Crónicas de Alasia (XLVI): El Relato de Pielblanca

LOS ESCUDOS DE PIEDRA

  • Lomborth, enano de las montañas discípulo de Dumathoin
  • Tobruk, enano ex-esclavo convertido en furioso luchador
  • Grugnir, enano bribón y astuto poco amigo de los compromisos

Halcón 21

Tras la rendición de la bruja gnoll y el arquero, Lomborth corrió hacia Will, que yacía en un charco de su propia sangre. El joven no estaba muerto todavía, pero la vida se le escapaba por momentos, y la magia curativa del druida de Dumathoin estaba agotada. La poción que tan desprendidamente había entregado a Tobruk ahora podría haberle salvado. Mientras Tobruk ataba a los prisioneros, Grugnir no perdió el tiempo y empezó a registrar a los caídos, empezando por el propio Vorlak. La sorpresa del bribón fue monumental al comprobar que el gigantesco bandido se aferraba a la vida a pesar de sus terribles heridas. Rebuscando en su zurrón, encontró un frasco con un brebaje azulado. Se lo lanzó a Lomborth, quien sin pararse a intentar averiguar sus efectos, se la administró al agonizante joven, rezando a su torvo dios por que fuera lo que sospechaba. Y así fue, la herida de la espalda del muchacho empezó a espumear y a sanarse a ojos vista, cicatrizando en cuestión de segundos. Will tosió, escupió la sangre que le quedaba en la boca, entreabrió los ojos para mirar a los tres enanos que le contemplaban desde arriba, y preguntó con una débil sonrisa:

¿Hemos ganado?

Tobruk no pudo reprimir una sensación de orgullo: bajo su juvenil entusiasmo, se escondía una gran firmeza en Will Kemp.

Tras ocuparse de los prisioneros y los heridos, los Escudos de Piedra se dirigieron hacia el inconsciente Vorlak. Tomándose su tiempo, Lomborth vendó su herida para evitar que se desangrara, y le encadenaron y amordazaron. Valía mucho más vivo que muerto, y la gente de Nueva Alasia merecía ver el espectáculo de un azote como Vorlak colgando en la soga. Acto seguido, se dedicaron a inspeccionar el resto de la cueva de los bandidos. La puerta por la que había salido Vorlak daba a una gruta secundaria (número 4 en el mapa). El jefe bandido claramente dormía allí, en una gran cama lo bastante amplia para acomodar todo su enorme bulto, cubierta por mantas de pieles. Colgado sobre la cama a modo de adorno había un tridente muy ornamentado, cuya triple punta había sido forjada a imagen de tres peces espada danzando y entremezclándose. Un cofre cerrado a los pies de la cama, que no resistió las artes de Grugnir, contenía los efectos personales del semi-ogro. Además de ropas de su tamaño, se podían encontrar trofeos varios (un casco hendido perteneciente a un Caballero Protector, una mano humana reseca) y la parte del botín que Vorlak se había reservado para sí. Ésta consistía en un saco de brillante tela color azafrán rebosante de los frutos del bandidaje: un montón de monedas de distinta acuñación, entre las cuales había un par de aros para la nariz hechos de piedra pulida, a menudo llevados por los esclavos en algunas ciudades de Kanth como símbolo de su estatus. También había un trío de fragmentos sueltos de malaquita, y un broche de cobre mal bruñido grabado con la insignia de un perro de caza. Además de las cosas de valor, el saco estaba lleno de un surtido de caramelos de miel envueltos en fina tela de colores. Además del saco, en el cofre había una caja de madera que contenía un cuarteto de botellas cuadradas de cristal todavía cerradas, llenas de un ahumado whiskey de ámbar del Dun. Por las etiquetas de papel pegadas a las botellas, el licor que contenían había estado envejeciendo durante casi un siglo y medio y procedía de una destilería de gran renombre. Las botellas reposaban sobre un lecho de virutas de madera, y perdido entre ellas había un colgante de bronce con la forma de un rostro con una mueca a modo de sonrisa y ojos demoníacos que se veían acentuados por las pupilas pintadas de negro.

[Pongo la descripción del tesoro de la banda de Vorlak porque creo que para un botín valioso, de los que sólo se encuentran muy de vez en cuando, vale la pena un cierto nivel de detalle por parte del máster. Pienso que es mucho más gratificante para los jugadores, y más divertido, que simplemente decir “botín por valor de X piezas de oro”.]

La siguiente puerta (5) daba a otra gruta algo más grande, que se usaba como despensa y armería a la vez. Otra de las puertas (8) daba a un largo túnel natural, que los enanos, con su particular percepción de los entornos subterráneos, determinaron que ascendía y que probablemente fuera una salida de emergencia a la superficie. Por último, se veía al fondo lo que probablemente había sido la entrada a otra gruta (9), pero ésta parecía haber sido cegada intencionadamente no mucho tiempo atrás mediante un desprendimiento de rocas controlado.

Tras comprobar que no había sorpresas desagradables esperándoles en ningún rincón, los Escudos de Piedra centraron su atención en sus prisioneros. Los enanos no habían olvidado que su propósito principal era descubrir la conexión entre Vorlak y Jack Morden, y no pensaban irse del lugar sin respuestas. El arquero kanthiano se negó a hablar; sabía que le aguardaba la horca y las amenazas de los enanos surtieron poco efecto en él. La bruja gnoll fue harina de otro costal. La desagradable criatura parecía medio desquiciada, e intercalaba agudas y nerviosas risotadas de hiena entre frases sin venir a cuento.

¡No matar a Pielblanca, no! ¡Hehehehahaha! ¡Pielblanca saber cosas! 

[Me lo pasé en grande interpretando a la bruja gnoll como a un cruce entre el Joker y la hiena loca del Rey León. No me debió salir mal, ya que uno de los jugadores, durante el interrogatorio, soltó de repente: “¡Que mal rollo de bicho!”]

Cuando los enanos la instigaron a contar todo lo que sabía, la bruja replicó:

¡Pielblanca colgar y bailar en soga! ¡No hablar para después morir! ¡Hehehehahaha!

Tobruk sacó a relucir su hacha, y le dejó bien claro que si no hablaba ahora, no llegaría a vivir para ver la horca. Grugnir intervino, suavizando la amenaza de su camarada diciendo que si contaba allí lo que sabía, delante de representantes de la ley, quizá su juicio no acabara en la horca. [¡Enano bueno, enano malo!]. La hembra gnoll les miró con ojos demenciales cuando Tobruk repitió su pregunta:

Habla, bruja. ¿Quién mató a Morayne Tanner?

¿Muerta? ¿La humana? ¡Hehehehahaha! ¡No, no! ¡Muerta no! ¡Viva! ¡El Amo la tiene! ¡Hehehehahaha!

Los ojos de los enanos se abrieron como platos ante la revelación de la gnoll, que siguió hablando en su demencial estilo, tanteando a sus captores con palabras ladinas y desgranando poco a poco un relato arrancado a base de nuevas promesas de seguridad.

¡El Amo dijo a Vorlak que no atacara granjas y aldeas, si! ¡Hehehehahaha! ¡Pero Vorlak quería más! ¡El Amo dar armas, dar oro y pociones, si, y avisar de caravanas bien cargadas, si! ¡Solo pedir favores alguna vez! ¡El Amo era listo, Vorlak no listo, no! ¡Hehehehahaha! ¡Vorlak no escuchar a Arakh Zuul! Sin el Amo, Vorlak ahorcado hace mucho, si. 

Así que había alguien en las sombras detrás de Vorlak y su banda, alguien que a todas luces estaba utilizando a los bandidos para desestabilizar el comercio y el tráfico en la región. Aquello no pintaba nada bien. La gnoll percibió el desasosiego de sus interrogadores, y les exigió que a cambió de seguir hablando, tenían que soltarla. Sin embargo, Tobruk le aseguró que la única liberación que recibiría vendría de su hacha si no seguía respondiendo a sus preguntas. Cuando Lomborth preguntó qué tenían que ver Morayne Tanner y Jack Morden en todo aquello, la bruja respondió:

¡Pielblanca no conocer esos nombres, no! ¡Hehehehahaha! Pero saber que mujer cabello de fuego descubrir a Vorlak y al Amo cuando cambiar a Bale. Vorlak querer para si, ¡pero el Amo prohibir! ¡La mujer hablar con el viento! ¡Llamar a arquero! El Amo querer ese poder. El Amo crear falsa muerta con humo y sombra, ¡Hehehehahaha!, y culpar a arquero. ¡Bale arrestar! ¡Bale nuevo, Bale nuestro! ¡Hehehehahaha!

Morayne Tanner no estaba muerta, y Jack Morden era realmente inocente. Aquello explicaba la saña con la que había atacado a los hombres de Vorlak cerca de Wilwood, a pesar de verse superado en número. Y la joven estaba en manos de un Amo oscuro que había estado utilizando a los bandidos para sus propios fines. Sólo quedaba una pregunta que hacer a la pulgosa gnoll. ¿Donde se escondía ese amo? Porque tan seguro como que había un cielo y un infierno, los Escudos de Piedra iban a ir a por él.

¡Herubar Gûlar! ¡Encontrar Herubar Gûlar y encontrar al Amo! ¡Encontrar a Arakh Zuul! ¡Hehehehahaha!

[Y sí, aquí hay otro homenaje…]

Nada más se le pudo sacar a la gnoll. Desconocía el paradero del lugar que acababa de mencionar, y nada más parecía saber del asunto. La única información adicional que consiguieron sacarle fue que había salido del “bosque grande”, expulsada por su gente por su albinismo, y que Vorlak la había acogido en su banda por lo útil de sus maleficios. Amordazando a la criatura de nuevo, los Escudos de Piedra se sentaron a asimilar toda esa nueva información. Aquel asunto se iba oscureciendo por momentos. Torlen y Will reaccionaron con gran sorpresa al oír que uno de sus oficiales superiores, el Sargento Bale, había sido comprado, embrujado o incluso reemplazado por ese misterioso “Amo”, y se preguntaron cuantos otros miembros de la patrulla que había detenido a Morden lo habían sido también. Pero todos estaban exhaustos y maltrechos por el intenso combate contra los bandidos, y poco podían hacer salvo descansar en aquel mismo lugar. Al día siguiente partirían hacia Nueva Alasia, llevando a Vorlak y los suyos derrotados y cautivos.

Más recios y resistentes que sus compañeros humanos, los tres enanos decidieron aprovechar para investigar el túnel de salida que habían encontrado en la cueva, y acabar de cerciorarse que no había más bandidos en la zona. No hallaron más bandidos, sino algo mucho mejor. Efectivamente, el túnel conducía al exterior a través de una pequeña boca de cueva extremadamente bien oculta. Examinando la zona que la rodeaba, Grugnir descubrió una trampilla escondida en el suelo bajo una capa de hierba y gravilla. Ésta cerraba un agujero que se hundía a una pequeña caverna, y a la que únicamente se podía acceder desde allí (número 6 en el mapa). Y allí, en esa cueva aislada de la principal, descansaba todo el botín que Vorlak y sus rufianes todavía no habían podido deshacerse. La sangre de los enanos les hizo imposible resistirse al brillo del oro, la plata y el bronce, y tiraron cuerda para bajar y examinar el mayor tesoro que había sido encontrado hasta el momento en las tierras de Alasia.

A un gran barril de madera verde de roble le habían colocado relucientes bandas de oro y estaba lleno de todo un surtido de tesoros distintos, grandes y pequeños. Miles de lobos de bronce habían sido usados como “material de relleno” para que el contenido del barril quedara bien sujeto. Dos lanzas largas sobresalían del barril, con sus puntas de hierro mostrando incrustaciones en forma de calaveras doradas. Una delicada copa de cristal, decorada con espirales de cristal rosado estaba llena de pedacitos de piedra de un hermoso color azul brillante, un centenar de ellos o más, junto a una pequeña piedra preciosa azul. Un elaborado yelmo con cuernos y runas de potencia talladas en toda su superficie había sido puesto del revés para contener cientos de monedas de plata, cada una estampada con una lanza y un escudo. Dos jarras de arcilla tapadas y selladas con cera contenían dos galones de apestoso aceite para lámparas cada una. Un pectoral de bronce grabado con círculos y bucles se apoyaba contra un lado del barril, cerca de un par de brazales de cuero tachonados con flores de oro. Una bufanda de seda marrón con bordados reposaba sobre una hacha de hierro de mango negro, con un par de cruces de marfil incrustadas a cada lado del mango. Un par de pantalones de cuero marrones, con hilo rojo y oro trenzado de aspecto muy valioso estaba hecho un ovillo hacia la mitad del barril. Un saquillo que colgaba de él contenía monedas mezcladas de oro, plata y bronce, y un alfiler para el pelo con un estrecho pasador de coral. Cerca de los pantalones, había una flauta dorada, con un pequeño banderín colgando del extremo. Un laúd de madera de cerezo exquisitamente trabajado y con tensas cuerdas plateadas yacía al lado de la flauta. El cuerpo del laúd estaba tallado con patrones a rayas que podrían representar la hierba o la piel de un animal.

Al lado del barril había un cofre cerrado. Tras examinarlo, Grugnir encontró un pequeño hueco que probablemente dispararía una aguja envenenada a quien intentara abrirlo. Bloqueando el hueco con sus herramientas de ladrón, el astuto enano procedió a forzar la cerradura, algo que logró sin mucha dificultad. Pero cuando lo abrió apenas tuvo tiempo de examinar las riquezas que contenía, pues entre ellas se agazapaba una serpiente hecha por completo de metal cuya cabeza salió disparada hacia su mano, mordiéndole e inyectando su ponzoña. Los otros dos enanos atinaron a cerrar la tapa del cofre antes de que la cobra de hierro pudiera salir de él… no estaban en condiciones de enfrentarse a un nuevo combate. Por fortuna, la dureza innata de los enanos les hace muy resistentes a los venenos, y Grugnir se escapó barato de la mordedura, aunque se debilitó visiblemente.

Los Escudos de Piedra estaban exultantes. Habían vencido a uno de los peores bandidos de la región contra todo pronóstico, habían arrojado más luz sobre el misterio de Jack Morden, y habían dado con un tesoro magnífico. Pronto deberían decidir que hacían con él. Por una parte, toda aquella riqueza había sido robada a sus dueños legítimos, y con la ley en la mano, debería ser devuelta a sus propietarios. Por otro lado, ellos habían sangrado y casi muerto por acabar con un gran azote, y aquella riqueza era una recompensa apropiada por sus esfuerzos. Pero dejarían el dilema para otro día. Lo que sí se habían ganado era un buen descanso, y eso nadie se lo podía discutir. Volviendo a ocultar la trampilla de acceso, los Escudos regresaron a la cueva principal, sin decir a los miembros de la guardia ni una palabra sobre el hallazgo que acababan de hacer.

Ilustración de Keith Parkinson.

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4 pensamientos en “Crónicas de Alasia (XLVI): El Relato de Pielblanca”

  1. ¡Herubar Gular! Ay Dios mío, casi suelto una lagrimita al leer ese nombre después de todos estos años… Snif…

    Interesantísimas las ramificaciones de todo este asunto, demostrando que con un algo (o un mucho) de oficio, una cosa tan sencilla como atacar a unos bandidos puede dar muchísimo juego. Veremos quién es ese Amo del que hablaba la bruja gnoll…

    P.D. Si cuando yo decía que este grupo tenía pegada…

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  2. Qué cortas se me hacen las entradas, y lo digo en el buen sentido! El trio de enanos está siendo más divertido de lo que pensé.

    Tienes pensado publicar el sandbox? Estaría interesante.

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Gracias por tus palabras!
      Pues la verdad es que alguna vez he fantaseado con ello. Por el momento estoy trabajando en varios proyectos a la vez, por lo que tengo las manos atadas durante un tiempo, pero en el futuro quien sabe, igual me animo a hacer algo, sobre todo si veo que, como en tu caso, hay interés por parte de los lectores.

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