Crónicas de Alasia (XXI): El Diario de Bórr

LOS PORTADORES DEL AMULETO

  • Norben Arroway, joven paladín de la sangre del león
  • Arn Rooc, justicar de Grymn procedente del reino de Carellia
  • Adà de Montaigne, misteriosa hechicera de siniestros poderes
  • Shahin ibn Shamal, un guerrero-mago del remoto Desierto de Sûl
  • Encinal, aventurero medio-elfo proveniente de la gran ciudad de Stonehold

Llama 24

Los Portadores del Amuleto cruzaron las puertas de la empalizada de Welkyn, cada vez más adelantada, pocas horas después del alba. Llevaban consigo el cadáver de Auria, a quien deseaban enterrar en suelo santo. Por tal motivo fueron directos a visitar al nuevo párroco del pueblo, el Padre Astral Moonglitter, un joven sacerdote de Arkath que apenas llevaba una semana en el puesto. Junto a él se hallaba su nueva acólita, Bessy, la hija del posadero que había atendido al joven clérigo cuando se encontraba al borde de la muerte [esa historia la podéis leer aquí]. El sacerdote, por supuesto, les concedió permiso para enterrar a la difunta en el camposanto de Welkyn. Tras una cordial charla con el Padre Astral, éste les contó que como servidor del dios de la magia y el conocimiento, estaba interesado en recopilar libros, tomos y textos de toda índole para la futura biblioteca de la iglesia. Confiaba en que la construcción de la empalizada terminara en cuestión de días, y que entonces la edificación de la iglesia de Welkyn podría reanudarse. Tenía la intención de que Welkyn se convirtiera con el tiempo en un centro de cultura y conocimiento. Si encontraban libros y textos antiguos, dijo, la iglesia de Welkyn pagaría bien por ellos. Los Portadores tomaron buena nota, pero no revelaron al Padre su misión, ni lo que habían descubierto sobre la antigua secta de los Kishadi. Era información demasiado peligrosa.

Una vez enterrada Auria en el cementerio, Arn empieza a indagar acerca de Vonkar, el guerrero que había amado a la joven cuando ésta aún vivía. Había hecho un juramento solemne ante la tumba de Auria, y el justicar no era alguien que rompiera la palabra dada o demorara sus obligaciones. Recorrió las calles y las tabernas preguntando por Vonkar mientras el resto del grupo (a instancias de Norben) iba a visitar al alcalde, Emyl Vorn, con la intención de solicitar permiso para entrar en la antigua residencia de Bórr, el superviviente de Lhudu que se había llevado consigo otra de las reliquias, la Gema Oscura. Así Arn supo de la colina que los lugareños conocían como el Reposo de Vonkar, a unas millas al suroeste de Welkyn, y de las leyendas que rodeaban a dicho lugar. Cuando se reunió con sus compañeros, que habían conseguido el permiso del alcalde sin ningún problema, les dijo que ensillaran de nuevo los caballos. Partían hacia el suroeste.

Unas horas más tarde, llegaron al Reposo de Vonkar, la colina escarpada y pedregosa en cuya cima se alzaban las ruinas de un fuerte circular de los primeros hombres de Valorea. Y al trepar hasta ellas, descubrieron el cadáver de Vonkar, calcinado y ennegrecido, aún caliente, abrasado por algún fuego tan intenso que no podía ser natural. [¡Como se vio en la entrada anterior! Con tan sólo 3 días de diferencia, los dos grupos activos en Alasia en aquel momento llegaron al lugar, uno por casualidad y otro con toda la intención. Las historias que se entrecruzan tangencialmente vienen siendo algo recurrente en la campaña…]. Sin más que hacer allí, los Portadores regresaron a Welkyn al atardecer, y dieron sepultura a Vonkar junto a Auria, cumpliendo el juramento de Arn y reuniendo a los dos malhadados amantes en la muerte como no pudieron estarlo en vida. [Esto dio a los Portadores una cierta cantidad de Honor, y una aún mayor de Fama].

Cumplida su autoimpuesta tarea, los cinco localizaron la vieja casa de Bórr, un edificio de madera y piedra que claramente llevaba años abandonado. El interior parecía haber sido abandonado con prisas, dejando platos en la mesa y un montón de ceniza en el hogar. Un registro rápido no reveló gran cosa, pero tras realizar una inspección más minuciosa, hallaron un maltrecho libro escondido en el alero interior de la chimenea. Gran parte de sus páginas parecían haber sido arrancadas una a una, pero las últimas seguían intactas. Parecía algún tipo de diario, escrito en Común, e inmediatamente procedieron a leerlo. [En ese punto les entregué el texto siguiente a los jugadores.]

El Diario de Bórr

Lobo 23, 956 EA

Las pesadillas no cesan. No me han abandonado en todos estos años. Les avisé del terrible error que estábamos cometiendo, les dije que aquellas colinas peladas no eran lugar para vivir en paz, que no encontraríamos ningún refugio allí. Pero la necesidad era demasiado grande, los errores del pasado demasiado costosos. Necesitábamos aislarnos de un mundo que nos había dejado atrás, que no nos necesitaba a nosotros ni a lo que la vieja orden representaba. Y cuando encontramos la Roca Negra, supe que esos errores estaban a punto de repetirse. Muchos pagaron por nuestra culpa, y hubiera sido mejor si Lhudu se hubiera convertido también en nuestra tumba. Nuestro castigo no será tan piadoso. Un mensajero me ha traído malas nuevas: Rhea ha muerto dando a luz a su pequeña. Con las tristes noticias, me encuentro escribiendo en este libro por primera vez desde… desde que renunciara a mi nombre y a mi título. Me entristece y me aterra saber que cruzar el Velo no pondrá fin a los tormentos de mi vieja alumna, y si me atreviera a rezar por su alma lo haría. Sin duda, lo mejor para la pequeña será criarse sin saber de donde viene, quien fue su madre o lo que hizo. Lo que hicimos. Así el mundo no deberá volver a pagar por nuestra arrogancia. Si tuviera valor, mi espada bebería sangre por última vez, la sangre de su dueño. Pero no puedo; Ella no me deja. Nunca me dejará.

Escudo 8, 968 EA

Sé lo que debo hacer, pero no sé como hacerlo. Me ha costado años, pero nunca he dejado de intentarlo, de buscar cuando Ella flaquea, de intentar esquivar Su mirada constante. Desde que nos marchamos de allí está tranquila, dulce, sumisa. Pero sé que si bajo la guardia un instante, seré Suyo para siempre. Y, dioses, lo que me haría… No, ahora sé lo que debo hacer, pero debo investigar más. Si lo que dicen las leyendas es cierto, todavía hay una posibilidad. Pero estaré tan sólo, sin Ella…

Tormenta 15, 970 EA

He encontrado la pista que he estado buscando todo este tiempo, y creo que esta vez estoy en lo cierto. La respuesta estaba en Taghair, claro. Tras la Caída de Sartia, la Antigua Alasia estuvo condenada desde el principio. Su gente sucumbió a la desesperación, y la ruina que les rodeaba hizo mella en sus corazones. Los dioses del Valoreon poco a poco fueron olvidados, sustituidos por falsos ídolos licenciosos, y ni siquiera los custodios divinos de la ley y el orden pudieron mantener viva la fe de un pueblo que se veía viviendo los últimos días. Dicen que los grandes sacerdotes y nobles paladines de la antigua Alasia solían recibir santa sepultura en un lugar al sureste de la ciudad, el Valle de los Santuarios. Dicen que el propio Abysthor, el último sumo sacerdote, había mandado construir su tumba allí, y que cuando sus días se acercaban a su fin, viejo e infirme, avergonzado por su fracaso, marchó hasta allí por su propio pie para aguardar a la muerte. ¡Tonterías! Antes de partir, Abysthor recibió una visión procedente del mismísimo Heimthar, y juró regresar pronto de su misión sagrada para restaurar la gloria de Gardron y Heimthar y devolver la esperanza a la Ciudad Antigua. Jamás regresó. ¡Estoy seguro que los salones consagrados a los que se dirigió son el lugar que busco! ¿Pero donde estaba? No hay nada en Taghair sobre ello, pero si mis suposiciones son ciertas, encontraré el lugar tarde o temprano. Un poder inmenso, sobrenatural, primigenio, brota de ese lugar, un poder que los antiguos sartianos -a falta de mayores conocimientos- asociaron a sus dioses y les llevó a construir allí su lugar más sagrado. Sin duda, ese mismo poder habrá atraído a otros con el paso de los siglos, y me temo que no todos serán tan nobles como los sartianos…

Venado 27, 972 EA

Escribo esto como último de los nuestros. Semuel, nuestro líder, nuestro guía, aquel a quien seguimos desde tan lejos hasta este olvidado rincón del mundo, nos ha dejado también. Ahora sólo yo conozco la verdad de todo. Wilwood se tragó a Allanon, pero el mal que llevó hasta allí permanece, y no hará más que crecer. Soy todo lo que queda de la vieja orden, y no debo ceder a las insinuaciones que Ella me manda sin cesar. Debo aplicar todo lo que aprendí con Semuel y los maestros de Allende para resistir sus dulces caricias  pues ahora que sé donde está la Tumba de Abysthor, viene la peor parte. ¿Tendré fuerzas para alejarme de Ella? ¿De pasar el resto de mis días sin Ella? No quiero ni contemplar esa idea, pero debo hacerlo ahora que aún puedo resistirme a Sus encantos.

Llama 15, 975 EA

Algo ha pasado… no me lo explico. Ella era mía, se había rendido a mí por completo. Pero ahora la gatita ronroneando de placer en mis sueños se ha convertido en una pantera furiosa que muerde y desgarra intentando escapar. No lo entiendo, no sé qué le pasa. Mi dulce sumisa se ha convertido en una ama exigente y terrible. Pero… me gusta. Soy Suyo, y ¡dioses, cómo me usa! Tengo que… tengo que dejarla libre. La noto bajo la piel, tocándome siempre, y mis pensamientos… no sé donde acaban los míos y empiezan los suyos. Sé lo que me pasa, pero no puedo resistirlo más tiempo. Tengo que ir al este y cruzar el Portal de los Lamentos. Me he resistido demasiado tiempo. Debo llevarla allí, allí es donde… donde… que los Sagrados me asistan… mi amor me llama de nuevo. No debo hacerla esperar…

La satisfacción de saber que iban en la dirección correcta se unió a la sorpresa y a un cierto desasosiego. Según aquello, Bórr, Semuel y los demás no habían sido simples colonos en busca de una nueva vida, sino los últimos miembros de una especie de… orden, o sociedad. ¿Dedicada a qué? ¿Qué era Taghair, y donde estaba? ¿Quienes eran los maestros de Allende? Y la manera en que hablaba Bórr de lo que sin duda era la Gema Oscura les puso los pelos de punta. Pero por otro lado, ahora tenían una dirección que seguir. En algún lugar al este de las Tierras Reclamadas se encontraba el Portal de los Lamentos. Si Bórr había logrado llegar hasta allí, la Gema Oscura aguardaba en sus profundidades. Norben sacó el viejo mapa que habían encontrado en el Santuario de los Kishadi. En él aparecía marcado el Portal de los Lamentos, en medio de un bosque tras un río. Extrapolando a partir de la información que tenían sobre la geografía de las Tierras Reclamadas, y partiendo de la premisa que el lago mostrado en el mapa debía ser el lago de Welkyn, decidieron poner rumbo al sureste y cruzar las tierras agrestes hasta el río Aguasverdes. Más allá aguardaba la segunda de las reliquias, y la mazmorra más esquiva y peligrosa de toda la región. Aún no lo sabían, pero la parte más oscura de su búsqueda estaba a punto de empezar.

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2 pensamientos en “Crónicas de Alasia (XXI): El Diario de Bórr”

    1. Pues sí, la verdad. También hay que tener en cuenta (y quizá debería haberlo comentado en la entrada) que, aunque en tiempo de juego esas dos visitas al Reposo de Vonkar fueron con tres días de diferencia, en tiempo real pasó poco más de un año entre las dos sesiones… Al ordenarlo todo en orden cronológico es cuando más consciente se es de esos cruces y casi cruces (menos para el máster, que tiene que tener muy controlada la logística o sería un pitote XDD).

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