, y viendo en el mediano un espíritu afín, Flawkin autoincluyó a Ponto en el grupo, ahorrándose el tedioso paso de tener que consultarlo con todos los demás. A cambio, Ponto le entregó la llave de piedra que abría el Salón de los Antiguos, por si este nuevo grupo decidía intentar la misión en la que él había fracasado.

Tras reunirse todos de nuevo ante una copiosa cena, el resto del grupo aceptó la inclusión de Ponto en el grupo dadas las posibilidades que les ofrecía aquella llave de piedra. Entre cartografiar el Camino del Torreón y explorar el Salón de los Antiguos, todos coincidieron en que preferían esto último, sobre todo ante los rumores de insectos gigantes en el norte. Antes, sin embargo, les habían prometido a los habitantes de Falshire que les escoltarían de regreso hasta el cruce, una vez hubieran tenido su audiencia con el Barón, cosa que se había dado aquella misma tarde. Por tanto, se dispusieron todos a descansar en blando aquella noche, pues por la mañana se pondrían de nuevo en marcha.

Halcón 24 

Los compañeros ponen rumbo al cruce de Falshire, acompañando al grupo de aldeanos para asegurarse de que llegan sanos y salvos sin ningún incidente. Allí los campesinos y mineros se despiden de ellos, agradeciéndoles de nuevo todo lo que han hecho por su pueblo. Sin embargo, en lugar de regresar a Nueva Alasia para emprender viaje hacia el Salón de los Antiguos, el grupo cambia de opinión, y decide que ya que están allí, no está de más emplear un par de días en tratar de confirmar los rumores acerca de la plaga de insectos excavadores. Así, empiezan a explorar los alrededores del cruce, con la intención de ir avanzando hacia el norte mientras otean el terreno circundante en busca de señales de esa infestación.

Al hacerlo, avistaron una pequeña formación rocosa rodeada de arbustos, con un hueco en el que al parecer se albergaba una piedra demasiado lisa para ser natural. Intrigados, se acercaron a investigar, descubriendo lo que parecía una lápida desgastada dentro de un pequeño nicho formado por piedras amontonadas. Los símbolos de la lápida resultaban ilegibles, así que optaron por hacer una copia que poder mostrar a Korybos el Cronista. También les llamó la atención que la vegetación que rodeaba el lugar parecía enferma, y tras una pequeña prueba, comprobaron que la lápida reaccionaba negativamente al contacto con el agua bendita, siseando y humeando perceptiblemente. Aquello llevó a Qain, que como enoquiano era conocedor de los caminos del Seràh, a intuir que algo podría estar debilitando al Velo en aquel lugar.

Sin nada más que hacer allí, la compañía prosiguió su exploración hacia el norte. Avanzaron el resto del día, con cada nuevo paso evidenciando que poco a poco iban dejando atrás la seguridad y la civilización de las Tierras Reclamadas. Seguía habiendo granjas diseminadas por la región, y se divisaban algunas mansiones, pero cada vez eran menos numerosas y estaban más dispersas. Así avanzaron siguiendo el camino entre la campiña hasta las últimas horas de la tarde, cuando avistaron en la distancia la delgada línea de plata de un río que se abría ante ellos de este a oeste, y las siluetas de unas colinas más allá. Ponto, que como buen bardo sabía un poco de todo, dijo que debía tratarse del río Ullim, que marcaba el final definitivo del territorio sobre el que el Barón podía en aquellos momentos reclamar autoridad. Más allá, si quedaba alguna granja o caserío, cosa que el mediano dudaba, estaban realmente a su suerte. Un pequeño puente de piedra parecía cruzar el Ullim, pero el grupo decidió que no cruzarían esa frontera todavía, y emplearon las horas que les quedaban de luz para explorar y otear los alrededores.

Aquello les permitió avistar una granja a un par o tres de millas al este del camino, a orillas del río. Estaba lo bastante cerca como para echar un vistazo más de cerca, así que se pusieron de camino hacia allí. El edificio estaba rodeado de campos de trigo dorado y sin segar, y no tardaron en ver que la granja de madera estaba, efectivamente, abandonada. El techo parecía haberse hundido en gran parte, y sólo quedaban las cuatro paredes. Parecía en muy mal estado para haber sido abandonada recientemente, pero estaba claro que los campos se habían sembrado ese mismo año… Acercándose con precaución al cercado de madera que rodeaba los terrenos, empezaron a notar unas leves vibraciones bajo sus pies, y de repente, el suelo cedió ante ellos, y la cabeza insectoide de una criatura grande como un caballo de tiro surgió a su lado desde un flanco. ¡Ankheg!, gritó Ponto, justo mientras el insecto monstruoso abría sus aserradas mandíbulas para escupir un chorro de vitriólico ácido gástrico. Quizá fue la advertencia del pequeño bardo, pero Thaena, Qain y Tharkatios, que iban delante, lograron evitar ser alcanzados por el chorro, aunque las salpicaduras y goterones les dejaron quemaduras en la carne. Ponto y Flawkin reaccionaron con presteza, el mediano sacando su arco y disparando una flecha que rebotó contra el caparazón quitinoso, y Flawkin, dudando que sus encantamientos e ilusiones afectaran demasiado a la bestia, le soltó un proyectil luminoso que voló infalible e hizo cabecear de dolor al bicho. Antes de que los tres luchadores pudieran reaccionar a la aparición por sorpresa de la criatura, sin embargo, ésta sacó medio cuerpo del agujero y se abalanzó sobre Ponto, que se había subido al cercado para disparar mejor. Las mandíbulas como guadañas se cerraron alrededor del mediano, hiriéndole de gravedad y levantándolo en vilo. La experiencia como cazadora de Thaena le hizo comprender al momento lo que iba a ocurrir a continuación. El ankheg no pretendía enfrentarse a ellos en un combate a muerte… sólo había salido a la superficie en busca de un bocado que poder llevarse a su nido. Si no mataban a la criatura rápido, en unos instantes desaparecería bajo tierra de nuevo, llevándose a Ponto consigo.

Por fortuna, el poderío y la decisión que demostraron los guerreros durante la lucha contra el ogro del molino salió a la luz de nuevo. Thaena cargó contra la criatura y estuvo a punto de soltar su espadón para intentar agarrar las mandíbulas de la criatura y obligarla a soltar a Ponto por la fuerza, pero se lo pensó mejor y le asestó un golpe tremendo, que hizo saltar ícor anaranjado al quebrar el exoesqueleto. Lo mismo hizo Qain con su exótica espada enoquiana. Tharkatios invocó su armadura astral más pesada con un mero pensamiento, y descargó toda su fuerza tanto física como mística en un golpe por encima del hombro que acabó de destrozar al insecto. Ponto cayó al suelo, con profundos cortes en los costados pero vivo, y reunió fuerzas suficientes para entonar una melodía que demostró el poder sanador de la música, ya que palió en parte su dolor y restó gravedad a sus heridas sin llegar a cerrarlas del todo. Aquella era la primera señal que encontraban de que los rumores podían ser ciertos… y si realmente había una plaga de ankhegs, era algo que no podía ser ignorado. Extremando las precauciones, se acercaron a la carcasa de la granja, y cuando se asomaron a su interior, comprendieron el porqué de su mal estado. No era sólo el techo de tejas rojas lo que se había desplomado, sino también la totalidad del suelo. Las cuatro paredes se alzaban alrededor de un agujero enorme que se había tragado los cimientos y se hundía en el suelo. Era muy parecido al que había dejado el ankheg a su paso, sólo que varias órdenes de magnitud más grande. Aquel hoyo sólo podían haberlo excavado entre numerosas criaturas… o una criatura extremadamente grande.

En cualquiera de los casos, consideraron que no estaban preparados para enfrentarse a lo que hubiera allí debajo. Tomaron nota de la posición de la granja en el mapa que Thaena había ido trazando, y se alejaron de allí tan deprisa como pudieron. Estaba a punto de caer la noche, y no querían que les pillara cerca de allí.

[La plaga de ankhegs fue uno de los eventos globales que se van generando con el paso del tiempo en la campaña, y que ayudan a hacer del mundo un lugar vivo y cambiante. Estos eventos pueden producirse de manera natural y espontánea, como parte de las dinámicas habituales de cualquier mundo, o ser el resultado de las acciones de ciertos grupos y facciones. ¿Era aquella plaga un suceso natural, o un acto deliberado por parte de alguien? ¿O estaban ocurriendo cosas en otros lugares que habían resultado en una imprevista migración de las criaturas hacia las Tierras Reclamadas? Imposible saberlo sin indagar más al respecto.]

Halcón 25

Pensando que quizá la granja abandonada fuera el punto focal de la plaga, los aventureros decidieron regresar a Nueva Alasia e informar a las autoridades, antes de seguir con su plan original de explorar el Salón de los Antiguos. La jornada de regreso transcurrió sin incidentes, pero cuando, provenientes del camino del norte, ya tenían a la vista las murallas de la ciudad, hacia el atardecer, Flawkin avistó una gran caravana que se aproximaba a Nueva Alasia por el viejo camino del este. Y, o los ojos del gnomo le engañaban, o era una caravana formada por jaulas sobre ruedas. Los ceños se fruncieron cuando el gnomo compartió esa información con sus compañeros. Sabían que no llegarían a tiempo a interceptar la caravana antes de que entrara en la ciudad, pero decidieron que intentarían cruzarse con ella durante su avance por las calles, y ver con sus propios ojos qué clase de mercancía transportaba.

Saliendo a su alcance en la calle mayor, comprobaron que sus temores no eran infundados. La caravana estaba formada por media docena de carromatos construidos como cárceles, a base de gruesos barrotes de hierro, en los que se arracimaban un gran número de personas de todo tipo y condición, hombres y mujeres desde la más tierna infancia a la más vetusta de las vejeces. Todos iban sucios y mugrientos, vestidos con míseros harapos, y muchos mostraban moretones en el rostro o los gruesos verdugones del látigo en sus espaldas. Otros, los más jóvenes y bellos, estaban incólumes, claramente demasiado valiosos para ser estropeados por fusta o látigo. Ninguno de ellos hablaba, ni protestaba. Algunos niños sollozaban en voz baja, pero eran rápidamente silenciados por los esclavos que les rodeaban. Cada carromato avanzaba custodiado por cuatro soldados marchando a pie, dos delante y dos detrás, y por un par de jinetes que mantenían el paso del convoy con espadas curvas al cinto y crueles látigos de púas en la mano. Por delante cabalgaban tres mercaderes de ropajes untuosos y extremadamente caros, con el aire arrogante de quien se sabe intocable. La caravana estaba adornada con estandartes que mostraban un puño cerrado y enguantado en armadura en sable, sobre un campo morado y carmesí.

[Aquello fue un encuentro aleatorio. En la tabla salió “caravana mercante”, y al generar sus características, el tipo de mercancía resultó en “esclavos”, lo que me dio buen material para improvisar. Fue otro de los encuentros generados al azar que acabaron convirtiéndose en parte integral de la historia de la región…]

La población de Nueva Alasia se había amontonado en las calles ante su llegada, observándoles con el miedo en la mirada, y los cinco aventureros presenciaron el avance de la caravana esclavista entre la multitud. Todos pensaban lo mismo: aunque quisieran, no había nada que pudieran hacer al respecto. Contando a los conductores de los carromatos, había más de cuarenta hombres armados, doce de ellos montados a caballo. Meterse con ellos era una absoluta insensatez. Y la clase de impulso que Flawkin el gnomo era incapaz de contener. Esperando a que los tres líderes de la caravana pasaran a su lado, y sin que sus compañeros pudieran impedírselo, el gnomo salió de entre la multitud y se puso a andar junto al caballo de uno de los kanthianos, pues su origen era más que obvio. El gnomo increpó al mercader bajo una fachada de inocencia y charla simpática, pero tuvo que insistir bastante antes de que el jinete siquiera se dignara a bajar la vista y dedicarle una expresión de absoluto desprecio e incluso repugnancia. Otro de los ricos mercaderes se dirigió a su compañero que estaba siendo increpado por el gnomo, empleando deliberadamente la lengua Común para decirle:

Ahora sí que lo he visto todo. No sabía que los monos hablaran.

El primero, aumentando si cabía el desprecio de su mirada, se dirigió a Flawkin por primera vez:

No tengo por costumbre hablar con los animales, ni con criaturas infrahumanas. Abandona mi presencia ahora.

El chasquido de un látigo restallando justo a su lado abortó la réplica mordaz del gnomo, y ante eso, los dedos del diminuto hechicero empezaron a moverse, trazando los gestos arcanos de un conjuro. La pesada mano de Qain sobre su hombro le hizo parar, y el monje le dedicó un ceñudo gesto de negación con la cabeza. Flawkin  entró en razón y desistió, sabiendo en su fuero interno y por mucho que le doliera que sus acciones no sólo serían inútiles, sino que probablemente acarrearían graves consecuencias para algún pobre esclavo. Abatido como estaba, estuvo a punto de no oír la voz susurrante que le llamaba. Alzó la vista para ver a una mujer joven y rubia en uno de los carromatos que le miraba directamente. La joven susurraba:

¡Psst! ¡Gnomo! ¡Por favor! ¡Busca a tu congénere! ¡Busca a Dworkin! ¡Al mago Elian! ¡Diles que Marion de Leaford necesita su ayuda! ¡Ellos…! 

En ese momento, un latigazo golpeó a la anciana que la joven tenía al lado, abatiéndola entre alaridos de dolor, y la muchacha se calló, tragándose las lágrimas. Flawkin siguió perdido en sus ojos azules mientras los tuvo a la vista, y no pudo quitárselos de la mente ni siquiera cuando la caravana pasó de largo y se perdió en las calles de una Nueva Alasia perpleja y absolutamente atemorizada.

Ilustración by Xelgot 

Anuncios

4 pensamientos en “Crónicas de Alasia (XLIX): El Camino del Torreón”

  1. ¿Pero cómo…? ¿Marion de Leaford, convertida en una esclava? ¿Qué maquiavélica mente es capaz de convertir un encuentro aleatorio en tan magistral cliffhanger? Tremendo, muy tremendo…

    Por cierto, Ponto de apellido se llama “Gáfez”, ¿no…? 😉

    Le gusta a 1 persona

    1. En realidad es Overhill, pero creo que està pensando en cambiárselo XDD.

      A la hora de decidir qué hacer con los resultados de un encuentro aleatorio, creo que lo suyo es pensar en cómo encajan en el lugar y el momento. Lady Marion se había marchado por el camino del Este haciendo caso al consejo de los aventureros de vivir su propia vida, y ahora resultaba que una caravana de esclavos se había estado acercando a Alasia por ese mismo camino más o menos a la vez. ¡Molaba demasiado la idea para no aprovecharla!

      Le gusta a 1 persona

  2. Desde que mencionaste en una entrada anterior esta escena, esperaba con ganas que llegase el día de verla escrita… y ahora vas y nos dejas con la miel en los labios! Necesitamos la siguiente entrada pronto! XD

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s