Crónicas de Alasia (V): Un Santuario en la Oscuridad

LOS PORTADORES DEL AMULETO

  • Norben Arroway, joven paladín de la sangre del león
  • Arn Rooc, justicar de Grymn procedente del reino de Carellia
  • Adà de Montaigne, misteriosa hechicera de siniestros poderes
  • Shahin ibn Shamal, un recién llegado del remoto Desierto de Sûl

Llama 11

Con las primeras luces del alba, Arn, Norben y Adà se dispusieron a abrir el antiguo pozo tapiado que habían hallado enterrado en la bodega de la Posada del Agua. Los viejos tablones que lo cerraban cedieron, y finalmente la boca del pozo quedó libre, revelando un túnel vertical que se hundía profundamente en la oscuridad. Al instante, una fuerte bocanada de viento frío surgió de él, acompañado de lo que, en la imaginación de los tres aventureros, sonó casi como un suspiro de alivio y liberación.

Colocando unos recios travesaños de madera a los que ataron un rollo de cuerda, hicieron descender una linterna y comprobaron que no tocaba suelo hasta pasados los cien pies de profundidad. Intercambiando una última mirada entre ellos, empezaron a bajar por la cuerda, apoyando los pies en las paredes del túnel para facilitar su descenso, y pronto descubrieron que el pozo terminaba en una oscura y pequeña cámara semioval, esculpida en las entrañas de la roca por manos antiquísimas. Las sombras llenaban la habitación con una presencia casi física, y parecían agitarse y ondularse ante la luz de la linterna como si tuvieran vida propia. La cámara terminaba en una pared de roca lisa, con una puerta en forma de arco, hecha de una curiosa piedra negra recubierta de extrañas tallas serpenteantes y retorcidas espirales.

Los sentidos especiales de Norben percibían que el mal les rodeaba desde el momento en que habían puesto el pie en aquel lugar, aunque muy tenuemente, como una sensación casi imperceptible pero omnipresente. Intrigada por la puerta negra, Adà posó la mano sobre superfície, y tuvo que retirarla al momento presa de un gran dolor: estaba antinaturalmente fría al tacto. La hechicera se maldijo a sí misma por no haber pensado antes en intentar notar la presencia de auras mágicas en ella. [Acabábamos de dar el salto a Pathfinder, que aún estaba en su versión Beta, y los jugadores no se habían acostumbrado aún a los cantrips infinitos.] Tomando grandes precauciones, el grupo pudo abrir la puerta sin sufrir sus efectos nocivos, y tras ella, la oscuridad era más intensa si cabe. Era como si las sombras engulleran ávidamente la luz derramada por la linterna, haciendo que ésta iluminara menos de lo normal. Las paredes se encontraban recubiertas de antiguos grabados, tan desgastados que su significado era imposible de adivinar. En el extremo opuesto, otro umbral se abría hacia lo desconocido. Antes de que pudieran cruzar la sala hasta él, sin embargo, de la penumbra surgieron dos seres que se abalanzaron sobre ellos por sorpresa, casi invisibles en la oscuridad. Eran pequeños y contrahechos, y aparentemente hechos de oscuridad solida. Los únicos rasgos visibles en ellos eran unos grandes orbes de frío fuego azulado a modo de ojos. Al verlos, Arn rezó a Grymn porque no fueran sombras, seres de ultratumba extremadamente letales, pero la espada de Norben, siempre presta, pronto le demostró lo contrario, pues cortó a uno hiriéndole profundamente. Sus atacantes, pues, no eran incorpóreos del todo, sino que parecían poseer un estado semisólido que les hacía difíciles de herir. Pero poseían un cuerpo, a pesar de todo, y se les podía matar. El combate fue corto pero intenso, pues el mero contacto de las criaturas provocaba un efecto similar al de la puerta negra, un frío intenso que dejaba a la víctima débil y temblorosa. [En términos de juego, no sólo restaban puntos de vida sino que también drenaban 1 punto de Fuerza por ataque.] Los compañeros acabaron con aquel extraño comité de bienvenida: Norben atacando a espadazo limpio, Arn tomando su espada bastarda al revés, como si fuera la cruz de su dios, y canalizando el poder de aquel mediante su fé, y la magia de Adà también resultó útil, a pesar de tratarse de conjuros que no deberían haber afectado a seres de ultratumba como aquellos (lo que mosqueó un poco al recto Arn, aunque no dijo nada). Durante el combate, Norben, el más avezado en las artes de la guerra, tuvo la sensación que no había estado luchando contra enemigos normales, inteligentes y autónomos, sino que tuvo la sensación de estar frente a meras armas dirigidas por una voluntad ajena, y así lo comunicó a sus compañeros.

Después de aquello, cruzaron el umbral, para hallar únicamente una pequeña habitación cuadrada y un túnel que pasados unos metros se encontraba totalmente derrumbado. No parecía haber forma de continuar explorando, ni ningún otro objeto de interés, pero aún así, todos ellos estaban convencidos de que allí abajo había algo más, y que no habían dado con la verdadera fuente del problema. Peinando el lugar a conciencia y poniendo todos sus sentidos en ello, hallaron una puerta secreta, camuflada en una de las paredes, que daba acceso a un pasadizo que doblaba al sur tras unos metros. Siguiéndolo, vieron que a pesar de que continuaba recto en la oscuridad, hacia el oeste se abría en una amplia galería, que decidieron investigar antes de proseguir, y vieron que terminaba en una extraña cámara abovedada. Las paredes de la sala eran también de aquella extraña piedra negra y reluciente, totalmente pulida, y se curvaban hacia arriba para formar una semiesfera perfecta. La piedra parecía tallada totalmente de una sola pieza, y estaba desprovista de cualquier tipo de talla, inscripción o adorno. Sin embargo, cuando dejaban de mirarla directamente, extrañas formas parecían moverse fugazmente a lo largo de su superfície. Además de la entrada por la que habían llegado, un oscuro umbral se abría al noroeste, tras el que parecía agazaparse una silueta grande, oscura y ominosa. [Aquella sala les dió un mal rollo extremo… y no era para menos.]

El mal era más fuerte en aquella silueta oscura tras el umbral, dijo Norben. Acercándose con suma cautela y preparados para el combate, los tres se adentraron en la bóveda. Tal y como temían, no se les permitió cruzar sin resistencia. Al llegar al centro de la sala, la extraña forma que parecía serpentear fugazmente por la pared oscura cuando se la miraba de reojo empezó a derramarse visiblemente de ella como un reguero de sombras casi líquidas, que rápidamente se condensaron en forma de una enorme serpiente hecha de sombras semisólidas y de fríos ojos azules. Abriendo las fauces provistas de afilados colmillos, se lanzó al ataque con extrema rapidez. Aquel guardián era mucho más peligroso que los anteriores, y a pesar de su superioridad numérica, los tres tuvieron que poner toda la carne en el asador para no ser despezadados por la serpiente de sombras. Arn tuvo que recurrir al poder de Grymn para sanarse a sí mismo y a sus compañeros en más de una ocasión, y cuando Adà intentó lanzar un conjuro ígneo a la criatura, notó que las mágicas llamas que conjuraba de sus manos chisporroteaban y estaban a punto de extinguirse, como si las sombras engulleran el calor además de la luz. Su concentración no flaqueó, sin embargo, y redoblando esfuerzos logró que el conjuro abrasara a la bestia, a la que Norben y Arn lograron rematar con sus espadas.

Destruído el guardián serpentino, los héroes pudieron ver qué era la silueta oscura tras el umbral, que no se había movido durante todo el combate. Una pequeña estancia cerrada, una oquedad en realidad, se abría tras el umbral como si de un santuario en una iglesia se tratara. Aquel santuario era todavía más oscuro que el resto del complejo. Apenas pudieron vislumbrar su contenido, pues las tinieblas hacían difícil ver más allá de sus propios brazos, pero la naturaleza de la extraña forma que se entreveía desde fuera se hizo evidente: una gran roca negra, irregular y abultada, salpicada de extrañas vetas purpúreas. El santuario era también más frío, como si la propia roca desprendiera un frío que no era de aquel mundo. Aquel era el orígen del mal más fuerte que percibía Norben, y Adà confirmó que el extraño monolito desprendía una poderosa magia. Pensando que podía tratarse de la fuente de los extraños fenómenos de la Posada, Arn intentó purificar la maldad de la roca negra, arrojando agua bendita sobre ella y rezando a su dios para que su gloria justa purgara la oscuridad de ella, pero sus oraciones no parecieron surtir el menor efecto. Entonces Adà comentó a sus compañeros que ella podía intentar manipular las hebras que formaban el aura mágica de la roca, para intentar “desactivarla”. Lo que se guardó para sí es que estaría trasteando con el monolito a ciegas, sin la menor idea de lo que ocurriría, y que su curiosidad mórbida por la oscura magia del objeto la impulsaba irresistiblemente a intentarlo. Dicho y hecho: la hechicera concentró su magia en la roca, pero aquello la superaba claramente, y al instante se produjo un “feedback”, un fogonazo de energía negativa que surgió desbocado del monolito y alcanzó de lleno a Adà, formando un conducto entre el extraño objeto y la fuerza vital de la joven. Norben la apartó de un empujón, lo que interrumpió el contacto, y fueron necesarias las plegarias de Arn para devolver la consciencia a la hechicera. Los dos hombres de fe se mostraron tajantes en que se había acabado el jugar con la piedra, y el grupo retrocedió para seguir avanzando por el pasadizo principal hacia el sur.

La cámara que se abría al final del mismo les dejó sin palabras. Era una gran cámara alargada, que terminaba al sur en un muro completamente recubierto de bajorrelieves. Cada sección del muro, claramente diferenciadas entre sí, mostraba un relieve con una imagen distinta, todas ellas en perfecto estado de conservación, y eran tan realistas que parecía que en cualquier momento fueran a cobrar vida. En la primera imagen se representaba a un enorme ejército de soldados ataviados en armaduras tremendamente arcaicas bajo el estandárte de un águila masacrando a los aterrados habitantes de un pequeño poblado. En una esquina del bajorrelieve se podía ver a un niño escapando aterrorizado hacia el bosque, al parecer sin ser visto por los soldados. La segunda era la imagen del niño, convertido ya en un muchacho, recibiendo la instrucción de un anciano vestido de negro, de rostro macilento y picado por la viruela, en las profundidades de lo que parecía un bosque denso y oscuro. El anciano sostenía un cayado de madera negra y nudosa, y lo mantenía alzado, mientras algo parecía a punto de materializarse frente a él. En la tercera, se veía la imagen de un hombre encapuchado plantado ante un enorme portal oscuro, de espaldas al observador. El hombre parecía diminuto en comparación con las ciclópeas puertas que le bloqueaban el paso, y tenía las manos alzadas como si intentara empujarlas únicamente con su fuerza de voluntad. El siguiente bajorrelieve mostraba la imagen de ese mismo hombre, con barba negra y ojos hundidos, con una expresión en el rostro en la que se mezclaban el odio y la victoria, posando una mano sobre una enorme y extraña roca negra, mientras que de su otra mano surgían rayos oscuros y serpenteantes que acababan con todo un regimiento de soldados con el estandarte del águila. La quinta imagen representaba al hombre, ya convertido en un anciano, frente a la roca negra, observando majestuosamente mientras una larga hilera de figuras encapuchadas esperan su turno para humillarse y posar la mano sobre la roca como hiciera el hombre en el relieve anterior. El último panel mostraba la imagen del hombre anciano yaciendo sobre un altar de piedra negra, con los brazos cruzados en el pecho, rodeado de figuras encapuchadas que parecían llorar su muerte. Un mar de oscuridad parecía flotar en lo alto, por encima de las cabezas de todos los asistentes al funeral, y esa oscuridad parecía extender sus zarcillos hacia el difunto, como reclamándole para sí.

En aquel preciso instante, el sonido de unos pasos a sus espaldas alertó a los tres aventureros. El parpadeo de una antorcha se aproximaba por donde ellos habían venido unos minutos antes. Con las espadas en ristre y los conjuros chisporroteando entre los dedos, dieron el alto al recién llegado. Éste resultó ser un hombre joven, cuyos rasgos le delataban como un hombre del desierto. Iba ligero de equipaje, y blandía un largo cuchillo curvo en una mano, mientras que con la otra hacía flotar su fuente de luz, un orbe fluctuante que titilaba como una antorcha. Se presentó como Shahin ibn Shamal, un aventurero recién llegado de las ardientes arenas del desierto de Sûl, que se había visto atraído por el mismo anuncio que les había llevado a ellos hasta allí. Dijo tener experiencia “investigando” tumbas antiguas y criptas olvidadas bajo las arenas, y se ofreció para ayudarles en todo lo que pudiera, a cambio de una parte justa de la recompensa y el botín. [Un nuevo jugador se incorporaba de esta manera a este grupo. En términos de juego, Shahin es un magus (o guerrero-mago) heredero del viento, cuyos muy lejanos ancestros habían cohabitado (por decirlo finamente) con los legendarios Djinni.]

Norben no detectó maldad en él, y tras confirmar la historia del recién llegado con el posadero, Leyman, decidieron aceptar su oferta. Sin embargo, los tres investigadores originales estaban heridos y agotados por las pruebas que habían superado ya, y decidieron que lo mejor que podían hacer era volver a la superfície y recuperar fuerzas antes de empezar a investigar en profundidad aquella enorme cámara de los relieves, que prometía guardar múltiples secretos.

To be continued…

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3 pensamientos en “Crónicas de Alasia (V): Un Santuario en la Oscuridad”

  1. Me gusta la posibilidad que hay de cambio de registro en una misma “zona de juego” y lo de la sala del final me parece muy clásico pero a la vez evocador. También me parece este grupo bastante bien formado, me refiero que es un grupo de usuarios de la fuerza… digo de la magia. Por ahora de todos los grupos, éste es el que más me gusta. Habrá que seguir leyendo.

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    1. Este grupo es uno de los que más partidas ha jugado en total, y ha dado lugar a sesiones realmente memorables, de esas de levantarse todos en plan aullando de alegría ante una tirada crucial. Por otra parte, este dungeon intenté diseñarlo deliberadamente a lo old school, tanto en ambiente como en su ejecución. Ya me diréis si lo conseguí…

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