Clásicos de la Fantasía y la Ciencia Ficción: Introducción

A pesar de ser el heredero de una larga tradición histórica, el género fantástico nunca ha gozado de un gran prestigio dentro de los círculos literarios. Lo que en inglés se conoce como “genre fiction”, es decir, todo el amplio abanico de la fantasía, el terror y la ciencia ficción, ha sido a menudo ignorado o incluso menospreciado por críticos venerables y académicos adustos. Salvo contadas excepciones, en el canon literario no hay cabida para lo que frecuentemente se considera ficción popular de la peor calidad, sin ningún tipo de profundidad psicológica o social, puro escapismo adolescente sin el menor interés por los rincones inexplorados de la naturaleza humana. El maestro de la narración secuencial Alan Moore, comentando The House on the Borderland de William Hope Hodgson, ya expresó este sentimiento con su habitual genialidad:

Este libro, igual que su autor y algunos de sus contemporáneos igualmente ilustres, representa el hallazgo de un tesoro literario enterrado que podría enriquecer inmensamente nuestro paisaje cultural actualmente moribundo de no estar enterrado, si de entrada nunca hubiese sido enterrado en vida implacablemente.

Por “enterrado”, léase olvidado, marginado, descalificado. Es como si, con la llegada de Jane Austen al mapa literario, se hubiera dado un consenso súbito y unánime en el seno de la fraternidad crítica para establecer que los dramas de salón socialmente realistas y las rutilantes comedias costumbristas no son tan solo el punto más álgido al que puede aspirar el escritor, sino que son la única forma de escritura que se puede considerar seria y genuinamente literatura. Así, de un plumazo, toda la ficción de género y toda la fantasía fueron declaradas impuras, confinadas a los arrabales y los ghettos en el exterior de las murallas de marfil de la respetabilidad literaria.

Hubo algún nombre, cierto es, que de alguna manera sobrevivió a la purga: Poe, Lovecraft (apenas). Quizá Bram Stoker, simplemente gracias al éxito persistente de “Dracula”. Posiblemente uno o dos nombres más que ahora mismo escapan a la memoria, lo que en todo caso solo sirve para subrayar el argumento básico: Enterrados. Descalificados. Olvidados.

El objetivo de esta serie de entradas es precisamente éste: ayudar a desenterrar, dentro de mis limitadas posibilidades, a los autores que han sido fundamentales para la historia de la literatura de fantasía y ciencia ficción, echando un vistazo a la historia reciente de estos géneros. La idea es dar un repaso en orden cronológico que nos llevará desde finales del siglo diecinueve hasta la actualidad, intentando seguir el progreso marcado por estos pioneros. Así podremos comprobar como la novela victoriana de aventuras, con los tópicos y mitos propios de un mundo aún a medio descubrir, dio paso a lo que se conoce como “la era pulp” de los años veinte y treinta, marcada por la aparición de nuevos subgéneros como la opera espacial o las historias de espada y brujería. Las décadas posteriores dieron pié a la “edad dorada de la ciencia ficción” y sus grandes mitos, mientras que la literatura fantástica cambiaba para siempre con la irrupción del profesor Tolkien y su inmortal clásico El Señor de los Anillos, obra que redefinió el género y lo hizo visible a ojos del gran público quizá por vez primera. Los años ochenta, con el estallido de grandes booms mediáticos como Star Wars y fenómenos como Dungeons & Dragons, vieron como las estanterías de todas las librerías se inundaban de material de dudosa calidad. Sin duda, aquello contribuyó a la inmensa popularidad de la que goza el género fantástico hoy en día, pero también nos ha dejado montañas de imitaciones puramente derivativas y formulaicas, franquicias sobre-explotadas, adaptaciones poco inspiradas de películas y juegos de rol y sagas eternas sin final aparente a la vista. Esto no significa -¡ni mucho menos!- que no se hayan escrito verdaderas joyas o clásicos modernos. Al contrario, se puede afirmar que de unos años a esta parte estamos viviendo una nueva edad dorada llegada de la mano de autores de calidad contrastada como George R. R. Martin, Steve Erikson o Daniel Abraham.

Obviamente, la lista de autores escogidos como parte de este ciclo es parcial e incompleta, y tampoco puede ser de otra manera. Todas las plumas seleccionadas, sin embargo, pertenecen a hombres y mujeres que merecen un lugar de honor como precursores y vanguardistas por mérito propio. Quizá no todos estén destinados a ser estudiados y analizados en los círculos académicos, y quizá ninguno de ellos será considerado jamás como parte esencial del olimpo literario, pero todos y cada uno entregaron su creatividad e imaginación para el gozo y disfrute de pequeños y mayores, y con ello construyeron tierras medias, extrañas dimensiones y eras no soñadas que perduran en los corazones y mentes de generaciones enteras. Y eso es algo por lo que aquellos que hemos intentado mantener viva la capacidad de soñar siempre les estaremos agradecidos.

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